En un mundo futurista del año 3300, Catalina renace como una mujer de belleza casi divina: cabello blanco como la nieve, piel de porcelana y ojos azules que esconden un pasado de dolor. A su lado, un hombre tan atractivo como peligroso, de mirada intensa y ojos rojos, la envuelve en un abrazo que mezcla destino, poder y misterio. Entre luces de neón y ciudades avanzadas, su historia comienza… donde el amor y el peligro se entrelazan.
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Capítulo 4: La boda del destino
El día había llegado.
Desde temprano, la ciudad entera parecía contener la respiración. No era una boda cualquiera… era la boda. La unión de dos familias poderosas, transmitida en tiempo real a través de pantallas de vidrio flotantes que cubrían cada rincón del mundo.
Todo era lujo.
Todo era perfección.
Todo… era una mentira cuidadosamente construida.
La mansión Wason brillaba como un palacio del futuro.
Columnas de cristal, jardines suspendidos en el aire, luces suaves que cambiaban de color con el movimiento del viento artificial. Invitados de todas partes del mundo —empresarios, políticos, figuras influyentes— caminaban entre copas de cristal y tecnología de última generación.
—Impresionante…
—Como era de esperarse de Henry Wason…
—Dicen que ni siquiera sonrió al aceptar el matrimonio…
—¿Y la novia?
—Hermosa… pero desafortunada…
Los murmullos recorrían el ambiente como sombras invisibles.
—
En una habitación apartada—
Catalina estaba de pie frente a un espejo de cuerpo entero.
Su vestido caía como luz sobre su piel. Blanco, delicado, con detalles futuristas que brillaban suavemente. Su cabello blanco estaba recogido con elegancia, dejando caer algunos mechones que enmarcaban su rostro.
Parecía irreal.
Como si no perteneciera a ese mundo.
Pero sus ojos…
Sus ojos eran fuertes.
Firmes.
Vivos.
—Señorita… —susurró una de las sirvientas, emocionada—… se ve… hermosa…
—Más que eso… —añadió la otra—… parece una diosa…
Catalina no sonrió.
Solo observó su reflejo.
—Gracias…
Las miró a través del espejo.
Ellas también estaban arregladas, con vestidos elegantes. Era evidente que no estaban acostumbradas a algo así.
—Se ven bien —dijo Catalina.
Ambas se sorprendieron.
—¿Nosotras…?
—Sí.
Una de ellas se emocionó.
—El señor Wason permitió que estuviéramos con usted…
—Es extraño… —dijo la otra—… dicen que no es alguien considerado…
Catalina bajó la mirada levemente.
—…
Eso le llamó la atención.
Pero no dijo nada.
—Señorita… —dijo una de ellas con nervios—… ¿está lista?
Catalina levantó la cabeza.
Sus ojos brillaron.
—Siempre lo estuve.
La música comenzó.
Las puertas se abrieron.
Y todos giraron.
Catalina dio el primer paso.
El salón principal era inmenso.
Pantallas de vidrio flotaban en el aire, transmitiendo cada detalle. Cámaras invisibles captaban cada ángulo. Todo el mundo… estaba mirando.
Y ella…
caminaba hacia su destino.
Cada paso era firme.
Cada mirada sobre ella… era ignorada.
No le importaban.
No le importaba nadie.
Porque dentro de ella…
había tomado una decisión.
Voy a vivir.
Al final del altar…
él estaba ahí.
Henry Wason.
De pie.
Impecable.
Su traje negro resaltaba su figura. Sus ojos rojos observaban todo… pero no a nadie en particular.
Hasta que—
ella apareció.
El tiempo pareció detenerse.
Catalina levantó la mirada.
Y lo vio.
Alto.
Elegante.
Peligroso.
Sus ojos rojos…
eran como fuego contenido.
Y en ese instante—
lo entendió.
Este hombre… no es normal.
Pero no retrocedió.
No dudó.
No voy a dejarme lastimar.
Su mirada cambió.
Se volvió fría.
Inteligente.
Calculadora.
Soy inteligente.
Henry la observó.
Sin parpadear.
Y entonces…
algo cambió.
Esa mirada.
No era la de una mujer asustada.
No era la de alguien resignado.
Era…
igual a la suya.
Oscura.
Fuerte.
Rota.
Los invitados desaparecieron.
El ruido desapareció.
El mundo desapareció.
Solo estaban ellos.
Catalina llegó frente a él.
Silencio.
Henry inclinó ligeramente la cabeza.
Un gesto mínimo.
Pero lleno de significado.
Catalina no lo imitó.
Solo lo sostuvo con la mirada.
El sacerdote comenzó a hablar.
Palabras.
Protocolos.
Promesas.
Pero ninguno de los dos escuchaba.
Porque estaban midiendo.
Evaluando.
Desafiando.
Hasta que—
Henry se inclinó levemente.
Lo suficiente para acercarse a su oído.
Su voz fue baja.
Grave.
Peligrosa.
—Nos vamos a divertir…
El cuerpo de Catalina se tensó apenas.
Pero no retrocedió.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—Eso espero…
Henry se detuvo un segundo.
Interesante.
El sacerdote continuaba.
—¿Acepta…?
—Sí —respondió Henry sin dudar.
—¿Acepta…?
Catalina sostuvo su mirada.
—Sí.
El contrato se selló.
Las pantallas brillaron.
La gente aplaudió.
El mundo celebró.
Pero nadie sabía…
lo que realmente acababa de comenzar.
Henry tomó su mano.
Su tacto era firme.
Controlado.
—A partir de ahora… —murmuró apenas—… eres mía.
Catalina lo miró.
—Error…
Sus ojos brillaron.
—Soy mía.
Silencio.
Y entonces—
Henry sonrió.
Por primera vez.
Una sonrisa peligrosa.
—Perfecto…
Porque el juego…
acababa de empezar.
💕💕💕💕.... 💕💕💕💕.... 💕💕💕💕.....
Esta historia… nació desde lo más profundo de mi imaginación y mi corazón
Cada palabra, cada escena, cada mirada entre ellos… tiene un pedacito de mí.
Me inspiré en mundos futuros, en emociones intensas, en ese tipo de amor que no es perfecto… pero que te atrapa, que te hace sentir, que te deja pensando
Porque no todo es luz… a veces en la oscuridad también nacen las historias más hermosas.
Catalina no es una chica débil…
y Henry no es un hombre fácil…
pero juntos… pueden crear algo que nadie espera
Gracias por estar aquí, por leer, por sentir conmigo cada capítulo…
de verdad significa mucho más de lo que imaginan 💕
Si esta historia logró sacarte una emoción, una sonrisa, o dejarte con ganas de más… entonces ya valió la pena
Y si te está gustando… me ayudarías muchísimo con tu apoyo, tus comentarios y tu cariño
porque esto recién comienza… y lo mejor aún está por venir
Con todo mi amor,
Luna Auol 🌸