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Desafiando Al Sistema

Desafiando Al Sistema

Status: Terminada
Genre:Aventura / Romance / Completas
Popularitas:4.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Abandonado en una raid urbana, Cael fue dado por muerto.
En las profundidades de una mazmorra oculta, despertó un Sistema prohibido que el mundo jamás debió conocer.
Mientras la ciudad sigue sus reglas…
él aprende a romperlas.
Y cuando regrese, no cambiará el ranking.
Cambiará el sistema.

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3 — Sin Víctimas Confirmadas

La luz del arco era fría.

No del tipo de frío que incomoda. Del tipo que aclara, que obliga a los pulmones a recordar cómo funcionar. Cael se quedó un segundo frente a ella sin moverse, dejando que la vibración del combate se disolviera despacio en sus músculos. La cámara detrás de él recuperaba su quietud con la indiferencia de los lugares que han visto morir a demasiada gente como para impresionarse.

Las runas del suelo se apagaban una por una.

Miró su espada. El brillo azul pálido todavía persistía en la hoja, tenue pero estable, como una respiración.

Pensó en todo lo que había pasado en los últimos cuarenta minutos. El abandono. El portal cerrándose. Los colmillos. El suelo frío bajo su espalda mientras el techo giraba. La voz que se instaló en su mente sin pedir permiso.

Un testigo. Y, si sobrevives… algo más.

Soltó el aire.

—Supongo que esto cuenta como empezar.

Y cruzó.

El mundo se plegó de una manera que el cuerpo nunca termina de aprender a tolerar: un segundo de nada absoluta, ni luz ni sonido ni peso, y luego todo a la vez.

La lluvia lo golpeó como una bofetada.

El frío fue casi violento después del aire denso y antiguo de la mazmorra. El olor a asfalto mojado, a combustible quemado, a ciudad funcionando sin importarle lo que acababa de ocurrir en sus entrañas. Apareció de rodillas sobre el pavimento, con las palmas raspando el concreto, mientras las luces de emergencia lo bañaban en rojo y azul intermitente.

El portal ya no existía. Solo quedaba una distorsión leve en el aire, como calor sobre asfalto, disolviéndose.

—¡Movimiento en el perímetro!

Las linternas lo encontraron antes de que pudiera procesar nada. Dos agentes de la Asociación levantaron armas por reflejo, los cuerpos tensos con esa mezcla de adrenalina y protocolo que convierte a las personas en funciones.

Cael alzó las manos despacio. El movimiento le arrancó un tirón en el costado que ignoró.

—No disparen. Cael Verdan, Equipo Hale.

Silencio breve. El tipo de silencio que se usa para comparar un rostro con un archivo.

—¿El explorador? —dijo uno, bajando el arma apenas—. Fue reportado como pérdida hace veinte minutos.

Una media sonrisa que no llegó a los ojos.

—Casi aciertan.

La carpa médica olía a antiséptico y café frío. La médica levantó el chaleco con manos expertas y estudió la herida con esa expresión neutral de quien ha aprendido a no reaccionar ante nada porque la reacción solo confunde a los pacientes.

Trabajó en silencio durante un momento.

—Esto debería estar mucho peor —murmuró finalmente, limpiando los bordes de la herida con precisión—. La profundidad no coincide con la pérdida de sangre. Ni con el tiempo que llevas sin atención.

Cael miró el techo de lona.

—Me niego a morir fácil.

—Eso no es medicina, es terquedad.

—A veces es lo mismo.

Ella no sonrió. Pero tampoco lo contradijo. Solo terminó de vendarlo con la eficiencia silenciosa de alguien que ha cosido demasiadas historias como para comentarlas.

—Diez minutos. Luego reportas.

Cael recostó la cabeza y cerró los ojos.

A través de la lona, las voces llegaban amortiguadas pero perfectamente inteligibles para alguien que no tiene nada más en qué concentrarse.

—El colapso fue inmediato —decía Marcus, con esa firmeza tranquila que siempre había confundido con competencia—. No había forma de reabrir el acceso sin comprometer al equipo completo.

