La trama gira entorno a dos hermanas, y como a causa del daño que Kattya la hermana menor causa en su novio , desata una venganza donde la que paga un alto precio es su hermana mayor Cassandra.
¿Podrá la venganza vencer? o ¿el amor encontrará su camino?
NovelToon tiene autorización de Evelyn Sanchez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La Carnada de Seda
La Universidad Central era un hervidero de estudiantes apresurados, pero para Cassandra, el tiempo parecía haberse ralentizado desde que conoció a Alexander. Durante la última semana, el hombre del traje impecable y la mirada de tormenta se había convertido en una presencia recurrente. Aparecía en la cafetería con un libro de filosofía, la encontraba a la salida de sus clases de anatomía o la sorprendía con un café exactamente como a ella le gustaba: negro, con un toque de canela.
Alexander era un maestro del engaño. No la abrumaba; la estudiaba. Cada gesto de Cassandra, desde la forma en que se mordía el labio cuando estaba concentrada hasta la manera en que saludaba al personal de limpieza por su nombre, era registrado por Alexander como una prueba de su "brillante capacidad histriónica".
—No puedo creer que alguien con tu agenda tenga tanto tiempo para perderlo conmigo —dijo Cassandra una tarde, sentada en un banco de piedra bajo los robles del campus.
Alexander cerró el libro que tenía en el regazo y le dedicó una sonrisa que no llegó a sus ojos, aunque ella no lo notó.
—No es tiempo perdido, Cassandra. Los negocios son fríos, predecibles. Tú, en cambio... eres una maravilla en medio del Caos empresarial. Me resulta fascinante que la hija de Rodrigo de la Vega prefiera pasar sus tardes diseccionando apuntes en lugar de comprar en la Quinta Avenida.
Cassandra bajó la mirada, un poco incómoda por la mención de su apellido.
—A veces los apellidos son prisiones, Alexander. Mi hermana Kattya... ella disfruta de lo que nuestro apellido representa. Yo solo quiero ser útil. Quiero salvar vidas, no solo gastar el dinero que otros ganaron.
Alexander apretó el puño oculto en su bolsillo. “¿Salvar vidas?”, pensó con amargura. “Mientras mi hermano se apaga en una cama de hospital por tu culpa”.
—Es una meta noble —dijo él, forzando un tono de admiración—. Pero incluso los futuros médicos necesitan un descanso. Mañana hay una gala benéfica en la ciudad. Es para la fundación de salud infantil. Pensé que, dado tu interés por la medicina, te gustaría asistir. Conmigo.
Cassandra sintió un vuelco en el corazón. Era la primera vez que él la invitaba a algo formal.
—Me encantaría, pero... mi padre es muy estricto. Y después de lo que pasó con Kattya este año, apenas me deja respirar sin vigilancia.
—Deja que yo me encargue de tu padre —respondió Alexander con una seguridad absoluta—. Rodrigo de la Vega sabe quién soy. No se negará.
Esa noche, Alexander no fue a la mansión de los de la Vega como un pretendiente, sino como el yerno de esa familia. Rodrigo de la Vega lo recibió en su estudio, un espacio cargado de maderas oscuras y trofeos de caza. Rodrigo sabía que Alexander Thompson era un hombre peligroso en los negocios, alguien a quien era mejor tener como aliado que como enemigo.
—Alexander, es una sorpresa —dijo Rodrigo, ofreciéndole un cigarro que Alexander rechazó—. No sabía que nuestras empresas tuvieran asuntos pendientes.
—No vengo por las empresas, Rodrigo —dijo Alexander, sentándose con una elegancia letal—. Vengo por una petición, tu hija, Cassandra.
Rodrigo arqueó una ceja, sorprendido. Esperaba que cualquier hombre joven preguntara por Kattya, la belleza escandalosa de la familia. Cassandra siempre había sido la hija "obediente",que pasaba de los solteros de la alta sociedad.
—Cassandra es una chica tranquila, Alexander. Está enfocada en sus estudios. No creo que esté interesada en el tipo de vida que llevas tú.
—Al contrario. Es precisamente su seriedad lo que me atrae. Quiero su permiso para cortejarla formalmente. Y quiero empezar llevándola a la gala de mañana.
Rodrigo meditó la propuesta. Una alianza con los Thompson a través de un matrimonio sería el golpe maestro de su carrera, pero Cassandra aún era menor de edad aunque faltaban unos meses aún así.
