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LA ESPOSA CIEGA QUE EL CEO NO QUIERE

LA ESPOSA CIEGA QUE EL CEO NO QUIERE

Status: En proceso
Genre:CEO / Matrimonio arreglado / Romance
Popularitas:17k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

En una guerra de orgullo y desprecio, ¿quién caerá primero? ¿El hombre que lo tiene todo o la mujer que aprendió a brillar sin luz?
Puntos clave de la trama

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 24

El rugido del motor del coche blindado se sentía como una extensión de la furia que emanaba de Alexander. Las calles de Ginebra pasaban ante mis ojos como trazos de luces borrosas bajo la lluvia, pero mi atención estaba clavada en él. Su mandíbula estaba tan tensa que una vena palpitaba en su sien, y sus manos, esas manos que me habían sostenido con una ternura casi dolorosa en la biblioteca, ahora apretaban el teléfono con la fuerza de quien sostiene un arma cargada.

El video de la clínica se repetía en mi mente como una pesadilla de la que no podía despertar. Aquellos segundos manipulados donde él parecía un verdugo y yo una cómplice que había fingido su ceguera para engañar al mercado financiero. La ironía era amarga: el mundo por fin me veía, pero lo hacía a través de una lente distorsionada por el odio de Marcus y el consejo.

—Alexander, detente un momento. Respira —dije, estirando mi mano para tocar su brazo.

La tela de su traje gris era fría, pero el calor que desprendía su piel era abrasador. Me miró, y por un instante, el azul de sus ojos fue tan oscuro que pareció tragarse la poca luz que entraba por las ventanillas tintadas. Su protección obsesiva estaba mutando en algo más primario, una necesidad de aniquilar cualquier amenaza que se interpusiera entre nosotros y la superficie.

—No hay tiempo para respirar, Elina —su voz era una barítono cortante, desprovista de la calidez que me había mostrado en privado—. Han atacado el núcleo de mi reputación y tu integridad. Si permito que esta narrativa se asiente, la fiscalía reabrirá el caso de Ginebra antes de que termine el día.

—¿A dónde vamos? Julian dijo que no iríamos a la mansión.

—A un lugar donde la prensa no pueda encontrarnos mientras mis hackers rastrean el origen exacto de la filtración. Vamos a la antigua residencia de verano de mi abuelo, cerca del lago Annecy. Es territorio francés, y allí tengo amigos que no responden ante el consejo de administración.

El trayecto fue un silencio cargado de electricidad. El contraste sensorial del coche era opresivo: el olor a cuero nuevo, el zumbido constante de los neumáticos sobre el pavimento mojado y la visión de Alexander transformándose de nuevo en ese héroe sombrío que no pide permiso para salvarte. Me recosté en el asiento, cerrando los ojos por un momento, tratando de recordar la paz de sus dibujos en la habitación secreta. Aquellos bocetos eran la prueba de que él me amaba en mi fragilidad, y ahora me tocaba a mí amarlo en su violencia.

Llegamos a la residencia cerca del mediodía. Era una estructura de piedra vieja y madera oscura, oculta entre pinos y envuelta en la bruma del lago. Al bajar del coche, el aire frío y puro me golpeó el rostro, limpiando un poco el rastro de la ciudad. Alexander me tomó de la mano, y su agarre fue casi doloroso, una reclamación constante de que yo seguía allí.

Entramos en la casa, que olía a cera de abejas y a leña vieja. Alexander me guio hacia el salón principal, donde una chimenea ya estaba encendida. Me sentó en un sillón de terciopelo verde y se arrodilló frente a mí, despojándose de su armadura de CEO por un instante.

—Quédate aquí. Voy a coordinar con Julian. Tenemos que emitir un comunicado antes de que las acciones se desplomen aún más —dijo, pero no se movió.

Sus manos subieron por mis muslos, trazando la seda de mi vestido rojo hasta llegar a mis caderas. La sensualidad de su contacto, en medio de la crisis, era una droga que ambos necesitábamos para no desmoronarnos. Me atrajo hacia el borde del sillón, obligándome a abrir las piernas para que él pudiera encajarse entre ellas. Sentí el peso de su cuerpo, la urgencia de su deseo luchando contra su pragmatismo

—Me estás mirando de nuevo con ese desafío, Elina —murmuró contra mi cuello, y su aliento cálido me hizo estremecer—. ¿No tienes miedo de lo que soy capaz de hacer para mantenerte a mi lado?

—Lo que me da miedo es que te pierdas intentando protegerme —respondí, rodeando su cuello con mis brazos y atrayéndolo hacia un beso que sabía a desesperación y a una lealtad que bordeaba la locura.

