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El Principe De La Oscuridad

El Principe De La Oscuridad

Status: En proceso
Genre:Fantasía épica / Edad media / Maldición
Popularitas:192
Nilai: 5
nombre de autor: Sara RA

fantacia urbana y drama psicológico

NovelToon tiene autorización de Sara RA para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 21: Macetas

Pasaron cuatro meses del mensaje.

Las mandarinas se comieron. Las semillas se plantaron. En macetas. Negras, de plástico, doce en total. Una por cada gajo que comieron ese día.

Felix las puso en fila contra la pared del living, donde daba el sol a la mañana. "Acá las veo", dijo. "Si pasa algo, las entro."

Las regaba él. Con regadera. Elías lo ayudaba, una maceta cada uno. Newt no tocaba las macetas. Las miraba desde lejos. Contaba: doce. Brotes: ocho. Las otras cuatro no agarraron. Felix las tiró sin decir nada, pero al otro día había cuatro macetas nuevas, con tierra nueva.

El jardín de afuera explotó. La Santa Rita tapó medio paredón. Los frutales dieron sombra de verdad. Elías jugaba entre los canteros. Cabrera le enseñó a hacer esquejes de romero. Newt bajaba todas las tardes. Descalzo, libro, banco de piedra. Pero el teléfono siempre en el bolsillo. Y los ojos yendo al portón cada cinco páginas.

No hubo más mensajes. No hubo más llamadas. No hubo nada.

Y eso era peor.

"El silencio es caro", dijo Newt una noche. Estaban los cuatro cenando. Viandas de Marta: guiso. "Muy caro. Significa que está gastando plata en otra cosa."

"Significa que está muerto, capaz", dijo Cabrera. "Y no nos enteramos."

"No", dijo Newt. "Si se muere, nos enteramos. Los buitres avisan cuando hay carroña."

Elías no preguntó qué eran los buitres. Ya sabía. Llevaba cuatro meses ahí. Dibujaba menos, leía más. Había empezado _La vuelta al mundo en 80 días_. Felix le explicó qué era una finta con un palo de escoba, en el jardín, a las seis de la tarde cuando no pasaba nadie. Solo finta. Sin fondo. Sin estocada. "Por ahora", dijo Felix.

Las macetas crecieron. De brote a plantita. Diez centímetros. Hojas verdes, duras. Eran mandarinos. Chiquitos. Nietos del de afuera.

Octubre. Calor otra vez. Elías cumplió 11 en septiembre. Lo festejaron con torta de Marta y una vela. Pidió un deseo y no lo dijo. Cabrera lloró un poco. Newt le regaló _La isla misteriosa_. Felix le regaló nada. Pero al otro día había una maceta número trece en la fila. Con tierra. "Para que plante él", dijo Felix. No miró a nadie.

Noviembre. Las plantitas tenían veinte centímetros. Felix las sacaba al patio de a ratos. "Que tomen sol de verdad". Las contaba cuando las entraba. Trece. Siempre trece.

27 de noviembre. Dos de la tarde.

Newt estaba en el banco de piedra. Leyendo. Elías al lado, dibujando el mandarino grande. Felix regando las macetas de adentro. Cabrera dormía la siesta.

Vibró el teléfono. En el bolsillo de Newt.

No era número desconocido. Era Martín, el jardinero mudo. Solo mandaba mensajes cuando Cabrera no estaba para traducir.

Newt abrió.

_"Se murió. El viejo. Ayer. Infarto. Lo entierran mañana. Dicen que no dejó testamento."_

Newt leyó tres veces. Guardó el teléfono. Cerró el libro. No hizo ruido. Pero Elías lo vio. Y Felix lo vio desde la ventana.

"¿Qué?", dijo Felix. Ya estaba adentro, ya estaba serio. Ya se había olvidado de las macetas.

Newt le pasó el teléfono. Felix leyó. Se lo devolvió.

Cabrera bajó, despertado por el silencio. Vio las caras. "¿Qué pasó?"

"Se murió", dijo Newt. Plano. "El tío. Ayer."

Cabrera se sentó de golpe. "Ah." No dijo "qué bueno" ni "por fin". Dijo "Ah." Porque sabía.

Elías cerró el Gloria. "¿Eso es bueno?"

"No", dijo Newt. No mintió. A Elías no se le mentía más. "Eso es peor. Ahora no hay nadie frenando a los otros. Y los otros me quieren a mí. O muerto. O pobre."

"¿Otros?", dijo Elías.

"Damián", dijo Newt. Lo nombró por primera vez en años. "Mi primo. Hijo del tío. Tiene mi edad. 22. El viejo le prometió la herencia toda la vida. 'Portate bien y es tuya'. Damián se portó bien. Robó, mintió, cagó gente por él. Y ahora el viejo se muere sin firmar nada. Y la herencia..."

"Es tuya", completó Cabrera. Amargo. "Por sangre. Sos el hijo de la hermana. Damián es solo sobrino. Si no hay papel, la ley dice que es tuya."

"Y Damián no cree en la ley", dijo Felix. No preguntaba. "Cree en la plata."

Newt asintió. "Cree en la plata. Y cree que yo se la robé. Aunque no la quiera. Aunque la odie. Es mía. Y él la quiere."

Se paró. Fue hasta la ventana. Miró el jardín. Hermoso. Lleno. Indefendible si venían en serio. Miró las trece macetas en la fila. Chiquitas. Adentro. Seguras.

"Damián no es el tío", dijo. "El tío amenazaba y esperaba. Damián va y hace. No manda mensajes. No llama. Toca timbre. O no toca. Entra."

Felix ya estaba revisando el portón con la vista. Calculando. "Cerramos todo. No sale nadie. El pibe no va más al jardín solo. Las macetas no salen más. Se quedan adentro."

Elías no lloró. No hizo escándalo. Agarró su Gloria y su lápiz. "¿Puedo seguir dibujando?", preguntó. "Adentro. En la mesa."

"Sí", dijo Cabrera. Le temblaba la voz pero no las manos. "Adentro dibujás todo lo que quieras."

Newt se guardó el teléfono. Miró a los tres. Cabrera viejo, Felix duro, Elías chico con un lápiz. Y trece mandarinos de veinte centímetros que no iban a dar fruta en cinco años.

"La tensión volvió", dijo. No era novedad. Era parte. "No se fue nunca. Estaba esperando. Ahora está acá."

Esa noche no durmió nadie. Felix hizo ronda cada hora. Newt se sentó en la escalera con el bate de Felix al lado. Cabrera rezó, por primera vez en años. Elías durmió en el cuarto de huéspedes, pero dejó la puerta abierta y la luz del pasillo prendida.

Las sombras volvieron del sótano. Se pegaron al techo. _Vino. El otro. El primo. Este no amenaza. Este hace. Nosotras vimos al primo una vez. Hace diez años. No nos gustó. Tenía los ojos muertos. Como nosotras, pero peor._

Las trece macetas siguieron en la fila. Nadie las regó ese día. Felix se olvidó. Al otro día las regó el doble, como pidiendo perdón.

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peranauta
esto es de lo mejorcito que he leído por acá
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