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El Papá De Mi Alumno

El Papá De Mi Alumno

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: liligacaño

Después de perder al amor de su vida, él juró que su corazón quedaría enterrado junto a su esposa. Convertido en padre soltero, su único motivo para seguir adelante es su pequeño hijo… hasta que un nuevo comienzo los lleva a un lugar inesperado.
Ella es una dulce y dedicada profesora de preescolar, amante de los niños y de las pequeñas historias felices que se construyen día a día en su aula. Su vida es tranquila, organizada… hasta que él aparece.
Desde la primera mirada, algo cambia. Lo que comienza como simples encuentros en la hora de salida, se convierte en una conexión imposible de ignorar. Pero no todo es tan sencillo: el pasado aún duele, las heridas no han sanado del todo y el mundo no siempre acepta lo que no entiende.
Entre risas infantiles, dibujos de colores y miradas que dicen más que mil palabras… nace un amor que ninguno de los dos estaba buscando.
¿Podrá un corazón roto volver a amar?
¿Y hasta dónde estarán dispuestos a luchar por un sentimiento que no debía existir?
Un

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Capítulo 20 — Regalos, celos y silencios

Al día siguiente me levanté temprano, pues debía estar a las siete de la mañana en el lugar de la competencia. Pero me llevé una sorpresa cuando vi que, a la una de la madrugada, María José había comentado una foto mía. Mi corazón saltó de felicidad. Aunque solo decía “felicidades” y un corazón, logró sacarme una sonrisa.

—Gracias, hermosa —le respondí—. Mi mejor alarma es despertar y encontrar un mensaje tuyo.

Le envié el mensaje, me levanté, me bañé y me arreglé. Samuel y Valentina ya estaban listos. Desayunamos y nos fuimos.

Desperté a las once de la mañana. Miré el celular y vi la respuesta de Alejandro. Sonreí al leerla, pero mi sonrisa desapareció cuando vi una foto donde Valentina le estaba dando un beso en la mejilla. Aunque era solo un beso en el cachete, se veía demasiado íntimo… demasiado familiar.

No le respondí.

Me levanté, me arreglé y me puse algo sencillo antes de irme para la casa de mis papás. Antes de salir me tomé una foto.

Allá me quedé toda la tarde.

Alejandro

La competencia terminó a las cinco de la tarde y quedé campeón. Había muchas fotos en redes: algunas solo mías y otras con Valentina y Samuel.

Llegué a casa a las seis. Me bañé, bañé a Samuel, comimos y nos fuimos a dormir. Al otro día tocaba madrugar otra vez: trabajar y llevar a Samuel al colegio.

Ya en mi cuarto revisé el celular y vi la foto que había subido María José.

Dios mío… qué mujer.

Esas piernas me encantaban.

Noté que no me había respondido el mensaje de la mañana, pero aun así le escribí.

—¿Te gusta hacerme sufrir cuando subes esas fotos?

Estaba en mi casa planeando la clase del lunes cuando me llegó el mensaje de Alejandro.

—¿Por qué lo dices? —le respondí.

—Por ese tremendo cuerpo y esas hermosas piernas que tienes.

—No es mi culpa. No las mires entonces para que no sufras.

—No quiero dejar de hacerlo. Así no te pueda tener, me gusta deleitarme viéndote.

No respondí más.

La verdad seguía enojada por las fotos que habían subido de él con Valentina. En varias parecían una pareja y los comentarios no se hicieron esperar:

“Qué hermosa tu novia.”

“Hacen linda pareja.”

Y muchos más.

Terminé de planear mis clases y me fui a dormir.

No volvió a responderme.

Qué difícil era toda esta situación.

Quisiera volver a hablar con ella como antes. Quisiera besarla… eso era lo que más deseaba.

Besarla.

Pensé mientras me tocaba los labios y miraba la última foto que había subido antes de quedarme dormido.

Los días siguieron pasando.

Samuel llegaba en la ruta y yo andaba completamente ocupada entre el colegio y varias campañas publicitarias que me habían salido. Tenía trabajo asegurado por unos meses y hasta los sábados estaba ocupada. Solo descansaba los domingos.

