✅️🔞Zane amó a Noah en silencio durante una década, protegiéndolo desde las sombras con una devoción obsesiva. Cuando el pasado regresa encarnado en Jessica, Zane decide romper todas las reglas. Entre las paredes de un estrecho monoambiente, la amistad se transforma en un deseo eléctrico que cambiará sus destinos para siempre.🔞✅️
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La persona que te hace sonreír
Jessica no se detuvo ante nada. Con el orgullo herido y la marca de la noche anterior grabada en su retina, fue hasta la pequeña y modesta casa de los padres de Noah. Bajó del auto con un portazo, su mente llena de frases trágicas y acusaciones.
Fiorella estaba en el jardín delantero, regando unas flores, cuando vio aparecer a la chica. No necesitó ver su rostro para saber que venían problemas.
—¡Fiorella! ¡Es una desgracia! —gritó Jessica antes de llegar a la entrada—. ¡Noah se ha perdido por completo! ¡Zane lo tiene prisionero en ese apartamento! ¡Han hecho cosas... cosas horribles! ¡Noah tiene marcas en el cuerpo, Fiorella! ¡Ese chico lo está usando!
Fiorella dejó la manguera a un lado con una parsimonia que desesperó a Jessica. Se secó las manos en su delantal y miró a la joven a los ojos. No había rastro de sorpresa en la madre de Noah; solo una pizca de cansancio y mucha compasión.
—Jessica, cálmate —dijo Fiorella con voz gélida.
—¡¿Cómo quieres que me calme?! ¡Zane es un pervertido y Noah está confundido! ¡Ustedes tienen que salvarlo! —Jessica empezó a sollozar de forma exagerada, un show digno de una tragedia de secundaria.
Fiorella suspiró. Se acercó a la reja y miró a Jessica con una firmeza que la dejó muda.
—Escúchame bien, Jessica. Noah es mi único hijo. Lo conozco mejor que nadie en este mundo. Durante años, lo vi marchitarse esperando un mensaje tuyo. Lo vi sonreír solo cuando Zane cruzaba esa puerta. Si mi hijo tiene marcas, es porque finalmente ha decidido sentir algo real en lugar de vivir de un recuerdo. No vuelvas a venir a esta casa a hablar mal del hombre que ha mantenido a mi hijo en pie mientras tú estabas ausente.
—¡Pero yo lo amo! —chilló Jessica.
—No, Jessica. Tú amas el control que tenías sobre él. Ahora, por favor, vete. Noah ya eligió, y yo elijo a mi hijo. No vuelvas más.
Jessica retrocedió, boquiabierta. Nunca esperó que la dulce y callada Fiorella tuviera esa fuerza. Sin más opciones, subió al auto y desapareció, dejando atrás el último rastro de su influencia en esa casa.
Mientras tanto, en la cafetería de la universidad, Zane y Noah compartían un sándwich. Noah todavía caminaba con cierta dificultad, y Zane no dejaba de acariciar su mano por debajo de la mesa.
—Noah —dijo Zane de repente, su voz volviéndose seria—. Ya no quiero que seas mi "amigo que se queda a dormir". Quiero que seas mi novio oficialmente frente a todo el mundo.
Noah sonrió, sus hoyuelos marcándose. —Zane, creo que después de lo de esta mañana, ya todo el mundo lo sabe.
—No me basta con que lo sepan. Quiero que tu ropa esté en mi armario, que tus libros de leyes estén junto a los míos y que no tengas que tomar un autobús nunca más si no es conmigo —Zane apretó su mano con fuerza—. Esta misma noche vamos a ir a tu casa. Vamos a hablar con Marck y Fiorella. Y después de eso, voy a mudar tus cosas al monoambiente. Sin réplicas, Brooks. No acepto un no por respuesta.
Noah sintió una oleada de alivio y nerviosismo a la vez. —Zane, es muy pronto...
