En un mundo donde los dragones eligen a sus jinetes y los reinos se sostienen sobre alianzas forzadas. El amor es un lujo que nadie puede permitirse en tiempos de guerra. Elian Kovács siempre supo que su destino no le pertenecía al nacer enfermizo. Principe Omega del reino nórdico, y pieza clave en la guerra que se aproxima, su vida queda sellada cuando es prometido en matrimonio al heredero del poderoso Dominium Sárkányvér, un alfa al que jamás ha visto… y al que está destinado a obedecer como su futura esposa. Pelear en contra del clan del desierto. Pero ambos antes de rendirse al deber cometen un error. Lo que debía ser un escape sin consecuencias… Se convierte en un secreto imposible de ocultar. Porque semanas después, Elian descubre que lleva dentro algo más que culpa. Lleva un hijo concebido fuera del pacto. Una verdad que, de salir a la luz, podría significar la caída de su clan o su exterminio. Porque en un mundo donde el deber lo es todo. El amor puede ser la guerra más letal.
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Destinos que chocan como escarcha.
INTRODUCCIÓN
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La guerra no comenzó con sangre.
Comenzó con decisiones.
Decisiones que no les pertenecían a los más involucrados.
En el Dominium Sárkányvér, el fuego no solo ardía en los dragones… O las hogueras...
ardía en la sangre.
—No me casaré con alguien que no elegí —gruñó Dávid Farkas aquella noche, con la rabia latiéndole en las venas como fuego vivo.
Pero el deber no negocia.
Y el linaje… menos.
En el norte, donde el hielo cortaba la piel como cuchillas invisibles,
Otro destino se rompía en silencio.
—No soy un sacrificio, padre y madre —susurró Elian Kovács, con la mirada perdida en la tormenta—. No por ser enfermizo y Omega pueden hacer del resto de mi vida lo que quieran el consejo o ustedes.
Pero para su reino…
Sí lo era.
Dos almas marcadas por coronas que no pidieron.
Dos cuerpos diferentes, uno fuerte y otro debil destinados a unirse sin amor.
Y una noche…
una sola noche de pasión y deseo entre dos extraños… donde todo cambió.
Fue en una taberna olvidada por los mapas. Un lugar para desahogar todos los deseos.
Sin mencionar sus verdaderos nombres.
Sin títulos mobiliarios.
Sin futuro aparente.
Solo miradas cansadas… Una borrachera
y una necesidad urgente de sentir algo propio antes de perderse para siempre en los brazos desconocidos.
Elian no recordaría quién dio el primer paso.
Solo recordaría el calor y el dolor de haber sido poseído por alguien que lo va a odiar hasta la médula cuando sepa de quién se trata.
Recordaría las manos firmes sujetándolo como si, por primera vez, alguien no lo viera como una estrategia…
sino como alguien que valía la pena desear aunque sea una sola noche.
Y Dávid…
Dávid recordaría la forma en que ese desconocido lo miró sin miedo. Sin reverencia. Sin saber quién era. Pero con un aroma que podría derribar al mejor guerrero. Recordaría lo exquisito de sus besos, y como se India en él a pesar de haber renegado que estar con uno igual a su género sería como comer clavos.
—Mañana dejaré de ser libre, tengo un largo viaje por recorrer por la guerra—susurró ronco Elián contra su pecho agotado de una sesión extendida. Había entregado su primera vez.
—Entonces quédate esta noche y no pienses en nada, el mañana traerá su propio afán —respondió él, con una voz más suave de lo que jamás había sido con ninguna mujer.
Y se quedaron amándose hasta perder el conocimiento en medio de la embriaguez.
No como príncipe Alfa y Omega.
No como piezas de guerra.
Sino como dos seres que, por unas horas… se eligieron al azar.
Pero el destino no olvida.
Ni perdona.
Un mes después…antes de la boda.
Elián lo supo.
El mareo.
El calor extraño en su cuerpo.
El latido que no era solo suyo.
—No… —susurró, llevándose la mano al vientre mientras veía llegar desde su balcón la caravana del príncipe y sus dragones—. Esto no puede estar pasando.
Pero sí.
Estaba pasando.
Un hijo.
De un desconocido.
De una noche que no debía existir.
El terror lo envolvió antes que cualquier otra emoción.
Porque en su mundo… eso no era amor.
Era traición por desobedecer a sus padres y traición por entregarse a un desconocido.
