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ARQUITECTO DE MI PROPIO DESASTRE

ARQUITECTO DE MI PROPIO DESASTRE

Status: En proceso
Genre:Romance / Comedia / Arrogante / Mujer poderosa / Malentendidos / Romance de oficina
Popularitas:11.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Yazz García

Sebastián Vélez vive convencido de que su matrimonio con Luciana Salazar es un plano perfecto que no necesita reformas, aferrándose a una vida de lujos, libertad y la compañía de sus dos gatas. Sin embargo, tras dos años de matrimonio, Luciana está lista para ampliar la familia y le entrega un ultimátum que amenaza con demoler su mundo ideal.

NovelToon tiene autorización de Yazz García para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El peor día

...CAPÍTULO 23...

...----------------...

...SEBASTIÁN VÉLEZ ...

...UNA SEMANA DESPUÉS…...

Había pasado una semana desde lo sucedido con los Salazar, y aunque Luciana ya estaba bajo vigilancia estricta (y órdenes de no mover ni un dedo), el que parecía estar al borde del colapso era yo.

Estaba sentado en mi escritorio, refunfuñando tan fuerte que juraría que las plantas de la oficina se estaban marchitando por mis vibraciones negativas. Gabriel, en un acto de pura maldad y usando su jerarquía de socio fundador de esta firma —que, para mi desgracia, ya tiene diez años de trayectoria sólida y aburrida—, me había asignado la tarea que más odio en este planeta: la auditoría física de materiales obsoletos y el archivo de planos de la primera década del estudio.

—¡Esto es una humillación, Gabriel! —exclamé, lanzando un catálogo de acabados de mármol del 2016 sobre la mesa—. Soy un arquitecto galardonado, un genio de la volumetría, ¿y me tienes aquí contando cuántas cajas de tornillos oxidados quedan en el depósito solo porque cumples diez años de jefe?

Gabriel, que pasaba por ahí con una taza de café y una sonrisa de absoluta satisfacción, ni siquiera se detuvo.

—El orden empieza por casa, hermano. Llevamos una década acumulando basura y planos que nadie entiende. Además, te ves muy tierno peleando con el polvo; te quita esa cara de "marido preocupado" —dijo, dándome una palmadita en la espalda mientras se alejaba hacia su oficina con aire de superioridad.

—¡Es acoso laboral! ¡Te voy a demandar con mi abogado! —le grité, pero él solo me respondió levantando el pulgar sin mirarme.

Miré hacia la zona de los pasantes buscando un cómplice. Felipe, el pobre muchacho que suele ser mi salvación para estas tareas mundanas, estaba desaparecido detrás de una montaña de planos. Al fijarme bien, vi que Fernando, su jefe de proyectos, lo tenía acorralado con una lista de entregas kilométrica.

Aunque, para ser honestos, Felipe no parecía muy concentrado en el trabajo. Estaba inclinado sobre el escritorio de Daniela, tratando de explicarle algo sobre una renderización, pero con la cara roja como un tomate y una timidez que daba hasta ternura. Daniela lo miraba con una ceja levantada, divertida, mientras jugaba con un bolígrafo.

—Felipe, si sigues tartamudeando así, vas a terminar diseñando una casa con hipo —le soltó Daniela, haciéndolo ponerse aún más rojo.

—No... yo... solo decía que la... la iluminación... —balbuceó el pasante, buscando oxígeno.

Suspiré con pesadez. Felipe estaba perdido en el campo de batalla del amor y Fernando no lo iba a soltar ni para ir al baño. Estaba solo en mi tragedia de inventario.

—¿Por qué me pasan estas cosas a mí? —le pregunté a una grapadora—. ¿Por qué el universo me castiga con planos amarillentos y carpetas llenas de polvo? Tengo hambre, estoy sucio y presiento que un ácaro de la época en la que Gabriel fundó esto me acaba de morder el tobillo.

