En Valenora, una ciudad donde el poder se hereda con sangre y la traición puede destruir imperios, dos familias dominan las sombras.
Alessia Bellandi, heredera de una poderosa familia italiana, ha aprendido a vivir entre secretos, lealtades y decisiones que nunca le han pertenecido.
Mikhail Orlov, heredero de un imperio ruso construido con disciplina y peligro, sabe que en su mundo una sola equivocación puede costar demasiado.
Cuando una amenaza comienza a mover piezas en las sombras, los Bellandi y los Orlov se ven obligados a sellar una alianza que nadie esperaba: un matrimonio por conveniencia.
Pero lo que comienza como un pacto frío pronto se convierte en una batalla de voluntades, deseo contenido y emociones que ninguno estaba preparado para sentir.
Mientras enemigos ocultos intentan destruirlos desde dentro, Alessia y Mikhail descubrirán que confiar puede ser el riesgo más peligroso ...y también el más inevitable.
porque algunas guerras nacen de la sangre .
Y otras del amor .
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Capitulo 23: La desaparición
El silencio dentro del edificio abandonado duró apenas un segundo.
Después todo explotó.
—¿Qué dijiste? —la voz de Mikhail salió baja.
Demasiado baja.
Y Yuri reconoció inmediatamente el peligro en ese tono.
El guardia tragó saliva.
—Las cámaras dejaron de funcionar por cinco minutos. Cuando volvió la señal… Alessia ya no estaba en la mansión.
El corazón de Vittorio pareció detenerse.
—¡¿Cómo demonios pasó eso?!
—Los hombres no vieron salir a nadie…
Mikhail arrancó la nota entre sus dedos violentamente.
La respiración comenzó a volverse pesada.
Peligrosa.
Porque lo único que escuchaba dentro de su cabeza era una sola frase.
Alessia desapareció.
Y algo oscuro comenzó a romperse lentamente dentro de él.
—Mikhail —murmuró Yuri.
Pero él ya iba caminando hacia la salida.
Rápido.
Furioso.
Los hombres apenas lograban seguirle el paso.
El trayecto de regreso a la mansión fue un infierno silencioso.
Nadie se atrevía a hablar.
El ambiente dentro del vehículo estaba cargado de tensión.
Pero sobre todo…
de violencia contenida.
Mikhail observaba el camino con la mandíbula completamente rígida mientras miles de pensamientos atravesaban su cabeza.
Había cometido un error.
Jamás debió dejarla sola.
Sabía que Volkov la estaba vigilando.
Sabía que Alessia era el centro de todo.
Y aun así se alejó.
La culpa comenzó a mezclarse con algo peor.
Rabia.
Una rabia tan intensa que apenas podía controlarla.
Yuri lo observó de reojo.
Nunca lo había visto así.
Ni siquiera durante guerras entre mafias.
Porque aquello ya no parecía asunto de negocios.
Parecía personal.
Muy personal.
Cuando llegaron a la mansión, el caos ya había comenzado.
Guardias corriendo.
Puertas abiertas.
Órdenes por todos lados.
Giulia lloraba mientras discutía con uno de los hombres de seguridad.
—¡Les dije que no la dejaran sola!
Vittorio entró furioso.
—¡Quiero cada maldita cámara revisada ahora!
Mikhail fue directamente hacia las escaleras.
Sin detenerse.
Sin hablar.
Entró en la habitación de Alessia de golpe.
Vacía.
Demasiado vacía.
Observó rápidamente alrededor.
Nada parecía fuera de lugar.
Pero entonces vio algo sobre la cama.
Una pequeña cadena plateada.
La misma que Alessia usaba siempre.
Mikhail la tomó lentamente.
Y algo dentro de él terminó de quebrarse.
Porque entendió inmediatamente que aquello no era casualidad.
Ella había intentado dejar una señal.
Y eso significaba una sola cosa.
Se la llevaron contra su voluntad.
Mientras tanto…
Alessia despertó lentamente sintiendo la cabeza pesada.
El cuerpo le dolía.
Intentó moverse rápidamente.
Error.
Sus manos estaban atadas.
El corazón comenzó a acelerarse.
La habitación estaba oscura.
Fría.
Con paredes de cemento.
Respiró hondo intentando mantener la calma.
