Alana Díaz es una estudiante decidida a graduarse por sus propios méritos, lejos de los lujos y el caos de la gran ciudad. Pero su vida da un giro irreversible al entrar como pasante en el imperio de Leonardo Salvatore, un CEO tan influyente como implacable que no está acostumbrado a que le digan que no.
Lo que comienza como una relación profesional se convierte en un juego de seducción y peligro. Tras un violento "accidente" que deja a Alana vulnerable y bajo el cuidado personal de Leonardo en su lujoso Penthouse, la barrera entre el jefe y el protector se desvanece, dando paso a una pasión que ambos intentaron contener.
Sin embargo, el amor no es lo único que crece entre ellos. Mientras Alana lucha por mantener su independencia, una red de envidias, secretos de élite y una madre dispuesta a todo por mantener el "apellido" amenazan con destruirlo todo. En un mundo donde el dinero lo compra todo, ¿podrá el amor de una "pueblerina" sobrevivir a la furia de quienes lo quieren ver cae
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CAPÍTULO 24
LEONARDO SALVATORE
Alana se mudó a mi Penthouse.
Nuestra relación iba segura.
Viernes, día de pasantía. Nos fuimos juntos en mi auto. Ella iba muy intranquila y muy nerviosa. Llegamos a la empresa. Me bajé primero del auto y le abrí la puerta. Esto acaparó las miradas de mis empleados.
Entramos juntos. Caminamos uno a la par del otro, llegando al ascensor le tomé la mano. Ella me miró.
— Bueno, esto es parte del paquete si somos pareja.
— Pero estamos en el trabajo. No deberíamos ser lo más serio posible.
El ascensor se abrió. Marqué el último piso. La abracé.
— Tranquila, parece que has tocado un bloque de hielo con tus manos desnudas. Tienes que acostumbrarte a esto y debes a aprender a ignorar.
Llegamos al piso. La secretaria nos saludó. Entré con Alana a mi oficina. Después de todo, ella entraba en su horario de trabajo.
Le asigné lo que iba a hacer el día de hoy mientras yo tenía una junta a las 10 de la mañana.
ALANA DÍAZ
A las 10, Leonardo tomó su laptop y se dirigió a mi escritorio, se acercó y me dio un beso.
— Almorzamos juntos. Me esperas — salió de la oficina.
Yo escuchaba que algo vibraba. Revisé de donde venía el ruido. Leo, había dejado su celular en su escritorio. Lo tomé en mis manos. Decía llamada entrante de madre. Volví a poner el celular en su lugar.
El celular vibró unas 4 veces más. Contesté pensando que podía ser una urgencia.
📞 Buenos días, Leonardo está en una junta y dejó su celular en la oficina.
📞 ¿Eres su secretaria? Necesito comunicarme con él urgentemente.
📞 No, no soy la secretaria de Leo. Soy — dudé si decirle que la pasante o la pareja de él - soy Alana, la novia de Leonardo.
Respiré hondo.
📞 Estás mal de la cabeza — la señora colgó.
Puse el celular en la mesa. Regresé a mi escritorio. En menos de una hora. Una señora muy elegante entró a mi oficina. La secretaria entró con ella. Yo me puse de pie. Y ella se fue directo a darme una cachetada. Ni siquiera preguntó si era Alana, simplemente me golpeó.
Llevé mi mano a mi mejilla. Mordí mi labio inferior.
—No creas que una gata como tú será parte de mi familia. Solo eres un capricho de Leonardo.
—Le guste o no, yo soy la novia de su hijo.
Me dio otra cachetada.
— Atrevida. No sabes con quién te metes. Vete de la oficina de mi hijo. Las mujeres como tú, solo quieren dinero. ¿Eso quieres? Pon una cifra.
— Yo a usted no le he hecho nada para que me trate así. No le devuelvo la cachetada por respeto a Leo y porque es una mujer mayor. E irme, no lo haré porque estas son mis horas de pasante y debo cumplir con mi horario completo.
La secretaria salió.
—Sabes que cuando se aburra de ti, él se casará con Irán. Ella tiene mi aprobación.
Tenía ganas de llorar, pero no iba a demostrar debilidad.
Leonardo entró a la oficina.
—¿Qué haces aquí, madre?
— Quiero hablar contigo en privado — la señora me miró.
— Habla delante de ella. Alana es mi novia.
Ya había aguantado demasiado.
—Puedes hablar tranquilo, voy a ir al baño. Regreso después.
Salí.
—¿Está bien, señorita Alana? Tiene las mejillas rojas, voy a buscar hielo para que se lo ponga.
— Voy al baño.
— La señora no era así. Ella era muy amable.
-No importa. Ahorita está cumpliendo con su rol de madre y de suegra.
Me metí en el baño. Ahí me solté a llorar. Este camino no será sobre pétalos de rosas. Este es el precio de ser pobre y de fijarme en alguien fuera de mi alcance.
Salí a lavarme la cara. La secretaria entró con un poco de hielo. Me lo puse en la mejilla.
—Voy a regresar a mi puesto. Cualquier cosa que necesite, me avisa señorita.
—Gracias.
Saliendo la secretaria y entrando Leticia.
— Parece que la suegra no te quiere. Upss — se puso a reír.
— A mi no me importa si la señora no me quiere, suficiente con que me ame Leonardo.
— Hay un dicho que dice, si no puedes con el enemigo, únete. Así que no importa si Leo no me quiere, voy a apoyar la relación de la señorita Irán alguien que si se merece ser la esposa de él.
Salió riéndose a carcajadas.
Me sentía sin energía. ¿Debería estar aguantando tanto? Estoy siendo muy ambiciosa.
Me fui a sentar en el inodoro. Ahí estuve un buen rato.
—Señorita, el joven Leonardo la está buscando. La señora ya se fue — la voz de la secretaria.
Yo abrí la puerta. Salí sin decir nada. Caminé a la oficina, abrí y cerré la puerta.
Leonardo me abrazó y acarició mis mejillas qué se veían más rojas por el hielo.
— Perdón. Mi madre fue muy atrevida.
— Pero sabes, creo que ella tiene razón. Tú eres un hombre que tiene un imperio, y tu mamá quiere una mujer a tu altura. Creo que no soy tan fuerte despues de todo. — mis lágrimas salieron.
— Siendo sincero nunca jamás mi madre había actuado así, de caprichosa y de mala.
— Ella solo quiere a Irán. Leonardo, sé que apenas son las 11 y que me faltan 3 horas. Pero quiero irme a casa. Pido permiso.
— Está bien, yo te llevo y en la privacidad de nuestro espacio almorzamos. Te parece.
Asentí con la cabeza.
Algo en mi se estaba rompiendo por dentro.
pobre leo cuando lo sepa 🥺🥺
leo
creen que eres un niño que pueden jugar contigo demuestrsles que no
debe pagar