Nos amamos allí mismo, frente al fuego que crepitaba en la chimenea, con la lluvia golpeando los cristales como si quisiera entrar a juzgarnos. Fue un encuentro crudo, marcado por la tensión de la huida y la rabia de la traición. Sus manos recorrieron cada rincón de mi piel con una familiaridad posesiva, asegurándose de que yo era real, de que no era una imagen manipulada en una pantalla. En ese momento, no había empresas ni escándalos; solo estaba el roce de su piel áspera contra la mía, el sonido de su respiración agitada y la visión de su rostro iluminado por las llamas, mostrándome una devoción que no necesitaba palabras.

Horas más tarde, la casa estaba sumida en una penumbra acogedora. Alexander estaba en el despacho de la planta alta, envuelto en una nube de humo de cigarro y el brillo azulado de varias pantallas. Yo me acerqué con una manta sobre los hombros, observando desde el umbral.

—Julian ha encontrado algo —dijo, sin apartar la vista de los códigos que bajaban por el monitor—. El video no salió del consejo. Salió de la cuenta privada de una de las enfermeras de la clínica de Ginebra. Pero el pago por la filtración no fue en dinero. Fue en una cuenta de criptomonedas vinculada a una empresa fantasma en las Islas Caimán.

—¿De quién es esa empresa?

Alexander se giró, y su mirada era la de un cazador que finalmente ha acorralado a su presa.

—Está a nombre de una fundación benéfica que preside la exnovia de Marcus, Bianca. Ella nunca perdonó que yo te eligiera a ti, Elina. Ella cree que, si me destruye, yo regresaré a sus brazos por necesidad de poder.

La mención de Bianca trajo de vuelta el recuerdo de los eventos benéficos donde ella me miraba con una lástima fingida que ocultaba un veneno mortal. Era la pieza que faltaba en el rompecabezas de nuestra destrucción.

—Ella quiere probar que fingí la ceguera —dije, sintiendo un nudo de rabia en la boca del estómago—. Quiere que el mundo piense que nuestro matrimonio es una estafa mutua.

—Lo que ella no sabe es que yo tengo las grabaciones originales de la cirugía, con los comentarios técnicos de los médicos y las pruebas de tus nervios ópticos —Alexander se puso en pie, recuperando su estatura de mando—. Pero no vamos a usarlas todavía. Vamos a dejar que ella se hunda sola. Mañana daremos una entrevista exclusiva, pero no en un canal de noticias. La daremos en un documental sobre la recuperación sensorial que está preparando la universidad.

—¿Quieres usar la ciencia para limpiar nuestra imagen?

—Quiero usar la verdad para aplastar su mentira. Y quiero que ella vea cómo te miro cuando las cámaras no están enfocadas en nosotros, pero sí captan la esencia de lo que somos.

Esa noche, Alexander no regresó a la cama hasta muy tarde. Se quedó revisando cada detalle del plan con una protección obsesiva que me hacía sentir a la vez segura y atrapada en su red de control. Cuando finalmente se acostó a mi lado, me rodeó con sus brazos con una fuerza que me impedía moverme. Su respiración era pesada, y por primera vez, noté un rastro de cansancio real en la curva de sus hombros.

—Alexander, ¿qué pasará si la gente no nos cree? —pregunté en la oscuridad.

—Entonces quemaremos el resto del mundo y construiremos uno nuevo donde solo importemos nosotros —respondió, y el tono de su voz no dejaba lugar a dudas sobre su seriedad.

Al amanecer, la bruma sobre el lago Annecy era tan espesa que no se veía la otra orilla. Julian llegó con un equipo de filmación de confianza y una estilista que Alexander había seleccionado personalmente. Me vistieron con un conjunto de seda color marfil, suave y elegante, que me hacía parecer un ser de luz emergiendo de las cenizas. Alexander, por su parte, eligió un jersey de cachemira oscuro, abandonando la rigidez del traje para mostrar una faceta más humana, más "vulnerable".

La entrevista comenzó en la biblioteca de la casa. Alexander se sentó a mi lado, manteniendo su mano firme sobre la mía durante toda la sesión. Cuando el periodista le preguntó sobre el video de la clínica, Alexander no se puso a la defensiva. Se limitó a mirarme con una ternura que no era fingida, una mirada que capturaba meses de desprecio transformados en adoración.

—Lo que el mundo ve en ese video es el momento en que un hombre desesperado recupera a la mujer que ama —dijo Alexander, su voz resonando con una sinceridad que hizo que el equipo de filmación guardara un silencio reverencial—. Elina no fingió nada. Yo fui quien fingió ser un hombre frío para protegerla de un entorno que quería destruirla. Si hay un culpable en esta historia, soy yo por amar de una manera tan obsesiva que olvidé que la verdad es la única luz que no se apaga.

Sus palabras me llegaron al alma. No era solo un discurso para la prensa; era la confesión que nunca se había atrevido a hacerme en privado. Le apreté la mano, y por un segundo, el tiempo se detuvo entre nosotros. La sensualidad del momento no nacía del contacto físico, sino de la desnudez de nuestras intenciones.