No entres en pánico.
No entres en pánico.
Pero el miedo comenzaba a subir lentamente por su pecho.
Recordaba fragmentos.
La luz apagándose.
Un hombre detrás de ella.
Un pañuelo cubriéndole la boca.
Y después…
nada.
Escuchó una puerta abrirse lentamente.
El sonido de pasos hizo que levantara inmediatamente la mirada.
Y entonces lo vio.
Alto.
Cabello oscuro con algunas canas.
Traje negro impecable.
Ojos claros y fríos.
Demasiado fríos.
Pero lo peor era la forma en que la observaba.
Como si estuviera mirando un fantasma.
El hombre se detuvo frente a ella en silencio.
Y Alessia sintió el aire desaparecer de sus pulmones.
Porque ya sabía quién era.
Alekséi Volkov.
El silencio entre ambos fue sofocante.
Alessia intentó mantener la mirada firme pese al miedo.
No iba a darle satisfacción.
No a él.
Alekséi la observó lentamente.
Detalle por detalle.
Como si intentara encontrar algo perdido hace mucho tiempo.
Y entonces habló finalmente.
—Tienes sus ojos.
El escalofrío recorrió todo el cuerpo de Alessia.
La misma frase de la nota.
—¿Eres tú quien me estuvo siguiendo?
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Alekséi.
Pero no era cálida.
Era inquietante.
—Tenía que asegurarme.
—¿Asegurarte de qué?
Él inclinó apenas la cabeza.
—De que realmente eras hija de Sofia.
El corazón de Alessia golpeó con fuerza.
—No vuelvas a nombrarla.
Por primera vez, algo cambió en los ojos de Alekséi.
Dolor.
Pequeño.
Casi invisible.
Pero estaba allí.
—Te pareces demasiado a ella cuando te enfadas.
Eso hizo que Alessia sintiera aún más miedo.
Porque él hablaba de Sofia como alguien obsesionado.
No como un hermano normal.
Y eso era aterrador.
—¿Qué quieres de mí?
Alekséi permaneció callado unos segundos antes de responder.
—Quiero arreglar lo que Vittorio destruyó.
Ella soltó una pequeña risa amarga.
—Secuestrándome.
—Protegiéndote.
La respuesta llegó tan tranquila que el miedo dentro de Alessia aumentó todavía más.
Porque los hombres peligrosos siempre justificaban sus monstruosidades creyendo que hacían lo correcto.
Mientras tanto, en la mansión Bellandi, Mikhail revisaba nuevamente las cámaras de seguridad.
Una y otra vez.
Hasta que finalmente encontró algo.
Una sombra moviéndose por el pasillo segundos antes de que las luces se apagaran.
Y entonces vio otro detalle.
Alessia forcejeando.
Intentando escapar.
El pecho le ardió violentamente.
Yuri apareció detrás de él.
—Encontramos un vehículo abandonado cerca del bosque.
Mikhail se puso de pie inmediatamente.
—Vamos.
Vittorio también avanzó.
Pero Mikhail lo detuvo antes de salir.
—Si algo le pasa…
El silencio se volvió peligroso.
Porque la amenaza quedó flotando claramente en el aire.
Incluso Vittorio la entendió.
Mikhail estaba culpándolo.
Y quizás tenía razón.
Porque todo aquello comenzó por secretos del pasado.
Horas después, la lluvia volvió a caer sobre Valenora mientras varios vehículos negros avanzaban por la carretera.
Mikhail observaba el bosque oscuro con la respiración pesada.
El miedo seguía creciendo dentro de él.
Y lo odiaba.
Porque Mikhail Orlov jamás sentía miedo.
Pero Alessia lo estaba cambiando todo.
Y eso comenzaba a convertirse en una debilidad.
Entonces Yuri recibió una llamada.
Contestó rápidamente.
Su expresión cambió de inmediato.
—¿Qué pasa? —preguntó Mikhail.
Yuri levantó lentamente la mirada.
—Encontraron otro mensaje de Volkov.
—¿Dónde?
—En la habitación de Alessia.
El corazón de Mikhail golpeó fuerte.
—¿Qué dice?
Yuri tragó saliva antes de responder.
—“Si quieres volver a verla… ven solo.”