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El Hombre Equivocado

El Hombre Equivocado

Status: En proceso
Genre:Amante arrepentido
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Tintared

Qué hacer cuando se supone que el día más feliz de tu vida se convierte en un infierno?

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Lo que no puedes negociar

El paso del tiempo en la granja ya no se medía en segundos de agonía, sino en ciclos de cosecha y el orden restablecido de las cosas. Tres meses habían sido suficientes para que el caos que rodeaba la propiedad de Dominic Williams se disipara, dejando en su lugar la estructura sólida de un hombre que ha recuperado su centro.

Dominic caminó por el sendero que conectaba su terreno con la pequeña propiedad vecina. Llevaba bajo el brazo un fajo de documentos y en la mano una cesta cargada con quesos frescos, leche y una porción generosa de la carne que habían ahumado la semana anterior. Gracias al arduo trabajo y a la presencia de Samira, que había liberado gran parte de sus mañanas, Dominic finalmente se había puesto al corriente con los pagos del pueblo y los impuestos estatales. "Los Olivos" ya no era una propiedad en riesgo; volvía a ser su hogar ante la ley.

Al llegar a la cerca de madera pintada de blanco, vio al señor Jeremy sentado en su mecedora habitual.

—Ya está todo en orden, Jeremy —dijo Dominic, extendiendo los papeles—. No habrá más cartas del banco ni amenazas de embargo.

El anciano, de manos nudosas y piel curtida como el cuero, sonrió con una calidez que solo los años otorgan. Jeremy y su esposa, Alice, no solo eran vecinos; eran los guardianes de su pasado. Cuando la tragedia del jarrón vacío le arrebató la razón a Dominic y lo empujó a huir a Orlando, fueron ellos quienes, a pesar de sus propios achaques, se encargaron de que las vacas no murieran de hambre y que los cercados no se pudrieran. Fue Jeremy quien rastreó el paradero de Dominic para advertirle que, si no regresaba, el pueblo reclamaría las tierras.

—Sabía que volverías a ponerte en pie, hijo —respondió Jeremy, aceptando la cesta con un gesto de agradecimiento—. No tenías que traer todo esto, Alice y yo solo cumplimos con nuestra palabra.

—Ustedes salvaron lo único que me quedaba de ellos —replicó Dominic con voz firme—. Mientras yo respire, a esta casa no le faltará sustento. Es una promesa.

Alice salió de la casa, secándose las manos en su delantal, y abrazó a Dominic con la fuerza de una madre. Lo veían como al hijo que la vida no les dio, y ver la luz regresando poco a poco a sus ojos color miel era el mejor pago que podían recibir.

—Esa mujer que tienes en casa... —comentó Alice con una chispa de curiosidad—, la gente en el mercado dice que ya no parece una aparecida. Dicen que sabe elegir las mejores piezas de maíz.

Dominic bajó la mirada, ocultando una pequeña e involuntaria sombra de orgullo.

—Está aprendiendo.

Mientras tanto, a unos kilómetros de allí, la atmósfera en la granja Williams era distinta. El reloj de pared marcaba las seis de la tarde, y el tic-tac parecía resonar con una intensidad inusual.

Samira se miró en el espejo del pasillo, el mismo donde meses atrás se veía como una extraña. Ahora, el reflejo le devolvía algo nuevo. Llevaba uno de los vestidos de algodón que Dominic le había comprado; era sencillo, de un color azul profundo que resaltaba el brillo que el sol del sur había dejado en su piel.

Se había tomado un tiempo extra para arreglarse. No era el maquillaje pesado de las fiestas de Orlando, sino un toque sutil que acentuaba sus facciones. Había trenzado su cabello con cuidado, dejando que unos mechones rebeldes enmarcaran su rostro, y se había puesto un par de pendientes pequeños que había rescatado del fondo de su maleta.

Por alguna razón que no se atrevía a confesar ni a sí misma, quería estar linda. Quería que cuando Dominic cruzara el umbral, cansado del trabajo y de las visitas, sus ojos no encontraran solo a una compañera de faena, sino a la mujer en la que se estaba convirtiendo.

Caminó hacia la ventana y corrió la cortina, mirando hacia el sendero por donde él solía aparecer. Samira no entendía cuándo el miedo se había transformado en respeto, ni cuándo el respeto se había vuelto esta ansiedad dulce por su llegada. Solo sabía que el tiempo se sentía eterno cuando Dominic no estaba, y que la granja, con todo su barro y sus madrugadas, empezaba a sentirse como el único lugar en el mundo donde realmente quería estar.

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Eneida Acosta
para cuando los otros capítulos gracias
Andre
Hay contradicción. Primero habla del silencio en el despacho donde no se defendió de los golpes y luego de ella creyendo que no le hicieron nada
Yaya García: lo mejor de esta autora es que sus novelas están conectadas, y así se entera uno de la vida de los personajes secundarios.
por ejemplo la novela tropezando con el amor está vinculada con dinastía brekman, heredero enamorado y la nueva que es sediento de venganza🥰
total 1 replies
Susana Damiano
/Drool//Drool//Rose//Rose/
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