Justo cuando estaba por tirar la toalla y declararme en huelga de hambre, las puertas del ascensor se abrieron y un aroma celestial inundó la oficina. Era un olor a gloria.

Doña Antonia entró con dos bolsas gigantescas y su habitual aire de general de brigada culinaria.

—¡Bueno, bueno! ¡Ya llegó la alegría de este cementerio de papeles! —anunció Doña Antonia, golpeando la mesa de recepción para llamar la atención—. ¡Sebastián, deja de hablar con los objetos y ven a comer, que te ves más flaco que un modelo de revista!

Me puse de pie de un salto, olvidando instantáneamente mi odio por los archivos.

—¡Mamá Antonia! ¡Eres un ángel enviado del cielo! —exclamé, corriendo hacia ella—. ¡Sálvame de este martirio! Gabriel me quiere matar de aburrimiento… y todo por envidia, estoy seguro.

Gabriel salió de su oficina como un rayo al oler el guiso, y hasta Felipe logró escapar de las garras de Fernando para acercarse a la mesa.

Señalé a Gabriel con total descaro.

—Sí, sí, yo sé la verdad. Ese hombre creció queriendo ser así de apuesto y exitoso como yo, pero lamentablemente los genes de su padre no colaboraron… —negué con lástima—. Entonces ¿que le queda? Descargar su frustración torturándome con reuniones aburridas y responsabilidades nada útiles. Y no solo eso, sino por también tener esta vida libre, sin estrés, sin estar con cara de estreñido y, lo más importante, sin canas prematuras.

Hice una pausa, bajando la voz como si fuera un secreto.

—Porque claro… alguien aquí se las anda cubriendo con tinte cada fin de semana.

Silencio.

Gabriel giró lentamente la cabeza hacia mí.

—¿Cómo carajos sabes eso?

Sonreí, satisfecho.

—Soy tu compa… tu mejor amigo. Sé exactamente todo lo que pasa en tu miserable vida.

Gabriel entrecerró los ojos.

—Fue Sera, ¿cierto?

Me encogí de hombros, inocente.

—¿No es obvio?

En un segundo, la tensión de la oficina desapareció. El "arquitecto más codiciado" y el "jefe estresado" se convirtieron en dos niños hambrientos frente a la mesa. Hasta Felipe logró despegarse de Daniela por el olor a comida, aunque ella, por supuesto, fue la primera en sentarse a la mesa.

—Gracias, Doña Antonia —dijo Daniela, sirviéndose una porción generosa—. Ahora que tengo energía, creo que podré terminar de asustar al pasante antes de las cinco.

—¡Ustedes no tienen remedio! —rio Doña Antonia, mientras yo me metía el primer bocado a la boca, sintiendo que, por fin, la vida volvía a tener sentido.

...----------------...

El reloj por fin marcó el final de la tortura. Cerré la última caja de archivos con un estruendo dramático y me sacudí el polvo de las manos, sintiendo que había envejecido cinco años en una sola tarde. Gabriel ya se había ido, probablemente a celebrar en silencio que su oficina ahora era un 2% más ordenada, y Fernando seguía dándole instrucciones a un Felipe que ya ni siquiera recordaba su propio nombre.

Estaba recogiendo mis cosas cuando Daniela se apoyó en el borde de mi escritorio con esa sonrisa de "tengo un plan y no vas a poder decir que no".

—Ni lo pienses, Vélez. Tienes cara de que te alimentaste de ácaros y café frío todo el día —me dijo, cruzándose de brazos—. Vamos por la cena. Como en los viejos tiempos, cuando terminábamos las entregas de la facultad y sentíamos que podíamos comernos un buey entero.

—Daniela, me encantaría, de verdad —suspiré, buscando las llaves del auto en mi escritorio—, pero estaba pensando en ir directo a ver a Luciana. No quiero que pase otra hora sin saber si necesita algo o si ya se terminó de leer el quinto libro de la semana.

Daniela puso los ojos en blanco y me quitó las llaves de la mano con una agilidad que solo ella tiene.

