NovelToon NovelToon
.6 Antes De Que Llegarás Tu

.6 Antes De Que Llegarás Tu

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Reencuentro / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Araiya siempre supo cómo debía vivir: sin errores, sin escándalos, sin salirse del camino. La perfección era su refugio… hasta que conoció a Andrés.
Él es todo lo que ella debería evitar. Frío, dominante y acostumbrado a controlar cada aspecto de su vida, Andrés no cree en el amor, solo en el poder. Pero hay algo en Araiya que no encaja en sus reglas, algo que lo desafía… y lo atrae de una forma que no puede detener.
Lo que comienza como una conexión prohibida pronto se convierte en un vínculo intenso, adictivo y peligroso. Entre decisiones impulsivas, secretos y un pasado que nunca deja de perseguirlos, ambos cruzan límites que cambiarán sus vidas para siempre.
Hasta que una traición lo destruye todo.
Cuando creen que ya no queda nada por salvar, aparece lo inesperado: una nueva vida que los une de una manera imposible de ignorar.
Ahora, entre el dolor, el orgullo y las segundas oportunidades, tendrán que decidir si el amor que los rompió… también puede ser el que los salve.

NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

El silencio…

No era paz.

Era distancia.

Una distancia que no se veía…

pero se sentía en cada rincón de la casa.

En cada paso.

En cada mirada evitada.

En cada palabra que ya no se decía.

La casa seguía en movimiento.

Pantallas encendidas.

Voces cruzándose.

Estrategias en marcha.

Todo seguía igual.

Exactamente igual.

Excepto una cosa.

Araiya.

Ya no estaba ahí.

No en los pasillos.

No en la sala.

No cerca de él.

Y eso…

Se notaba.

Más de lo que Andrés estaba dispuesto a admitir.

—¿Dónde está?

La pregunta salió sin pensar.

Automática.

Como si su mente la hubiera lanzado antes de que su orgullo pudiera detenerla.

Mateo levantó la vista.

—En el ala norte.

Una pausa.

—Está trabajando con los archivos.

Silencio.

—Bien.

Respondió Andrés.

Seco.

Neutral.

Como si no importara.

Como si no le afectara.

Pero sí importaba.

Demasiado.

Desde aquella discusión…

No habían vuelto a hablar.

No directamente.

No realmente.

Solo lo necesario.

Frío.

Cortante.

Profesional.

Como si nada hubiera pasado.

Pero había pasado todo.

Porque hay discusiones…

Que no terminan cuando alguien se va.

Empiezan ahí.

Araiya revisaba documentos.

Archivos.

Datos.

Nombres.

Pero su mente…

No estaba completamente ahí.

—Concéntrate.

Se dijo.

Pero no era una orden fácil de cumplir.

No cuando su cabeza traicionaba cada intento de enfoque.

No cuando recordaba.

Su voz.

Su mirada.

Sus palabras.

“Entonces vete.”

Apretó la mandíbula.

Como si así pudiera borrar el eco.

—Bien.

Susurró.

Pero no sonó herida.

Sonó decidida.

—Eso estoy haciendo.

Y era verdad.

Ya no reaccionaba igual.

Ya no dudaba.

Ya no esperaba.

Ya no lo miraba buscando aprobación.

Ahora…

Actuaba.

Sin pedir permiso.

Sin mirar atrás.

—Mateo.

Su voz fue firme.

Más segura de lo que había sido antes.

—Necesito acceso completo a la lista negra.

Él dudó.

Y no fue por desconfianza.

Fue por lo que eso significaba.

—Eso incluye nombres peligrosos.

—Ya lo sé.

Lo miró.

Sin titubear.

—Por eso la quiero.

Silencio.

Mateo la observó un segundo más.

Y en ese segundo…

Entendió algo.

Ella ya no era la misma.

—Está bien.

Cedió.

Porque algo en ella…

Había cambiado.

No era solo actitud.

Era dirección.

Ya no era la que reaccionaba.

Era la que avanzaba.

La que buscaba.

La que enfrentaba.

Incluso sin él.

