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ANTES DEL ÚLTIMO TRAGÓ

ANTES DEL ÚLTIMO TRAGÓ

Status: En proceso
Genre:Demonios / Aventura / Amor-odio
Popularitas:134
Nilai: 5
nombre de autor: Jasali

Nicolás Rivas nunca le tuvo miedo a la muerte.
Creció entre calles donde la vida vale poco y la lealtad lo es todo. Aprendió a gastar sin pensar, a reír sin culpa y a vivir como si cada noche fuera la última.
Fiestas. Mujeres. Amigos. Dinero fácil.
Pero todo cambia el día en que recibe una noticia que no puede ignorar.
Su tiempo se está acabando.
Y por primera vez… la muerte deja de ser una idea lejana.
Ahora Nicolás decide vivir como siempre dijo: sin miedo, sin arrepentimientos, sin frenos.
Pero mientras más disfruta…
más lo alcanza el pasado.
Un hermano que perdió.
Una madre que nunca dejó de esperar.
Un amor que no supo cuidar.
Y un enemigo que no ha olvidado.
Porque al final…
no todos llegan en paz al último trago.

NovelToon tiene autorización de Jasali para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

“Cuando El Miedo Por Fin Llega”

📖 CAPÍTULO 16

“Cuando El Miedo Por Fin Llega”

El teléfono seguía sonando.

Valeria.

La pantalla iluminaba el baño oscuro mientras Nicolás intentaba recuperar el aire frente al espejo.

El pecho le ardía.

El corazón golpeaba desordenado.

Como si quisiera salirse.

La llamada seguía entrando.

Una vez.

Dos.

Tres.

Nicolás cerró los ojos.

Y contestó.

—¿Aló…?

La voz le salió rota.

Débil.

Silencio al otro lado.

—¿Nicolás? —preguntó Valeria de inmediato.

Algo en su tono cambió.

—¿Qué pasó?

Él intentó respirar normal.

—Nada… estoy bien.

Mentira.

Ella guardó silencio un segundo.

—No está bien.

Golpe directo.

Porque ya conocía esa voz.

La voz de alguien intentando sostenerse mientras se cae.

Nicolás se apoyó más fuerte en el lavamanos.

—Solo me agité un poco…

El dolor subió otra vez.

Más fuerte.

Tuvo que cerrar los ojos.

—Nicolás… —dijo ella ahora más seria—. Respire.

Él soltó una risa pequeña.

Sin humor.

—Estoy intentando…

Y ahí…

Valeria entendió.

De verdad.

No era una enfermedad lejana.

No era una idea triste.

Estaba pasando.

Ahora.

—¿Dónde está? —preguntó rápido.

—Con Julián…

—¿En hospital?

—No…

—Entonces vaya.

Directa.

Nicolás negó aunque ella no podía verlo.

—No quiero…

—¡Nicolás!

La voz le tembló.

—No me haga esto.

Silencio.

Y esa frase…

le pegó más duro que el dolor físico.

Porque entendió algo horrible:

La gente que lo quería…

ya estaba empezando a sufrirlo antes de perderlo.

Respiró profundo.

Como pudo.

—Vale…

—¿Sí?

Pausa.

—Tengo miedo.

Silencio total.

Porque esa era la primera vez que Nicolás decía algo así.

Y Valeria lo sintió.

No era el hombre arrogante.

No era el hombre perdido.

Era solo alguien asustado.

Humano.

Y eso la rompió por dentro.

—No está solo… —susurró ella.

Nicolás cerró los ojos.

Y las lágrimas llegaron.

Silenciosas.

Porque el miedo real no siempre grita.

A veces…

solo cansa.

—Yo pensé que podía manejar esto… —dijo él—. Pero siento que cada día estoy peor.

Valeria respiró profundo al otro lado.

Intentando mantenerse fuerte por ambos.

—Escúcheme…

Pausa.

—Vaya al hospital.

—No quiero pasar mis días encerrado allá.

—¿Y entonces qué quiere? —preguntó ella con dolor—. ¿Caerse solo en cualquier parte?

Golpe.

Nicolás no respondió.

Porque esa imagen…

ya había pasado.

Y podía volver a pasar.

—Por favor… —dijo ella más bajo—. Hágalo por la gente que lo ama.

La frase quedó suspendida.

Y Nicolás entendió algo:

Ya no podía seguir viviendo como si solo se afectara él.

Ahora había personas sosteniéndolo.

Y eso…

también era responsabilidad.

Respiró profundo otra vez.

El dolor empezó a bajar un poco.

Lento.

—Está bien… —murmuró.

—¿Va a ir?

—Sí…

Valeria soltó el aire al otro lado.

Como si hubiera estado conteniendo la respiración todo ese tiempo.

—Bueno.

Silencio.

Nicolás seguía apoyado en el lavamanos.

Cansado.

Mucho.

—Vale…

—¿Sí?

Pausa.

—Gracias por no irse.

Silencio.

Y cuando ella habló…

la voz se quebró apenas.

—Todavía no puedo.

Eso le dolió.

Pero bonito.

Porque significaba que todavía había algo vivo entre ellos.

Aunque estuviera roto.

—Voy a salir… —dijo él.

—Llámeme cuando llegue.

—Listo.

Y colgaron.

Nicolás guardó el celular lentamente.

Se miró al espejo otra vez.

Y por primera vez…

no vio a un hombre invencible.

Vio a alguien cansado.

Alguien que ya no podía pelear solo.

Abrió la llave.

Se mojó la cara.

Respiró profundo.

Y salió del baño.

La música y las voces volvieron de golpe.

Pero Julián lo vio apenas salió…

y supo.

—¿Qué pasó?

Nicolás intentó responder normal.

No le salió.

Julián se puso de pie de inmediato.

—Nico…

—Necesito ir al hospital.

Silencio.

Los demás dejaron de hablar.

El ambiente cambió al instante.

Ya no era reunión.

Ya no era risa.

Era realidad.

Julián agarró las llaves sin decir nada.

—Vamos.

Nicolás asintió.

Y mientras salían…

entendió algo que nunca antes había aceptado:

El miedo no era morirse.

El miedo…

era dejar incompleta la vida que apenas estaba empezando a arreglar.

La ciudad brillaba afuera.

Luces.

Ruido.

Vida.

Y Nicolás miraba todo desde el carro en silencio.

Como alguien viendo el mundo desde lejos.

Julián manejaba serio.

—¿Está muy mal? —preguntó finalmente.

Nicolás tardó en responder.

—No sé…

Pausa.

—Pero ya no me siento fuerte.

El carro quedó en silencio.

Y por primera vez desde que todo empezó…

Nicolás sintió que el tiempo ya no venía caminando.

Venía corriendo.

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