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TU NOMBRE EN MI ANILLO

TU NOMBRE EN MI ANILLO

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / CEO / Posesivo
Popularitas:4.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Mahary Garcia

Valeria Bellucci jamás imaginó que terminaría casada con el hombre más poderoso y frío de la ciudad.

Acorralada por las deudas de su familia, acepta un matrimonio por contrato con Enzo Ricci, un CEO multimillonario conocido por destruir a cualquiera que se interponga en su camino.

Las reglas eran simples: — No enamorarse.
— No interferir en la vida del otro.
— Mantener la apariencia de un matrimonio perfecto.

Pero vivir bajo el mismo techo con un hombre obsesivo, dominante y lleno de secretos hará que Valeria descubra que detrás de aquella mirada fría existe un pasado capaz de destruirlos a ambos.

Lo que comenzó como un simple acuerdo terminará convirtiéndose en una guerra de celos, deseo y sentimientos prohibidos.

Porque algunos contratos pueden firmarse con tinta…
pero otros terminan grabándose en el corazón.

NovelToon tiene autorización de Mahary Garcia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 22 LA VERDAD EN MEDIO DEL DESASTRE

Enzo

El arma en la mano de Camila temblaba apenas.

Pero eso no la hacía menos peligrosa.

La lluvia golpeaba las ventanas rotas de la fábrica abandonada mientras el silencio se volvía cada vez más insoportable.

—Responde o disparo.

Leonardo Bellucci seguía atado a la silla observándome con demasiada calma para alguien secuestrado.

Y yo…

yo seguía mirando el arma apuntando hacia él mientras intentaba calcular todas las posibilidades.

Distancia.

Tiempo.

Error.

Cualquier movimiento equivocado podía terminar mal.

Muy mal.

Camila dio un paso más cerca de Leonardo.

—Enzo.

Su voz tembló apenas.

—¿La amas?

Maldita pregunta.

Maldito momento.

Apreté la mandíbula.

—Camila, baja el arma.

—¡No cambies el tema!

El grito resonó en toda la fábrica.

Y por primera vez entendí lo rota que estaba realmente.

No era solo obsesión.

Era desesperación.

—Toda la ciudad habla de ustedes —dijo con una risa nerviosa—. Las fotos, el hospital, la mansión… tú jamás hacías cosas así por nadie.

Silencio.

La lluvia seguía golpeando afuera.

—Ni siquiera me mirabas así a mí.

Leonardo suspiró desde la silla.

—Bueno, esto ya se volvió incómodo.

Camila le apuntó inmediatamente.

—¡Cállese!

Mi cuerpo se tensó completamente.

—No le apuntes a él.

—¡Entonces responde!

El silencio cayó otra vez.

Pesado.

Peligroso.

Y en medio de todo eso… apareció Valeria en mi cabeza.

Su voz diciéndome que ya no tenía que cargar todo solo.

Su risa en la cocina.

Su miedo cuando desapareció su padre.

La forma en que me abrazó antes de venir aquí.

Maldita sea.

Lo entendí demasiado tarde.

Sí.

La amaba.

Y era la peor noticia posible.

Porque amar a alguien siempre había significado darle el poder de destruirte.

Respiré lentamente.

Y finalmente hablé.

—Sí.

El silencio se volvió absoluto.

Camila se quedó inmóvil.

Leonardo levantó lentamente las cejas.

Y yo sentí algo extraño al decirlo en voz alta.

Como si la verdad hubiera estado esperando salir desde hacía tiempo.

Camila soltó una pequeña risa quebrada.

—Dios…

Bajó apenas el arma.

—Sí la amas.

No respondí.

Porque ya lo había hecho.

Y no podía retractarme ahora.

Ella negó lentamente con la cabeza mientras las lágrimas empezaban a caerle.

—¿Qué tiene ella que no tuve yo?

La pregunta salió rota.

Humana.

Y por primera vez desde que empezó todo… dejó de parecerme peligrosa por un segundo.

Solo parecía destruida.

—Esto no se trata de comparar, Camila.

—¡Claro que sí!

Volvió a levantar el arma.

—¡Yo estuve contigo cuando no tenías a nadie!

