Cuando sanar a otros es fácil, pero elegir el amor correcto no lo es.
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Capítulo 14
Adrián se siente feliz de saber qué tiene una oportunidad para conquistar a Elena. Sin embargo, hay algo que empaña esa felicidad, está relacionado con su salida del hospital años atrás.
Ha dedicado mucho tiempo a tratar de averiguar qué fue lo que verdaderamente sucedió sin éxito. En aquel entonces se vio obligado a separarse de su cargo y volver a España.
Se encuentra con su amigo Luis para comer. Han sido días de mucho trabajo para ambos y ha resultado difícil coincidir.
- Por lo visto las cosas van viento en popa con Elena.
- Aceptó darme una oportunidad y te aseguro que no pienso desperdiciarla. Aunque su ex será un problema.
Le cuenta lo sucedido durante la cena en el apartamento de Elena y lo del día siguiente en el jardín del arte.
- Ese tipo siempre me pareció demasiado arrogante.
- Sin duda lo es. Piensa que Elena es de su propiedad.
- Después de tantos años juntos, seguro dio por sentado qué ella jamás lo dejaría. No está por demás qué te mantengas alerta, un hombre así es capaz de cualquier cosa.
- Lo haré, no te preocupes.
- Si comienzan una relación, en algún momento deberán hablar del pasado. Y con "pasado", sabes bien a qué me refiero.
- Ese tema prefiero dejarlo en el lugar al que pertenece.
- Sabes que la verdad siempre sale a la luz.
- Tú lo has dicho, la verdad y en ese asunto hay de todo, menos verdades.
Si llego a descubrir lo que verdaderamente sucedió, lo hablaré con ella.
Luis no comparte la misma opinión que su amigo; sin embargo, prefiere respetar su decisión.
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Los días transcurren con la normalidad habitual en la vida de dos médicos. Entre cirugías, consultas y emergencias, Adrián y Elena han encontrado el tiempo para estar juntos.
Hoy, un grave accidente entre dos autobuses, ha convertido al hospital en algo similar a una zona de guerra. El área de emergencias se vio colapsada y debieron trasladar pacientes a otros hospitales.
Elena no ha tenido un minuto de descanso. Adrián gestiona traslados y organiza lo mejor posible a los médicos a su cargo.
Apenas tienen tiempo para comer una rebanada de pizza junto al mostrador de Urgencias. Lentamente, la calma regresa. Los pacientes que requerían atención urgente han sido atendidos y los médicos confíen que se recuperarán favorablemente.
Es hora del cambio de turno. Elena y los demás compañeros que laboraron durante el día, por fin pueden ir a sus casas a descansar. Cada uno de ellos siente la satisfacción de haber cumplido con su trabajo.
La lluvia cae suave sobre la ciudad. No era una tormenta. Era ese tipo de lluvia que acompaña… como si supiera que algo importante está por suceder.
Elena salió del hospital más tarde de lo habitual. Antes de marcharse quiso pasar a ver a sus pacientes. Se siente cansada… pero distinta. Había días que pesaban y días que cambiaban algo por dentro. Este era uno de esos.
Adrián la esperaba afuera, sin prisa. Sin presión, solo ahí, esperando pacientemente.
- Pensé que ya te habías ido- dijo ella, acomodándose el cabello ligeramente húmedo.
- No hoy- respondió él.
Una respuesta simple, pero suficiente para hacerla sonreír. Caminaron sin rumbo fijo. Las calles brillaban por la lluvia, reflejando luces como pequeños latidos de la ciudad.
El aroma en el aire, a tierra mojada, invade sus sentidos, aporta calma y serenidad.
Por un momento… no eran médicos. No había pacientes. No había pasado. Solo dos personas aprendiendo a estar en el mismo espacio y disfrutando de él.
- Elena…- dijo Adrián, deteniéndose.
Su tono cambió. Más serio. Más honesto. Ella lo miró. Y supo que algo venía.
- No soy perfecto- empezó él- Mi pasado tampoco lo es. No pretendo fingir lo que ko soy.
Hizo una pausa. No por duda. Por cautela.
- Pero contigo… todo se siente claro.
Elena sintió ese pequeño salto en el pecho. Ese que no se controla. Ese qué te avisa que algo importante está por suceder.
