Morí atragantándome con unos tacos al pastor mientras leía una novela de reencarnación.
Renací como la villana.
Y ahora… voy a conquistar a mi prometido, a mi papucho villano.
—ACTUALIZACIÓN DIARIA—
NovelToon tiene autorización de Ruczca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 22
La noche ya había caído.
Silenciosa.
Pesada.
Me había bañado… esperado… incluso prolongado el tiempo más de lo necesario.
Pero él.
Mi papucho villano...
no apareció.
Fruncí ligeramente el ceño.
—Tch…
La molestia fue breve.
Pero real.
Porque, aunque no quería admitirlo…
lo había esperado.
Sin más opción, me teletransporté de regreso a mi habitación.
La cama me recibió con suavidad.
Las sábanas tibias.
El aroma familiar.
Cerré los ojos.
—Mañana… —murmuré apenas.
Mañana definitivamente lo vería.
Mañana jugaría.
Mañana…
Y el sueño me envolvió.
................
No sé cuánto tiempo pasó.
Pero algo…
cambió.
Un leve hundimiento en la cama.
Tan sutil… pero imposible de ignorar.
Mi cuerpo lo sintió antes que mi mente.
Un instinto.
Una alerta silenciosa.
Y luego—
unas manos.
Grandes.
Firmes.
Lentas.
Recorriendo mi piel con una intención que hizo que un escalofrío me atravesara de pies a cabeza.
No fue brusco.
No fue torpe.
Fue… deliberado.
Como si supiera exactamente lo que hacía.
Como si supiera en dónde estaban mis puntos débiles.
Mi respiración se quebró.
Mi cuerpo reaccionó… antes de que pudiera entender.
Un calor extraño.
Un cosquilleo.
Una tensión que no era miedo…
pero tampoco era calma.
Abrí los ojos de golpe—
—¿¡—?!
Pero no pude gritar.
Una mano cubrió mi boca al instante.
Firme.
Inamovible.
Dominante.
Y entonces lo vi.
Encima de mí.
Ramsés.
Ese hombre que apareció en mi vida sin previo aviso...
Sus ojos…
dorados.
Oscuros.
Intensos.
Brillaban incluso en la penumbra.
Fijos en mí.
Como si no hubiera dejado de observarme ni un solo segundo.
Se inclinó apenas.
Su cercanía… abrumadora.
Su presencia… pesada.
Su voz, baja… grave… peligrosa.
—Shhh…
El sonido me atravesó.
No fue una orden.
Fue una advertencia.
Un límite.
—Debes apaciguar mi enojo.
Mi corazón dio un golpe seco contra mi pecho.
Fuerte.
Rápido.
Confundido.
¿Enojo?
Parpadeé.
Intentando procesar.
Su mirada.
La forma en que su mandíbula estaba tensa.
La manera en que me sujetaba.
Como si se estuviera conteniendo.
—¿Qué se supone que hice? —murmuré contra su mano, apenas audible.
Sus ojos brillaron.
Un destello peligroso.
Enojado.
Pero… no solo eso.
Había algo más.
Algo más oscuro.
—Desapareces por las noches —dijo, su voz más baja ahora—.
Su agarre se tensó ligeramente.
—Y regresas…
Sus ojos bajaron un segundo.
Mi cuello.
Mi piel.
Como si estuviera buscando algo.
Como si confirmara algo.
Su expresión se endureció.
—como si nada.
Silencio.
Pesado.
Denso.
—No me gusta —añadió finalmente.
Directo.
Crudo.
Sin adornos.
Mi corazón…
se aceleró aún más.
Pero no de miedo.
No.
Mis ojos se entrecerraron apenas.
Esa chispa volvió.
Esa misma.
La del juego.
La de la cacería.
La de la noche anterior.
—¿Y qué vas a hacer al respecto? —susurré, desafiándolo con la mirada.
Lo provoqué.
A propósito.
Pues... realmente hacía bien su chamba.
Excelente servicio.
Algo en su expresión cambió.
Más oscuro.
Más profundo.
Más… personal.
Su mano se apartó lentamente de mi boca.
El aire entró de golpe a mis pulmones.
Pero no tuve tiempo de decir nada.
Porque tomó mis muñecas—
y las llevó hacia atrás, sujetándome contra la cama.
Firme.
Sin dejar espacio para resistirme.
—Ya insonoricé la habitación —sonrió peligrosamente.
Mi pulso se aceleró.
No por miedo.
Sino por lo que implicaba.
Por la intención detrás de esas palabras.
¡Este hombre planea comerme otra vez!
Su voz…
ya no era completamente fría.
