Valentina Rossi llevaba años enamorada de Alexander Beaumont.
En silencio sin que nadie lo supiera.
El era 4 años mayor, heredero de una familia más poderosa en New York y mejor amigo de su hermano. Inteligente, elegante e imposible de ignorar.
Pero Alexander nunca la miro, no como ella lo quería.
Hasta que apareció Sofía Ferrer.
Hermosa y perfecta, su novia.
y mientras todos admiraban la relación perfecta de Alexander, Valentina aprendía a sonreír aunque le doliera verlo amar a otra mujer.
Cómo seguirá, el la vera con otros ojos? la amara en algún momento?
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La novia perfecta
Capítulo 7
La novia perfecta
El aire dentro del ascensor todavía se sentía demasiado pesado para Valentina Rossi.
Después de lo ocurrido en la terraza del hotel Beaumont, apenas había logrado despedirse de Matteo antes de escapar hacia su departamento.
Y ahora, casi las tres de la madrugada, seguía sin poder dormir.
Porque no importaba cuántas veces intentara convencerse de que lo había imaginado…
Alexander Beaumont había estado a punto de besarla.
O al menos eso había sentido ella.
Y eso era exactamente lo peligroso.
Valentina dejó caer el celular sobre la cama antes de caminar descalza hacia el enorme ventanal del departamento. Manhattan seguía despierta bajo las luces nocturnas, brillante e infinita.
Pero su cabeza era un desastre.
Alexander tenía novia.
Alexander amaba a Sofía Ferrer.
Y aun así… algo estaba cambiando.
El sonido del teléfono vibrando sobre la cama la hizo girar rápidamente.
Un mensaje.
Alexander.
El corazón le dio un vuelco inmediato.
"¿Llegaste bien?"
Solo eso.
Un mensaje simple.
Pero suficiente para alterar completamente su estabilidad emocional.
Valentina observó la pantalla durante varios segundos sin saber qué responder.
Finalmente escribió:
"Sí. Gracias."
Tres puntos aparecieron inmediatamente.
"¿Sigues enojada conmigo?"
Ella frunció el ceño.
¿Enojada?
La realidad era muchísimo peor que eso.
Estaba enamorada de él.
Y ahora empezaba a sentir cosas que jamás deberían existir entre ellos.
Valentina cerró los ojos antes de responder.
"No estoy enojada."
La respuesta tardó varios segundos esta vez.
"Entonces deja de huir de mí."
El corazón comenzó a latirle demasiado rápido.
Porque Alexander nunca hablaba así.
Nunca.
Valentina mordió suavemente su labio inferior intentando pensar con claridad.
Pero no había claridad posible cuando se trataba de él.
Finalmente dejó el teléfono a un lado sin responder.
Era lo mejor.
Necesitaba distancia.
Muchísima distancia.
A la mañana siguiente, Manhattan amaneció cubierta de sol.
Valentina intentó concentrarse en el trabajo durante toda la mañana, aunque claramente estaba fracasando.
Cada vez que recordaba la forma en que Alexander la había mirado en la terraza, sentía el pecho apretarse peligrosamente.
Y eso tenía que terminar.
—¿Vas a seguir suspirando todo el día?
Valentina levantó la vista encontrándose con Matteo entrando a la oficina.
—Estoy trabajando.
—Claro. Y yo soy modelo de Prada.
Ella soltó una pequeña risa cansada.
Matteo tomó asiento frente a ella cruzándose de brazos.
—Okay. Cuéntame exactamente qué pasó anoche.
Valentina sintió el calor subirle al rostro.
—Nada.
—Valentina.
Ella suspiró lentamente.
—Solo hablamos.
—¿Y?
—Y nada.
Matteo la observó fijamente unos segundos.
—Estás mintiendo horrible.
Porque sí.
Lo estaba.
Pero decirlo en voz alta haría que todo se volviera demasiado real.
Y ella todavía no sabía cómo lidiar con eso.
Antes de que pudiera responder, alguien golpeó suavemente la puerta.
La secretaria apareció apenas.
—Valentina, la señorita Ferrer está aquí para verla.
El cuerpo entero de Valentina se tensó.
—¿Sofía?
—Sí.
Perfecto.
Exactamente lo que necesitaba para terminar de perder la estabilidad mental.
Matteo levantó una ceja divertido.
—Esto sí quiero verlo.
—Lárgate.
Él soltó una risa antes de salir de la oficina justo cuando Sofía entraba.
Y como siempre, se veía perfecta.
Cabello rubio impecable.
Vestido elegante color beige.
Ojos verdes brillando suavemente bajo la luz.
Sofía sonrió apenas al verla.
—Espero no interrumpir.
—No, tranquila.
Valentina se puso de pie intentando actuar normal.
Aunque claramente no se sentía normal.
Porque la mujer frente a ella era la novia del hombre que amaba.
Y además… probablemente la persona más amable del universo.
Lo cual hacía todo mucho peor.
—Solo vine a invitarte a almorzar conmigo —dijo Sofía suavemente.
Valentina parpadeó sorprendida.
—¿A mí?
—Sí. Me gustaría conocerte mejor.
El universo definitivamente la odiaba.
Una hora después, ambas estaban sentadas en uno de los restaurantes más exclusivos de Manhattan.
Valentina todavía intentaba entender cómo había terminado ahí.
—Alexander habla mucho de ti —comentó Sofía mientras acomodaba la copa entre sus manos.
El corazón de Valentina se tensó inmediatamente.
—¿Ah sí?
Sofía sonrió apenas.
—Dice que eres una de las pocas personas reales dentro de este mundo.
Eso la tomó completamente desprevenida.
Porque Alexander jamás le había dicho algo así directamente.
—Tu hermano también lo adora —continuó Sofía—. A veces siento que los Beaumont
prácticamente adoptaron a Matteo.
Valentina sonrió un poco.
—Sí, ellos son inseparables.
Hubo un pequeño silencio antes de que Sofía hablara otra vez.
—¿Puedo preguntarte algo personal?
Valentina sintió un leve mal presentimiento.
—Depende.
Sofía soltó una pequeña risa.
—¿Alexander siempre fue tan difícil emocionalmente?
La pregunta la sorprendió.
—¿Difícil?
Sofía bajó apenas la mirada hacia la mesa.
Y por primera vez desde que la conocía… pareció insegura.
—A veces siento que hay una parte de él a la que nadie logra llegar realmente.
Valentina permaneció en silencio.
Porque entendía exactamente a qué se refería.
Alexander siempre parecía cargar algo pesado dentro suyo.
Algo que jamás mostraba completamente.
—Él tiene mucha presión encima —respondió finalmente.
Sofía asintió lentamente.
—Lo sé. Y lo amo… pero últimamente está diferente.
El corazón de Valentina se detuvo un segundo.
—¿Diferente cómo?
Sofía dudó apenas.
—Distraído.
La culpa atravesó el pecho de Valentina inmediatamente.
No.
No podía ser por ella.
Eso sería demasiado.
—Seguramente es trabajo —murmuró.
Quizás intentaba convencerse más a sí misma que a Sofía.
Sofía observó unos segundos por la ventana antes de volver a sonreír.
—Probablemente.
Pero algo en su expresión decía que no estaba completamente convencida.
Y eso hizo que Valentina sintiera un miedo horrible creciendo lentamente dentro de ella.
Porque si Sofía comenzaba a notar cosas…
Todo podía romperse muy rápido.
Y lo peor era que una parte egoísta de su corazón seguía recordando la forma en que Alexander la había mirado la noche anterior.
Como si por primera vez realmente estuviera empezando a verla.