Andrés la observaba desde lejos.

Sin que ella lo notara.

Apoyado en la puerta.

En silencio.

Como si no tuviera derecho a estar ahí…

pero tampoco pudiera irse.

No hablaba.

No intervenía.

Solo miraba.

Cómo trabajaba.

Cómo se movía.

Cómo había cambiado.

—Está mejor así…

Murmuró.

Pero no sonó convencido.

—Más enfocada.

Más fuerte.

Más distante.

Y eso…

No se sentía bien.

Porque la distancia que él pidió…

Ahora estaba ahí.

Y no le gustaba.

—Tenemos algo.

La voz de Mateo rompió el momento.

Ambos miraron.

Pantalla encendida.

Datos cruzándose.

Patrones encajando.

—Uno de los nombres se movió.

Silencio.

—¿Quién?

Araiya se acercó.

Firme.

Rápida.

—Un contacto directo del socio.

El aire cambió.

—¿Ubicación?

—Centro de la ciudad.

—¿Actividad?

—Reunión.

Una pausa.

—Hoy.

Silencio.

Ese tipo de silencio…

que solo aparece antes de tomar una decisión importante.

—Voy.

Araiya habló sin dudar.

Sin pedir opinión.

Sin buscar aprobación.

Pero antes de que alguien respondiera…

—No.

La voz de Andrés cayó inmediata.

Firme.

Innegociable.

Y eso…

Encendió todo otra vez.

La palabra quedó en el aire.

—No.

No fue un grito.

No fue impulso.

Fue control.

Y eso…

lo hacía más peligroso.

Araiya lo miró.

Directo.

Sin sorpresa.

Sin duda.

Como si ya hubiera esperado esa respuesta.

—No te estaba pidiendo permiso.

Silencio.

El ambiente se tensó.

Otra vez.

Pero ya no era como antes.

Antes dolía.

Antes quemaba.

Ahora…

Era frío.

Porque la distancia…

No había arreglado nada.

Solo había cambiado la forma en que se enfrentaban.

Ahora no estaban reaccionando.

Estaban decidiendo.

Y eso…

era más definitivo.

—No voy a repetirlo.

Dijo Andrés.

Sin alzar la voz.

Sin moverse.

—No vas a ir.

—Sí voy a ir.

Simple.

Directo.

Sin emoción.

Sin espacio para discusión.

Y eso…

Lo tensó más que cualquier grito.

Porque ya no estaba peleando contra su enojo.

Estaba peleando contra su decisión.

—No entiendes el riesgo.

—Sí lo entiendo.

—Entonces actúa como tal.

Silencio.

Araiya inclinó apenas la cabeza.

Lo observó.

Como si lo estuviera evaluando.

Como si ya no lo viera igual.

—Eso es exactamente lo que estoy haciendo.

Y era verdad.

No había duda en su voz.

No había quiebre.

Solo cálculo.

Frío.

Preciso.

Independiente.

Andrés dio un paso al frente.

—No vas sola.

—No voy contigo.

El aire…

Se cortó.

Mateo dejó de teclear.

El tío observó en silencio.

Nadie intervino.

Porque sabían…

Que ese no era un momento para meterse.

Era un punto de quiebre.

—Esto no es personal.

Dijo Andrés.

Pero lo era.

Se sentía en cada palabra.

—Es estrategia.

—Entonces deja que yo maneje la mía.

Sin titubear.

Sin bajar la mirada.

—Voy a salir en diez minutos.

Continuó.

—Con o sin tu aprobación.

Se giró.

Y caminó.

Sin esperar respuesta.

Sin dudar.

Sin mirar atrás.

—Araiya.

La llamó.

Se detuvo.

Pero no volteó.

Porque ya sabía…

que si lo hacía…

Algo en ella iba a ceder.

—Si cruzas esa puerta…

Silencio.

Uno más pesado que todos los anteriores.

—No voy a poder protegerte.

Eso…

No fue una amenaza.

No fue control.

Fue verdad.

Cruda.

Real.

Y por eso…

Dolió distinto.

Más profundo.

