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Un Amor A Lo Mafia Italiana.

Un Amor A Lo Mafia Italiana.

Status: En proceso
Genre:Mafia / Apocalipsis
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Ybet Renú

Yo solo iba a entregar flores a la iglesia de San Gennaro.
No sabía que el ramo escondía un micrófono.
Ni que el hombre que me sonrió desde el altar era el Capo de Nápoles.
Ni que esa sonrisa sería lo último inocente que vería en mi vida.

NovelToon tiene autorización de Ybet Renú para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Hablemos como hombres.

La reunión que iba a ser paz y terminó siendo sentencia de muerte.

Mesa de roble. Doce hombres armados. Dos Capos, uno de ellos con mayor territorio.

En la cocina junto a Zia Carmela. Una florista con un cuchillo en la mano, pelando una manzana

Y Sicilia conteniendo la respiración.

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Hablemos como hombres.

Don Greco sangraba en su orgullo.

La mano derecha. La de los anillos. La de firmar pactos y apretar gatillos. Tomás no falla. Nunca. Se mantenía alerta ante cualquier sonido.

Greco quizá hablar primero, mientras Marco, Alessi ya tenía la pistola fuera. Benedetto también. Cuatro Greco contra tres Rinaldi: Enzo, Tommaso, Carmine, una dama veloz con las armas y cuchillos.

En la cocina, Vittoria. De pie. Con el cuchillo de trinchar en la mano. El de Zia Carmela. El que anoche usó para cortar limón.

—Bajen las armas —dijo Enzo.

No gritó. No hacía falta—. En mi casa no se dispara hasta que yo lo diga.

Su voz. Baja. Sin fiebre. La voz que usaba cuando mandaba a enterrar a alguien.

Marco lo miró. Miró a Tomás. Miró la mano firme de su jefe.

Bajó el arma un centímetro. Suficiente.

> Enzo. Siéntate, Greco —Enzo señaló la silla frente a la suya—. Viniste a hablar. Hablemos.

Don Greco se sentó. Despacio. Cada movimiento le costaba. Cada movimiento le costaba el orgullo.

> —Me disparaste en tu reunión, no lo higiste con balas, pero si con mi hija. Rinaldi —escupió, con la cara blanca de dolor que le habia herido el orgullos y de rabia—. ¿Esa es tu hospitalidad?

> Enzo. Dime una cosa Greco, ¿Cuántos años llevó diciéndole a Sofía que no la amo?

Yo ya tengo mi mujer.

Mi mujer dijo otra vez.

> Don Greco miró con sus ojos rojos al escuchar esas palabras de Enzo. En su cabeza se repetía que Enzo de verdad por primera vez dijo a una mujer que le pertenece. No como "la puta florista". Como el motivo por el que su hija vestía de negro.

> Greco ¿Vale la pena, Enzo? —preguntó. Y por un segundo no era Don. Era padre—. ¿Vale una guerra? ¿Vale mi hija rota?

El comedor quedó en silencio. Hasta Zia Carmela dejó de respirar en la puerta de la cocina.

Enzo miró a Vittoria. Ella no bajó el cuchillo. No bajó los ojos.

> Enzo. Vale todo —dijo Enzo. Simple—. Vale Sicilia. Vale mi nombre. Vale mi vida.

> Fue a la cocina y agarró la mano de Vittoria. La trajo consigo. La que no tenía el cuchillo. Se la llevó a los labios. Delante de todos. Delante de Marco. Delante del hombre que vino a buscar una guerra.

> Enzo. La amo, Greco —dijo. Y lo dijo como se dice un juramento de sangre—. Y los Rinaldi no entregamos lo que amamos. Lo enterramos o lo defendemos.

Don Greco cerró los ojos. Cuando los abrió, la negociación había muerto.

—Entonces escúchame bien, Lobo —dijo, con la mano sangrando sobre el mantel blanco de Zia Carmela—. Te doy 24 horas.

> Enzo ¿Para qué?

Greco hablo. Para que me la entregues —señaló a Vittoria con la barbilla—. Viva. Para que Sofia decida qué hacer con ella. O juro por mi madre que quemo cada limonero que plantó. Que mato a cada Rinaldi que respire. Que dejo Corleone sin una piedra sobre otra.