—Y aun así nunca me viste realmente.

Eso la hizo quedarse quieta.

Continué acercándome lentamente.

—Tú querías al hombre que controlaba todo.

Silencio.

—Pero Valeria…

Mi respiración cambió apenas.

—Valeria me hace querer dejar de hacerlo.

Las lágrimas siguieron cayendo por el rostro de Camila.

—Odio verla contigo.

La confesión salió casi como un susurro.

Leonardo volvió a hablar desde la silla.

—Bueno, definitivamente este sigue siendo un pésimo momento para terapia emocional.

Incluso yo tuve que contener una reacción.

Camila soltó una risa involuntaria entre lágrimas.

Y eso fue suficiente distracción.

Me moví rápido.

Demasiado rápido para que reaccionara.

Le sujeté la muñeca y le quité el arma inmediatamente.

El sonido metálico cayó al suelo.

Camila gritó intentando soltarse.

—¡Suéltame!

La sostuve firmemente.

—Se terminó.

Ella empezó a golpearme desesperadamente.

—¡NO! ¡NO SE TERMINA!

Escuché pasos entrando al edificio.

Marco.

La policía.

Finalmente.

Dos oficiales subieron rápidamente y sujetaron a Camila mientras ella seguía llorando y forcejeando.

—¡Él era mío! —gritó mirándome—. ¡Ella te cambió!

Sentí algo incómodo en el pecho.

Porque en parte…

tenía razón.

La policía empezó a llevársela.

Pero antes de desaparecer por las escaleras, Camila volteó una última vez hacia mí.

Y esta vez ya no había furia en sus ojos.

Solo tristeza.

—Te enamoraste de verdad…

No respondí.

Porque no hacía falta.

Ella ya lo sabía.

Minutos después liberé a Leonardo de la silla.

El hombre soltó un suspiro apenas quedó libre.

—Bueno… oficialmente odio las fábricas abandonadas.

Lo observé apenas.

—¿Está bien?

—Tengo sesenta años, hipertensión y ahora trauma emocional. Tú dime.

A pesar de todo, casi sonreí.

Leonardo se acomodó lentamente la chaqueta.

Luego me miró directamente.

Muy directamente.

—Entonces sí amas a mi hija.

Maldita sea.

—No creo que este sea el momento—

—Claro que lo es.

Suspiré cansado.

—Leonardo—

—Escúchame bien, muchacho.

Su tono cambió.

Más serio.

Más paternal.

—Mi hija ha sufrido demasiado tiempo creyendo que siempre tiene que cargar sola con todo.

El silencio se instaló entre nosotros.

—Y tú… —continuó— eres igual.

No respondí.

Porque otra vez tenía razón.

Leonardo se acercó un poco más.

—No arruines esto por miedo.

Esa frase golpeó más fuerte de lo esperado.

Porque el miedo siempre había sido exactamente el problema.

No perder negocios.

No perder poder.

Perderla a ella.

Escuchamos pasos rápidos subir las escaleras.

Y entonces apareció Valeria.

Agitada.

Con los ojos llenos de miedo.

Y apenas vio a su padre…

corrió directamente hacia él.

—¡Papá!

Leonardo la abrazó inmediatamente.

—Tranquila, tranquila… sigo vivo aunque este psicópata millonario casi mata a alguien.

Valeria soltó una risa entre lágrimas mientras lo abrazaba más fuerte.

Y yo me quedé observándolos en silencio.

Hasta que ella levantó la mirada hacia mí.

Nuestros ojos se encontraron.

Y ahí estaba otra vez.

Esa tensión.

Pero ahora era distinta.

Porque ya no había mentira de por medio.

Ella empezó a caminar lentamente hacia mí.

—¿Estás bien? —preguntó en voz baja.

Asentí apenas.

Pero entonces noté algo.

Valeria me observaba raro.

Demasiado raro.

—¿Qué pasa? —pregunté.

Ella dudó un segundo.

Luego habló:

—Escuché lo que dijiste.

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ERICA ESTRADA PEREZ
Aque se refiere jajaja jajaja jajaja y🤭 doble sentido será por un niet@
Alix Sarmiento
está muy buena esta trama
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