—Tienes mi bendición, Alexander. Pero te advierto: Cassandra no es como las otras chicas. Si la lastimas, no me importará cuánto dinero tengas.
Alexander se levantó y ajustó los botones de su saco.
—No te preocupes, Rodrigo. Le daré exactamente lo que se merece.
Desde las sombras del pasillo, Kattya había escuchado cada palabra. Su sangre hervía de indignación. ¿Alexander Thompson, el soltero más codiciado y poderoso, estaba interesado en la "ratita de biblioteca" de su hermana? Era un insulto personal.
Cuando Alexander salió del estudio, Kattya se interpuso en su camino de manera "accidental". Llevaba un vestido de seda corto que dejaba poco a la imaginación y su mejor sonrisa de depredadora.
—Vaya, vaya... así que tú eres Alexander Thompson —dijo ella, envolviendo un mechón de su cabello en su dedo—. Soy Kattya de la Vega. La hermana que más valores tiene .
Alexander se detuvo y la miró de arriba abajo. En su informe, Kattya aparecía como la hermana "superficial", pero en ese momento, Alexander solo vio a un estorbo. Sin embargo, algo en la mirada de Kattya le recordó la descripción que Charly hacía de su novia: arrogante, segura, dominante. Por un segundo, una duda cruzó su mente, pero la descartó de inmediato. El informe del hacker era claro: Cassandra era la que causaba problemas.
—Mucho gusto, Kattya —dijo él, con una frialdad que la dejó helada—. He oído algo sobre ti.
—Seguro cosas buenas —ronroneó ella, acercándose más—. Si alguna vez te cansas de hablar de libros de medicina con mi hermana, sabes dónde encontrarme. Ella es tan... aburrida. Te vas a quedar dormido antes del postre.
Alexander sonrió, pero fue una sonrisa de lobo.
—Me gustan los desafíos, Kattya. Y tu hermana es el desafío más grande que he encontrado. Con permiso.
Él pasó por su lado sin volver a mirarla. Kattya se quedó allí, temblando de rabia.
—¿Ah, sí? —susurró para sí misma—. Pues vamos a ver cuánto dura tu fascinación cuando descubras lo que es estar con una de la Vega de verdad. Si Cassandra te quiere, yo te tendré primero. Solo por el gusto de quitárselo.
La noche de la gala, Cassandra se sentía como una extraña en su propio cuerpo. Alexander le había enviado un vestido de seda color medianoche que resaltaba el brillo de su piel y sus ojos. Cuando él la recogió, Cassandra vio por primera vez una chispa de algo real en la mirada de Alexander: era deseo, puro y simple. Alexander intentó sofocarlo, recordándose que ella era el enemigo, pero la belleza natural de Cassandra era difícil de ignorar.
En el evento, Alexander la presentó a la élite de la ciudad. La trataba con una caballerosidad exquisita, protegiéndola de los fotógrafos y susurrándole bromas al oído para que se relajara. Cassandra, por primera vez en su vida, se sintió vista. No como la hija de Rodrigo o la hermana de Kattya, sino como una mujer valiosa.
—¿Por qué yo, Alexander? —preguntó ella mientras compartían una copa de champán en el balcón, lejos del ruido—. Hay cientos de mujeres hermosas ahí dentro que darían lo que fuera por estar en mi lugar.
Alexander se acercó a ella, atrapándola entre su cuerpo y la barandilla de piedra. El aroma a perfume de jazmín de Cassandra lo embriagó por un instante.
—Porque eres diferente, Cassandra. Porque cuando te miro, veo a alguien que tiene el poder de cambiar el mundo de un hombre.
Él no mentía en eso. Lo que ella no sabía era que él se refería a destruirlo.
Alexander se inclinó y la besó. Fue un beso lento, cargado de una intensidad que hizo que a Cassandra le temblaran las rodillas. Para ella, fue el sello de un amor naciente. Para Alexander, fue el inicio oficial de su venganza.
Mientras la besaba, Alexander pensó en Charly, solo en su cama de hospital. “Ya casi la tengo, hermano”, juró en su mente. “Pronto sentirá el peso de cada lágrima que derramaste”.
Pero esa noche, al regresar a su mansión, Alexander no pudo evitar mirarse al espejo y sentir una punzada de algo que no era odio. Era una advertencia de su propio corazón, una que decidió ignorar mientras guardaba la foto de Cassandra en el cajón de sus trofeos de guerra.
Un nuevo plan germinaba en su mente.El plan de boda que ya tenía en marcha.