Vittoria dio un paso al frente. Enzo intentó detenerla. Ella no se dejó.

> Vittoria. No—dijo. Fuerte. Claro. Siete días de amor le habían enseñado a no temblar—. No me van a entregar. No soy un sobre con dinero. No soy un pacto.

Clavó el cuchillo en la mesa. Entre ella y Greco.

> Vittoria. Si me quieres, Don Greco —dijo—, tienes que venir por mí. Y él —señaló a Enzo sin mirarlo— va a estar en medio. Sofía su hija no debe llorar ante un capricho que no logro tener y si se viste de negro quizá sea porque presiente la muerte, pero la muerte no tendrá lugar aquí en los Rinaldi.

Enzo sonrió. Sin humor. Con orgullo.

> Enzo. La oíste —dijo, sentándose por fin. En la cabecera—. 24 horas, Greco. Úsalas para rezar. Porque cuando vengas, no voy a estar en medio.

Se reclinó.

> Enzo. Voy a estar delante.

Don Greco se levantó. Tiró la silla. La sangre de su mano goteó en el mármol. Se había clavado aquel anillo de oro que tenía un filo en la esquina del escudo de su familia.

—Guerra, entonces —dijo.

—Guerra —confirmó Enzo.

Los Greco se fueron. Uno a uno. Marco el último. Antes de cruzar la puerta, miró a Vittoria.

—Bonitos limoneros —dijo. No era cumplido. Era amenaza.

> Vittoria... Lástima que solo puede mirarlos más no probarlos y degustar su sabor.

Aquel Marco casi tropieza con las palabras de Vittoria, ella no se inmutó en lo más mínimo al hablar.

Cuando la puerta se cerró, el silencio fue peor que los disparos.

Zia Carmela se persignó. Tomás recargó. Carmine cerró ventanas.

Y Vittoria por fin soltó el aire. Las piernas le fallaron.

Enzo la atrapó antes de que cayera.

> Enzo ¿Miedo, amore mio? —susurró contra su pelo.

> Vittoria. No —mintió ella, agarrándose a su camisa—. Rabia. Por tener solo siete días.

Él la cargó. Como la noche de la resaca. Como la noche que la hizo suya.

> Enzo. Entonces vamos a hacer que valgan —dijo, subiendo las escaleras—. Siete días, siete años, siete vidas. Las que hagan falta.

Porque Don Greco quería una florista.

Y se llevó la declaración de guerra de Il Lupo. Escrita con sangre en su propio mantel.

Ya no hay vuelta atrás. Ahora es Rinaldi o muerto. Y eligió a Vittoria.

"La amo" como declaración política

No es susurro de alcoba. Es grito de guerra. Acaba de decirle a Sicilia entera que su debilidad tiene nombre y que la va a defender con balas.

Vittoria no es moneda

"Si me quieres, ven por mí". Deja de ser víctima. Se planta como esposa. Como reina. Y obliga a Enzo a pelear con ella, no por ella.

24 horas

El reloj corre. No es tiempo para huir. Es tiempo para atrincherarse. Para llamar a aliados. Para que Vittoria aprenda a cargar un arma de verdad.

Enzo la deja en la cama. La de ellos.

> Enzo. Duerme —ordena—. Mañana te enseño dónde está el armero.

> Vittoria. ¿Y tú? —pregunta ella.

> Enzo. Yo voy a llamar a cada hijo de puta que me deba un favor —dice, besándola en la frente—. Porque si vienen por ti, van a encontrar a Sicilia entera en la puerta.

Cierra la puerta.

Y abajo, Tomás está descolgando el teléfono.

La reunión terminó.

La guerra empezó.

1
Emely Rumion
más suspenso así no bustarme uno queda cn ganas de mad
Veronica Albarracin
Muy buena tu novela autora empese a leerla y no e parado 👏👏👏👏👏👏🇺🇾🌺
Emely Rumion
está buena la cosa. pero le falta cm más acción autora pero muy buena 🥰
Tere Jimenez
gracias por compartir tu novela
Ybet Renú.
🥰🥰🥰
Mis queridos lectores les traigo un nueva novela, donde el amor pasa por muchos estados, y la mafia siempre quiere imponer, les agradezco de antemano, sus me gusta, sus regalos, sus comentarios, que otra mi es importante. 🥰
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