- No quiero ser una distracción en tu vida- continuó él- Quiero ser alguien que se quede… de verdad. Que te acompañe por el resto de los días. Alguien en quien puedas confiar, pero sobre todo y no menos importante, alguien con quien puedas planear una vida.
El mundo pareció quedarse en pausa.
Solo un segundo. Pero suficiente.
- ¿Quieres ser mi novia?- preguntó al fin.
No hubo grandes discursos. Ni promesas exageradas. Solo verdad. La verdad que proviene de un corazón sincero, dispuesto a entregarse por completo.
Elena no respondió de inmediato. No porque dudara… Sino porque quería sentir ese momento en su totalidad, disfrutarlo. Y entonces sonrió. Fue una de esas sonrisas que no se planean.
- Sí- dijo. Suave, pero firme. Convencida de su respuesta.
Adrián soltó una pequeña risa… casi incrédula. Como si necesitara escucharla otra vez.
- Sí- repitió ella, acercándose un poco más.
El primer beso no fue urgente. Fue lento. Cálido. Como si ambos entendieran que no había prisa… porque estaban justo donde debían estar.
La lluvia seguía cayendo. Pero ya no importaba. En ese momento eran solo ellos dos y ese sentimiento que comenzaba a crecer.
Ya no importaba el cansancio, ni la lluvia. Que seguía cayendo suavemente. Se quedaron ahí por un tiempo indefinido. Hasta que, tomados de la mano caminaron hasta el complejo de apartamentos.
Más tarde, en el apartamento de Elena, el silencio era distinto. No incómodo. No tenso. Era ese silencio que invita a quedarse.
Las miradas hablaban más que las palabras. Cada gesto… más cercano que el anterior. Adrián rozó su mejilla con cuidado. Como si aún preguntara, incluso después del “sí”.
Elena no se apartó. Al contrario… Se acercó. El espacio entre ellos desapareció. Dando paso a los besos.
Besos se volvieron más profundos. Más sinceros.
No había prisa… pero sí deseo. De ese que no se trata solo de piel. Sino de todo lo que habían callado… encontrando salida al mismo tiempo.
Sus manos se encontraron. Exploraron sus cuerpos con suavidad. Como si ambos quisieran memorizar ese momento. La ropa comenzó a caer, él dedicó unos segundos a observar el cuerpo femenino con deleite.
Elena tampoco pudo ni quiso desviar la mirada. Deseaba admirar el cuerpo de Adrián. Ella lo llevó hasta su recámara y ahí comenzó a besarlo de nuevo.
La noche avanzó lenta. Entre risas bajas. Entre susurros. Entre pausas que no necesitaban explicación. A momentos, la pasión se desbordaba. Los besos y las caricias se volvían más intensos.
Frases entrecortadas. Respiración agitada y sus corazones latiendo tan fuerte que amenazan con salir de su pecho.
Elena disfruta de cada beso. De cada caricia. Se entrega en cuerpo y alma a Adrián. Sin reservas. Sin temor y lo siente entregarse de la misma manera. Sus cuerpos parecen reconocerse, encajan a la perfección.
Sensaciones que llevaban años dormidas, despiertan. Ambos deseaban este encuentro y los sonidos que inundan la habitación lo demuestran.
No fue solo pasión. Fue conexión. Fue ese tipo de cercanía que no se puede fingir… porque nace de todo lo que ya vivieron antes.
Horas después, el mundo está en calma. La lluvia ha cesado. Elena descansa con la cabeza sobre el pecho de Adrián. Escuchando su latido. Constante. Ritmico. Real.
-¿Sabes?- murmura ella, medio dormida- Tu corazón suena bien.
Adrián sonríe y acaricia su mejilla con ternura.
- El tuyo también.
Y por primera vez en mucho tiempo…
Elena no piensa en el pasado. No duda del futuro. Solo se concentra en ese momento. El momento en el que todo cambió.
Sigue creyendo que el chicharrón es carne.
¿Qué se encontró?
Espero que sea su hermana o su mamá teniendo sexo en la sala, y Germán ausente a todo.
(paso en falso del teclado)
😠😠😠
🤭🤭🤭
Una buena pregunta acá es, ¿Quién sería el padre? Porque para que se forme un bebé se necesitan un óvulo, el de ella, y un espermatozoide, el de... ¿?
😏😏😏