Terminada la grabación, Alexander me llevó hacia el muelle de madera de la casa. La bruma empezaba a disiparse, revelando el azul profundo del lago. El aire olía a pino y a tierra húmeda. Caminamos en silencio, sintiendo el peso de lo que acabábamos de hacer. Habíamos lanzado los dados, y ahora solo quedaba esperar a que la opinión pública decidiera nuestro destino.

—¿Crees que sea suficiente? —le pregunté, apoyando mi cabeza en su hombro.

—Será suficiente para ganar tiempo —respondió él, rodeando mi cintura—. Pero Bianca no se detendrá solo con un documental. Ella sabe que, mientras tú seas la dueña de las acciones de los Colón, yo soy invulnerable. Ella va a intentar atacar el testamento de tu madre.

—Mi madre dejó todo estipulado antes de morir. No hay forma de que ella encuentre una grieta allí.

—Ella no, pero tu padre sí. Julian ha descubierto que tu padre firmó un documento días antes del accidente, donde te declaraba incapacitada legalmente debido a una supuesta enfermedad mental hereditaria. Si ese documento sale a la luz y es validado por un juez corrupto, tus acciones vuelven a manos de la fundación que preside Bianca.

El frío regresó a mis huesos. El mundo de Alexander siempre tenía una capa más de traición, un sótano más oscuro donde se escondían los secretos de mi propia familia. Me giré para mirarlo, buscando en su rostro la seguridad de siempre.

—¿Cómo lo detenemos?

Alexander me tomó de las manos y las llevó a sus labios, besando mis nudillos con una devoción febril. Sus ojos brillaban con una luz peligrosa, la luz de un hombre que ya no tiene nada que perder porque ya lo ha entregado todo.

—Vamos a buscar ese documento original, Elina. Y vamos a usarlo para que tu padre y Bianca deseen nunca haber oído el apellido Thorne. Pero para hacerlo, tenemos que regresar a Ginebra esta misma noche. Tenemos que entrar en la caja fuerte de la antigua mansión Colón.

—Esa casa está bajo vigilancia policial desde el arresto de mi padre.

—No para un hombre que conoce los pasadizos que tu padre usaba para meter a sus amantes y sacar su dinero sucio —dijo Alexander con una sonrisa letal—. Vamos a jugar a su juego, pero con mis reglas.

La preparación para el regreso fue frenética. Julian preparó un equipo de distracción mientras Alexander revisaba los planos de mi antigua casa. La sensualidad de la urgencia volvió a envolvernos; mientras él me explicaba los puntos ciegos de la seguridad, sus manos no dejaban de recorrer mi espalda, como si necesitara el contacto físico para mantener su mente enfocada. Cada vez que nuestras miradas se cruzaban, sentía el peso de su protección obsesiva, una fuerza que me empujaba hacia adelante pero que también me recordaba que, en su mundo, el amor era una guerra de guerrillas.

Salimos hacia Ginebra bajo el manto de una noche sin luna. El coche avanzaba en silencio por las carreteras secundarias, evitando los controles principales. Alexander revisaba su arma una última vez, y yo me puse unos guantes de cuero negro, sintiendo cómo mi propia identidad se transformaba. Ya no era la víctima, ya no era la esposa de porcelana. Era la compañera de un hombre que estaba dispuesto a saquear el infierno por mí.

Al llegar a las cercanías de la mansión Colón, el olor a humedad de los jardines descuidados me trajo recuerdos amargos de mi infancia. Nos movimos entre las sombras, con Alexander guiándome con una precisión quirúrgica. Entramos por una puerta oculta en el invernadero, un lugar que olía a tierra muerta y a flores marchitas.

Llegamos al despacho de mi padre. El silencio era sepulcral, solo roto por el tic-tac de un reloj antiguo que alguien se había olvidado de detener. Alexander se dirigió directamente al panel de madera detrás del escritorio, donde se encontraba la caja fuerte. Sus dedos se movían con una agilidad asombrosa, descifrando el código que le había llevado semanas obtener.

—Casi lo tenemos —susurró, y vi cómo el panel cedía.

Dentro de la caja fuerte, entre fajos de billetes y documentos legales, había un sobre de color crema con el sello de la familia Colón. Alexander lo tomó y lo abrió con cuidado. Su rostro se ensombreció al leer el contenido.

—Es peor de lo que pensábamos, Elina. No es solo una incapacidad. Tu padre planeaba enviarte a una institución psiquiátrica en Europa del Este el mismo mes del accidente. El "matrimonio" conmigo fue su último recurso cuando se dio cuenta de que yo podía pagar sus deudas de inmediato.

