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Dónde Caen Las Estrellas

Dónde Caen Las Estrellas

Status: En proceso
Genre:Mitos y leyendas / Secuestro y encarcelamiento / Romance / Aventura
Popularitas:219
Nilai: 5
nombre de autor: Beatriz zafra

Rose Walker jamás imaginó que un viaje cambiaría su vida para siempre. Reconocida como una joven guionista en ascenso en California, su sueño finalmente se estaba haciendo realidad cuando fue invitada a Singapur para participar en el rodaje de la película que había escrito durante años. Todo parecía perfecto: el éxito, el reconocimiento y la oportunidad que siempre había esperado. Pero el destino tenía otros planes.

Durante el vuelo, una violenta tormenta provoca un accidente aéreo que termina con el avión estrellándose en una isla desconocida perdida en medio del océano. Rose despierta sola entre restos del avión, rodeada únicamente por selva, montañas y un silencio aterrador. Sin experiencia sobreviviendo lejos de la civilización, deberá aprender a luchar contra el hambre, el miedo y la desesperación mientras intenta mantenerse con vida.

Sin embargo, la isla no está desierta.

Mientras explora el lugar buscando agua y comida, Rose descubre algo imposible: una antigua civilización e

NovelToon tiene autorización de Beatriz zafra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16

La noche después de lo ocurrido en el templo apenas pude dormir.

Cada vez que cerraba los ojos recordaba las runas brillando, las voces antiguas y la forma en que Kai me había mirado después de escucharme hablar el idioma de la tribu.

Como si yo fuera algo importante.

O peligroso.

Y sinceramente… no sabía cuál de las dos opciones me asustaba más.

Cuando finalmente logré dormirme, el amanecer llegó demasiado rápido.

Me despertó el sonido de voces afuera del templo.

Muchas voces.

Fruncí el ceño todavía medio dormida mientras me incorporaba lentamente de las pieles donde había dormido junto a Lou.

Ella ya no estaba allí.

—¿Qué pasa ahora…? —murmuré bostezando.

Naru, que estaba acostado cerca de la entrada, levantó lentamente la cabeza apenas me vio despertar.

El enorme puma soltó un pequeño gruñido suave antes de volver a acomodarse.

—Buenos días para ti también.

Me levanté todavía despeinada y salí del cuarto.

Y apenas puse un pie fuera del templo principal… me quedé inmóvil.

Toda la tribu parecía reunida.

Personas caminaban rápidamente de un lado a otro mientras varios hombres cargaban un enorme palanquín decorado con telas oscuras y adornos dorados.

Todos murmuraban entre ellos.

Y cuando el palanquín se detuvo frente al templo… el silencio cayó sobre el lugar.

Sentí inmediatamente que algo importante estaba pasando.

Lou apareció cerca de Kai y por la expresión de ambos… claramente sabían quién venía.

Fruncí ligeramente el ceño.

—¿Qué sucede?

Lou volteó rápidamente al escucharme.

—Rose… quédate tranquila.

Eso jamás tranquiliza a nadie.

Los hombres bajaron lentamente el palanquín.

Y entonces apareció ella.

Una anciana.

Debía tener cerca de ochenta años, pero aun así su presencia imponía más respeto que muchos guerreros de la tribu. Caminaba lentamente apoyándose en un bastón tallado de madera negra decorado con símbolos antiguos.

Pero lo que más me impactó fueron sus ojos.

Dorados.

Exactamente iguales a los de Kai.

Mi mirada pasó lentamente de ella hacia él.

Ah.

Genética aterradora.

La mujer avanzó lentamente mientras toda la tribu bajaba ligeramente la cabeza en señal de respeto.

Kai caminó hacia ella inmediatamente.

Y para mi sorpresa… sonrió.

Una sonrisa real.

La anciana abrió los brazos y abrazó el rostro de Kai con cariño.

—Mi nieto —dijo con voz suave pero firme—. ¿Estás bien? ¿Estás comiendo correctamente?