—Luciana está perfecta, Sera está con ella y Doña Antonia le llevó comida para alimentar a un batallón. Si llegas allá con esa cara de muerto de hambre y oliendo a papel viejo, la que se va a asustar es ella —insistió, dándome un empujoncito hacia la salida—. Necesitas comer algo, Sebastián. Una cena de media hora no va a cambiar el curso de la historia, pero sí va a evitar que te desmayes en el pasillo del hospital.

—Soy un hombre débil ante la lógica de una mujer hambrienta —cedí, soltando una carcajada—Está bien, tú ganas. Pero nada de lugares sofisticados; quiero algo que me tape las arterias y me devuelva el alma al cuerpo.

—Ese es el Sebastián que conozco —sonrió ella, enganchando su brazo al mío mientras caminábamos hacia el ascensor—. Conozco un lugar de hamburguesas que abrieron hace poco y que tiene una salsa que, según dicen, es ilegal en tres países por lo buena que está.

—Si termino en urgencias por colesterol, será tu culpa —le advertí mientras las puertas se cerraban.

—Tranquilo, arquitecto. Si sobreviviste a tus suegros, una hamburguesa con doble con queso no te va a matar.

Salimos al aire fresco de la noche, riendo y discutiendo sobre quién iba a pedir las papas más grandes, dejando atrás el estrés de los planos y las preocupaciones, al menos por un rato.

El lugar de las hamburguesas era exactamente lo que necesitaba: ruidoso, con luces de neón parpadeantes y un olor a grasa que te hacía olvidar cualquier problema. Cuando llegaron las bandejas, me quedé mirando la mía como si fuera un tesoro arqueológico recién descubierto.

—Daniela, en serio... gracias por obligarme a esto —le dije, dejando el chiste de lado y mirándola a los ojos mientras sostenía una papa frita—. A veces me pierdo tanto en el caos que se me olvida cómo se siente ser solo yo, Sebastián, y no simplemente el tipo que tiene que pelearse con medio mundo. Necesitaba este tiempo fuera del hospital y de la oficina.

Daniela me dio una sonrisa suave, de esas que solo guarda para los momentos en que bajamos la guardia, pero que duró exactamente tres segundos antes de que su instinto de detective despertara.

—No te pongas sentimental, Vélez, que se te va a enfriar la carne —me dijo, atacando su hamburguesa—. Pero ya que estamos en confianza y que Fernando no está aquí para ponerme a archivar facturas, cuéntame: ¿Qué es lo que realmente pasa con él? Me he fijado que en el estudio hay una tensión rarísima cada vez que alguien menciona a Vanessa, la pasante anterior. ¿Por qué los asocian tanto?

Me quedé a mitad de un bocado, procesando la pregunta mientras intentaba que la salsa "ilegal" no terminara en mi camisa blanca. Suspiré, dejando la hamburguesa en el papel parafinado.

—Es un tema delicado, Daniela —empecé a decir, bajando un poco la voz—. Lo que pasa es que Fernando es un excelente arquitecto, pero su juicio con las personas a veces es... digamos que tiene un punto ciego. Él tuvo un “amorío” con Vanessa. La defendió a capa y espada cuando empezó a cometer errores básicos porque, según él, le recordaba a sí mismo cuando empezó.

Le di un trago largo a mi soda antes de continuar.

—La asociación no es porque tuvieran algo romántico, aunque los chismes de pasillo digan lo contrario. El problema es que Fernando le dio acceso a archivos de alta seguridad y a planos confidenciales que ella terminó filtrando. Se dice que Vanessa lo manipuló usando esa fachada de "niña aplicada y desvalida". Ahora, básicamente Gabriel lo tiene en la mira y eso lo pone de mal humor.

Daniela asintió, limpiándose una gota de salsa de la comisura de los labios con una servilleta.

—Con razón el pobre Felipe tiembla cuando Fernando le respira cerca —comentó ella con una mueca—. Tal vez siente que tiene una sombra gigante encima. Vanessa dejó el terreno minado.

