Amara es una mujer que durante su vida fue muy feliz, ya que tuvo una familia a la que amaba y que la amaban, por lo que, tras morir, se sorprende al encontrarse con Dios, quien le pide que lo ayude a salvar el alma de un hombre, así como las vidas de aquellos que lo rodean.
Amara, quien comprende la importancia de lo que le piden, acepta ayudar a aquel hombre y brindarle el amor que le han negado, y en el proceso la joven descubre una nueva faceta del amor que nunca había experimentado en su anterior vida al lado de Dargan, el hombre al que debe ayudar, a la vez que debe cuidarse de aquellos que desean destruir a Dargan o, peor aún, utilizarlo para sus nefastos propósitos.
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Capítulo 16
Al final, siempre sí fui castigada, y es que antes de irse de mi habitación, Lorena me informó que mi castigo seguía vigente, y este era por haber salido sin avisarle a nadie, y es que ni siquiera dejé algún recado para ella, lo que solo la hizo preocuparse más, y si bien el castigo no fue severo, sí tenía prohibido salir por una semana, un castigo que, sí acepto, al fin de cuentas ella tiene razón, no estoy sola, y debería haberle avisado que saldría.
Han pasado dos días de eso, y estoy superaburrida, de nuevo, y solo espero con ansias la llegada de Dargan, para que él me salve nuevamente de mi aburrimiento.
Salgo al jardín, con la esperanza de aliviar un poco mi aburrimiento, y comienzo a clasificar algunas de las flores en el lugar. Esto es una de las tantas actividades que realizo para entretenerme, aunque sea un poco, pero solo verlas y clasificarlas con ayuda de algún libro no es tan entretenido como sería poder cuidarlas con mis propias manos.
- No pareces muy feliz – me dice una voz a mis espaldas, y sin darme la vuelta, ya sé de quién se trata.
- Qué bueno que viniste – le digo, y sin dudarlo le doy un abrazo; este es corto, por lo que a Dargan no le dio tiempo de corresponderme.
- Pareces muy contenta con mi visita – dice Dargan, pero parece decírselo más a sí mismo que a mí, pero aun así contesto.
- Claro que estoy contenta, ven, te quiero mostrar algo – le digo y lo tomo de la mano, para luego llevarlo dentro de la mansión
Recorremos algunos pasillos hasta llegar a las escaleras, y sin dudarlo lo llevo hacia arriba, pero a media escalera Dargan se detiene abruptamente.
- ¿A dónde vamos?
- A mi habitación
- No es apropiado que nos reunamos a solas, mucho menos que le lleves a tu habitación – me dice Dargan, tras mi respuesta.
Al oír sus palabras, caigo en cuenta de que, en este lugar, el hecho de que una mujer y un hombre estén a solas sin estar casados está muy mal visto, pero en verdad quiero llevarlo a mi habitación, ya que no solo deseo darle el suéter, sino que también quiero hablar con él y en mi habitación me sentiré más cómoda.
- Espera aquí – le digo y salgo escaleras abajo a buscar a la jefa de sirvientas.
Una vez la encontró, le pido que le diga a una de las mucamas, aquella que estuviera desocupada, que me acompañe, y una vez la joven se presenta para la tarea, la llevo conmigo hasta las escaleras, en donde Dargan me espera.
- Ella estará con nosotros, así que no habrá problema – le digo a Dargan, y lo llevo hasta mi habitación, con la sirvienta detrás de nosotros, quien, para variar, está pálida como un papel desde que vio a Dargan.
Ya en mi habitación, le pido a la mucama que se quede afuera de esta; incluso le doy una silla para que se siente y yo entro a la habitación con Dargan, dejando la puerta abierta, para que podamos ser observados por la sirvienta en todo momento.
Dentro de la habitación, insisto en que Dargan se siente en mi cama, y una vez está acomodado, me dirijo hasta mi closet, de donde saco tanto la camisa como el suéter que hice, así como un par de bufandas.
- Toma, hice esto para ti, tal vez ahora no te sea de mucha utilidad, ya que hace mucho calor, pero cuando haga frío espero que te abriguen – le digo mientras le hago entrega del suéter y las bufandas.
Con sumo cuidado, Dargan toma el regalo de mis manos y los coloca a su lado en la cama y lentamente desdobla el suéter para verlo.
- Espero que te guste, mencionaste que lo que más te gustaba pintar eran paisajes, así que intenté hacer uno; no es muy elaborado, pero creo que quedó muy bien, y no lo digo porque lo haya hecho yo – le digo, orgullosa de mi trabajo.
El paisaje eran unas montañas, el sol y algunos árboles, todo hecho de figuras geométricas sencillas, y es que cuando yo hacía imágenes tejidas, solía usar patrones que sacaba de internet, pero sin internet me quedo de otra más que diseñar mi propio patrón, lo que no es fácil, así que estoy orgullosa de lo que logré.
- Es muy bonito, gracias; las bufandas también son hermosas – me dice, mientras toma las bufandas para verlas.
- Me alegra que te haya gustado – le digo feliz de que le gustara mi trabajo, y es que podía ver en sus ojos que en verdad le había gustado.
- Cómo no iba a gustarme, se nota lo mucho que te esforzaste en el – me dice Dargan, quien dobla con sumo cuidado las prendas.
- Bueno ya que estamos aquí, hay algo de lo que quería hablar contigo – le digo sentándome a su lado.
- ¿De qué quieres hablar?
- Es sobre nuestro matrimonio; como sabrás, nos casaremos muy pronto, y lo que se espera de nosotros es que tengamos hijos pronto, pero yo no me siento preparada para ser madre – le confieso, mientras tomo su mano, esperando que me comprenda.
Si bien mentalmente estoy lista para ser madre, ya crie a cuatro hijos estupendamente, sé que mi cuerpo no está preparado para tener hijos; ya pasé por un embarazo adolescente y no es una experiencia que deseo repetir.
La diferencia entre los embarazos de mis últimos tres hijos comparados con el primero, es abismal, y si bien ningún embarazo es igual, esto era totalmente diferente, durante mi primer embarazo, tuve algunas amenazas de aborto, además de que sufrí de anemia, debido a que mi organismo no estaba del todo listo para tener un hijo, también, debido al riesgo, no llegue a culminar los 9 meses, sino que mi hijo nació a los 7 y por cesárea, ya que el riesgo de tenerlo por parto natural era muy grande, ciertamente no fue una experiencia agradable, y si bien al ver a mi pequeño puedo decir que todo valió la pena, si está en mi evitar volver a estar en esa situación, lo evitare.