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CERO EN CONDUCTA MI QUERIDA SECRETARIA

CERO EN CONDUCTA MI QUERIDA SECRETARIA

Status: Terminada
Genre:CEO / Completas
Popularitas:10.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Chiquitas

romance, contrato, amor, diversión

NovelToon tiene autorización de Chiquitas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 2: El precio de la insolencia

El ascenso hacia la cima del imperio Zenith no fue silencioso. El zumbido del ascensor de cristal era una melodía de alta tecnología que contrastaba con el estruendo metálico de la línea Q del metro que Elena tomaba cada mañana. Mientras el cubículo dorado se deslizaba hacia las alturas, Elena sentía que sus pulmones se contraían. No era solo por la velocidad, sino por la presencia del hombre que estaba a menos de un metro de ella.

Alexander Zenith, el hombre de treinta años que gobernaba Manhattan desde las sombras de sus hoteles, no se había movido ni un milímetro. Su perfil era una línea perfecta de arrogancia y poder. Elena lo observaba a través del reflejo del cristal, notando cómo la mancha de crema de lavanda que ella misma había provocado empezaba a secarse sobre su pecho, dejando un rastro púrpura que parecía una herida de guerra en su impecable traje.

—¿Planeas quedarte ahí parada como una estatua de sal o vas a decir algo más para insultarme antes de que lleguemos al piso cincuenta? —la voz de Alexander era como el hielo crujiendo bajo un martillo.

Elena se enderezó, ignorando el dolor punzante en su pie descalzo. El zapato roto seguía en su mano, un recordatorio de su realidad frente a la de él.

—Para insultarlo primero tendría que tenerle respeto, señor Zenith. Y hasta ahora, lo único que he visto es a un hombre que camina sobre los demás como si fueran alfombras.

Liam, que hasta ese momento había permanecido en una esquina del ascensor revisando su teléfono, soltó una risita ahogada.

—Vaya, Alex. Creo que finalmente Manhattan te ha enviado a alguien que no parpadea ante tus millones. Soy Liam, por cierto. El socio que hace el trabajo sucio mientras él se dedica a fruncir el ceño.

—Elena —respondió ella con la mandíbula tensa, ignorando la mano extendida de Liam. No era por grosería, sino porque sentía que si soltaba su zapato, perdería la única arma que tenía.

Cuando las puertas se abrieron, el lujo del piso 50 la golpeó como una bofetada. El suelo no era de mármol común; era una piedra oscura pulida que parecía absorber la luz. Las paredes estaban decoradas con obras de arte moderno que Elena no entendía, pero que gritaban "caro" en cada pincelada. La oficina de Alexander era más grande que toda la vecindad de Elena en el Lower East Side.

Alexander caminó directo hacia su escritorio de ébano, ignorando la vista impresionante de Central Park que se extendía tras él. Se quitó el saco con un movimiento fluido y lo arrojó sobre un sofá de cuero blanco. Elena se quedó de pie en medio de la habitación, sintiéndose como un insecto bajo un microscopio.

—Siéntate —ordenó Alexander, señalando una silla que probablemente costaba más que sus cuatro años de carrera universitaria.

Elena no se sentó. En lugar de eso, cojeó hasta el escritorio y apoyó las manos sobre la superficie pulida.

—Mire, señor Zenith. Sé cómo funciona esto. Usted quiere intimidarme. Quiere que me disculpe de rodillas por su camisa de seda. Pero ambos sabemos que si usted hubiera estado mirando hacia adelante en lugar de su tablet, mis cupcakes seguirían en su caja y su ropa estaría limpia. Soy graduada en administración, sé lo que es la responsabilidad compartida.

Alexander alzó una ceja, finalmente dejando su tablet a un lado. Sus ojos grises, fríos como una mañana de invierno en el Hudson, la recorrieron con una lentitud que la hizo estremecer. No era una mirada lasciva, era una evaluación comercial. Estaba pesando su valor.

—Administración, ¿eh? —dijo él, apoyando su espalda contra su silla presidencial—. Entonces sabrás que el tiempo de un CEO se factura por minuto. Hoy me has hecho perder una reunión de diez millones de dólares. Tu deuda conmigo no es una camisa, Elena. Es mi tiempo.

Elena sintió que el mundo se desmoronaba. ¿Diez millones? Ella ni siquiera podía visualizar esa cantidad de dinero.

—Yo... yo no tengo esa cantidad.