—Nunca te pedí que lo hicieras.

Lo dijo bajo.

Pero firme.

Sin temblar.

Sin dudar.

Y esta vez…

No hubo enojo en sus ojos.

Hubo algo peor.

Aceptación.

La puerta se cerró.

Otra vez.

Y esta vez…

Sonó más fuerte.

Aunque nadie la hubiera azotado.

Andrés no se movió.

No de inmediato.

—Se va a meter en algo grande.

Murmuró Mateo.

—Ya está metida.

Respondió Andrés.

Sin apartar la mirada de la puerta.

—Y no la voy a dejar sola.

Pero no la siguió.

No todavía.

Y ese segundo de más…

Ese mínimo retraso…

Iba a costar.

Porque en este juego…

Los segundos importan.

Y las decisiones tardías…

también.

El aire afuera era distinto.

Más frío.

Más real.

Araiya caminó sin dudar.

Pero su mente…

Estaba alerta.

Demasiado.

No por él.

No por la discusión.

Por instinto.

Por algo que no terminaba de encajar.

Un mensaje.

Desconocido.

Pantalla encendida.

Texto simple.

“No confíes en todos los que están contigo.”

Se detuvo.

El corazón se aceleró.

No por miedo.

Por lógica.

—¿Qué…?

Miró alrededor.

Nada.

Nadie.

Pero eso…

No era casualidad.

—¿Quién…?

Murmuró.

Pensando rápido.

Demasiado rápido.

Y entonces…

Un nombre cruzó su mente.

Ángela.

No por lo que había hecho.

Sino por lo que no había hecho.

Demasiado ausente.

Demasiado silenciosa.

Demasiado…

Perfecta.

Y en este mundo…

Nadie era perfecto.

El vehículo llegó.

Se subió.

Pero ahora…

Ya no iba solo por la reunión.

Iba por respuestas.

Porque la distancia…

No solo los estaba separando.

También estaba abriendo espacio.

Para algo más.

Dudas.

Sospechas.

Sombras que antes no estaban.

Y cuando las dudas entran…

La confianza deja de ser suficiente.

La ciudad…

Seguía su ritmo.

Luces.

Ruido.

Gente.

Todo en movimiento.

Todo normal.

Pero para Araiya…

Nada lo era.

Porque cuando algo se rompe dentro de ti…

El mundo no se detiene.

Solo deja de sentirse igual.

Se vuelve más frío.

Más distante.

Más real.

El vehículo se detuvo.

El edificio estaba frente a ella.

Discreto.

Demasiado.

Nada llamativo.

Nada que gritara peligro.

Y eso…

Lo hacía peor.

Porque lo peligroso de verdad…

Nunca se anuncia.

Se detuvo antes de entrar.

Respiró.

Una vez.

Dos.

Tres.

—Concéntrate.

Murmuró.

Pero esta vez…

No pensó en Andrés.

No pensó en la discusión.

Pensó en lo que estaba en juego.

En la misión.

En las respuestas.

En la verdad.

Las puertas se abrieron.

Y con eso…

El ambiente cambió.

Frío.

Controlado.

Observado.

Demasiado observado.

Su instinto reaccionó de inmediato.

Cada músculo atento.

Cada sentido activo.

Nada escapaba.

Ni una mirada.

Ni un movimiento.

Ni un detalle fuera de lugar.

—Llegaste.

La voz la detuvo.

Un hombre.

Elegante.

Tranquilo.

Pero su mirada…

No lo era.

—No suelo esperar.

Respondió ella.

Sin titubear.

Sin suavizar el tono.

—Eso me dijeron.

Sonrió apenas.

—Pero hoy hiciste una excepción.

Silencio.

—Vamos al punto.

Araiya no rodeaba nada.

—¿Para quién trabajas?

La sonrisa del hombre desapareció.

Como si esa pregunta…

no estuviera en el guion.

—Directa.

—Eficiente.

—Y peligrosa.

—Trabajo para quien sabe moverse.

—¿Nombre?

—No es tan simple.

Silencio.

Eso…

Confirmaba más de lo que negaba.

