En su vida pasada, Evangeline sacrificó todo por seguir a Julian al campo, solo para ser devorada por la traición. Engañada por el hombre que amaba y por su mejor amiga, Genevieve, terminó drogada, con el cuerpo consumido por la enfermedad y viendo a su familia quedar en la ruina.
En sus últimos y más oscuros momentos, no fue su "gran amor" quien la salvó, sino Alistair, el hombre rudo y marginado al que ella tanto había despreciado. Tras pasar quince años en prisión, él gastó cada moneda de su fortuna para comprar su libertad, pagar su tratamiento y cuidarla con una ternura infinita hasta su último aliento.
Ahora, el destino le ha otorgado un milagro: Evangeline ha despertado a los dieciocho años, justo el día en que llegó a Valle Umbrío.
Con el conocimiento del futuro y un misterioso espacio lleno de recursos a su disposición, Evangeline no solo busca venganza contra quienes la destruyeron, sino que tiene una misión más urgente: entregarse al hombre que la amó cuando nadie más lo hizo.
—He oído que a tus veintitrés años todavía no tienes esposa y el pueblo se burla de ti —le dice ella, acurrucándose en los brazos del tosco Alistair—. ¡Yo seré tu esposa!
Él, mirando a la delicada joven con los dientes apretados, solo alcanza a decir: —No bromees.
—Vi a los vecinos presumiendo de sus hijos ante ti —susurra ella con una sonrisa traviesa—. ¿Qué te parece si formamos nuestra propia familia para que mueran de envidia?
Alistair, con las orejas encendidas por el rubor, sentencia: —¡Te arrepentirás!
Pero el arrepentimiento no está en los planes de Evangeline. Mientras todo el Valle Umbrío murmura con envidia, Alistair, el hombre que "no tenía ni para comer", ahora protege a su gentil esposa, disfruta de manjares cada día y ve crecer a sus hijos, transformando su destino de soledad en una leyenda de amor y prosperidad.
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Capítulo 21: El eco de la injusticia
Julian caminaba con el ceño fruncido, convencido de que el distanciamiento de Evangeline no era más que un berrinche pasajero. "Dentro de un par de días, volverá a rogar por mi atención", pensó con su habitual soberbia. A su lado, Genevieve le dedicaba sonrisas cargadas de una dulzura fingida, asegurándole que siempre sería su aliada más fiel. Sin embargo, el hambre no perdonaba; el estómago de Julian rugía con fuerza, recordándole que la deliciosa carne de res se había marchado en manos de la joven.
Mientras tanto, el crepúsculo caía sobre el Valle de los Valdemar. La mayoría de los aldeanos se habían retirado a sus hogares para estirar sus escasas provisiones después de una jornada agotadora. Fue entonces cuando un grito estridente rompió la calma del sendero.
—¡Mocosa inútil! ¡¿Cómo te atreves?! —la voz de Rosalind vibraba con una histeria violenta.
Evangeline se detuvo en seco al reconocer el tono. Al asomarse por el umbral de la casa de los Shen, vio una escena que le revolvió la sangre. Rosalind sujetaba del brazo a su hija pequeña, cuya piel lucía pálida y traslúcida bajo la luz mortecina.
—Tu abuela te dio esos caramelos White Rabbit y te los metiste en la boca sin pensar, ¿verdad? —siseó Rosalind, propinándole un sacudón a la niña—. ¡Eres una mujer sin valor! ¡Escúpelo ahora mismo!.
La niña, de apenas tres o cuatro años, sollozaba en un silencio desgarrador, con los ojos grandes e inocentes fijos en el suelo.
—Toda la comida deliciosa que encuentres debe ser para tu futuro hermano —continuó la mujer, ignorando el llanto de su propia sangre—. Tu único propósito es crecer, casarte y ganar una dote lo suficientemente alta para que él pueda encontrar una esposa digna. ¡Incluso después de casarte, tu lealtad y tus recursos pertenecerán a este hogar!.
Evangeline sintió una náusea profunda. Conocía bien la historia de Rosalind; sabía que su obsesión por los hijos varones la llevaría, en el futuro, a sacrificar la felicidad de sus cuatro hijas, vendiéndolas al mejor postor sin importar el sufrimiento de las pequeñas. Le resultaba incomprensible que una mujer pudiera infligir tal desprecio a su propio género.
Desde el interior del patio, la voz de la Señora Elowen intervino, aunque cargada de una pesada resignación.
—¡Basta de gritos! —ordenó la matriarca—. Rosalind, usa menos arroz integral para la cena. Cocina los panecillos de hoja de olmo, uno por persona. Es época de cosecha y todos necesitamos fuerza para ganar más Tan, pero las reservas están en las últimas.
Hubo un silencio tenso antes de que Elowen soltara un suspiro que parecía cargar con años de arrepentimiento.
—Si Alistair estuviera aquí, no pasaríamos estas penurias —murmuró la mujer con amargura—. Él subiría a la montaña y traería algo de caza para alimentar a la familia. Pero insististe tanto en echarlo que ahora él tiene que sobrevivir con lo poco que tiene en su cabaña.
Para la Señora Elowen, la expulsión de su hijo menor a las faldas de la montaña era una herida que no cerraba. Sin embargo, en su afán por mantener la armonía con su nuera y asegurar que sus otros hijos no quedaran solteros en aquella sociedad tan rígida, había cedido a las presiones de Rosalind.
La niña seguía sentada en el umbral, temblando tras haber recibido un par de bofetadas de su madre. Cuando vio a Evangeline, sus ojos se iluminaron por un instante con una mezcla de curiosidad y terror, antes de ocultar el rostro.
Evangeline, movida por una compasión que no conocía fronteras, se acercó lentamente. Ignorando la presencia de Rosalind, que seguía murmurando insultos en el interior, sacó de su bolsa dos trozos de bizcocho esponjoso y dorado, un tesoro extraído directamente de su Espacio.
—Toma esto, pequeña —susurró con una dulzura que contrastaba con la violencia del ambiente—. Es para ti. No dejes que nadie te lo quite.
La niña miró el dulce y luego a Evangeline. Por un momento, el miedo fue reemplazado por el asombro. Aquella joven de la ciudad, a quien todos llamaban "arrogante", acababa de ofrecerle el único gesto de bondad que recibiría en todo el día. Evangeline se puso de pie, ajustó su fiambrera de carne de res y continuó su camino hacia el refugio de Alistair, con el corazón más decidido que nunca a proteger a los que amaba.
¿Acaso no a escuchado el dicho de "mejor sólo que mal acompañado" y el que dice "con locas no"?.🤨🤷♀️🙎♀️🤦♀️
Vieja loca, abusiva y envidiosa. Que debe de dar gracias que la dejan vivir ahí..😒🤷♀️🙎♀️