—Lo sé —respondió él con una sonrisa gélida—. Pero tienes algo que necesito. Mi secretaria personal renunció anoche alegando que soy un "tirano insoportable". Liam cree que necesito a alguien con piel de rinoceronte. Tú pareces tenerla, además de una lengua que no sabe cuándo callarse.

Elena frunció el ceño.

—¿Quiere que sea su secretaria para pagar una deuda? Eso suena a esclavitud moderna, señor Zenith.

—Suena a un contrato, que es muy diferente —Alexander se puso de pie, acortando la distancia entre ambos hasta que Elena pudo oler el sándalo y el café amargo que emanaba de él—. Trabajarás para mí durante un año. Pagaré tu renta, cancelaré tu deuda por los daños y te daré un sueldo que nunca soñarías ganar en una oficina de correos. A cambio, serás mi sombra. Aguantarás mis horarios, mis cambios de humor y a la prensa.

Elena pensó en Sofía, en el frío de su habitación, en el miedo a terminar en la calle. Manhattan no tenía corazón para los pobres, pero quizás este hombre de hielo era su única salida.

—Pero hay una cláusula más —continuó Alexander, su voz bajando a un tono casi íntimo que hizo que el vello de los brazos de Elena se erizara—. Esta noche hay una gala en el Met. Vanessa, mi ex prometida, ha regresado de Europa y los tabloides están esperando ver cómo me desmorono. No voy a darles ese gusto. Irás conmigo. No como secretaria, sino como la mujer que ha logrado que Alexander Zenith olvide el pasado.

—¿Quiere que finja ser su prometida? —Elena soltó una carcajada nerviosa—. ¡Míreme! Tengo harina en la nariz y un zapato roto. No encajo en su mundo de diamantes y traiciones.

—De eso se encarga el dinero, Elena —Alexander tomó el teléfono y marcó una extensión—. Liam, llévatela. Tienes tres horas para convertir a esta fiera de la vecindad en una reina de la Quinta Avenida. Y cómprale unos zapatos que no se rompan al primer paso.

Elena quiso protestar, quiso decirle que su dignidad no estaba a la venta, pero Alexander ya le había dado la espalda, volviendo a su mundo de números y frío. Liam apareció a su lado, ofreciéndole el brazo con una sonrisa de complicidad.

—Prepárate, Elena —susurró Liam—. Porque esta noche, Manhattan va a conocer a la mujer que le puso un cero en conducta al hombre más poderoso de la ciudad.

*************

Elena salió de la oficina de Alexander sintiendo que el suelo se movía, y no era por el mareo del ascensor. Caminaba junto a Liam, quien se movía por los pasillos del hotel con una confianza que ella envidiaba. El contraste entre ellos era ridículo: él, con un traje que costaba lo que ella ganaba en un año; ella, cojeando, con el cabello desordenado por el viento de Manhattan y sosteniendo su zapato roto como si fuera un trofeo de guerra.

—No tienes que estar tan tensa, Elena —dijo Liam, presionando el botón del ascensor privado—. Alexander es un animal difícil, pero no muerde... al menos no si haces tu trabajo.

—Ustedes los ricos creen que todo se soluciona con un contrato y un cambio de ropa —replicó Elena, apretando los dientes—. Me está obligando a mentir. Me está obligando a ser alguien que no soy para darle celos a una mujer que ni siquiera conozco.

—Vanessa no es cualquier mujer —la voz de Liam se volvió seria por un segundo—. Fue la única que logró romper la armadura de Alex, y lo hizo frente a todo Nueva York. Dejarlo plantado en la iglesia no solo fue un golpe a su corazón, fue un golpe a su imperio. Desde entonces, Alexander no confía en nadie que no tenga un precio.

Elena guardó silencio mientras bajaban al garaje privado. Un SUV negro blindado los esperaba. Al subir, el olor a cuero nuevo y aire purificado la hizo sentir, una vez más, como una intrusa. Mientras el vehículo se incorporaba al tráfico caótico de la Quinta Avenida, Elena miraba por la ventana. Pasaron cerca de las calles que ella frecuentaba, donde los vendedores de castañas asadas luchaban contra el frío y la gente corría para no perder el autobús.

—¿A dónde me lleva? —preguntó Elena cuando vio que se alejaban de las zonas que ella conocía.

—A la zona de guerra —sonrió Liam—. O como otros la llaman: la milla de oro. Alexander fue muy específico. Necesitamos que parezcas una mujer que ha estado rodeada de seda toda su vida.

