Historia romántica
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Capítulo 19
Elena volvió a su casa con la cabeza llena de pensamientos y el corazón completamente desordenado. Marcos estaba sentado en el sillón cuando ella entró. Tenía la televisión prendida pero claramente no la estaba mirando.
—¿Dónde estabas? —preguntó sin levantar la voz.
Elena dejó la cartera sobre la mesa y lo miró directamente.
—Me encontré con Martín.
El silencio fue inmediato. Marcos cerró los ojos unos segundos, como si hubiera estado esperando ese momento desde hacía tiempo.
—Sabía que iba a pasar —dijo finalmente.
Elena se sentó enfrente de él.
—¿Por qué no me contaste la verdad desde el principio?
Marcos la miró cansado.
—Porque cuando despertaste del accidente me mirabas como si yo fuera la única persona que conocías. Y yo… no quise perderte otra vez.
—Pero me mentiste.
—No te mentí —dijo él—. Solo no te conté todo.
Elena negó con la cabeza.
—Eso también es mentir, Marcos.
Él no respondió.
Elena apoyó las manos sobre la panza.
—El bebé es de Martín.
Marcos bajó la mirada. No parecía sorprendido.
—Sí —dijo—. Lo sé.
—¿Lo sabías y no me dijiste nada?
—Tenía miedo —respondió él—. Miedo de que cuando lo supieras te fueras con él.
Elena sintió tristeza. No enojo. Tristeza.
—No podés retener a alguien ocultándole la verdad.
—No quería retenerte —dijo Marcos—. Quería que te quedaras porque me querías.
Elena lo miró con calma.
—El problema es que no sé a quién quiero… porque no recuerdo a quién amé.
El silencio fue largo. Muy largo.
—¿Lo seguís amando? —preguntó Marcos finalmente.
Elena tardó en responder.
—No lo recuerdo… pero cuando estoy con él siento algo que no puedo explicar.
Marcos asintió lentamente, como si esa respuesta confirmara lo que siempre supo.
—Entonces ya está —dijo.
—¿Qué cosa?
—Que tarde o temprano te voy a perder.
Elena sintió un nudo en la garganta.
—Yo te quise mucho, Marcos. Eso sí lo recuerdo. Y sé que sos una buena persona. Pero no puedo vivir con la sensación de que me falta una parte de mi vida.
Marcos la miró y sonrió con tristeza.
—Siempre fuiste así. Nunca dejabas historias a la mitad.
Elena se sorprendió.
—Martín dijo lo mismo.
Marcos se rió apenas.
—Entonces te conoce bien.
Esa noche hablaron durante horas. Por primera vez sin ocultar nada, sin mentiras, sin miedo. Hablaron del pasado, de la relación que habían tenido, de por qué se habían separado, de cómo él nunca había dejado de quererla.
Pero también hablaron de Martín. Y de algo que Marcos dijo que Elena no esperaba.
—Él te ama de verdad —dijo—. Yo lo vi en el hospital. Venía todos los días aunque vos no lo reconocías. Se sentaba al lado de tu cama y te hablaba como si lo estuvieras escuchando. Yo en ese momento entendí que había perdido.
Elena sintió lágrimas en los ojos.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
—Porque pensé que si volvías a enamorarte de él iba a ser por vos, no porque yo te lo dijera.
Elena se levantó y lo abrazó.
—Gracias por cuidarme.
Marcos la abrazó fuerte, pero Elena sintió que ese abrazo era una despedida.
Y los dos lo sabían.
Los días siguientes Elena empezó a ver a Martín más seguido. Caminaban, tomaban café, hablaban durante horas. Él le contaba historias de ellos dos, del día que se conocieron en la librería, de los mensajes a la madrugada, del viaje, de la forma en que ella se reía, de las cosas que le gustaban.
Y de a poco, muy de a poco, Elena empezó a recordar.
No como una película completa.
Sino como escenas sueltas.
Una risa en la librería.
Un beso bajo la lluvia.
Un mensaje a las 00:17.
Una noche hablando hasta las cinco de la mañana.
Un “te amo” susurrado.
Un día, mientras caminaban por una plaza, Elena se detuvo de golpe.
—¿Qué pasa? —preguntó Martín.
Elena lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
—La librería… me caí de una escalera y vos me agarraste.
Martín se quedó congelado.
—Sí… —dijo en voz baja—. Sí, eso pasó.
Elena empezó a llorar.
—Me acuerdo… me acuerdo de tus manos.
Martín no pudo contenerse y la abrazó. Elena también lo abrazó fuerte, como si algo dentro de ella finalmente hubiera vuelto a su lugar.
—Perdón —susurró ella—. Perdón por olvidarme de vos.
Martín apoyó la cara en su pelo.
—No fue tu culpa.
—Pero te hice sufrir.
—Pero volviste —dijo él.
Elena lo miró.
—Creo que siempre estuve volviendo… aunque no me acordara.
Martín le acarició la cara.
—Te volvería a esperar mil veces si hace falta.
Elena lo besó. Un beso lento, profundo, lleno de historia, de dolor, de amor, de tiempo perdido y encontrado.
Y en ese beso, Elena sintió algo muy claro.
Que Martín no era solo parte de su pasado.
Era su casa.