Después de que su prometido la dejo por qué decía que olía a muerto y era fría, decide seguir con su vida, renuncia al amor.
Decide hacerse la inseminación, tener un hijo con el que compartiría su vida, aunque sus padres se negarán y todos los dijeron que no, ella estaba decidida a seguir ese caminó solitario o eso creía.
Uno planea una vida perfecta, pero el destino es caprichoso y nunca sigue los planes de uno.
conocé a un mercenario que hará que su mundo se ponga de cabeza, conocerá la aventura y la sacará de ese cuarto frío, donde se la pasa a viendo cadáveres.
La enseñará amar, pero al final ¿el amor va ganar o terminará sola como lo había planeado? ¿quién ganará el destino caprichoso o su plan de vida?
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CAPÍTULO 18
David estaba por fin en el avión; ya solo tenía que esperar unas horas para llegar, pero aun así estaba feliz, porque cada vez estaba más cerca de su amada Yoleida.
El vuelo iba a durar 19 horas, las mismas horas que sus compañeros lo acosaron con preguntas sobre Yoleida; todos querían saber cómo era, qué lo había enamorado de la joven, le hacían pregunta tras pregunta, querían saber todo.
A David no le molestaba, le gustaba hablar de ella, de la hermosa mujer que era, de lo dulce que era en su interior y de esa manera tan extraña que llegó a su vida.
Maru también se acercó a él, se sentó a su lado y le dijo. —Nunca te había visto tan feliz, mucho menos hablando de una mujer como lo haces de ella; hasta tus ojos brillan cada que la mencionas.
Me da gusto verte tan feliz y, al igual que todos nuestros compañeros, muero por conocer a esa mujer, que ha hecho que mi amigo por fin sea feliz en esta vida; sabes, he pensado mucho y creo que, si Iván estuviera vivo, en este momento me estaría volviendo loca, metiéndonos presión para llegar más rápido, diciendo que nuestro témpano de hielo no podía perder ese fuego.
David se empezó a reír y le dijo. —Tienes razón, ese loco estaría más alterado que yo.
Lo extraño y me hace falta, pero también sé que ese loco no hubiera querido vernos tristes; por eso tenemos que pensar en él y estar felices, porque si no lo hacemos, seguro se escapa del mismo infierno y viene a torturarnos como fantasma.
Los dos se empezaron a reír y, una vez que se calmaron, David le dice. —Maru, gracias por apoyarme, voy a seguir tus órdenes, pero quiero que me prometas que si algo se complica, tú te aseguras de sacar a mi mujer, aunque eso signifique dejarme atrás; tienes que ver más por su seguridad y la de mis hijos.
Maru suspira profundamente y le dice. —Te prometo que la mantendré segura a tu mujer y a tu bebé.
David le sonríe y le dice. —Tienes que proteger a mis cuatro tesoros; no te perdono si dejas morir a uno.
Maru se sorprende al escucharlo; estaba por gritar de la emoción cuando él le tapa la boca y le dice. —No hagas escándalo, no quiero que nuestros amigos se pongan a llorar de la emoción; sabes que son unos románticos y es cosa rara en ellos, ya que son unos demonios en las misiones.
Ella lo abraza para felicitarlo, no cabía de la emoción y rápido le dijo que ella quería traerlos al mundo, que ese era su derecho; él se lo promete y emocionado saca su celular, empieza a mostrarle las fotos donde estaba con el ultrasonido.
Los dos quedaron hablando largo rato, más que nada de la estrategia, de lo que iban a hacer.
Llegaron de noche a Venezuela; el avión, gracias a un aparato creado por los hackers que estaban en su base, que servía para que los rastreadores o radares no lo detectaran cuando entraban en su zona, era tan bueno que entraban a los países sin ser detectados y siempre buscaban pistas de aterrizaje clandestinas que los narcotraficantes tenían para sus negocios; buscaban las abandonadas, para poder llegar sin problemas.
Aterrizaron sin ningún problema, pero sabían que en esa pista de aterrizaje no podían estar muchos días; tenían que ir rápido por ella para salir de ahí.
Maru se preparaba con un equipo de 4 personas y David para ir a la casa de Yoleida, recogerla, salir del país, pero él tuvo que detenerla; sentía que no era correcto llegar a cambiarle la vida sin pedir su opinión, quería hablar, explicarle el peligro que estaba corriendo, que eso lo estaba haciendo por la seguridad de sus bebés y de ella.
David quería ir solo a buscarla, para poder hablar sin sentir presión; le pidió un solo día y después de eso, haría las cosas como ella lo ordenaba; fue difícil, pero logró convencerla, aunque no fue como él lo esperaba.
