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BODA SIN FLORES

BODA SIN FLORES

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Amor tras matrimonio / Romance
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalianna Elizondo

Ayla Eisen y Ragnar crecieron bajo la sombra de una tragedia idéntica: la enfermedad que les arrebató a sus madres, dejando a sus padres, empresarios y amigos de toda la vida, sumidos en el dolor, pero ahora, ellos han decidido sellar su destino con un contrato inquebrantable; obligándolos a contraer nupcias, donde se ven atrapados en un matrimonio sin amor, pero unidos por una promesa desesperada hecha sobre las lápidas de sus esposas; que consiste en usar su unión para financiar la batalla contra el mal que destruyó a sus familias, en una casa llena de silencios y recuerdos, en la cual deberán decidir si su alianza es solo un negocio doloroso o si, entre las cenizas de su pérdida, puede nacer la fuerza para sanar... y quizás, aprender a amar
"Nuestras madres nos heredaron su ausencia con su partida pronta, pero nuestros padres nos vendieron al mismo dolor; ahora estamos encadenados por un contrato que se firmó con sangre y se selló sobre sus tumbas."

NovelToon tiene autorización de Dalianna Elizondo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22

Después de una batalla campal, Ragnar invadió mi espacio personal, presionando mi cuerpo contra la baranda de las escaleras; yo me encontraba de pie con la intención de dar por terminada esta discusión sin sentido y subir a la habitación, pues este pleito era de niños, no arreglaría nada de este casi matrimonio a efectuarse en menos de veinticuatro horas, ni él iba a reconocer que lo que tiene es un arranque tonto de celos al verme con Malik, ni yo tampoco iba a dar mi brazo a torcer, pero lo peor de todo es que ese camino de diez años va a ser como una boda sin flores llena de espinas.

Cuando de la nada, me arrincona presionando más fuerte su cuerpo con el mío para besarme, con una destreza que me deja sin aliento y desorienta, pero al reiniciarse mi razón como un CPU viejo de computadora, pero nuevamente con todo el ímpetu de mis manos empecé a golpearlo en el pecho con una furia defensiva y desesperada, hasta que la lujuria le fue ganando a la conciencia, sujetándome a él casi por instinto, de la tela fina de su camisa desabotonada, como si fuera el único punto de apoyo en un mundo que acababa de colapsar bajo mis pies.

Eso no era una invitación al diálogo civilizado; solo una invasión total que sabía a whisky, soledad amarga y a una verdad tan cruda que me quemaba los labios con cada roce. Su lenguaje era el de un hombre que había agotado todas sus palabras corporativas, cláusulas legales o máscaras; al cual solo le quedaba el instinto primitivo de reclamar lo que consideraba suyo.

Él me empujó con una suavidad engañosa, para sostenerme en sus brazos y bajar las gradas; encontrando una pared firme de mármol en el recibidor, tan fría como un glacial contra mi espalda, que lograba filtrarse a través de la seda delgada color esmeralda de mi vestido, sin embargo, contrastaba bruscamente con el fuego abrasador que emanaba de su cuerpo presionando el mío.

Sus manos abandonaron mis piernas para enredarse en mi cabello con una exigencia que me hizo soltar un suspiro entrecortado, él tiró sutilmente hacia atrás, donde sus labios comenzaron a dejar un rastro que me hacía temblar de una manera que ninguna teoría médica sobre el sistema nervioso podía explicar de forma coherente.

—Dime que quieres a Malik, Ayla. —Gruñó cerca del oído, su voz era una vibración profunda que sentí retumbar hasta en la médula ósea de mis huesos.

—Miénteme mirándome a los ojos Lía; solo dime que cuando él te tocó la mano en ese restaurante, sentiste, aunque sea una milésima parte de este incendio que estás cobijando ahora mismo conmigo.

Escuché sus palabras, pero no pude responder, mi capacidad de articulación se había evaporado, siendo reemplazada por un desorden de jadeos que delataban mi absoluta falta de control. Ragnar bajó una de sus manos, recorriendo la curva de mi cintura con una lentitud tortuosa, subiendo luego despacio al pecho, colocando su palma directamente sobre mi corazón, que martilleaba con un impulso tan rítmico y violento que parecía querer romperme las costillas para escapar de ahí.

Sentí cómo su mano descendía, alejándose de mi pecho para buscar la línea interna de mi muslo con una intención que me hizo cerrar los ojos con un impulso casi doloroso; su contacto era completamente magnético, como una corriente que me quemaba la piel a través de la seda del vestido; pero mi cuerpo nunca había tenido ese tipo de contacto, todo era completamente nuevo: las caricias, los besos voraces llenos de lujuria y pasión; por lo que reaccionó con un espasmo sorpresa, mezclado con un miedo instintivo, visceral, que no pude camuflar.