Llegó la entrega de boletines y me llevé una enorme decepción cuando vi que por Samuel había ido su tía y no su papá.

Después de eso pasaron dos semanas más y llegó el Día del Maestro. En el colegio hicieron una izada de bandera y los niños llegaron cargados de regalos.

Samuel llegó con unos chocolates, unas flores hermosas y una tarjeta.

La tarjeta decía:

“Feliz Día del Maestro. Gracias por tu vocación y paciencia para enseñar. Te quiero mucho.

Samuel.”

—Ay, qué hermoso, Samuel. Gracias.

Lo abracé y le di un beso. Él sonrió y me dijo:

—Este beso es de mi parte.

Me dio un beso en una mejilla.

—Y este otro es de mi papá.

Y me dio otro beso en la otra mejilla.

No supe qué responder.

—Ay… gracias.

—¿Sí te gustaron las flores?

—Sí, están hermosas.

—Mi papá las escogió para ti.

Sonreí nerviosa.

—Entonces gracias a ti y a tu papá.

La mañana siguió normal hasta que, como a las diez, llegó un domicilio al salón. Era un peluche enorme acompañado de flores.

Todos los niños comenzaron a gritar emocionados al verlo.

El detalle era precioso.

Tomé la tarjeta y leí:

“Feliz día a la profesora más hermosa que he conocido. Gracias por su vocación, por su paciencia para enseñar y por esa sonrisa tan hermosa que, con solo verla, calma cualquier preocupación. Espero que le guste este detalle.

Att: A.D.”

Esas iniciales solo podían ser de Alejandro.

Acerqué el peluche y sonreí al sentir el olor de su loción. Mi corazón dio un vuelco de felicidad al saber que se había acordado de mí.

Tomé el celular y le escribí:

—Señor, muchas gracias por el regalo que le compró a Samuel para que me trajera, y gracias también por las flores y el peluche. No debió molestarse.

Estaba en mi oficina trabajando. Habíamos tenido demasiado movimiento porque estábamos a punto de lanzar una nueva colección.

No había vuelto a ver a María José desde la entrega de boletines. Ese día no pude asistir porque estaba fuera del país revisando unos asuntos de la empresa en Italia.

Cuando llegó el Día del Maestro fui con Samuel a comprarle flores y chocolates. Después mandé el peluche con otro ramo.

Sonreí cuando vi su mensaje.

—No es nada para todo el cariño y el esmero con el que cuidas a Samuel. Ese niño no hace más que hablar de su profesora. Él no ayuda a que yo la olvide, porque a cada instante me la recuerda.

“Y… de mi parte, también quería darte algo para celebrar tu día y agradecerte por haber aparecido en mi vida, aunque hayas decidido alejarte. Espero que siempre que veas ese regalo te acuerdes de mí.”

Leí el mensaje varias veces sin saber qué responder.

Al final solo escribí:

—Gracias… lindas palabras.

Y seguí trabajando.

Ese día recibí muchos regalos, incluso el de un profesor de primaria que desde que había llegado al colegio era especialmente atento conmigo. Él me llevó un desayuno y, cuando me abrazó y me dio un beso en la mejilla, Samuel preguntó curioso:

—Profe, ¿quién es él?

—Es un profesor de primaria, mi niño.

Samuel no dijo nada más y siguió jugando.

La mañana terminó, los niños se fueron y yo también. Esa tarde tenía nuevamente sesión de fotos.

1
Maria Garcia
ay no vieja envidiosa que Alejandro la saqué de su casa y cuide amaría jose
Maria Garcia
Alejandro abre los ojos y cuída.y alluda amaría José te BA a necesitar y despide atu cuñada y suegra mandalas avolar
Maria Garcia
ayno pinche vieja de Valentina ojalá y todo le salga mal y Alejandro las saque de su casa
Rosana Ochoa
para leer la segunda parte por q lo cortas así como la busco
Maria Garcia
si que descubra aValentina y que se de cuenta que lo quiere separar de ella
Maria Garcia
si por fin están juntos
Maria Garcia
si que vien que se dejen de jugar
Maria Garcia
si que se balla de esa casa y viva aparte sin cuñada ni suegra que las mande avolar
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