Kai soltó una pequeña risa baja.

—Estoy bien, abuela.

Verlos así fue extraño.

Porque por primera vez veía a Kai comportarse como alguien normal y no como un líder intimidante dispuesto a secuestrarme emocionalmente.

La anciana siguió hablando mientras acariciaba el rostro de Kai con cariño.

Y entonces sus ojos se movieron lentamente.

Hacia mí.

Sentí inmediatamente un escalofrío.

La mujer me observó de arriba abajo en completo silencio.

Y no me gustó nada la forma en que lo hizo.

Parecía evaluándome.

Como si estuviera viendo un problema.

—¿Quién es ella? —preguntó finalmente mirando a Kai.

Kai no dudó ni un segundo.

—Mi futura pareja.

CASI ME ATRAGANTO CON EL AIRE.

Giré inmediatamente hacia él horrorizada.

—¡¿Perdón?!

Obviamente nadie prestó atención a mi indignación.

La anciana volvió a mirarme.

Y esta vez… la frialdad en sus ojos fue imposible de ignorar.

Oh.

Ella no me soportaba.

Ni un poco.

Sentí esa mirada recorrerme lentamente como si ya hubiera decidido que no pertenecía allí.

Mientras tanto, cuando sus ojos se posaron sobre Lou… su expresión cambió completamente.

Se suavizó.

Incluso le acarició la cabeza con cariño.

—Lou, pequeña mía.

Lou sonrió inmediatamente como una nieta feliz.

Y honestamente eso me confirmó algo.

Aquella mujer veía a Lou y Kai como familia.

Y a mí como una intrusa.

Perfecto.

Yo también empecé a desconfiar de ella al instante.

La anciana volvió a mirarme una vez más.

Y algo en mi estómago se tensó.

Había algo raro en esa mujer.

Algo peligroso.

Kai comenzó a caminar junto a Lou mientras hablaban sobre no sé qué cosas de la tribu. La anciana empezó a seguirlos lentamente apoyándose en su bastón.

Pero de repente…

Se detuvo.

Yo seguía cerca de la entrada del templo observándola.

La anciana giró lentamente la cabeza hacia mí.

Y cuando Kai y Lou estuvieron suficientemente lejos…

Me hizo una pequeña señal con la mano.

Una señal lenta.

Deliberada.

Como diciendo:

“Ya te veré después.”

Mi cuerpo se quedó helado.

La mujer sonrió apenas.

Pero no era una sonrisa amable.

Era peor.

Era una sonrisa de alguien que ya había decidido algo sobre mí.

Sentí un escalofrío recorrerme toda la espalda.

Después de aquella mirada de la abuela de Kai, no pude quitarme la mala sensación de encima.

Cada vez que la veía cerca sentía un escalofrío recorrerme la espalda.

Y honestamente… mi instinto rara vez fallaba.

La anciana daba miedo.

No porque gritara o actuara como alguien agresivo.

No.

Era peor.

Tenía esa clase de mirada tranquila que parecía juzgar absolutamente todo sobre ti.

Como si pudiera ver cada uno de tus defectos apenas respirabas.

Y claramente… yo tenía demasiados para su gusto.

Más tarde ese mismo día, Kai apareció buscándome junto a Lou.

Yo estaba sentada cerca del río intentando enseñarle a Naru que no necesitaba seguirme hasta para beber agua.

Spoiler: no funcionó.

—Rose —dijo Kai acercándose.

Levanté la vista.

—¿Ahora qué hice?

Lou intentó no reírse.

Kai habló tranquilamente.

—Mi abuela te enseñará las costumbres de la tribu.

Mi sonrisa desapareció lentamente.

—…No.

Kai ignoró completamente mi opinión.

—Es importante.

Lou parecía incómoda.

Y eso me dio todavía peor espina.

—Lou… ¿por qué pones esa cara?

Ella evitó mirarme.

—La abuela de Kai es… estricta.

Perfecto.

Absolutamente perfecto.