—Si descubren esto… —murmuró Soren, pálido—, dirán que deshonraste el pacto. La familia húngara puede eliminarnos a pesar de nosotros ser buenos en la guerra.
Elian cerró los ojos.
—No solo eso.
Su voz tembló apenas.
—Dirán que traicioné al reino. Desobedecí a mis padres. Y tú también tendrías problemas.
Y en tiempos de guerra… la traición se paga con sangre.
—Podrían exterminarnos —continuó, en un susurro roto—. A mi familia… a mi clan… A ti... Si ese alfa se da cuenta.
El silencio fue más pesado que cualquier espada.
Así que decidió callar.
Ocultar.
Enterrar la verdad bajo hielo.
Porque dentro de unas horas… se casaría con un príncipe al que no conocía.
Sin saber… que aquel desconocido que lo marcó en una noche de debilidad… era el mismo hombre que lo esperaba en el altar.
Y que el hijo que crecía dentro de él… no era un error.
Era una tormenta helada, es el hijo del Omega del dragón de hielo..
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— Ya era hora maldita sea, Miklós, pensé que me dejarías secar como un palo. Creo que la edad te da para der mas lento— Sonríe mientras toma la jarra del licor rojizo y aromático.
— Bueno...también vine para informarle que su padre el rey y su madre la reina quieren una audiencia con usted—el alfa baja de su dragón y lo mira de reojo sin saber cómo reaccionar ante el principe.
—¿Ahora? Madre y padre saben que estamos al borde de la guerra. Debemos estar listos. Ya los centinelas avistaron dragones del desierto sobrevolando los límites de nuestro reino.
— No se enoje conmigo, su majestad... Solo le informo que lo quieren ver. Sé que se la ha pasado de reuniones con los otros generales, con su padre toda la semana, entrenando de pito a pito en medio del frío y no a tenido tiempo de ir a ver a Flor, y encima su madre se empeña en qué no debe abrir fuego en las montañas porque podrían causar avalanchas que afecten los pueblecitos.
— Carajos... extraño a mi dulce flor... Su padre dice que soy sangriento y mal educado y que aunque sea principe no me casaré con su hija porque lo mandé al demonio cuando nos pilló besándonos en el bosque. Pero tengo una imagen que conservar.
— No vale de nada llorar sobre leche derramada. Vamos o no tendré mi pellejo sobre mi carnita.
Horas después el rugido del Alfa y su dragón retumbaron sobre las torres del Dominium Sárkányvér.
El fuego de su dragón al sentir su frustración no pudo contenerse, este escupió fuego que iluminaba los bosques helados y encendía algunos pinos, mientras Dávid Farkas dentro del salón del palacio permanecía de pie, inmóvil, frente al trono.
Sabía que algo no iba bien desde que vió a una casamentera explicando el arte de la consumación entre el mismo género. El sastre con dos trajes de boda para él y otro chico masculino, el joyero con una corona de sucesión al trono y joyas de la realeza y otra corona pero más pequeña a su lado.
El silencio de su padre nunca anunciaba nada bueno, pero luego de escucharlo de sus labios quedó atónito.
— ¿Padre que es todo esto?
—Se ha decidido, hijo mío—dijo el rey, con voz firme—. Sellaremos la alianza con el norte Nórdico.
Dávid no reaccionó de inmediato.
—¿Una alianza… ahora? ¿Es algún tipo de broma, su majestad?
—No es opcional. Ya salió mi decreto. Y está sellado por el otro reino.
El príncipe entrecerró los ojos.
—Habla claro, padre. Porque puedo casarme con quién yo quiera como hiciste con mi madre. Así que no entiendo a qué va todo esto. Soy un príncipe Alfa dueño de los cielos.
El rey Altikus se levantó.
—Te casarás con otro príncipe. Y seguirás siendo el dueño de todo incluso de otro reino.
El aire se volvió pesado.
—Con el heredero omega del reino nórdico, es lindo, me enviaron un retrato pintado— Añade su madre
Pasaron algunos segundos que parecieron eternos...
Y entonces…
—¿Estás bromeando, madre querida o solo te estás desquitando lo que paso con flor y su padre? —la voz de Dávid salió baja, peligrosa.
—Es necesario y no, no me estoy desquitando nada. Ni eso ni las Miles de locuras que haz hecho para avergonzarnos. Sé que eres impulsivo y no hay una sola mujer de este reino al que no le hayas hecho algo vulgar —intervino la reina sin mirarlo—. El enemigo del desierto avanza. Están devorando aldeas… dragones… todo. Debemos aliarnos a unos iguales en poder militar. Pero como no estamos en los mejores términos para evitar traición, así que uniremos a nuestros primogénitos en un pacto de sangre.