Cuando las yemas de sus dedos rozaron con avidez la piel desnuda justo por encima de la liga de mi media, me tensé por completo, volviendo rígidos mis músculos y un escalofrío violento me recorrió la columna vertebral de arriba a abajo. Ragnar se detuvo en seco, su mano se congeló contra mi pierna y sus labios, que antes devoraban con pasión mi cuello, se apartaron de inmediato, él permaneció inmóvil con su pecho subiendo y bajando de forma errática, pegado al mío, escuchando el absoluto desastre en el que se había convertido mi respiración.

Fue en ese preciso instante cuando la atmósfera cambió drásticamente, la respuesta a esto es simple, él no era un hombre inexperto en cuanto a materia de mujeres; conocía a la perfección el lenguaje corporal de la anatomía femenina, las respuestas naturales automáticas del deseo, excitación y la lujuria. Sin embargo, la rigidez de mis muslos, el temblor descontrolado que no nacía de la pasión sino del miedo a lo desconocido o simplemente la torpeza con la que mis manos seguían aferradas a su camisa desabrochada comenzaron a enviarle señales que su mente brillante y analítica no tardó en procesar.

Se separó apenas unos centímetros, pero eran los suficientes para que la luz del recibidor iluminara nuestros rostros, sus ojos azules, estaban inyectados en sangre y nublados por el whisky, no obstante, buscaron los míos con una lucidez repentina, pero demoledora que me heló: lentamente me empezó a observar con una minuciosidad clínica, escaneando el rastro de lágrimas de frustración que amenazaban con salir sin invitación de mis ojos, los labios hinchados, pero por encima de todo, el pánico absoluto e inocente que provenía de mí.

En ese intervalo de tiempo vi la incredulidad que golpeó su rostro, sus pupilas se dilataron y su mandíbula se tensó tanto que creí se iba a romper; luego un destello de asombro y desconcierto absoluto marco sus facciones, borrando de un tirón toda la soberbia y los celos venenosos que traía encima, se quedó de piedra, mirándome como si estuviera viendo un fantasma o una ecuación matemática imposible de resolver.

El silencio que se instaló entre los dos se volvió denso, casi asfixiante, cargado con el peso de una verdad que flotaba en el aire sin necesidad de ser pronunciada; pues no era necesaria; yo solo esperé la burla cruel o el comentario sarcástico sobre mi inocencia. Sin embargo, Ragnar no dijo una sola palabra, al parecer la revelación lo había dejado sin palabras.

Lentamente, se apartó como si tuviera miedo de romperme o de confirmar con el tacto lo que sus ojos ya sabían, retiró la mano de mi muslo, su agarre en la cintura se aflojó por completo, dando un paso hacia atrás, fraccionando el contacto físico de manera definitiva; la distancia se sintió fría, pero me devolvió el aire que tanto me faltaba.

Él se pasó la mano por el cabello desordenado, exhalando un suspiro largo y pesado que pareció vaciarle los pulmones, me miró una vez más, con una mirada indescifrable donde se mezclaban la confusión, el remordimiento y una extraña reverencia que nunca antes le había visto, pero en esta ocasión no había rastro del patán de la "pecera gigante" ni del empresario despiadado, solo era un hombre asimilando un secreto demasiado valioso.

Sin emitir un solo sonido, se dio media vuelta, recogió su vaso de whisky de la mesa y caminó hacia la penumbra de su despacho, cerrando la puerta tras de sí con un clic suave que resonó en todo el salón.

Para mí el hechizo se rompió, quedando sola en medio del recibidor, temblando de frío y adrenalina, sin embargo, el sabor de su desesperación todavía lo podía sentir quemándome los labios entumecidos como el único testigo de la batalla. Subí mecánicamente a la habitación, una grada a la vez, pues mis piernas apenas podían sostener el peso de mi propio cuerpo.

Al entrar, cerré la puerta con llave, me deslicé de espaldas contra la puerta hasta quedar sentada en el suelo, abrazando mis rodillas con la fuerza de la oscuridad. Mi cabeza elocuentemente me gritaba a todo pulmón que Ragnar lo sabía, no había hecho preguntas, pero lo había descubierto sin necesidad de explicaciones obvias; yo creía que el corazón y la intimidad eran dos piezas que podía mantener bajo llave en mi laboratorio, pero ahora el silencio de él iba a ser mucho más peligroso y perturbador que cualquiera de sus palabras groseras.

1
Yanet Cristina Vilugron Salazar
mal los padres
Yanet Cristina Vilugron Salazar
omg😱
Yanet Cristina Vilugron Salazar
upsss
Yanet Cristina Vilugron Salazar
jajaja él la miro como hombre
Yanet Cristina Vilugron Salazar
hay hay emociones
Yanet Cristina Vilugron Salazar
me gusta
Yanet Cristina Vilugron Salazar
interesante
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