Ella iba a ir con él y esa decisión no se la dejó a discusión.
Sin nada de ganas, David aceptó; tuvo que esperar unas horas para que se dieran las 3 am; era el mejor momento para que ellos se movieran sin ser vistos.
Escondieron el enorme avión; tuvieron que cubrirlo con arbustos y algunas ramas secas y otras frescas de los árboles.
El avión lo colocaron cerca de los árboles, para dejar la pista libre, y entre los árboles hicieron su campamento; no querían llamar la atención, para evitar algún enfrentamiento innecesario.
Maru le dijo a Jorge que tenía que estar listo por si tenían que salir de urgencia, siempre al pendiente del avión, el único que no podía alejarse de ese lugar; a 8 de los hombres que iban con ellos los puso a vigilar el lugar y los 7 hombres tenían que vigilar los caminos, también la entrada y salida de la ciudad, que daba para ese lugar.
Ella era una mujer organizada y no quería sorpresas; ordenó que los intercomunicadores siempre estuvieran prendidos y que se reportaran cada 30 minutos; una vez que terminó de organizar a sus compañeros, que iban con ellos, se sentó a hablar con David.
Primero tenían que ubicar la casa de Yoleida; estuvieron largo rato viendo el mapa de la ciudad, para ver el mejor camino y también para tener caminos para escapar si era necesario; fue bueno que la casa de Yoleida estuviera cerca de las afueras de la ciudad y lo mejor era que estaba para el lado por donde ellos estaban.
Se cambiaron con ropa adecuada para poder mezclarse con los ciudadanos de la ciudad; iban a tener que caminar por casi una hora, ya que estaban alejados de la ciudad, pero para ellos no era problema, estaban acostumbrados a caminar mucho.
Caminaron por largo rato hasta que entraron a la ciudad. Tomaron las calles más concurridas para caminar entre los ciudadanos y no ser vistos por ningún policía o militar que aún andaba por las calles buscándolos; también los buscaban en los alrededores de la ciudad, aunque muchos pensaban que ellos ya se habían ido, que eso de andar buscándolos era solo pérdida de tiempo.
Maru se había puesto un pantalón de mezclilla, una blusa de tirante color blanco, unos tenis negros y su cabello lo dejó suelto; al tenerlo lacio, se lo pudo acomodar de la manera que ella quería; se miraba hermosa.
David se puso un pantalón casual color blanco, una playera de color negra, bastante floja para no dejar ver su cuerpo tan marcado, se puso un y caminaron por la ciudad sin llamar la atención de nadie.
Al llegar a la casa de Yoleida, por la parte de atrás, por el lado más oscuro, los dos trepan por la pared, caen al patio donde estaban los juegos; era un patio algo amplio y a David le encantó ver que ella encontró una hermosa casa para criar a sus hijos.
En ese momento pensó que era injusto sacarla de ahí, de su estabilidad; deseó tanto poder quedarse a su lado, poder criar a su hijo en esa casa, estar con ella como un verdadero matrimonio, pero eso no iba a poder ser.
Suspira profundamente y en ese momento Maru le dijo que ya había abierto la puerta; los dos entraron a la casa. Él pensó que era bastante linda la casa, y la forma en que estaba decorada lo hacía sentir acogedor.
Revisaron las tres habitaciones; la habitación de sus bebés era hermosa, colorida, con juguetes, ropa y sus dos cunas; la habitación de al lado era la de ella y la que estaba al fondo de la amiga.
David le dijo a Maru que se quedaría en la habitación de Yoleida; iba a esperar a que despertara para hablar con ella. Le pidió que ella hablara con la amiga y que no la dejara salir de la casa.
Maru pensó que era perder mucho tiempo, pero en ese momento sabía que nada lo iba a hacer cambiar de opinión; terminó aceptando. Él se metió a la habitación, se quitó la ropa, se quedó solo en bóxer y se recostó a su lado, quedando a su espalda; la abrazó tocando su enorme vientre.
Se quedó dormido oliendo su hermoso aroma, hasta que el sol salió y siente cómo ella empieza a moverse. Al mismo tiempo, su mano fue aventada; abre los ojos de golpe, mira que ella estaba tratando de levantarse, rápido la toma del brazo y le dice. —No te alteres, le puede hacer daño a nuestros bebés.
Yoleida, al escuchar su voz, se quedó quieta; no podía creer que estaba ahí a su lado. Se quedó sin saber qué decir o cómo responder a esas emociones que iban de estar molesta o sentirse emocionada de poder tenerlo nuevamente a su lado.