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Casada con un Mafioso

Casada con un Mafioso

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Matrimonio contratado / Mafia / Completas
Popularitas:1
Nilai: 5
nombre de autor: Autora Pandora

Oliver Santos solo quería salvar a su madre.

Con un diagnóstico de cáncer y sin dinero para el tratamiento, acepta la única opción que le queda: casarse con Gabriel Campos, el hombre misterioso y poderoso al que salvó una noche lluviosa en un callejón oscuro. Un matrimonio por contrato. Sin sentimientos. Sin complicaciones.

Pero Gabriel no es un hombre cualquiera.

Detrás de los trajes impecables, la mirada fría y los guardaespaldas, se esconde el líder de una de las organizaciones más temidas de la ciudad. Y ahora Oliver lleva su apellido.

Lo que comienza como un acuerdo calculado pronto se convierte en algo mucho más peligroso. Porque en el mundo de Gabriel, la lealtad se prueba con sangre, los enemigos no perdonan… y el corazón no obedece contratos.

Entre traiciones, tiroteos, secretos familiares y una atracción imposible de ignorar, Oliver descubrirá que la línea entre el deber y el deseo es mucho más delgada de lo que imaginaba.

¿Puede un matrimonio falso convertirse en el amor más real de su vida?

NovelToon tiene autorización de Autora Pandora para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15

La guerra comenzó en silencio.

No hubo anuncio oficial. Ninguna reunión dramática con discursos largos. Solo cambios sutiles.

Más hombres vigilando la casona.

Más autos rondando el vecindario.

Más armas distribuidas discretamente.

Oliver lo percibió todo.

Estaba sentado en el taller improvisado que Gabriel había mandado montar para él en una de las habitaciones de la casona. La luz de la tarde entraba por la ventana mientras ajustaba el dobladillo de un abrigo elegante, hecho a medida para el propio Gabriel.

Coser siempre lo ayudaba a pensar.

Pero últimamente, sus pensamientos estaban inquietos.

La invasión a la casa de sus hermanos aún resonaba en su mente. El sonido del disparo. La mirada asustada de Josh. El silencio pesado después.

Sabía que Gabriel estaba preparando algo.

Y eso lo preocupaba.

La puerta se abrió sin tocar.

—Aquí estás —dijo Gabriel, recargándose en el marco.

Vestía de negro, como siempre que había algo importante por resolver. Camisa de vestir abierta en el cuello, mangas dobladas hasta el antebrazo. La mirada azul parecía más oscura de lo normal.

Oliver levantó los ojos y lo analizó.

—Vas a salir.

No era una pregunta.

Gabriel arqueó una ceja.

—Te estás volviendo bueno para leer mis movimientos.

Oliver dejó la aguja sobre la mesa.

—Estás preparando una represalia.

Silencio.

Gabriel no lo confirmó.

Pero tampoco lo negó.

—Invadieron la casa de tu familia —dijo al fin—. Eso no puede quedar impune.

Oliver se levantó despacio.

—Lo sé.

Caminó hasta Gabriel, quedando a pocos centímetros de distancia.

—Pero no quiero que esto se convierta en una guerra abierta.

—Ya se convirtió —respondió Gabriel, firme.

La tensión entre ellos no era de conflicto emocional. Era preocupación. Era miedo disfrazado de control.

Oliver le tocó el brazo.

—No hagas nada que no puedas deshacer.

Gabriel le tomó la mano.

—Nunca lo hago.

Pero sus ojos decían otra cosa.

---

En el sótano de la casona, la atmósfera era diferente.

Hombres conversaban en voz baja. Armas eran revisadas. Mapas estaban esparcidos sobre una gran mesa de madera.

Andy observaba todo con expresión seria.

Cuando Oliver entró, algunas miradas se volvieron hacia él. Ya no con desconfianza.

Sino con respeto.

Había protegido a su familia solo.

Eso había corrido por la organización como fuego.

—Él no quiere que participes —comentó Andy, acercándose.

—Lo sé.

Oliver cruzó los brazos.

—Pero yo también soy parte de esto ahora.

Andy lo analizó por algunos segundos.

—No necesitas demostrarle nada a nadie.

—No se trata de demostrar —respondió él—. Se trata de estar preparado.

Ella suspiró.

—Estás cambiando.

Oliver esbozó una pequeña sonrisa.

—Todavía me gusta coser.

—No es de eso de lo que estoy hablando.

Antes de que la conversación pudiera continuar, Bella entró al lugar.

El silencio cayó de inmediato.

Estaba diferente.

Menos arrogante.

Más fría.

La suspensión había terminado algunos días antes, pero su estatus nunca volvió a ser el de antes. Muchos miembros ahora la veían como inestable.

Y ella lo sabía.

Sus ojos encontraron los de Oliver.

—Debes estar satisfecho —dijo, sin emoción.

Oliver mantuvo la postura relajada.

—¿Con qué?

—Con todo esto. —Gesticuló a su alrededor—. Conseguiste exactamente lo que querías.

Él inclinó levemente la cabeza.

—¿Y qué exactamente quería yo?