—Han pasado muchos años, Noah. No es pronto, es tarde —sentenció Zane con esa mirada azul que no dejaba lugar a dudas.
A las ocho de la noche, el auto de lujo de Zane se detuvo frente a la casa de Noah. Noah bajó con las piernas temblando, no solo por el esfuerzo físico de la noche anterior, sino por el peso de la confesión que estaba a punto de hacer. Zane bajó después, luciendo impecable, pero con un brillo de determinación que intimidaría a cualquiera.
Al entrar, Marck, el padre de Noah, ya estaba allí. Estaba sentado en la mesa de la cocina junto a Fiorella. Al ver entrar a Zane y Noah de la mano, Marck bajó el periódico y se ajustó las gafas.
El silencio fue denso por unos segundos.
—Mamá, papá... tenemos que hablar —empezó Noah, con la voz un poco temblorosa.
—No hace falta que digas mucho, hijo —dijo Marck, poniéndose de pie. Era un hombre de pocas palabras, pero de corazón grande—. Jessica vino hoy. Hizo un escándalo. Tu madre me lo contó todo.
Zane dio un paso adelante, protegiendo instintivamente a Noah. —Señor Brooks, yo amo a su hijo. No ha sido algo de un día. Lo amo desde que lo conocí en secundaria. Mi intención es cuidarlo, apoyarlo en su carrera y hacerlo feliz. Hoy mismo quiero que se mude conmigo. No quiero que pase más tiempo lejos de mí.
Noah miró a su padre, esperando un regaño, un sermón sobre la tradición o sobre Jessica. Pero Marck caminó hacia él y le puso una mano en el hombro.
—Noah, cuando eras pequeño, te dije que lo más importante en la vida era ser un hombre de honor y buscar tu felicidad —dijo Marck con voz profunda—. He visto a Zane cuidarte durante años. He visto cómo te mira cuando tú no te das cuenta. ¿Por qué me opondría a la felicidad de mi único hijo? Si él es la persona que te hace sonreír así, entonces bienvenido sea a la familia, Zane.
Fiorella se acercó y abrazó a ambos. —Ya era hora de que lo dijeran. Estaba cansada de verlos actuar como si fueran solo amigos. Noah, ve a empacar tus cosas. Zane tiene razón, ya no tiene sentido que vivas aquí si tu corazón está allá.
Noah no pudo evitarlo y rompió a llorar, pero esta vez eran lágrimas de pura gratitud. Abrazó a sus padres con fuerza, sintiendo que un peso de toneladas se desvanecía de sus hombros.
La siguiente hora fue un caos de cajas y risas. Zane, con su energía inagotable, cargaba las maletas de Noah hacia el auto como si fueran plumas. Marck lo ayudaba, bromeando sobre que ahora tendría que aprender a cocinar más que solo pasta.
Cuando finalmente cargaron todo, Noah se despidió de su habitación. Miró el cuarto pequeño donde tantas veces lloró por una Jessica que no estaba allí. Ahora, cerraba esa puerta para siempre.
Al llegar al monoambiente, el lugar se sentía diferente. Ya no era el apartamento de soltero de Zane; era su hogar. Zane ayudó a Noah a desempacar, colocando cada libro de leyes con cuidado.
—Bienvenido a casa, novio mío —susurró Zane, abrazándolo por la espalda mientras Noah terminaba de acomodar su ropa en el armario.
Noah se giró en sus brazos y lo besó, un beso lleno de paz y de certeza. —Gracias por no rendirte conmigo, Zane.
Esa noche, durmieron de nuevo en la gran cama del monoambiente. Ya no había analgésicos ni pomadas, solo el calor de dos cuerpos que finalmente se pertenecían legal y emocionalmente. Noah se acurrucó contra el pecho de Zane, escuchando los latidos de su corazón.
—Mañana —susurró Noah antes de dormir—, mañana llegaremos a la facultad y Jessica verá que ya no tengo miedo.
—Mañana —respondió Zane—, el mundo sabrá que eres mío.