El Ducado de Valerius es conocido como la tierra del invierno eterno, y su gobernante, el gran Duque Cédric, como un hombre despiadado que combate a los monstruos de las fronteras con magia de hielo. Tras la muerte de su esposa, el ducado se volvió aún más frío, y su pequeño hijo, Theo, crece imitando la severidad de su padre, privado de toda infancia.
Por un antiguo pacto de sangre y gratitud, el Conde Kalen ofrece la mano de su amada hija, Alissa, una joven tímida pero rebosante de alegría y una sutil bendición de luz. Cédric acepta: él necesita una madre perfecta para su heredero, y ella desea proteger a su padre.
Alissa llega a un palacio gris decidida a cumplir una misión: devolverle la sonrisa al pequeño Theo y demostrarle que la calidez puede derretir incluso el hielo más grueso.
NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 15: La caída del invierno
El espacio entre sus labios se había reducido a un suspiro suspendido en el aire caliente del despacho. Cédric permanecía inclinado sobre ella, estático, con el sello de oro aún rozando el pergamino y la respiración contenida. La distancia, que durante semanas había sido su mayor defensa militar y emocional, se había convertido en una tortura invisible pero insoportable. Los segundos pasaban y el silencio de la habitación se llenó con el eco rítmico de sus propios latidos.
Cédric esperaba que Alissa retrocediera. Esperaba que la timidez sureña que la caracterizaba la hiciera apartar la mirada y recuperar la compostura. Pero Alissa ya no era la misma joven que había cruzado las puertas del norte con el corazón lleno de dudas.
En lugar de apartarse, Alissa dio un paso al frente, eliminando el último milímetro de aire que los separaba. Con las manos firmes pero temblorosas por la adrenalina, extendió los brazos y sostuvo el cuello rígido de su uniforme militar, hundiendo los dedos en la pesada tela oscura. Levantó el rostro, sosteniendo la mirada azul del duque con un desafío mudo y una entrega absoluta.
Ese sutil toque fue el detonante. La última línea de defensa del general de hierro se rompió en mil pedazos.
Cédric soltó el sello de oro, que rodó sin importancia sobre el escritorio, y perdió el control de su rigidez por primera vez en su vida. Sus manos, grandes y acostumbradas al frío de la espada, se cerraron con una urgencia posesiva alrededor de la cintura de Alissa. La atrajo hacia sí con un movimiento fluido y, levantándola con asombrosa facilidad, la sentó suavemente en el borde de la mesa de roble, esparciendo un par de documentos sin importarle en lo más mínimo.
Y entonces, la besó.
No fue un beso de cortesía, ni el roce protocolar que habían intercambiado en el Templo. Fue un beso profundo, largo y devorador, una marea contenida de fuego que chocó de frente contra el invierno del norte. Cédric la besó con una intensidad que mezclaba toda la posesividad de un hombre que reclama lo que es suyo con la desesperada necesidad de protegerla de todo el veneno del mundo exterior. Sus labios se movían contra los de ella con un hambre que había estado sepultada bajo capas de deber y disciplina, profundizando el contacto mientras una de sus manos subía por la espalda de Alissa, enredando los dedos en su cabello castaño para mantenerla firmemente unida a él.
Alissa soltó un gemido ahogado de sorpresa que se perdió en la boca del duque. El mundo a su alrededor desapareció. El despacho, las intrigas de Elene, las cartas oficiales y las amenazas de la capital se esfumaron, dejando únicamente el calor abrasador de Cédric envolviéndola por completo. Le respondió al beso con la misma intensidad, aferrándose con más fuerza a sus hombros, entregándole toda la calidez de su luz en cada roce de sus labios.
Cuando Cédric finalmente se separó unos milímetros, lo hizo despacio, rozando su frente contra la de ella. Ambos respiraban de forma agitada, buscando el aire que se les había escapado de los pulmones. Los ojos de Cédric, usualmente fríos como lagos helados, oscuros y dilatados por la pasión, recorrieron el rostro encendido de Alissa y sus labios ligeramente inflamados.
El duque mantuvo sus manos firmes en la cintura de ella, negándose a dejarla ir, como si temiera que al soltarla todo fuera un espejismo de la nieve.
—Alissa... —pronunció Cédric, su voz un eco ronco, bajo y quebrado por la emoción que trataba de procesar. Apoyó la mejilla contra el cuello de ella, aspirando su aroma dulce—. Ya no puedo hacer esto.
Alissa, intentando recuperar el aliento y con el corazón golpeándole el pecho con violencia, le acarició la nuca con suavidad.
—¿El qué, Cédric? —susurró.
El Gran Duque levantó la cabeza, mirándola con una vulnerabilidad que jamás le había mostrado a ningún ser humano en el Imperio.
—Fingir —confesó el general, sus dedos presionando suavemente su cintura—. Fingir que esto es solo un papel. Fingir que te traje aquí solo por un contrato o por la seguridad de Theo. No puedo seguir engañándome a mí mismo, Alissa. Desde que entraste a este palacio, has derretido cada parte de mí. Eres mi esposa, de verdad. Y no hay ley ni fuerza en este Imperio que vaya a cambiar lo que siento cuando te miro.
Alissa sintió una lágrima de pura felicidad deslizarse por su mejilla, pero sonrió, acunando el rostro del temido señor del norte entre sus manos cálidas.
—Nunca fue solo un contrato, Cédric —respondió ella, antes de volver a inclinarse para perderse una vez más en los labios del hombre que había transformado el frío palacio en su verdadero hogar.
Preparada para la del bello príncipe 👏👏👏👏🙏🙏🙏🙏🙏🙏
me gustó porque tuvo de todo y también un dicho más vale muy corto y hermoso que largo y frustrarte
👏