Descubrí rápidamente que “estricta” era quedarse muy corto.

La abuela de Kai se llamaba Nayara.

Y Nayara era básicamente una pesadilla con bastón.

—Siéntate derecha.

¡PAM!

El bastón golpeó mi cabeza.

—¡AAAYY! —me quejé llevándome las manos arriba— ¡Señora! ¿¡Por qué me pega!?

Nayara me miró completamente indignada.

—¿“Señora”? Tu madre debería enseñarte respeto hacia los mayores, niña.

Fruncí el ceño sobándome la cabeza.

—Mi madre no golpeaba personas con bastones.

—Entonces ahora entiendo por qué eres tan distraída.

Lou, que estaba sentada cerca intentando ayudarme, tuvo que girarse para ocultar la risa.

TRAIDORA.

Nayara comenzó a caminar lentamente frente a mí apoyándose en su bastón mientras seguía hablando.

—No sabes nada. Caminas torpe. Te distraes cada momento. No escuchas.

—Sí escucho…

¡PAM!

Otro golpe en la cabeza.

—¡AY!

—No interrumpas.

La miré ofendida mientras ella seguía hablando como si nada.

—Te explico los mandamientos de los dioses y tú te quedas dormida mientras hablo.

Abrí la boca para defenderme.

Pero sinceramente… sí me había quedado dormida hacía un rato.

El discurso llevaba casi tres horas.

Nadie sobrevivía a eso.

Nayara suspiró dramáticamente.

—Ni durarías una semana sola en la selva sin comida.

—Bueno, sobreviví varios días.

—Comiendo frutas amargas como animal perdido.

…Touché.

La anciana siguió observándome críticamente.

—Estás demasiado flaca.

Fruncí el ceño.

—Gracias.

—Y eres pequeña.

—Eso ya lo noté desde que llegué aquí.

Nayara ni siquiera se detuvo.

—Demasiado pequeña para nuestra tribu. Y mucho más para mi nieto Kai.

Oh.

Ahí estaba el verdadero problema.

La anciana cruzó los brazos mientras me miraba de arriba abajo otra vez.

—No entiendo qué vio en ti.

Lou abrió ligeramente los ojos.

Yo me quedé mirándola completamente cansada.

—Wow. Qué amable.

Nayara siguió hablando como si no hubiera escuchado mi sarcasmo.

—Aquí hay muchas mujeres hermosas, fuertes y elegantes. Y él viene interesado en… esto.

Me señaló con el bastón.

Indignación absoluta.

—¿“Esto”?!

—Pareces un duende perdido de la selva.

Lou literalmente tuvo que taparse la boca para no reírse.

La miré traicionada.

—Lou, deja de disfrutar esto.

Ella ya estaba roja intentando contener la risa.

Yo volví a mirar a Nayara agotada mentalmente.

—Si tanto no me soporta, ¿por qué no deja que otra persona me enseñe?

La anciana golpeó suavemente el suelo con el bastón.

—Porque es mi deber como patriarca guiar a los jóvenes de la tribu.

Antes de que pudiera responder…

¡PAM!

Otro golpe en la cabeza.

—¡AAAYY!

Esta vez sentí un verdadero chichón formándose.

—¡Eso dolió!

—Así aprenderás más rápido.

—¡Eso no funciona así!

Nayara ignoró mi sufrimiento completamente.

Luego levantó el bastón señalando hacia otra parte de la aldea.

Giré la cabeza.

Y vi un grupo enorme de niños pequeños sentados en círculo escuchando a otro anciano enseñarles.

Mis ojos se abrieron lentamente.

No.

No.

NO.

Nayara habló con total tranquilidad.

—A partir de ahora aprenderás junto a los alumnos.

La miré horrorizada.

—¿Con… niños?

Nayara me observó unos segundos antes de responder secamente:

—Además se ajusta a tu altura.

Silencio absoluto.

Lou explotó riéndose.

Y honestamente…

Nunca había sentido tantas ganas de tirarme al océano.

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