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TOME SU LUGAR

TOME SU LUGAR

Status: En proceso
Genre:Venganza / Escuela / Mujer poderosa
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yesid Cabas

Se burlaron. La humillaron. La destruyeron.
Pero cometieron un error…
Nunca supieron que tenía una gemela.
Y ella no perdona.

NovelToon tiene autorización de Yesid Cabas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 3: EL PRIMER GOLPE

No iba a esperar.

No tenía sentido hacerlo, no después de todo lo que había visto, no después de entender que cada uno de ellos tuvo su momento para detener lo que estaba pasando y decidió no hacerlo, así que yo tampoco iba a darles tiempo, no iba a permitir que se acomodaran, que se sintieran seguros, que pensaran que todo seguiría igual.

Porque no.

Nada iba a seguir igual.

La clase avanzaba como cualquier otra, con el profesor hablando sin notar lo que realmente ocurría dentro de ese salón, con los estudiantes fingiendo atención mientras sus mentes estaban en cualquier otro lugar, y con Mateo… comportándose como si nada hubiera cambiado, como si su mundo siguiera intacto.

Eso fue lo que más me molestó.

No la burla.

No las palabras.

La normalidad.

Esperé.

No mucho.

Lo suficiente.

Hasta que llegó el momento.

El descanso.

El ruido llenó el pasillo, conversaciones, risas, pasos que iban y venían sin importancia, y en medio de todo eso, él estaba ahí otra vez, apoyado contra la pared, rodeado de los mismos de siempre, hablando con esa seguridad que solo tienen las personas que creen que nunca les va a pasar nada.

Caminé directo hacia él.

Sin rodeos.

Sin desviar la mirada.

No iba a esconderme.

No iba a hacerlo complicado.

Cuando estuve lo suficientemente cerca, uno de los chicos lo notó primero, dejó de hablar y me miró con curiosidad, pero Mateo tardó un segundo más en reaccionar, un segundo que fue suficiente para que entendiera que no esperaba lo que venía.

—¿Ahora qué? —dijo, con una sonrisa ligera, como si esto fuera un juego, como si yo fuera la misma persona que podía ignorar o manejar.

No respondí de inmediato.

Solo lo miré.

Fijamente.

Eso fue lo primero que lo incomodó.

Porque Sara…no sostenía la mirada.

Yo sí.

—Deberías tener más cuidado con lo que haces —dije finalmente, con una calma que no encajaba con la situación, pero que era exactamente lo que necesitaba.

Mateo soltó una risa corta.

—¿Y tú desde cuándo hablas así?

Silencio.

No respondí.

Di un paso más cerca.

—Desde que entendí todo —añadí.

Su expresión cambió apenas, una pequeña grieta en esa seguridad que tanto le gustaba mostrar, pero no retrocedió, no todavía, porque aún no entendía, aún creía que tenía el control.

—No sé de qué estás hablando —dijo, encogiéndose de hombros.

—Sí sabes.

Esa vez mi voz fue más baja.

Más directa.

Eso lo hizo tensarse.

Y ese fue el momento.

No avisé.

No dudé.

Simplemente lo hice.

Mi mano se movió rápido, directa, sin espacio para reacción, golpeando su rostro con la fuerza suficiente para romper la escena, para romper la normalidad, para hacer que todo el ruido alrededor se detuviera en un segundo.

El sonido fue seco.

Claro.

Real.

Mateo no lo vio venir.

Nadie lo hizo.

Su cabeza se giró por el impacto y por un segundo todo quedó en silencio, un silencio pesado, denso, como si nadie entendiera lo que acababa de pasar.

Pero yo sí.

Lo miré.

Sin arrepentimiento.

Sin duda.

—Eso es por empezar —dije con calma.

Mateo tardó un segundo en reaccionar, llevándose la mano al rostro, más por sorpresa que por dolor, sus ojos buscándome con algo diferente esta vez.

No era enojo.

Todavía no.

Era desconcierto.

—¿Qué te pasa? —soltó, dando un paso hacia mí.

No retrocedí.

Ni un centímetro.

—Apenas estoy empezando —respondí.

El ambiente explotó.

Voces.

Movimientos.

Algunos intentando intervenir.

Otros simplemente mirando.

Pero ya era tarde.

Porque lo importante no era el golpe.

Era el mensaje.

Mateo ya no me estaba viendo como antes.

Ahora estaba intentando entender.

Y eso…era el inicio del miedo.

Uno de los chicos se metió entre nosotros, tratando de calmar la situación, diciendo cosas que no escuché, porque no me importaban, porque nada de eso cambiaba lo que ya había pasado.

Yo había cruzado la línea.

Y no tenía intención de regresar.

—Esto no se queda así —dijo Mateo finalmente, recuperando algo de su tono, pero no completamente, porque algo dentro de él ya había cambiado.

Sonreí levemente.

No de forma amable.

Sino de forma clara.

—Claro que no —respondí—. Apenas empieza.

Me di la vuelta sin esperar más, sin quedarme a ver su reacción completa, porque no la necesitaba, porque ya había logrado lo que quería.

La primera grieta.

El primer golpe.

La primera señal de que algo no estaba bien.

Y lo mejor de todo…era que no entendían por qué.

Mientras caminaba de regreso al salón, sentí las miradas, los susurros, la tensión creciendo alrededor, pero nada de eso me afectó, porque todo eso era parte del proceso, parte del cambio, parte de lo que ellos mismos habían creado.

Yo solo lo estaba devolviendo.

Pero de una forma que no podían controlar.

Me senté en mi lugar con la misma calma, apoyando los brazos sobre el escritorio como si nada hubiera pasado, como si no acabara de romper el equilibrio que ellos daban por hecho.

Y en ese momento…

supe que ya no había vuelta atrás.

Porque ahora…

ellos también lo sabían.

Y el siguiente golpe… no iba a ser solo uno.

1
Rubiia sanz
no dejes que caiga sube maaas
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