—Exacto. Fernando quedó marcado como el "cómplice" de la persona que casi hunde la firma hace unos meses —concluí, retomando mi cena—.Por eso Gabriel es tan estricto con las personas que contrata ahora. No quiere que se repita la historia.

Daniela se quedó pensativa un momento, mirando su hamburguesa como si estuviera diseñando una estrategia legal en su cabeza.

Pasaron varios minutos y me estaba riendo tanto de una anécdota de Daniela sobre un profesor de la universidad que casi me atoro con un trozo de lechuga. La cena estaba cumpliendo su propósito: por fin me sentía como un ser humano normal y no como un bombero apagando incendios familiares.

Pero entonces, mientras recuperaba el aire, mi mirada se desvió por el ventanal del local hacia la acera iluminada con luces de neón. La risa se me murió en la garganta y sentí un frío repentino.

—¿Sebas? —Daniela dejó de reír y me miró con curiosidad, siguiendo mi línea de visión—. ¿Qué viste? ¿Un fantasma o a tu suegro con una orden judicial?

—Peor —susurré, sin poder apartar los ojos de la calle.

No era un fantasma. Ojalá. Era mi padre, y de la mano llevaba a una mujer que, calculando rápidamente por su estilo y su rostro, no debía pasar de los veinticinco. Era insultantemente joven. Podría pasar perfectamente por una universitaria o, peor aún, una de las pasantes de la oficina.

—No me digas que ese es tu papá —soltó Daniela, que no tiene filtro ni para los momentos de shock—. Vaya, el señor tiene buen gusto... o una crisis de la mediana edad del tamaño de un rascacielos. Esa niña apenas debe haber terminado la universidad.

Me eché hacia atrás en la silla, sintiendo una mezcla de asco y desconcierto. Mi familia era un lío: mi madre siendo controlada por mi padre día a día. y ahora el señor paseándose por la ciudad con una chica que perfectamente podría ser mi hermana menor.

—Es él —confirmé, cerrando los ojos un segundo para procesar la imagen—. Increíble. Mi madre vive en un drama constante por el "estatus" y la "estabilidad" de la familia, y mi papá está ahí afuera jugando al jovencito con alguien que probablemente no sabe qué es un disco de acetato.

Mi padre lucía radiante, como si hubiera encontrado la fuente de la juventud en una discoteca de moda. Ella se reía de algo que él le decía al oído, y él le apretaba la mano con una confianza que me revolvió el estómago. Era una escena casi cómica por lo cliché, pero verla ahí, frente a mí, mientras yo intentaba procesar todo el caos con Luciana, me pareció una broma de mal gusto del destino.

Me quedé mirando cómo se perdían entre la multitud. Mi padre se veía demasiado ocupado escuchando lo que sea que la chica le susurraba al oído. Suspiré y retomé mi hamburguesa, aunque ahora el sabor de la salsa "ilegal" me resultaba un poco más amargo.

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Ana Elena Jiménez
pues claro mijo
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja
Ana Elena Jiménez
cuenta los sucesos Oliver
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja 🫢🫢
Ana Elena Jiménez
😱😱😱😱
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja los cobra diario de mi pueblo 🫢🫢
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja
Ana Elena Jiménez
hasta el momento las dos cosas
Ana Elena Jiménez
bueno vas por buen camino 🫢
Ana Elena Jiménez
🫢🫢🫢 jajajaja jajajajajaja
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja jajajajajaja
Ana Elena Jiménez
🫢🫢🫢🫢 jajaja jajajaja
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja
Ana Elena Jiménez
woaoo está señora es toda una fiera 🫢🫢
Ana Elena Jiménez
🥺🥺🥺🥺
Ana Elena Jiménez
desgraciado viejo sinvergüenza, ojalá te desplume y te bote como basura 😡
Ana Elena Jiménez
como lo vas hacer no se sabe pero lo vas a lograr 🫶
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja
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