Cael no abrió los ojos.

No sintió rabia. Ni siquiera sorpresa. Solo ese alivio extraño y frío que aparece cuando algo que llevas tiempo sospechando finalmente sale a la luz, cuando el mundo confirma lo que ya sabías y al menos te ahorra el esfuerzo de seguir dudando.

Respiró hondo.

Y esperó.

La lona se levantó.

Marcus se quedó inmóvil al verlo. Detrás, Lina. Más atrás, Bren con el escudo todavía sujeto como si no supiera dónde dejarlo.

El silencio que siguió fue demasiado largo. Del tipo que ocurre cuando nadie sabe si lo que siente es alivio o problema.

—Estás vivo —dijo Marcus al fin.

No fue alivio. Fue la voz de alguien recalibrando, reorganizando mentalmente un informe que ya había empezado a redactar de otra manera.

—Todavía —respondió Cael, sin moverse de la camilla.

Lina abrió la boca. La cerró. Bajó la mirada al suelo de la carpa como si hubiera encontrado algo interesante ahí.

Bren dio un paso adelante, con esa incomodidad particular de los hombres grandes cuando no saben qué hacer con sus manos.

—Pensamos que…

—Que había muerto —terminó Cael.

No había acusación en su voz. Solo el hecho, limpio, sin bordes suavizados. Y de alguna manera eso era peor que cualquier acusación, porque una acusación al menos permite defenderse.

Marcus cruzó los brazos.

—El protocolo fue claro. Portal inestable, prioridad de seguridad del equipo.

—Lo sé.

Y lo sabía. Eso era lo más difícil de sostener: que no había villanía detrás de lo que hicieron. Solo una lógica perfectamente coherente en la que él nunca había sido una variable importante, y nadie en esa habitación había sentido la necesidad de cuestionarlo hasta ahora.

—Me alegra que sobrevivieras —dijo Marcus finalmente, con el tono exacto de quien cumple un protocolo social.

Cael lo observó en silencio un momento antes de responder.

—Eso no es lo que importa.

La frase tensó el aire.

—¿Entonces qué importa? —preguntó Marcus, con esa paciencia cuidadosa de quien está acostumbrado a manejar situaciones incómodas.

Cael miró alrededor despacio: la lona, las luces clínicas, los uniformes sin una mancha, el café que alguien había dejado sobre una caja y que seguía humeando como si nada. Todo en orden. Todo funcionando exactamente como fue diseñado para funcionar, con o sin él.

—Que nunca fui prioridad. —Una pausa.— Y que los dos lo sabemos desde antes de hoy.

Nadie respondió. No porque no tuvieran palabras, sino porque no podían discutir lo que era simplemente verdad, cosida en la jerarquía del sistema mucho antes de que cualquiera de ellos llegara.

Cael se incorporó de la camilla con un esfuerzo que no ocultó del todo.

—Voy a darme de baja.

Bren reaccionó antes de que terminara la frase.

—Eso es una estupidez.

—Es una decisión. No son la misma cosa.

—Ahí afuera vas a morir solo en menos de una semana.

Cael lo miró directamente, sin rabia, sin dramatismo.

—Hoy casi morí acompañado. —Una pausa breve.— Resulta que la diferencia no es tan grande como pensaba.

Bren abrió la boca. No encontró nada que meterle.

Lina levantó la vista. Tenía los ojos húmedos, y eso era lo más cerca que cualquiera de ellos había estado de una disculpa real en toda la conversación.

—No fue personal —susurró.

Cael la miró un momento. No con rencor. Con algo más cansado que eso.

—Nunca lo es. —Negó despacio con la cabeza.— Por eso no sirve de excusa.

Marcus no discutió. Sacó una tableta y la extendió sin decir nada, con la resignación silenciosa de quien sabe que el proceso ya empezó y no hay punto en fingir que no.

Cael la tomó.

No dudó. Ni un segundo.

Firmó.

Cael Verdan: Baja voluntaria.