Bella dio un paso al frente.

—El lugar junto a él.

El ambiente se tensó.

Oliver le sostuvo la mirada.

—Yo nunca quise un lugar. Solo tomé una decisión.

—Una decisión conveniente —replicó ella.

Antes de que la discusión escalara, Gabriel entró al sótano.

Y el aire cambió.

Caminó hasta la mesa central, ignorando por completo a Bella.

—Tenemos información confirmada —anunció—. Se están reuniendo en el antiguo galpón del puerto.

Los hombres alrededor se pusieron atentos.

—Vamos a resolver esto hoy.

Bella enderezó la postura.

—Yo quiero ir.

El silencio fue inmediato.

Gabriel la miró.

—No.

La respuesta fue simple. Definitiva.

Ella apretó los puños.

—Puedo ayudar.

—No —repitió, sin elevar el tono.

Oliver observaba todo en silencio.

Bella giró la mirada hacia él.

Y en ese instante, percibió algo diferente.

No era solo rabia.

Era desesperación.

Ella lo estaba perdiendo todo.

Estatus.

Respeto.

Influencia.

Y sabía que ya no era prioridad.

Gabriel comenzó a distribuir órdenes.

Grupos. Estrategias. Rutas.

Oliver escuchaba atentamente.

Y cuando todos comenzaron a moverse, dio un paso al frente.

—Yo también voy.

Varios hombres se detuvieron.

Bella casi sonrió.

Gabriel se quedó inmóvil por un segundo.

—No.

—Sé disparar —rebatió Oliver—. Y ellos saben quién soy. Ya estoy involucrado.

Gabriel se acercó despacio.

—Esto no es un entrenamiento.

—Lo sé.

Los ojos verdes no se desviaron.

El silencio entre ellos era pesado.

Andy observaba, aprensiva.

Gabriel respiró hondo.

—Te quedas a mi lado. Todo el tiempo.

El corazón de Oliver se aceleró.

—De acuerdo.

Bella giró el rostro, frustrada.

---

El galpón del puerto estaba envuelto por la oscuridad de la noche.

El sonido distante de las olas golpeando contra el muelle se mezclaba con el ruido de pasos cautelosos.

Oliver sentía el peso del arma en la cintura.

Su cuerpo estaba alerta.

Pero su mente estaba extrañamente calmada.

Estaba al lado de Gabriel, como lo había prometido.

Cuando los primeros disparos comenzaron, el caos estalló.

Tiros.

Gritos.

Sonido de metal golpeando contra metal.

Oliver se agachó detrás de una pila de cajas, disparando cuando era necesario. Sus movimientos eran precisos. Controlados.

Gabriel peleaba con una frialdad casi aterradora.

Pero, en un momento específico, todo pareció desacelerarse.

Uno de los hombres de la mafia rival apareció por detrás de Gabriel, arma apuntada directamente hacia él.

Oliver lo vio antes que cualquier otro.

Su corazón se detuvo por un segundo.

—¡GABRIEL!

Se movió antes de pensar.

Disparó.

El hombre cayó.

Gabriel se giró de inmediato.

Los ojos azules encontraron los verdes.

Por un segundo, no había guerra.

Solo entendimiento.

Solo miedo disfrazado.

Solo algo que ya no podía ser ignorado.

La batalla terminó minutos después.

La mafia rival se replegó.

El galpón quedó en silencio.

Sirenas distantes resonaban a lo lejos.

Oliver tenía la respiración agitada.

Gabriel se acercó a él rápidamente.

—¿Estás herido?

—No.

Gabriel le sostuvo el rostro con firmeza, examinando cada detalle.

—Podrías haber muerto.

Oliver tragó saliva.

—Tú también.

El silencio entre ellos era intenso.

No había público ahora.

No había actuación.

Solo verdad.

Gabriel jaló a Oliver hacia él, en un abrazo fuerte e inesperado.

No fue elegante.

No fue calculado.

Fue instintivo.

Oliver se paralizó por medio segundo.

Después lo correspondió.

—Me salvaste —murmuró Gabriel, casi como si le costara admitirlo.

—Protegí lo que es mío —respondió Oliver, sin pensar.

Las palabras resonaron.

Y esta vez, ninguno de los dos fingió no haberlas escuchado.

Cuando se separaron, algo había cambiado.

Ya no era solo un contrato.

Ya no era solo una obligación.

Era una elección.

Bella observaba desde lejos.

Y por primera vez…

Ella entendió.

No estaba luchando contra un acuerdo.

Estaba luchando contra un sentimiento real.

Y eso era mucho más difícil de destruir.

Mientras el grupo dejaba el puerto, Gabriel mantuvo la mano discretamente en la cintura de Oliver, como si temiera que desapareciera.

—Cuando esto termine —dijo Gabriel, en voz baja— necesitamos hablar.

Oliver sintió el corazón acelerársele.

—¿Sobre qué?

Gabriel lo miró.

Sin máscara.

Sin frialdad.

—Sobre nosotros.

Y Oliver lo supo.

Las líneas estaban cruzadas.

Definitivamente.

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