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De Huérfana a Dama de la Mafia

De Huérfana a Dama de la Mafia

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Mafia / Amor a primera vista / Completas
Popularitas:14
Nilai: 5
nombre de autor: Edina Gonçalves

María Cecília Santana nunca tuvo nada.

Abandonada en un orfanato a los tres meses, criada entre el hambre y la indiferencia, sobrevivió al mundo con uñas y dientes hasta que la vida le concedió lo único que nadie le había prometido: una oportunidad.

Una graduación. Un diploma. Y los dedos de un hombre que la miraron un segundo de más.

Paolo Salvatore no es un empresario cualquiera. Es el Dom de la Famiglia Ombra Rossa — la familia mafiosa más poderosa de Italia. Frío, calculador, temido. Un hombre que lleva años sin dejar que nada lo mueva.

Hasta que la conoce a ella.

Lo que comienza como una atracción imposible se convierte en una obsesión silenciosa, y luego en la verdad más explosiva de sus vidas: María Cecília no es quien cree ser. Es Ingrid Hansen Ragnar — la hija secuestrada de veinte años atrás del Dom de Noruega. La heredera que el mundo de la mafia creyó muerta.

Ahora dos familias se unen, tres parejas se forjan en el fuego, y una mujer que nunca tuvo nombre descubre que siempre fue dama.

Personajes principales

María Cecília / Ingrid — Huérfana que descubre su identidad real. Fuerte, reservada, con una historia de dolor que nadie imagina.

Paolo Salvatore — Dom italiano, frío y poderoso, que pierde el control por primera vez ante una mujer que no debería existir en su mundo.

Luna Salvatore — La hermana pequeña de Paolo. Sobreviviente de un secuestro, ahora busca el amor que siempre supo que era suyo.

Lutero Russo — El hombre más leal al Dom. Diez años amando en silencio a quien no debía amar.

Pietro Salvatore — El consigliere de la familia. Serio, brillante, destinado a caer por una mujer que lo hace reír.

Ana Paula Vasconcelos — La mejor amiga. Alegre, espontánea, y más fuerte de lo que nadie cree.

NovelToon tiene autorización de Edina Gonçalves para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Lo que está por venir

Paolo narrando...

Dos semanas.

Catorce días fueron suficientes para cambiar cosas que tardé años en construir dentro de mí.

O quizás… para romper barreras que fingía que eran irrompibles.

La verdad es que, en poco tiempo, todo salió de su eje.

Y, extrañamente… no quería que volviera.

Dos parejas.

Si alguien mirara desde afuera, podría hasta pensar que era coincidencia.

Pero yo sabía que no lo era.

Pietro y Ana Paula.

Intensos, directos, sin miedo.

A su manera.

A la de ella.

Y después… nosotros.

Yo y María Cecília.

La pareja más improbable.

O quizás… la más inevitable.

La reacción de la gente fue casi predecible.

Sorpresa.

Asombro.

Desconfianza.

Lo veía en las miradas.

En los comentarios velados.

En el silencio que surgía cuando yo pasaba con ella a mi lado.

Porque nadie esperaba esto de mí.

Nadie.

Me conocían por muchas cosas.

Frío.

Calculador.

Distante.

Un hombre que no se involucraba.

Que no se ataba.

Que no sentía.

Y de repente…

Estaba ahí.

Tomándole la mano a una mujer.

Asumiéndolo.

Sin esconderlo.

Sin negarlo.

Y más que eso…

Diciendo, sin vacilar:

— Ella es mía.

Y no era solo una frase.

Era una certeza.

Pesada.

Definitiva.

María Cecília Santana…

Era la mujer que elegí.

Y eso, por sí solo, ya lo cambiaba todo.

Pero, como todo lo que tiene que ver con ella…

Nada era sencillo.

Quería que estuviera conmigo.

En mi casa.

En mi vida.

De forma completa.

Natural.

Como si ya fuera parte de todo.

Y para mí… ya lo era.

Pero para ella…

Las cosas eran diferentes.

— No es adecuado, Paolo.

La manera en que lo dijo…

Calma.

Firme.

Sin arrogancia.

Sin miedo.

— No estamos casados.

La observé en silencio.

Cualquier otra mujer…

Lo habría aceptado sin pensarlo.

