En un mundo futurista del año 3300, Catalina renace como una mujer de belleza casi divina: cabello blanco como la nieve, piel de porcelana y ojos azules que esconden un pasado de dolor. A su lado, un hombre tan atractivo como peligroso, de mirada intensa y ojos rojos, la envuelve en un abrazo que mezcla destino, poder y misterio. Entre luces de neón y ciudades avanzadas, su historia comienza… donde el amor y el peligro se entrelazan.
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Capítulo 3: El contrato del destino
La ciudad brillaba más que nunca.
Las luces del año 3300 iluminaban cada rincón, reflejándose en las torres de cristal que parecían tocar el cielo. Todo estaba en movimiento, todo avanzaba… pero dentro de una oficina en la torre más alta, el tiempo parecía detenido.
Henry Wason observaba la ciudad desde lo alto.
De pie, con las manos detrás de la espalda, su figura imponente se recortaba contra el ventanal gigante. Su traje negro futurista brillaba con líneas azules suaves, como si respirara con él.
—Ya llegaron —anunció una voz mecánica.
Henry no se giró.
—Hazlos pasar.
La puerta se abrió.
Los padres de Catalina entraron con una sonrisa que intentaba parecer respetuosa… pero que escondía algo más.
Interés.
Ambición.,
Vacío.
Henry giró lentamente.
Sus ojos rojos los analizaron en un segundo.
—Señor Wason —dijo el padre, inclinando la cabeza—. Es un honor.
Henry no respondió al gesto.
Solo caminó hacia la mesa.
—Tomemos asiento.
Los tres se sentaron.
Sobre la mesa apareció un panel de vidrio translúcido, iluminándose con documentos flotantes.
El contrato.
Silencio.
Henry entrelazó los dedos.
—Antes de continuar… —dijo con voz fría—… quiero dejar algo en claro.
Los padres se tensaron levemente.
—Una vez firmado… no hay arrepentimientos.
El padre soltó una pequeña risa nerviosa.
—Por supuesto, señor Wason. Ya hemos hablado con nuestra hija.
Henry alzó apenas una ceja.
—¿Y?
—No habrá problemas —respondió con seguridad.
Henry lo observó fijamente.
Buscando.
Analizando.
Pero no encontró nada.
Ni duda.
Ni culpa.
Ni afecto.
Nada.
Eso… le confirmó todo.
—Bien.
El contrato se desplegó completamente.
Cláusulas, condiciones, acuerdos.
Todo estaba perfectamente calculado.
Como él.
—Firma aquí —indicó Henry.
El padre no dudó.
Apoyó su dedo en el panel.
Una luz recorrió el documento.
Aceptado.
La madre hizo lo mismo.
En segundos…
Todo estaba sellado.
Catalina…
ya no les pertenecía.
Henry deslizó su mano y el panel desapareció.
Luego tomó una pequeña tarjeta de vidrio.
Transparente.
Elegante.
Poderosa.
La dejó sobre la mesa.
—Acceso a los recursos acordados —dijo sin emoción.
Los ojos del padre brillaron.
La tomó rápidamente.
—Agradecemos su generosidad…
Henry no respondió.
Se levantó.
Ellos entendieron.
La reunión había terminado.
Pero antes de que salieran—
—Una cosa más.
Ambos se detuvieron.
—Quiero que asistan a la boda.
El padre sonrió.
—Por supuesto—
—Y después… —la voz de Henry se volvió más fría—… desaparezcan de mi vista.
El silencio cayó como un golpe.
La sonrisa del padre se tensó.
—E-entendido…
No hubo discusión.
No hubo protesta.
Solo aceptación.
Porque sabían quién era él.
Salieron.
La puerta se cerró.
Silencio.
Henry permaneció de pie.
Inmóvil.
El reflejo de la ciudad brillaba en sus ojos.
Pero su mente…
estaba en otro lugar.
Oscuridad.
Un recuerdo.
Un niño.
Pequeño.
Solo.
El sonido de disparos.