—¿Y la solución es encadenarme a alguien que no conozco? ¿Y encima alguien con un pito?
—La solución es sobrevivir a lo que se aproxima, así que deja tu drama. Eres tan promiscuo que me sorprendería saber que ya no te tiraste a algún chico—respondió el rey Altikus.
Dávid apretó los puños.
—Es un hombre. Nunca he estado con alguno.
—Es un omega, es lindo, estratega, muy sano, y devoto con sus padres, primogénito y le gusta montar,—corrigió su padre—. El linaje puede continuar. Y serán hermosos.
Esa frase fue peor que cualquier golpe.
—No soy una herramienta, soy un guerrero. No necesitamos de este...acuerdo estúpido y sin sentido. Sin ofender sus altezas—escupió.
—Eres el heredero —replicó el rey—. Y harás lo que se te ordene. Así que te comportas o te quito tus bienes y te meto al calabozo. Debes dar el ejemplo. Nunca te habíamos pedido nada. Así que te toca proteger a tu pueblo.
El silencio explotó entre ellos.
Pero Dávid no gritó.
— ¡Bien! ¡Hagan lo que quieran! Pero no crean que estoy de acuerdo. Seguiré teniendo las mujeres que me plazca.
No discutió más.
Solo giró sobre sus talones… y salió. Si debía hacer que ese otro príncipe probara su puño, de seguro se acobardaba y rechazaría esa proposición.
❄️ En el norte:
El viento helado golpeaba las murallas de Skjaldheim.
Elian estaba de pie frente a su reina madre, con los brazos cruzados.
—No.
La respuesta fue inmediata.
—Ni siquiera lo has escuchado, puede que te guste, incluso has oído hazañas de él, es el mejor —dijo ella con calma.
—No necesito escucharlo. Los rumores sobran. Pedante, mujeriego, mal hablado, un carácter de mierda, alfa autoritario, sanguinario y sin escrúpulos de nada.
—Te casarás con el príncipe húngaro. Es un príncipe y único heredero. Es la garantía de que no seremos traicionados si hacemos alianza con ellos. Quedarán unidos por un pacto de sangre. Quien traicione morirá.
Elian soltó una risa sin humor.
—Claro. ¿Por qué no? Ya que estamos… también pueden venderme al mejor postor. El hecho de que sea enfermo y pueda morir en cualquier momento no quita de que aún estoy aquí respirando.
—No eres un objeto, querido. Podemos decir que naciste para esto.
Su cara de sorpresa no se hizo esperar.
—Entonces deja de tratarme como uno y no sirvo para esto, madre. Nací porque tú y padre así lo quisieron. Ahora siento que no valgo más que una ficha de intercambio. No pedí nacer así, Omega débil y enfermizo.
La reina Ariza lo miró con firmeza.
—Eres nuestro mejor estratega… y nuestro omega más valioso. Si el linaje se rompe, el reino cae. Además te gustan los chicos...ya escuché los rumores... aunque no te animas a presentarnos a nadie, no te has fijado nunca en ninguna chica, no será problema para ti, ya que admiras la escultura física de los hombres aunque no hayas encontrado a tu destinado.
Elian apretó la mandíbula.
—¡Es porque no tengo a nadie! ¿Y mi vida? Quiero casarme con quién yo elija. Ya tienen a mis primos para el legado. Que se casen ellos con ese arrogante.
—Tu vida es el reino. Ya el edicto está emitido. Sólo te lo informo para que te prepares y recibas al principe. La boda será en éste castillo, en un mes vendrán con la dote y todo el ajuar para la boda. Vivirán en el pequeño castillo en la ladera. A él le encanta el frío y la caza. Solo puedes elegir a unos cuantos criados. Le servirás como su esposa directamente. Debes mantenerte sano. Y no tener recaídas. No puedes mostrar tu debilidad.
Eso dolió.
Más de lo que quería admitir.
—No lo conozco y ya lo odio—susurró.
—Lo conocerás y lo amarás.
—¿Y mis sentimientos qué? ¿No puedo odiarlo?
—Aprenderás a no hacerlo por el bien de todos, cariño.
Elian cerró los ojos.
Por primera vez…
no tenía respuesta.