Sin cuestionarlo.

Vivir en la casa del Dom.

Tenerlo todo.

Comodidad.

Lujo.

Estatus.

Pero ella no.

Ella se negó.

Así de simple.

Sin vacilar.

Y, en vez de irritarme…

Eso hizo que la respetara aún más.

Que la admirara.

Que la deseara todavía más.

Porque ella no quería lo que yo podía ofrecer.

Ella quería… lo que era correcto.

Y eso…

Eso era raro.

Casi inexistente.

— Eres terca — dije, en tono bajo.

Sonrió levemente.

— Soy coherente.

Y no discutí.

Porque en el fondo…

Lo sabía.

Tenía razón.

María Cecília no era como nadie que hubiera conocido.

No se impresionaba con el poder.

No se dejaba llevar por el lujo.

No se doblaba por conveniencia.

Era… íntegra.

Y eso, en un mundo como el mío…

Era peligroso.

Pero también… adictivo.

Esa tarde, estaba en mi despacho.

Intentando trabajar.

Pero, como en los últimos días…

Mi mente no colaboraba.

Siempre volvía a ella.

A su manera de ser.

A la mirada.

Al toque.

A la forma en que me hacía sentir cosas que siempre ignoré.

O evité.

O negué.

El golpe en la puerta me devolvió al presente.

— ¿Señor?

— Entre.

Laura entró.

Postura impecable.

Profesional como siempre.

— El detective está aquí.

Guardé silencio por un segundo.

Y entonces lo recordé.

Claro.

La investigación.

El pasado de ella.

María Cecília.

Lo había pedido antes de que todo pasara, pedir una investigación más completa a él.

Antes de saber.

Antes de sentir.

Antes de… involucrarme.

— Que entre.

Mi voz salió más baja de lo normal.

Laura asintió y salió.

Unos segundos después…

Entró.

El hombre que había contratado.

Discreto.

Eficiente.

Y, en ese momento…

Con una expresión que no me agradó.

Cerró la puerta detrás de él.

Y vino a la mesa.

Sin rodeos.

Sin formalidades.

— Señor.

— Siéntese.

Se sentó.

Pero no se relajó.

Y eso fue suficiente para encender una alerta dentro de mí.

Puso una carpeta sobre la mesa.

Despacio.

— Normalmente enviaría esto por correo.

Pausa.

— Pero… en este caso… me pareció mejor venir en persona.

Se me trabó la mandíbula.

— ¿Por qué?

Me miró directo.

— Porque esto…

Tocó la carpeta con los dedos.

— Es una bomba.

Silencio.

Pesado.

— ¿Y sinceramente?

Soltó un leve suspiro.

— Hasta a mí me hirvió la sangre al leerlo.

Eso no era buena señal.

Para nada.

No dije nada.

Solo mantuve la mirada firme.

— Espero que el señor tenga la sangre fría.

Mi voz salió baja.

Controlada.

— Siempre la tuve.

Asintió.

Empujó la carpeta hacia mí.

— Entonces… buena suerte.

Silencio.

Se levantó.

— El pago ya está en su cuenta — dije, sin desviar la vista.

— Gracias.

Salió.

La puerta se cerró.

Y el silencio volvió.

Más pesado que antes.

Me quedé mirando esa carpeta.

Sin tocarla.

Por unos segundos.

Quizás minutos.

No lo sabía.

Pero lo sentía.

Algo ahí…

Iba a cambiarlo todo.

Y esta vez…

No era sobre negocios.

No era sobre poder.

Era sobre ella.

María Cecília.

Me pasé la mano por el rostro.

Respiré profundo.

Y pensé:

Sea lo que sea…

Lo voy a manejar.

Porque era lo que siempre había hecho.

Enfrentar.

Sin retroceder.

Sin huir.

Pero esta vez…

Era diferente.

Porque no era solo yo.

Era sobre alguien que, de alguna manera…

Ya se había vuelto esencial.

Mi mano finalmente se movió.

Tocó la carpeta.

La abrió.

Despacio.

Sintiendo el peso de cada segundo.

De cada posibilidad.

De cada respuesta que podría estar ahí.

Y en ese momento…

Una sola cosa cruzó por mi cabeza:

— Que comiencen los juegos.

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