Había calor.
Había tensión.
Había algo que no quería admitir.
Y eso—
eso me hizo estremecerme.
—¿Qué? —respondí suavemente.
Pero mi voz…
no salió tan firme como quería.
Porque su cercanía…
me estaba afectando más de lo que pensaba.
Entonces se inclinó hacia mí—
sin advertencia—
y me besó.
Ardiente.
Intenso.
Sin contención.
Como si ese beso no fuera un impulso…
sino algo que había estado reprimiendo.
Algo que finalmente…
decidió dejar salir.
Entonces lo mordí en los labios.
Fue un impulso.
Uno rápido.
Instintivo.
Esperaba que se apartara.
Que rompiera el momento.
Que recuperara ese control frío que tanto presumía.
Pero no lo hizo.
Al contrario.
Su reacción fue inmediata.
Más intensa.
Más profunda.
Como si ese pequeño desafío solo hubiera avivado algo que ya estaba ardiendo dentro de él.
Me siguió besando.
Sin contención.
Sin pausas.
Como si no existiera un mañana.
Como si ese momento fuera suficiente.
Mi cuerpo respondió antes que mi razón.
Me estaba perdiendo en él.
En su calor.
En su presencia.
En la forma en que dominaba cada espacio entre nosotros.
Y entonces—
reaccioné.
¡NO!
La palabra cruzó mi mente como un golpe seco.
Clara.
Firme.
Necesaria.
Mis dedos se tensaron apenas… y la magia respondió.
Un leve destello.
Casi imperceptible.
Y al siguiente segundo—
cadenas.
Cadenas mágicas emergieron desde el aire, brillando tenuemente mientras se enroscaban alrededor de su cuerpo, sujetándolo con fuerza y separándolo de mí.
El espacio entre nosotros volvió de golpe.
Mi respiración estaba agitada.
Mi pulso descontrolado.
Pero esta vez—
yo tomé el control.
Me incorporé de inmediato, empujándolo hacia atrás.
Su cuerpo cayó sobre la cama.
Y antes de que pudiera reaccionar—
me subí sobre él.
Mis rodillas a cada lado de su cuerpo.
Mis manos apoyadas sobre su abdomen.
Firmes.
Decididas.
Lo miré directo a los ojos.
Sin titubear.
—Esta vez… yo domino.
Silencio.
Un segundo.
Dos.
Y entonces—
él sonrió.
No sorprendido.
No molesto.
Divertido.
Como si aquello no fuera una amenaza…
sino un juego.
Soltó una pequeña risa.
Baja.
Grave.
Y en el siguiente instante—
las cadenas se rompieron.
Como si no fueran nada.
Como si mi hechizo… apenas lo rozara.
Antes de que pudiera reaccionar, me jaló con fuerza.
Un movimiento rápido.
Preciso.
Y el mundo giró.
Otra vez.
Debajo.
Atrapada.
Mi espalda contra la cama.
Mis muñecas sujetas por encima de mi cabeza.
Su peso sobre mí.
Su presencia cubriéndome por completo.
—Yo mando —murmuró, con una calma peligrosa—.
Se inclinó más cerca.
Su mirada fija en la mía.
—Tú obedeces.
Y me besó de nuevo.
Pero esta vez…
no fue solo intensidad.
Fue dominio.
Su mano descendió por mi costado, recorriendo mi cuerpo con una lentitud calculada, mientras la otra mantenía mis muñecas firmemente sujetas contra la cama.
No había prisa en él.
Porque sabía que tenía el control.
Porque sabía que no iba a escapar.
Y eso—
eso solo hizo que mi pulso se acelerara más.
Mientras tanto, en la mente de Ramsés—
Ramsés observaba.
No solo el cuerpo de ella.
No solo su reacción.
Sino algo más.
Algo que lo hizo sonreír levemente.
No imaginé…
Sus ojos se entrecerraron apenas.
…que con solo ver una vez el hechizo… pudiera replicarlo.
Había interés.
Genuino.
Oscuro.
Definitivamente…
Su mirada se suavizó apenas.
Solo un instante.
tu potencial no ha cambiado.
Una pausa.
Casi imperceptible.
Y entonces—
ese pensamiento.
Ese nombre.
Mi esposa… Natali…
Su expresión cambió.
Apenas.
Casi nada.
Pero lo suficiente.
No…
Sus dedos se tensaron ligeramente sobre las muñecas de Anastasia.
Ahora te llamas… Anastasia.
Y esa contradicción—
ese conflicto—
no desapareció.
Solo se hundió más profundo en su corazón.
y el general está lindo y la busca hayyyy 😭