La primera parada fue una boutique exclusiva cuyo nombre Elena solo había visto en revistas que encontraba en las salas de espera de los hospitales públicos. Al entrar, el silencio era tan profundo que Elena sintió que sus pasos descalzos hacían demasiado ruido. Una mujer delgada, vestida de negro riguroso y con una mirada que juzgaba hasta el ADN, se acercó a ellos.

—Señor Liam, qué placer —dijo la mujer, pero sus ojos se clavaron de inmediato en Elena y su zapato roto—. ¿En qué podemos ayudarle a... ella?

—Alexander Zenith necesita que esta señorita sea la mujer más espectacular de la gala del Met esta noche —dijo Liam, cruzándose de brazos—. No escatimes en gastos. Queremos algo que diga "seguridad", "pureza" y "fuego".

Elena fue arrastrada a un probador que era más grande que su habitación en la vecindad. Allí, frente a espejos trípticos que no perdonaban ni una sola imperfección, se vio a sí misma. Vio las ojeras de las noches horneando cupcakes, vio sus manos marcadas por pequeñas quemaduras de horno y su vestido azul barato. Por un momento, sintió ganas de llorar. ¿Qué estaba haciendo allí? Ella era Elena, la chica de la vecindad "La Esperanza", la que no tenía padres, la que luchaba por cada dólar.

—Señorita, por favor, quédese quieta —dijo una de las asistentes mientras empezaba a probarle telas de seda y encaje francés.

—Esto es una mentira —susurró Elena para sí misma, mirando su reflejo—. Soy una impostora vestida de seda.

Sin embargo, a medida que las telas empezaban a envolver su cuerpo, algo cambió. El color que eligieron para ella era un blanco marfil que hacía que su piel brillara y sus ojos resaltaran. No era un vestido de "niña buena", era una armadura elegante que resaltaba sus curvas y le daba una estatura que nunca supo que tenía. Cuando finalmente le pusieron los zapatos —unos tacones de suela roja que se sentían como guantes de seda en sus pies— Elena se irguió.

Al salir del probador, Liam dejó caer su teléfono.

—Vaya... creo que Alexander no sabe en lo que se ha metido.

—Sigo siendo yo, Liam —dijo Elena, aunque su voz sonaba más firme—. Solo que ahora mis pies no duelen.

—Eso es lo que tú crees —replicó Liam, dándole una tarjeta de crédito negra que pesaba más de lo que parecía—. Ahora, siguiente parada: maquillaje y peluquería. Tenemos una hora para que Alexander Zenith crea que ha ocurrido un milagro en Manhattan.

Mientras el estilista trabajaba en su cabello, Elena pensaba en Alexander. Lo imaginaba en su oficina, solo, rodeado de su cristal y su orgullo. Se preguntaba si alguna vez ese hombre se había sentido tan fuera de lugar como ella en ese momento. "¿Cero en conducta?", se dijo a sí misma. "Esta noche, señor Zenith, voy a demostrarle que el caos que tanto desprecia es lo único que puede darle vida a su mundo de hielo".

Pero en el fondo de su mente, una sombra persistía. Vanessa. Si esa mujer había sido capaz de destruir a un hombre como Alexander, ¿qué le haría a una principiante como ella? Elena apretó los puños. No iba a dejarse pisotear. Si iba a interpretar el papel de prometida, lo haría con la misma pasión con la que administraba sus escasos ahorros.

Manhattan estaba a punto de encender sus luces para la gala, y Elena, la huérfana de la vecindad, estaba a punto de entrar por la puerta grande, de la mano del diablo vestido de seda.

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Sabina Altamirano
el papel del personaje se me hace muy infantil,ni parece que haya pasado siquiera la universidad,como llegar a un trabajo,hacer cambio como si fuera tu casa decir que contrato de un hotel no es importante lo va llevar a la quiebra,si. oy de acuerdo que se le festejé a los empleados,pero hacerlo en el trabajo como si fuera en el patio de su casa,eso perece ilógico
Teresa Nancy Fernandez
me encantó tu novela👏👏👏
chiquita: Teresa gracias por tu apoyo, me alegra un montón leer tu comentario🥰🥰🥰
total 2 replies
Lili Hebe Villarruel
👏👏👏
chiquita: Gracias gracias 🫂🫂🫂🫂🫂 Lili súper agradecida por tu apoyo 😍😍😍😍😍
total 1 replies
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