Lucas siempre ha hecho lo correcto.
Una carrera impecable. Una vida estable. Una boda en camino.
Hasta que Ethan regresa.
Doce años después, su antiguo mejor amigo vuelve convertido en su mayor rival… y en alguien completamente distinto. Más frío. Más seguro. Más peligroso.
Ethan no ha vuelto por negocios.
Ha vuelto por él.
Lo que comienza como una competencia entre empresas pronto se transforma en algo mucho más personal. Más intenso. Más difícil de ignorar.
Porque Ethan no juega limpio.
Y Lucas ya no puede seguir fingiendo que nada le afecta.
Entre decisiones correctas y deseos que no debería tener…
Lucas tendrá que elegir:
¿La vida que construyó…
o a quien nunca logró olvidar?
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Capítulo 3
Lucas
El tráfico no avanza.
Después de dejar a Isabella en su departamento, me dirijo directo a casa.
O al menos lo intento.
Trato de distraerme haciendo llamadas de trabajo. No sirve. Mis dedos se tensan sobre el volante. Me obligo a soltarlos… y minutos después estoy igual.
Reviso las redes sociales de Ethan otra vez. Por si acaso.
Nada.
Toco la bocina, irritado.
Cuando llego a casa de mis padres, en su exclusivo condominio, siento que envejecí algunos años en el trayecto.
—Cariño, ¿por qué no me dijiste que venías? —dice mi madre en cuanto me ve.
—Quería sorprenderte y merendar contigo —miento.
Definitivamente voy a irme al infierno.
—Con más razón debiste haber llamado. Habría preparado algo especial —responde, girándose para darle instrucciones a una de las empleadas.
Cuando termina, pasamos a la sala. Conversamos mientras preparan la mesa.
Me pregunta por el trabajo, por Isabella. Respondo lo necesario. Pero no vine por eso.
Voy al punto.
—Entonces… ¿has visto a los Vaughn últimamente?
—Almorcé con ellos en el club hace una semana —dice.
Una semana. Bien.
—¿Te contaron algo de su hijo?
—Sí, a Theo le va bien. ¿Por qué? ¿Se casa?
Suelto una breve risa, casi una burla.
—Está feliz siendo soltero.
Dudo un segundo, pero sigo, incapaz de detenerme.
—¿No mencionaron… a su hijo mayor?
—¿Ethan?
Asiento, manteniendo la expresión neutra. El nombre golpea igual que siempre.
—No que recuerde. ¿Por qué? ¿Volvió?
Me encojo de hombros.
—No lo sé.
Cambio de tema antes de que siga preguntando.
Este viaje fue inútil.
¿Debería simplemente ir a su casa y preguntar por él?
Lo descarto de inmediato.
No voy a ir a buscarlo.
Tomo el celular.
Reviso las redes otra vez.
Nada.
Exhalo.
Levanto la vista un segundo… y marco.
—¿Dos veces en un solo día? ¿A qué debo el honor? —dice Theo al contestar.
—¿Quieres ir el sábado a jugar tenis?
****
El sábado por la tarde vuelvo de ver a Theo con las manos vacías. Y de peor humor.
No menciona a Ethan en ningún momento. Ni una vez.
Y le doy oportunidades. Sutiles, pero claras.
No es despistado.
Simplemente… no quiere hablar de él conmigo.
En doce años, casi nunca mencionó a Ethan cuando estuve presente.
Una sola vez le pregunté por qué se había ido del país. Dijo que no tenía idea. Fue justo después de que pasara.
No volví a preguntar.
Me detengo en la cafetería de la planta baja de mi edificio y pido un café antes de subir.
—¿Igual que siempre? —pregunta la vendedora.
—Igual que siempre —respondo con una sonrisa.
Y entonces—
Algo me recorre la piel.
Inmediato. Instintivo.
La sonrisa desaparece.
Me están mirando.
Volteo hacia la puerta. Hay alguien de espaldas.
Algo en mí se tensa.
Doy un par de pasos.
Tengo que ver quién es.
—Señor Lucas, su café —me detiene la encargada.
Dudo.
Me giro, pago rápido y salgo.
Miro a ambos lados.
Nada.
Camino hacia los ascensores.
Tampoco hay nadie.
Debo estar imaginando cosas.
Aunque odio admitirlo, el regreso de Ethan me ha afectado más de lo que quiero reconocer.
Me digo que debo dejarlo estar.
Pero antes de dormir, reviso otra vez sus redes.
Sin resultados.
En las dos semanas siguientes saco dos conclusiones.
La primera: estoy paranoico.
La sensación de ser observado vuelve. Más de una vez.
La segunda:
Nadie sabe una sola jodida cosa de Ethan.