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El Hombre Equivocado

El Hombre Equivocado

Status: En proceso
Genre:Amante arrepentido
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Tintared

Qué hacer cuando se supone que el día más feliz de tu vida se convierte en un infierno?

NovelToon tiene autorización de Tintared para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La plática.

La mañana llegó sin suavidad, como una resaca de realidad que la luz del Caribe no lograba embellecer.

Los rayos del sol se filtraron por las cortinas con una agresividad intrusiva, iluminando el caos de la noche anterior: el vestido de seda arrugado sobre una silla, los tacones abandonados como soldados caídos y un silencio tan pesado que parecía tener masa física. Samira abrió los ojos y el recuerdo de la bofetada le recorrió la palma de la mano como una descarga eléctrica.

Se incorporó con cautela. No había ruido en la suite. Solo una calma incómoda que la hacía sentir como si caminara sobre cristales rotos. Quería huir, buscar el ruido de la gente, pero la curiosidad —o quizás la culpa que se negaba a reconocer— la empujó hacia la estancia principal.

Lo encontró en el balcón. Dominic estaba apoyado en la barandilla de hierro forjado, observando el azul infinito del mar con una taza de café en la mano. El viento despeinaba su cabello y movía su camisa desabotonada, revelando una postura de cansancio absoluto. Por un segundo, Samira no vio al "sustituto" ni al "delincuente". Vio a un hombre real, sólido, desgastado por una vida que ella no alcanzaba a comprender.

Él notó su presencia por el sutil perfume de jazmín que ella siempre emanaba, pero no se giró. La marca roja en su mejilla ya no estaba, pero el aire entre ambos seguía marcado por el golpe.

—Hay café —dijo él, con una neutralidad que le dolió más que un grito.

—Odio el café, ya deberías saberlo —replicó ella, por puro instinto de defensa.

—No lo bebas y punto. Nadie te obliga —respondió Dominic, sin rastro de la paciencia de los días anteriores. Se había terminado la cortesía del contrato.

Samira se apoyó en la barandilla, manteniendo una distancia de seguridad. El silencio se instaló, tenso y vibrante. Ella esperaba un reclamo, una represalia, pero él parecía haberla borrado del mapa de sus preocupaciones.

—Iré a bucear —soltó ella para romper el vacío.

Dominic bajó la mirada hacia su taza. No respondió. No hubo advertencias sobre la seguridad ni ofrecimientos de compañía.

—¿Y eso de ignorarme te funciona? —lo desafió ella, molesta por la falta de fricción.

—Evita problemas —dijo él finalmente—. Y últimamente, los problemas tienen tu nombre.

Samira soltó una exhalación corta, herida en su orgullo.

—Eres un idiota.

—Eso parece.—Respondio Dominic, el cual tenía un gesto distraído, ausente, como si su mente estuviera a kilómetros de esa isla. Samira lo observó, buscando una grieta por donde entrar.

—¿Por qué aceptaste, Dominic? —preguntó, y esta vez la pregunta no llevaba veneno, solo una urgencia genuina—. No tenías nada, lo entiendo. Pero casarte con una extraña que te desprecia... debe haber algo más.

Él miró hacia el horizonte, donde el cielo se fundía con el agua.

—Simplemente necesitaba algo que me obligara a seguir —confesó con una voz que parecía venir de muy lejos—. Algo que me mantuviera despierto, aunque fuera por las razones equivocadas.

—¿Seguir con qué? No te entiendo.

Dominic terminó su café de un trago. No hubo dramatismo, solo una verdad cruda que Samira no supo dónde acomodar.

—Eres tan patético que ni siquiera sabes hablar de ti mismo —dijo ella, intentando recuperar el control mediante el insulto.

—Eso parece —repitió él, imperturbable.

Esa falta de defensa la desarmó. Samira tomó su bolso y salió de la suite azotando la puerta, necesitando desesperadamente que alguien le diera la razón, que alguien le dijera que Dominic era el villano de su historia.

En el muelle, el grupo de buceo ya se preparaba. Samira fue abordada por Gerard, un instructor inglés de treinta años con una sonrisa fácil y ojos acostumbrados a leer las mareas. Durante la preparación del equipo, Samira, necesitada de desahogo, comenzó a hablar más de la cuenta.

—Mis padres creen que esto es una solución temporal —le confesó mientras ajustaban los tanques—. Dos años y el error se borra.

—¿Y tú qué crees? —preguntó Gerard, observándola con curiosidad profesional.

—Creo que es un don nadie. Lo peor que pudo pasarme —sentenció ella, mirando hacia el hotel—. Es exasperante. Me sigue a todas partes, me vigila desde la oscuridad... ayer se atrevió a intervenir y, aunque me defendió de un tipo, no tenía derecho a acosarme así.

Gerard guardó silencio mientras revisaba un regulador. Luego, la miró con una calma que la molestó.

—Me parece, Samira, que ese hombre solo busca tu bienestar. Si no te presiona y mantiene la distancia, no es acoso. Es cuidado. Un hombre que quiere hacer daño no se queda en las sombras protegiéndote; se asegura de que sepas quién manda.

—No lo entiendes —frunció ella el ceño—. Es cruel. Quizás hasta tenga antecedentes.

—Un hombre peligroso no puede fingir esa contención por tanto tiempo —replicó el inglés—. Si fuera un riesgo real, ya te habría demostrado quién tiene la fuerza.

Samira desvió la mirada hacia el mar, resignada y furiosa a la vez.

—Es desesperante.

—Lo sé —Gerard dejó escapar una leve sonrisa—. Pero imagina por un segundo lo difícil que debe ser para él. Casarse con una mujer que ama a otro, que lo golpea y que lo desprecia cada mañana, solo por un contrato. No creo que él sea el único que está en una prisión de lujo, Samira.

Samira no respondió. Por primera vez en mucho tiempo, no sintió ganas de discutir. Las palabras de Gerard le pesaban en la conciencia. Era cierto: ella era difícil, caprichosa y lo había golpeado. Él se lo había buscado con sus comentarios, se dijo a sí misma para tranquilizarse, pero la imagen de Dominic en el balcón, solo y admitiendo que "no tenía nada más por qué seguir", se le quedó clavada en la mente.

Dominic se había casado por interés, eso era un hecho. No era una buena persona, se repetía ella. Pero mientras se sumergía en las aguas profundas del Caribe, Samira Johnson empezó a sospechar que el "monstruo" que su padre le había comprado era el único ser humano real que quedaba en su vida de plástico.

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Eneida Acosta
para cuando los otros capítulos gracias
Andre
Hay contradicción. Primero habla del silencio en el despacho donde no se defendió de los golpes y luego de ella creyendo que no le hicieron nada
Yaya García: lo mejor de esta autora es que sus novelas están conectadas, y así se entera uno de la vida de los personajes secundarios.
por ejemplo la novela tropezando con el amor está vinculada con dinastía brekman, heredero enamorado y la nueva que es sediento de venganza🥰
total 1 replies
Susana Damiano
/Drool//Drool//Rose//Rose/
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