Esta historia habla de una chica que se embarazó muy joven y tuvo que aprender a sobrevivir en un mundo lleno de dificultades. Sin apoyo suficiente y con pocas oportunidades, se vio obligada a “buscarse la vida” como pudo, enfrentando la realidad desde muy temprano. Por amor a su hija, dejó los estudios y sacrificó sus sueños personales para dedicarse por completo a su crianza, creciendo de golpe y convirtiéndose en madre antes de tiempo.
Sin embargo, su vida da un giro inesperado cuando conoce a un chico millonario, alguien que no la juzga por su pasado ni por ser madre soltera. A diferencia de muchas personas, él la trata con respeto, la escucha y ve en ella algo más allá de sus dificultades: una mujer fuerte, valiente y luchadora.
A partir de ese encuentro, ambos comienzan a construir una relación marcada por la confianza, el apoyo y la superación de prejuicios. Ella empieza a recuperar la esperanza en su futuro, mientras aprende que aún puede soñar y volver a levantarse,
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Capítulo 17: “El parque de nosotros
Caminé sin rumbo después de salir de la casa.
No tenía para dónde ir, no tenía a nadie, no tenía nada.
La maleta me pesaba, pero no era lo único que me pesaba… era todo lo que traía por dentro.
El dolor, el vacío, el cansancio de tanto llorar.
Y sin darme cuenta, mis pies me llevaron al único lugar donde todavía sentía algo de él.
El parque.
El mismo donde nos veíamos.
Donde nos reconciliábamos.
Donde nos reíamos.
Donde me decía " Mami ”.
Me senté en la misma banca de siempre.
La misma.
Como si el tiempo no hubiera pasado.
Pero sí pasó.
Y me lo quitó.
Respiré hondo, pero el aire no me llenaba los pulmones igual.
Saqué el celular con manos temblorosas.
Lo encendí.
Y ahí estaba.
Una foto.
Nosotros dos.
En el parque.
Brando en la moto.
Yo recostada en su pecho.
Dándole un beso en los labios.
Él sonriendo como si no hubiera nada malo en el mundo.
Como si todo estuviera bien.
Como si la vida fuera fácil.
Yo me quedé mirando esa foto.
Sin parpadear.
Y el pecho se me partió otra vez.
—Brando… —susurré—. ¿por qué te fuiste?
Las lágrimas empezaron a caer solas.
Una tras otra.
Sin control.
Yo deslicé el dedo sobre la pantalla como si pudiera tocarlo.
Como si todavía estuviera ahí.
Como si todavía pudiera sentir su abrazo.
Pero no.
Solo era una foto.
Un recuerdo.
Un pedazo de vida que ya no existía.
Me recosté en la banca.
Mirando el cielo.
—Yo te extraño… —le dije bajito—. demasiado…
El viento soplaba suave, pero a mí me parecía frío.
Todo el parque estaba igual, pero para mí ya no era el mismo.
Porque él no estaba.
Porque sin él todo se sentía vacío.
Yo cerré los ojos un momento.
Y lo recordé.
Su risa.
Su forma de mirarme.
Cuando me decía “Mami con esa voz bajita.
Cuando me cuidaba sin decirlo.
Cuando me abrazaba fuerte como si nunca me fuera a soltar.
Pero sí me soltó.
La vida lo soltó.
Yo abrí los ojos otra vez y miré la foto.
—Mira… —le dije como si él pudiera escucharme—. estoy aquí… en el mismo parque…
Me reí un poquito entre lágrimas.
—Donde nos besábamos… donde nos reíamos… —susurré—. donde todo era bonito…
Pero la risa se me apagó rápido.
Porque la realidad volvió de golpe.
Yo bajé la mirada.
—Ya nada es bonito sin vos… —le dije.
Apreté el celular fuerte contra mi pecho.
Como si eso lo pudiera traer de vuelta.
Pero no.
No había nada.
Solo silencio.
Solo vacío.
Solo yo.
Y el bebé dentro de mí… que era lo único que me quedaba de él.
Me pasé la mano por la cara, secándome las lágrimas, pero no servía de nada.
Seguían saliendo.
—Brando… —susurré otra vez—. yo no sé cómo seguir sin vos…
El parque estaba tranquilo.
La gente pasaba, algunos miraban, otros no.
Pero a mí no me importaba nadie.
Yo estaba en otro mundo.
En el mío.
En el que él todavía estaba vivo.
En el que todavía me abrazaba.
En el que todavía me decía que todo iba a estar bien.
Yo miré otra vez la foto.
Y me dolió más.
Porque en esa imagen él estaba vivo.
Sonriendo.
Amándome.
Y ahora…
ya no.
—¿Te acordás de este día? —le hablé a la foto—. estabas feliz…
Mi voz se quebró.
—Yo también… —susurré—. yo era feliz con vos…
Tragué saliva.
El pecho me dolía tanto que parecía físico.
Como si algo me apretara por dentro.
—¿Por qué me dejaste? —le pregunté al aire—. ¿por qué ahora?
Pero el parque no respondió.
Solo el viento.
Solo el ruido lejano de la ciudad.
Yo me quedé ahí largo rato.
Sin moverme.
Solo mirando.
Solo recordando.
Solo sufriendo.
Hasta que entendí algo.
Brando ya no iba a volver.
Pero yo todavía tenía algo de él.
Y aunque me doliera…
tenía que seguir respirando por eso.