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Mi Joven Profesor

Mi Joven Profesor

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Con solo 23 años, un joven profesor llegó al colegio con una carpeta llena de sueños y el corazón nervioso por conseguir trabajo. No imaginaba que aquel lugar cambiaría su vida para siempre. Entre pasillos, sonrisas y nuevas oportunidades, conocería a una persona que le enseñaría que el verdadero éxito no solo está en alcanzar metas, sino también en encontrar a alguien con quien compartir cada logro, cada caída y cada felicidad. Lo que comenzó como una simple búsqueda de empleo terminó convirtiéndose en la historia de amor más importante de su vida.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17: La primera salida

Eran como las siete y media de la noche y yo ya llevaba rato arreglándome.

Sí, rato.

Y eso era raro en mí porque normalmente me bañaba, me vestía y ya.

Pero esa noche quería verme bien.

No elegante exagerado ni nada así.

Solo bien.

Estaba parado frente al espejo acomodándome la camisa negra manga larga que me había puesto. Era una camisa sencilla pero bonita, medio ajustada, y honestamente hacía rato no me preocupaba tanto por cómo me veía.

También me puse un jean oscuro y unos tenis blancos que casi nunca usaba porque los mantenía limpios como oro.

Me peiné otra vez aunque ya estaba peinado.

Después agarré el perfume y me eché más de lo normal.

Y ahí me di cuenta de algo.

Estaba demasiado nervioso.

Me miré en el espejo y solté una risa solo.

—“Juemadre, Rafael… parece un pelado de colegio.”

Pero era verdad.

Tenía años sin sentirme así antes de una salida.

Agarré las llaves del carro de Julián y bajé las escaleras.

Mi mamá estaba en la sala haciéndole dormir a Daniela mientras veía televisión bajito.

La bebé todavía seguía despierta jugando con un peluche pequeño.

Apenas me vio abrió los ojos grandotes.

—“Papá.”

Sentí el corazón blandito enseguida.

—“Hola, princesa.”

Mi mamá me miró apenas bajé y soltó una sonrisa burlona.

—“Uy nooo… mírenlo.”

—“¿Qué?”

—“Hasta parece artista hoy.”

Solté una risa.

—“Mamá, deje el fastidio.”

Ella seguía riéndose.

—“¿Pa’ dónde va tan perfumado?”

—“A salir.”

—“Eso ya lo sé.”

Me acerqué a Daniela y la cargué.

La bebé empezó a tocarme la cara y a jugar con mi reloj mientras se reía.

Y honestamente eso me calmó un poquito los nervios.

Le di varios besitos en la mejilla.

—“No se duerma tarde, chiquita.”

Ella me miró toda seria.

—“Papá.”

Sonreí.

—“Sí, papá te ama muchísimo.”

Le di otro beso en la frente y se la pasé a mi mamá.

Mi mamá me acomodó la camisa.

—“Se ve bonito, mijo.”

—“Gracias.”

Ella sonrió.

—“Vaya tranquilo.”

Asentí despacio.

Caminé hacia la puerta agarrando las llaves.

Pero apenas la abrí escuché el llanto de Daniela.

Volteé rápido.

La bebé estaba llorando con los brazos estirados hacia mí.

—“Papá… papá…”

Y ahí sentí culpa enseguida.

Mi mamá la cargó tratando de calmarla.

—“Ya, mi amor, ya…”

Pero Daniela seguía llorando.

Yo me acerqué otra vez y le agarré la manito.

—“Papá vuelve ahorita, ¿sí?”

Ella seguía llorando diciendo “papá” como podía.

Y honestamente casi me hace quedarme.

Mi mamá me miró seria.

—“Váyase tranquilo. Yo la calmo.”

Suspiré y le di otro besito rápido a Daniela.

—“Pórtese bien.”

Después salí de la casa escuchándola llorar todavía.

Y sí…

Me dolió.

Porque desde que nació casi nunca salía realmente para mí.

Todo era trabajo y casa.

Trabajo y Daniela.

Pero esa noche era diferente.

Me subí al carro y respiré profundo agarrando el volante.

El corazón me estaba latiendo rapidísimo.

Prendí el carro y salí manejando despacio por las calles de Cúcuta.

Mientras manejaba iba pensando demasiadas cosas.

En cómo iba a verla.

En qué iba a decirle.

En si me iba a quedar mirándola como un idiota.

Porque honestamente llevaba demasiado tiempo pensando en esa muchacha.

Cuando llegué cerca de su casa sentí más nervios todavía.

Le escribí:

“Ya llegué.”

Y me quedé esperando.

Mirando la puerta.

Hasta que finalmente salió.

Y ahí literalmente dejé de respirar unos segundos.

Parce…

Se veía hermosa.

La falda beige le quedaba demasiado linda y la blusa blanca hacía que se viera elegante sin exagerar.

Tenía el cabello suelto y una sonrisa nerviosa que casi me mata ahí mismo.

—“Juemadre…” murmuré solo.

Se acercó al carro despacio y yo me bajé enseguida para abrirle la puerta.

Ella soltó una risita nerviosa.

—“Qué caballero.”

—“Hoy tocaba.”

Los dos nos reímos.

Cuando se subió al asiento del copiloto sentí el perfume de ella enseguida.

Y eso me terminó de poner nervioso.

Cerré la puerta y después me senté otra vez manejando.

La miré unos segundos sonriendo.

—“Hola, preciosa… ¿cómo estás?”

Ella se mordió el labio sonriendo bajito.

—“Bien… nerviosa.”

Sentí el pecho acelerarse.

Me acerqué un poquito y le di un beso suave en la frente.

—“Yo también.”

Ella bajó la mirada toda apenada.

Y honestamente esa imagen me pareció demasiado linda.

Arranqué el carro despacio mientras los dos seguíamos nerviosos.

Hubo unos segundos de silencio.

Hasta que ella empezó a reírse sola.

—“¿Qué pasó?”

—“Nada… es raro verlo así.”

Solté una risa.

—“¿Así cómo?”

—“No sé… diferente.”

La miré de reojo.

—“¿Eso es bueno o malo?”

Ella sonrió.

—“Muy bueno.”

Eso me hizo sonreír también.

Mientras manejaba empezamos a hablar más tranquilos.

Le pregunté cómo iba en Medicina y empezó a echarme cuentos de profesores, tareas y exámenes.

—“No duermo nunca.”

Solté una carcajada.

—“Bienvenida a la universidad.”

—“No me asuste más.”

—“Peor se va a poner.”

Ella abrió los ojos.

—“Ay nooo.”

Después me miró curiosa.

—“¿Y usted cómo ha estado?”

Respiré profundo.

—“Mejor últimamente.”

—“¿Sí?”

La miré unos segundos.

—“Sí… desde que volví a hablar contigo.”

Ella se quedó callada sonriendo suave.

Y ahí sentí otra vez ese golpe raro en el pecho.

La llevé a un restaurante bonito pero tranquilo, nada exagerado.

Solo quería hablar con ella.

Conocerla otra vez.

Pero ahora de verdad.

Durante toda la noche hablamos de muchas cosas.

De sueños.

De la universidad.

De la vida.

Ella se reía muchísimo y yo honestamente no podía dejar de mirarla.

Porque verla ahí sentada frente a mí…

Ya no como estudiante.

Sino como mujer.

Se sentía completamente distinto.

Y también se sentía demasiado bien.

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Yulexi De Fernández
cuando me termine de ver la serie que me estoy viendo le subo los otros capítulos
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