Valentina Rossi llevaba años enamorada de Alexander Beaumont.
En silencio sin que nadie lo supiera.
El era 4 años mayor, heredero de una familia más poderosa en New York y mejor amigo de su hermano. Inteligente, elegante e imposible de ignorar.
Pero Alexander nunca la miro, no como ella lo quería.
Hasta que apareció Sofía Ferrer.
Hermosa y perfecta, su novia.
y mientras todos admiraban la relación perfecta de Alexander, Valentina aprendía a sonreír aunque le doliera verlo amar a otra mujer.
Cómo seguirá, el la vera con otros ojos? la amara en algún momento?
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El precio de amarse
Capítulo 19
El precio de amarse
La mañana siguiente llegó demasiado rápido.
Valentina Rossi apenas había dormido después de que Alexander Beaumont se quedara en su departamento hasta casi el amanecer.
No ocurrió nada entre ellos.
Ni besos.
Ni caricias desesperadas.
Ni promesas.
Y aun así, aquella noche había sido la más íntima de todas.
Porque por primera vez, Alexander dejó caer completamente la máscara.
Le habló del miedo.
De la culpa.
De Sofía.
De la presión de su familia.
Y Valentina entendió algo que jamás había visto antes.
Alexander Beaumont estaba roto.
El sonido insistente del celular sobre la mesa la obligó a abrir los ojos lentamente.
Tomó el teléfono todavía medio dormida.
Y el corazón se le cayó al piso.
Veintitrés llamadas perdidas.
Mensajes.
Muchísimos mensajes.
Matteo:
"¿Qué demonios pasó anoche?"
Charlotte:
"NO abras redes sociales."
Desconocidos.
Periodistas.
Correos.
Valentina dejó de respirar.
No.
No, no, no.
Abrió Instagram con las manos temblando.
Y el mundo explotó frente a sus ojos.
Fotos de Alexander saliendo solo de la gala.
Imágenes de Sofía llorando dentro de un auto.
Titulares.
"La pareja dorada de Nueva York se separa."
"¿Infidelidad en la familia Beaumont?"
"Alexander Beaumont y Valentina Rossi: el rumor que nadie esperaba."
La sangre abandonó completamente su rostro.
Porque ya estaba pasando.
La tormenta.
El teléfono volvió a vibrar.
Alexander.
Respondió inmediatamente.
—Alex—
—No leas nada.
Demasiado tarde.
La voz de Alexander sonaba cansada. Grave. Como si tampoco hubiera dormido absolutamente nada.
Valentina se sentó lentamente en la cama intentando respirar.
—Ya salió en todos lados.
Del otro lado hubo silencio unos segundos.
—Lo sé.
Aquella respuesta confirmó lo peor.
Ya no había forma de ocultarlo.
La prensa iba a destrozarlos.
Las familias también.
—Mi madre está furiosa —murmuró Alexander finalmente—. Y tu hermano quiere matarme.
A pesar del caos, Valentina soltó una pequeña risa nerviosa.
Sí.
Eso sonaba completamente a Matteo.
Pero el miedo seguía aplastándole el pecho.
—Sofía…
La culpa atravesó inmediatamente la conversación.
Alexander cerró los ojos del otro lado de la línea.
—Está con su familia.
Valentina tragó saliva lentamente.
—Todo esto es mi culpa.
—No vuelvas a decir eso.
La firmeza inmediata en su voz la hizo quedarse en silencio.
—Alex—
—No voy a dejar que cargues sola con esto, Valentina.
Y ahí estaba otra vez.
Esa manera de protegerla incluso cuando todo se estaba destruyendo alrededor suyo.
La voz de alguien hablando cerca de Alexander interrumpió el momento.
Probablemente asistentes. Seguridad. Abogados.
Su vida entera debía estar explotando en ese instante.
—Tengo que irme —murmuró él—. Pero quiero verte esta noche.
El corazón de Valentina latió más rápido.
—Alex… quizás deberíamos esperar un poco.
Silencio.
Y cuando Alexander volvió a hablar, su voz sonó mucho más baja.
Más vulnerable.
—Ya perdí demasiado como para también perderte a ti.
Aquellas palabras le rompieron completamente el alma.
Porque entendía exactamente cuánto le estaba costando todo aquello.
Y aun así… seguía eligiéndola.
Horas después, la mansión Beaumont parecía un campo de guerra elegante.
Empresarios entrando y saliendo.
Asistentes hablando por teléfono.
Periodistas esperando afuera.
Y en medio de todo aquello, Evelyn Beaumont observaba a su hijo con una mezcla peligrosa de furia y decepción.
—Dime que todo esto es mentira.
Alexander permaneció de pie frente al enorme ventanal del despacho familiar sin responder inmediatamente.
Porque ya estaba cansado de mentir.
Evelyn dejó el periódico sobre el escritorio con fuerza.
La foto de Alexander y Valentina ocupaba prácticamente toda la portada.
—¿Valentina Rossi? —preguntó con incredulidad—.
¿La hija de nuestros socios?
Alexander finalmente levantó la vista.
—No hables de ella así.
Aquello solo empeoró la expresión de su madre.
—Mírate. Estás destruyendo años de reputación por una obsesión momentánea.
El enojo atravesó el pecho de Alexander inmediatamente.
—No es una obsesión.
—Entonces explícame por qué arruinaste tu relación y un acuerdo entre familias por esto.
Porque la amaba.
La respuesta apareció dentro suyo tan clara que ya ni siquiera le daba miedo admitirla.
—Porque estoy enamorado de ella.
El silencio dentro del despacho fue absoluto.
Evelyn quedó inmóvil unos segundos observándolo.
Y por primera vez… pareció realmente sorprendida.
Porque Alexander jamás hablaba impulsivamente.
Jamás.
Su madre respiró profundo antes de volver a hablar.
—¿Y Sofía?
La culpa volvió inmediatamente.
Alexander bajó apenas la mirada.
—Nunca quise lastimarla.
—Pero lo hiciste.
Sí.
Y eso probablemente iba a perseguirlo muchísimo tiempo.
Evelyn caminó lentamente alrededor del escritorio observándolo con atención.
—¿Valentina siente lo mismo?
Alexander pensó en ella llorando en Chicago.
En su culpa constante.
En la forma en que intentó alejarse para proteger a todos.
Y algo dentro suyo se suavizó.
—Sí.
La decepción en los ojos de su madre seguía ahí.
Pero ahora había algo más.
Preocupación.
Porque aquello ya no era un escándalo pasajero.
Era algo serio.
Real.
—Entonces prepárate —murmuró Evelyn finalmente—. Porque si vas a elegirla… el mundo no se lo hará fácil a ninguno de los dos.
Alexander permaneció en silencio mientras observaba la lluvia caer sobre Nueva York detrás del ventanal.
Y por primera vez desde que todo comenzó…
Entendió el verdadero precio de amar a Valentina Rossi.