El sonido de confirmación fue breve. Definitivo. El tipo de clic que suena igual que cualquier otro pero que divide el tiempo en antes y después de una manera que ya no tiene marcha atrás.

Marcus bajó la tableta despacio.

—Te estás aislando.

—No —dijo Cael, ya de pie, ya dándose vuelta—. Estoy eligiendo. Es distinto.

Nadie lo detuvo.

Nadie dijo nada más.

Y en ese silencio, Cael encontró la única confirmación que necesitaba.

La lluvia lo recibió como siempre: sin juicios, sin preguntas, sin esperar nada de él.

Las pantallas gigantes sobre los edificios transmitían el resumen del incidente con esa frialdad profesional que convierte los desastres en titulares: "Incidente controlado. Sin víctimas confirmadas."

Cael se detuvo bajo una marquesina, empapado hasta los huesos, y leyó la línea dos veces.

Sin víctimas confirmadas.

Sonrió apenas. No con amargura. Con algo más parecido a la lucidez de quien ya terminó de sorprenderse del mundo y puede mirarlo desde una distancia que no duele tanto.

Estuvo a punto de seguir caminando.

Los paneles lo interceptaron.

[Misión secundaria disponible.]

[Elimina anomalías menores en zona urbana.]

[Recompensa: Experiencia + Puntos de habilidad.]

—Ni cinco minutos —murmuró.

A su derecha, en la boca de un callejón angosto entre dos edificios que parecían ignorarse mutuamente, el aire se onduló. Un micro-portal se abrió con un chasquido seco, casi discreto, como si el sistema hubiera aprendido a ser eficiente.

La sombra que emergió era distinta a las bestias de la mazmorra. Más pequeña, pero con esa agilidad nerviosa y hambrienta de las cosas que sobreviven siendo impredecibles, cambiando de ángulo antes de que el ojo termine de seguirlas.

Cael no analizó. No calculó.

Respiró.

La espada respondió antes de que él terminara de levantarla. El Filo de Energía envolvió la hoja en azul pálido, más firme, más seguro que en la mazmorra, como si las dos hubieran aprendido algo juntas en ese combate y ninguna lo hubiera olvidado.

La sombra atacó en diagonal.

Cael giró el peso sobre el pie derecho, dejó pasar el movimiento por centímetros y respondió con un tajo único, limpio, sin esfuerzo extra.

La criatura se desintegró antes de tocar el suelo.

El micro-portal colapsó en silencio.

[Experiencia obtenida.]

Cael bajó la espada.

Miró sus manos.

Ya no temblaban. No por calma, sino porque algo en ellas había cambiado, algo debajo de los tendones y los huesos que antes no estaba y ahora sí, firme y quieto como un cimiento nuevo.

No hubo público. No hubo cámaras. Solo lluvia cayendo sobre asfalto vacío y la sensación extraña, casi incómoda, de que el mundo seguía girando exactamente igual que antes sin saber que algo acababa de cambiar de forma permanente.

Cael guardó la espada.

Siguió caminando.

En el edificio frente al callejón, a tres pisos de altura, una cámara de seguridad giró unos grados.

El destello azul quedó grabado: nítido, limpio, inconfundible.

En una oficina iluminada solo por el brillo frío de múltiples pantallas, una figura detuvo el video. Rebobinó cuatro segundos. Pausó en el fotograma exacto del brillo.

Lo estudió en silencio durante un momento largo.

Luego sonrió, despacio, con la paciencia de alguien que lleva mucho tiempo esperando encontrar algo y acaba de reconocerlo.

Descolgó un teléfono.

—Encontré al portador.

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David Gonzalez Cruz
al proncipio buen argumento drspues sease monotonoaburrido
Annyely: Gracias por darle una oportunidad a la historia ✨ igualmente agradezco mucho tu opinión 😊
total 1 replies
Annyely
“¡Gracias por leer, Dalia! Me alegra que te esté gustando. ¿Hay algún personaje que te llame más la atención?”
Annyely
“Gracias por leer y por los me gusta ❤️
Si quieren, pueden contarme qué les pareció este capítulo.”
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