—Entonces sí existe.

Murmuró ella.

Más para sí misma que para él.

—Más de lo que crees.

El aire se tensó.

—Deberías tener cuidado.

Dijo el hombre.

—Estás entrando en algo que no entiendes.

Araiya sonrió apenas.

Pero no era arrogancia.

Era experiencia.

—Eso mismo dijeron antes de intentar matarme.

Silencio.

El hombre la miró distinto.

Más serio.

Más atento.

—Entonces ya sabes cómo funciona esto.

—Sí.

Una pausa.

—Y sé que alguien está moviendo todo desde arriba.

Silencio.

—Y que tú no eres ese alguien.

Eso…

Lo tocó.

Un segundo.

—No deberías decir eso tan fuerte.

—¿Por qué?

—Porque alguien podría escucharte.

Silencio.

Y entonces…

Una puerta.

Al fondo.

Abriéndose.

Lento.

Demasiado lento.

El instinto gritó.

Esto no estaba bien.

—Sal de aquí.

Susurró el hombre.

Rápido.

—Ahora.

Araiya no dudó.

Se giró.

Pero ya era tarde.

—Vaya… vaya…

Una voz.

Familiar.

Demasiado.

Araiya se congeló.

No por miedo.

Por reconocimiento.

Ese tipo de reconocimiento…

que llega antes de que tu mente lo procese.

—No pensé que vendrías sola.

La figura salió de las sombras.

Lenta.

Segura.

Y cuando la luz tocó su rostro…

El aire se detuvo.

—…Ángela.

El nombre salió bajo.

Pero cargado.

Ángela sonrió.

Pero no como antes.

No como amiga.

No como aliada.

Algo había cambiado.

No en su rostro.

En su esencia.

—Hola, Araiya.

Su voz…

Era distinta.

Más fría.

Más calculada.

—¿Qué estás haciendo aquí?

Silencio.

—Podría preguntarte lo mismo.

Respondió Ángela.

Caminando despacio.

Midiendo cada paso.

—Pero creo que ya sé la respuesta.

—¿Estás con ellos?

La pregunta salió directa.

Sin rodeos.

Sin miedo.

Ángela no respondió de inmediato.

Solo la miró.

Como si estuviera decidiendo cuánto decir…

y cuánto ocultar.

—Depende de cómo lo veas.

Eso…

No era negación.

Y eso fue suficiente.

Algo dentro de Araiya se tensó.

Porque una parte de ella…

Aún quería estar equivocada.

Pero la otra…

Ya lo sabía.

—No debería sorprenderte tanto.

Continuó Ángela.

—En este mundo…

Nadie es completamente leal.

Silencio.

—Algunos solo saben ocultarlo mejor.

Las palabras cayeron despacio.

Pero cada una…

Pesaba.

—¿Desde cuándo?

Preguntó Araiya.

Más bajo.

Más peligroso.

—¿Importa?

Ángela inclinó la cabeza.

—El resultado es el mismo.

Silencio.

Y ese silencio…

Ya no era duda.

Era confirmación.

Mientras tanto…

Andrés salió.

Tarde.

Pero salió.

—Ubícala.

Ordenó.

Su voz ya no tenía duda.

Ni calma.

—Ya.

Mateo tecleó rápido.

Pantallas cambiando.

Coordenadas apareciendo.

—La tengo.

Silencio.

—Y no está sola.

El aire cambió.

—¿Con quién?

Mateo dudó.

Un segundo.

Demasiado.

—Con… Ángela.

Silencio.

Pesado.

Denso.

Peligroso.

Porque en ese instante…

Todo encajó.

Demasiado bien.

Demasiado tarde.

Porque ahora…

La distancia ya no era el problema.

Ni el orgullo.

Ni el dolor.

Ahora…

Había algo peor.

Traición.

Duda.

Y una verdad…

Que apenas comenzaba a salir a la luz.

Pero no completa.

Aún no.

Porque en este juego…

El enemigo no siempre está afuera.

A veces…

Está sentado a tu lado.

Esperando el momento perfecto…

Para apuñalarte.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play