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Yo Me Quedo Con El Marqués

Yo Me Quedo Con El Marqués

Status: Terminada
Genre:Edad media / Diferencia de edad / Enfermizo / Completas
Popularitas:402.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Melany. v

Mariana odió el libro dramático que leyó. Y como castigo, el libro la teletransporta dentro de la historia. dónde ahora es la protagonista muda y tonta.

NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 17

El cambio en la vida de Lucero no llegó de golpe, llegó con decisiones que se tomaban una tras otra, sin pausa, sin espacio para quedarse mirando atrás; los bienes que recibió no eran solo un nombre en un documento, eran tierra, responsabilidad, y una oportunidad que no pensó que tendría, y desde el primer momento decidió no dejarlo en manos de otros.

Marcel estuvo a su lado desde el inicio, no como alguien que ordena, sino como alguien que entiende el valor de trabajar cada parte; el terreno no estaba en abandono, pero tampoco producía lo que podía, había espacio, había gente que sabía trabajar, pero faltaba dirección, organización, alguien que se involucrara.

Lucero caminaba por el lugar con atención, observando todo, los campos, los trabajadores, las herramientas, sus manos se movían con rapidez cuando quería decir algo, y Marcel ya no se quedaba atrás, la miraba con concentración, respondiendo con señas que cada día eran más claras.

“Esto puede mejorar”, indicó ella, señalando una parte del terreno.

Marcel miró en la dirección que ella señalaba.

—Sí —respondió—, aquí se puede sembrar más, pero hay que organizar a la gente.

Lucero asintió, luego señaló hacia otro lado.

“Y esto”.

—Eso necesita orden —añadió él—, no están distribuyendo bien el trabajo.

Ella volvió a asentir.

Los trabajadores los observaban, algunos con curiosidad, otros con respeto, al inicio no entendían bien cómo comunicarse con Lucero, pero con el paso de los días comenzaron a adaptarse, a entender sus gestos, sus indicaciones, y cuando no podían, Marcel intervenía.

—Escuchen —dijo en una ocasión, reuniendo a varios—, lo que ella diga se hace, si no entienden, me preguntan, pero no ignoren lo que indica.

Un hombre levantó la mano.

—Señor, ¿ella sabe de esto?

Marcel lo miró sin molestarse.

—Aprende —respondió—, y más rápido que muchos.

Lucero escuchó, sus ojos se movieron hacia el hombre, no con enojo, sino con firmeza, luego hizo una seña clara.

“Trabajen bien”.

El hombre bajó la mirada.

—Sí, señora.

El ritmo comenzó a cambiar, las jornadas se organizaron mejor, los tiempos se respetaban, las tareas se distribuían con más sentido, y poco a poco los resultados empezaron a notarse; Marcel no se alejaba de su propio trabajo, pero cada vez invertía más tiempo en ese terreno, no solo por negocio, sino porque veía en Lucero una determinación que valía la pena acompañar.

El vínculo entre ambos crecía sin necesidad de palabras largas, cada gesto, cada decisión compartida, cada momento en el que uno entendía al otro sin dificultad.

Mientras tanto, en la casa del duque Bruno, el ambiente era distinto.

Fátima estaba sentada frente a un espejo, observando su reflejo con atención, ajustando un detalle de su vestido, su expresión mostraba descontento, no por el lugar, no por la vida que tenía, sino por algo más que no podía ignorar.

Bruno entró en la habitación.

—Te ves bien —dijo, acercándose un poco.

Fátima no lo miró de inmediato.

—Siempre me veo bien.

Bruno asintió.

—¿Necesitas algo?—pregunto él.

—De tí, no.

El silencio se instaló.

Bruno se quedó unos segundos más.

—He estado revisando unos asuntos —añadió—, sobre lo que dijiste de la herencia.

Fátima finalmente lo miró.

—¿Y?

—No hay mucho que hacer —respondió—, todo está en orden legalmente.

Fátima frunció el ceño.

—Siempre hay algo que hacer.

—En este caso no.

Ella desvió la mirada.

—Entonces no hiciste lo suficiente.

Bruno la observó, su expresión cambió apenas.

—Hice lo que correspondía. No puedo usar mi poder político por capricho.

Fátima soltó una pequeña exhalación, como si no quisiera seguir con esa conversación.

—Déjalo. No seguiré discutiendo contigo.