Gritos.
Sangre.
Dos cuerpos en el suelo.
Sin vida.
Y esos ojos.
Los suyos.
Mirando todo.
Sin poder hacer nada.
Henry cerró los ojos.
Un segundo.
Solo uno.
Pero fue suficiente.
Cuando los abrió…
ya no había emoción.
Nunca la había.
Porque aprendió.
Desde muy pequeño.
Que sentir…
era un error.
Su abuelo.
Un hombre duro.
Frío.
Le enseñó todo.
—El mundo no perdona a los débiles.
—No confíes en nadie.
—No necesitas a nadie.
Y Henry aprendió.
Creció.
Trabajó.
Construyó.
Cada logro.
Cada empresa.
Cada victoria…
era suya.
Nada le fue regalado.
Nada.
Ni siquiera su infancia.
Por eso…
no creía en el amor.
No creía en los lazos.
No creía en las personas.
Para él…
todo era un contrato.
Un intercambio.
Un acuerdo.
Por eso necesitaba una esposa.
Pero no cualquiera.
No alguien que hablara.
No alguien que cuestionara.
No alguien que sintiera demasiado.
No.
Él quería…
silencio.
Orden.
Control.
Alguien que no molestara.
Alguien que no lo mirara demasiado.
Alguien que no intentara entrar…
donde nadie debía entrar.
Pero entonces…
apareció ella.
Henry caminó lentamente hacia su escritorio.
Un gesto.
Y una pantalla se activó.
La imagen apareció.
Catalina.
Cabello blanco.
Piel pálida.
Ojos azules.
Hermosa.
Pero no fue su belleza lo que lo detuvo.
Fue…
su mirada.
Henry se quedó en silencio.
Observando.
Analizando.
Esa mirada…
no era de alguien sumiso.
No era de alguien débil.
No era de alguien roto.
O… tal vez sí.
Pero no de la misma forma.
Era…
familiar.
Sus ojos se entrecerraron.
—Interesante…
Se acercó más.
Como si quisiera atravesar la pantalla.
—Esa mirada…
Era la misma.
La suya.
Dolor.
Frialdad.
Vacío.
Y algo más.
Algo peligroso.
Por primera vez en mucho tiempo…
algo dentro de Henry se movió.
No era emoción.
No.
Era…
curiosidad.
—Quizás… —murmuró—… no seas tan inútil como pensé.
Su dedo rozó la imagen.
—Catalina…
Probó su nombre.
Como si fuera algo nuevo.
—Veamos…
Sus ojos brillaron levemente.
—Cuánto puedes durar.
Mientras tanto…
en otro lugar de la mansión—
Catalina estaba frente al espejo.
Las sirvientas ajustaban su vestido.
Preparativos.
Detalles.
La boda se acercaba.
—Señorita… —susurró una de ellas—… ¿está bien?
Catalina no respondió de inmediato.
Observaba su reflejo.
Esa mujer…
no era la misma que lloraba por un hombre en otra vida.
No.
Esa mujer…
era peligrosa.
—Estoy bien —respondió finalmente.
Pero sus ojos…
decían otra cosa.
En su mente…
una voz resonó.
“Te doy una semana de vida…”
Catalina sonrió levemente.
—Ya veremos.
Levantó la mirada.
Directa.
Firme.
Decidida.
—Este no es mi final…
En la torre más alta—
Henry también sonrió.
Dos personas.
Dos historias.
Dos almas rotas.
Y una boda…
que no sería lo que nadie esperaba.
💕💕💕💕... 💕💕💕💕...... 💕💕💕💕.....

Mírenlo… 😏🔥 tan tranquilo… tan frío…
pero su mente no deja de pensar en ella 👀
Desde la torre más alta… ya la está observando…
¿será solo curiosidad… o algo mucho más peligroso? 💔
Esto apenas comienza… y créanme… nada será fácil entre ellos
Si te gustó, deja tu mensaje
quiero leerte 💕💕
Con cariño,
Luna Auol 🌸