fantacia urbana y drama psicológico
NovelToon tiene autorización de Sara RA para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 20: El mensaje
Miércoles. Las mandarinas estaban naranjas. Perfectas. Felix las miró a las siete AM como todos los días. "Hoy", dijo para el mandarino. "Hoy se comen."
Cabrera hizo panqueques otra vez. Elías bajó con _Los tres mosqueteros_ y una sonrisa que le ocupaba toda la cara. "¿Hoy es el día de la mandarina?"
"Hoy es", confirmó Felix. Hasta agarró un cuchillo de la cocina. No el de pelear. El de cortar fruta.
Newt no bajó.
Desayunaron los tres. Elías miraba la escalera cada dos minutos. Cabrera no preguntó. Felix no preguntó. Se comieron los panqueques. Las mandarinas siguieron en el árbol.
A las diez, Cabrera subió con café. Tocó la puerta de Newt. No abrió. "Joven. El café."
"No tengo hambre", dijo Newt desde adentro. La voz plana. La de antes. La del depto.
Cabrera bajó sin el café. Lo dejó en la mesa. Intacto. Miró a Felix. No dijo nada. No hizo falta.
Elías estaba en el living, leyendo. Pero no pasaba las páginas. Miraba la escalera. "¿Hice algo mal?", preguntó al final. Bajito.
Felix estaba en la ventana. Mirando el mandarino. Mirando las tres mandarinas naranjas que no se cortaron. No las veía.
"No", dijo. "No hiciste nada."
"¿Entonces por qué...?"
"Porque afuera", dijo Felix. No se dio vuelta. "Afuera a veces se acuerda que existimos."
Elías cerró el libro. "Ah." Entendió. No preguntó más. Se paró, fue a la cocina, agarró el Gloria de Cabrera y un lápiz. Volvió al living y se puso a dibujar. Flores. Las del jardín. En silencio.
A las tres de la tarde, Felix subió. Sin bate. Tocó la puerta de Newt. Una vez.
"Andate", dijo Newt.
"No", dijo Felix. Abrió. No tenía llave, pero la puerta no tenía pestillo por dentro. Regla de Newt: siempre salida.
Newt estaba sentado en el piso. Contra la pared. Lejos de la ventana. Lejos de la cama. El teléfono al lado, pantalla abajo. No dormía. No leía. Solo estaba.
Felix entró. Cerró la puerta. Se sentó en el piso también. Lejos. Dos metros. No tocando.
"¿Qué decía?", dijo al final.
Newt no contestó. Empujó el teléfono con el pie hasta que quedó cerca de Felix. Felix lo agarró. Lo dio vuelta.
Número desconocido. Un mensaje de las 6:47 AM.
_"Lindo jardín, sobrino. Lástima que las cosas lindas se queman fácil. Y los nenes nuevos también."_
Felix leyó dos veces. Dejó el teléfono en el piso, pantalla abajo otra vez. No dijo nada por un minuto.
Después: "Sabe del nene."
"Sabe", dijo Newt. No lo miraba. Miraba sus manos. "Sabe del jardín. Sabe que estamos... bien. Y no le gusta."
"Por eso volviste acá", dijo Felix. Señaló el piso, la pared, el encierro. "Por eso no bajaste. Por eso no comimos las mandarinas."
Newt se rió. Sin gracia. "Sí. Por eso. Porque si bajo, si como mandarinas, si leo, me olvido. Y si me olvido, me agarra desprevenido. Y si me agarra desprevenido, nos mata a todos. Como casi pasa antes."
Felix se quedó callado. Miró el cuarto. Vacío. Sin libros. Sin jardín. Sin Elías dibujando flores. Solo pared.
"¿Y si no bajás?", dijo al final. "¿Si no comés mandarinas? ¿Eso lo frena?"
Newt lo miró por primera vez. "No. Pero si pasa, me la veo venir."
"Ya la viste venir", dijo Felix. "El mensaje lo dice. La viste. Ahora elegís. Te quedás acá mirando la pared, o bajás y comemos la mandarina igual. El tío va a hacer lo que va a hacer. Nosotros elegimos si nos caga el día antes de que llegue."
Se paró. Fue hasta la ventana de Newt. La abrió. Entró olor a jazmín, a tierra, a mandarina madura. Se escuchaba a Cabrera en la cocina, lavando algo. Se escuchaba el lápiz de Elías en el papel, allá abajo.
"El pibe entendió", dijo Felix sin darse vuelta. "No preguntó más. Se puso a dibujar. Nos dio espacio. Porque sabe. Leyó 24 libros. Sabe cuándo los capitanes se encierran en el camarote. Y sabe que después salen."
Newt no contestó. Pero se paró. Despacio. Se acercó a la ventana. No miró afuera. Miró a Felix.
"Me encerré", dijo. "Como siempre."
"Como siempre", confirmó Felix. "Pero esta vez hay tres abajo esperándote. No uno. Tres. Y uno de ellos tiene diez años y te guardó un gajo de mandarina aunque no sabe si vas a bajar."
Newt cerró los ojos. Respiró. Una vez. Dos. No contó.
"Andá", dijo. "Andá y cortala. Yo bajo en un minuto."
Felix lo miró. Buscó la mentira. No la encontró. Asintió. Salió. Cerró la puerta.
Newt se quedó solo. Miró el teléfono en el piso. Lo agarró. Borró el mensaje. Bloqueó el número. No servía de nada, el tío tenía cien números. Pero servía para algo. Lo tiró en la cama.
Bajó.
Cabrera estaba en la cocina. Vio a Newt y no dijo nada. Le puso un plato con un panqueque frío adelante. "Por si tenés hambre."
Elías estaba en el living. Vio a Newt y cerró el Gloria. Se paró. "Te guardamos", dijo. Mostró el dibujo: el jardín, los cuatro frutales, y cuatro figuras chiquitas abajo. Una alta con bate, una flaca con libro, una vieja con bastón, una chica con mochila.
Newt agarró el dibujo. Lo miró. Cuatro. No tres. Cuatro.
"Gracias", dijo.
Afuera, Felix estaba al lado del mandarino. Con el cuchillo. Había cortado las tres. Las tenía en la mano. Miraba la casa. Esperando.
Newt salió. Descalzo. Pasto, tierra, sol. Las sombras, desde el sótano donde se mudaron, chistaron: _Salió. Está loco. ¿Y si el tío mira? Y si... y si no mira. Y si comemos mandarinas y ya. Qué sé yo._
Felix le tiró una mandarina. Newt la agarró en el aire. Se miraron.
"Se me olvidaron", dijo Felix. "Las mandarinas. Hoy no las conté. Estuve todo el día en otra."
"Ya me di cuenta", dijo Newt. Peló la suya. Gajos grandes, jugosos. Olía a verano.
Cabrera salió con platos. Elías salió con el Gloria. Se sentaron los cuatro en el banco de piedra. Bajo el limonero. Felix cortó cada mandarina en cuatro gajos exactos. Doce gajos. Tres para cada uno.
Comieron. Dulces. Ácidas justo. Perfectas.
No hablaron del mensaje. No hacía falta. Estaba. Afuera. Esperando. Pero adentro, ese minuto, había mandarina. Y cuatro personas comiéndola.
Newt no bajó la guardia. Miraba el portón cada tanto. Felix también. Pero entre mordisco y mordisco.
Elías se guardó las semillas en el bolsillo. "Para plantar más", dijo. "Por si hace falta."
Felix asintió. "Hace falta".