Bruno no insistió.

—Si necesitas algo más, dime.

—Ya te dije que no.

Bruno asintió, pero no se movió de inmediato.

—Quiero que estemos bien.

Fátima no respondió.

—Lo intento —añadió él—, pero necesito que tú también lo hagas.

Ella giró el rostro apenas.

—Estoy aquí, eso es suficiente.

Bruno bajó la mirada un segundo.

—Para mí no.

El silencio volvió. Fátima no dijo nada más. Bruno salió de la habitación sin hacer ruido.

En otra parte de la casa, Isolda estaba sentada, observando por la ventana, su postura más rígida que antes, su presencia ya no ocupaba el mismo lugar, ahora dependía de su hija, y eso no era algo que aceptara con facilidad.

Fátima entró.

—Otra vez él se me quiere acercar.—dijo Fátima con frustración.

Isolda no se giró de inmediato.

—No tienes opción. Eres su esposa. Debes cumplir.

Fátima se cruzó de brazos.

—No me gusta esta situación.

Isolda la miró.

—Tienes opciones.

Fátima la miró con atención.

—Habla madre.

Isolda sostuvo su mirada.

—Ese matrimonio te da posición, te da dinero, pero no te da lo que quieres.

Fátima no respondió.

—Y si no lo tienes ahí —continuó—, puedes buscarlo en otro lado.

Fátima entendió.

—¿Quieres que tenga un amante?

Isolda no dudó.

—Quiero que no te limites.

Fátima dudó un segundo.

—No es tan simple.

—Nada lo es —respondió Isolda—, pero quedarse esperando tampoco sirve. Y creo que Bruno no se hará guapo de una noche a otra.

Fátima bajó la mirada.

—Él no me atrae.

—Eso ya lo sé.

—No puedo ni verlo.

Isolda la observó con atención.

—Entonces no lo veas como algo más que un medio.

Fátima levantó la mirada.

—¿Y él?

—Él no necesita saberlo todo.

Fátima permaneció en silencio unos segundos.

—No sé.

—Lo pensarás. Estoy segura.

En ese momento, un sonido leve se escuchó en el pasillo.

Ninguna de las dos lo notó al principio. Pero alguien estaba ahí.

Bruno.

Se había detenido al escuchar su nombre. No entró. No hizo ruido. Pero escuchó lo suficiente.

Sus manos se tensaron a los lados, su mirada se fijó en la puerta cerrada, su respiración cambió, no dijo nada, no golpeó la puerta, no interrumpió.

Solo se quedó ahí unos segundos más.

Luego se alejó.

Y en ese mismo día, mientras en un lugar se construía algo con esfuerzo y entendimiento, en otro comenzaba a romperse lo poco que había intentado sostenerse.

1
Carmen Echeverria Henz
😈😈😈
Diana Carolina Moran Abad
me encanto , hermosa 🤗🤗🤗🤗
Diana Carolina Moran Abad
que desgraciada
LectoraPR
Esta novela está tan bien narrada, resulta imposible detener la lectura. Gracias!
LectoraPR
Hermoso!
AX
La paciencia es una virtud
Clara
magnifica.
AX
🥹
Ingrid Perez
Hermosa novela me encantó gracias te deseo infinitas bendiciones 😘🤗
Carmen Echeverria Henz
a una que le van dan la plr 🤭
noem
no es por nada, pero que se quede muerta, que en esa zorra no reencarne nadie
daya murillo
hermosa historia me encantó
noem
pero por qué tiene que ser así, malparida perra sarnosa como caen de mal
noem
a estas alturas me preguntó !🤔🤔 por qué no se le realizó una prueba vaya y no esté embarazada ??
noem
cuando encuentro una novela con un personaje con mi nombre ahaha🥴🥴🥴🥴
noem
epa mi amor, saca a esa rata traicionera de tu vida, que lo que no sirve estorba
noem
y no le queda sin marcas, por qué si me la imagino como en las fotos con lo blanca que es el mínimo Rose fuerte le dejaría marcada la piel
Carmen Echeverria Henz
con razón no quisiste irte, tenias cuentas pendientes que arreglar, muy bien, excelente estrategia 👏👏👏.
Carmen Echeverria Henz
ame eso 🥰🥰🥰
Betsabe Herrera
genial me encanta 😍😍😍😍
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