Sentí un vacío en el estómago. Mi vida entera había sido una subasta de la que yo era el lote principal. Me acerqué a Alexander, buscando su calor en medio de esa oficina que se sentía como una tumba. Él me rodeó con su brazo, apretándome contra su costado.

—Pero aquí hay algo más —continuó él, sacando un pequeño microchip oculto en el forro del sobre—. Son las grabaciones de las llamadas entre tu padre y Bianca. Ella no solo filtró el video; ella fue quien le dio la idea de la incapacidad.

De repente, las luces del despacho se encendieron. El resplandor blanco nos cegó momentáneamente, y Alexander me empujó detrás de él en un movimiento instintivo de protección absoluta. En el umbral de la puerta, rodeada de hombres armados, estaba Bianca. Vestía un traje de sastre negro y una sonrisa que era puro veneno.

—Sabía que vendrías por esto, Alexander —dijo ella, su voz resonando en la sala vacía—. Siempre has sido tan predecible cuando se trata de tus posesiones. Pero esta vez, has entrado en una propiedad privada bajo vigilancia. La policía está a dos minutos de distancia, y esta vez no habrá documentales ni verdades científicas que te salven de un cargo de robo y asalto.

Alexander no se movió. Su mano estaba firme sobre su arma, pero no la sacó. Su mirada era de un desprecio tan profundo que vi a Bianca vacilar por un segundo.

—Has cometido el error de creer que este es tu terreno, Bianca —dijo Alexander, y su voz fue un siseo helado—. Pero has olvidado que este despacho, esta casa y todo lo que hay en ella, ya pertenecen a la corporación Thorne desde que compré las deudas de Colón. Estás en mi propiedad, y yo soy quien decide quién sale de aquí esposado.

La tensión en la habitación era asfixiante. Podía oler el miedo de Bianca mezclándose con el aroma a papel viejo. Alexander dio un paso hacia ella, y la sensualidad del poder que emanaba era tal que incluso los guardias de Bianca bajaron ligeramente sus armas. Era el héroe sombrío en su máxima expresión, el hombre que no necesita disparar para ganar una guerra.

En ese momento, el sonido de las sirenas empezó a escucharse en la distancia, pero no venían de un solo lado. Las luces azules y rojas empezaron a filtrarse por las ventanas, iluminando la escena con un baile frenético. Alexander me miró, y en sus ojos vi una promesa final.

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Clarita Gonzalez
estás istorias ya se están volviendo aburridoras asi
Clarita Gonzalez
😭😭😭😭😭
Clarita Gonzalez
Huy no está buena pero cuando terminara está istoria y como será el final no será esperar cuando pongan los otros capítulos q rrabia
Clarita Gonzalez
bueno escritora hasta cuándo esperamos los últimos capitulos ya muchas semanas y nada no deje las novelas a medias
Sonia Nalbandian
Holaa.. tendrías q buscar y utilizar otro término,ya q en infinidades de oportunidades repetis😭 SEXUALIDAD!!!
Clarita Gonzalez
🤭🤭😭😭😭
Clarita Gonzalez: q rrabia no termina las novelas completas y uno espere y espere semanas y nada
total 1 replies
Clarita Gonzalez
😭🤭
Melanny Guevara
no entendí, no la habían operado antes?
Clarita Gonzalez
😭😭
Clarita Gonzalez
hay q pereza lo dejan a uno en ascuas y la escritora no deja BN los capitulos ni los termina😭
Clarita Gonzalez
escritora lleva cuatro semanas q no escribe los capitulos de la novela porfavor son varias q se quedan así por falta de escritura
Clarita Gonzalez
cuando sube los otros capítulos escritora 👏
Clarita Gonzalez
hay escritora porq tan corto este capítulo porfavor no nos deje así en ascuas siga la lectura de la historia porfavor gracias eee dejado de leer varias novelas pensando q terminaban así 👏🥰
Clarita Gonzalez
faltan más capitulos escritora porfavor espero q estés BN para q termines los capitulos dios te bendiga grandemente tus manos para q sigas escribiendo 🥰
Luisana Carmona
me gusta el contraste de las palabras y la secuencia de la narración extensa que te atrapa y sigues leyendo cada palabra sin parar Hasta el final
Luisana Carmona
está novela oh es muy nueva o solo no comentan ☺️
Clarita Gonzalez
hay escritora q termine BN está istoria muy traumática para ellos pero el muy lindo como la proteje🥰
Betty Saavedra Alvarado
Elina te obligaron a casarte con Alexander tu le vas a dar guerra
Cliente anónimo
Por que en cada capítulo colocas al sensualidad ?
Clarita Gonzalez
escritora y como termina esta historia no hay final o sigue la otra parte y cuando
Clarita Gonzalez: si me gustó y mucho pero le falta para saber en qué termina esta maravillosa historieta 👏
total 1 replies
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