Mi vida nunca fue mía. Primero fueron los golpes de mi padre y sus gritos recordándome que no valía nada, hasta que finalmente decidió ponerme un precio. Me vendió como si fuera un objeto para pagar su maldita deuda.
Ahora mi dueño es Dante.
Él es frío, letal y no tiene piedad con nadie, pero me necesita para llevar las cuentas de su imperio. Pensé que pasaría de un infierno a otro, pero en sus ojos oscuros encuentro algo que nunca conocí. Ahora estoy atrapada entre los números de la mafia y el deseo por el hombre que me compró.
¿Se puede amar a quien te posee?
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Capítulo 14: El Despertar de la Seda
POV: Alessia
Por primera vez en mi vida, tengo dinero que me pertenece. Dante depositó mi primer sueldo como "consultora financiera" en una cuenta a mi nombre, y ver esa cifra —fruto de mis noches en vela sobre los libros de Catania— me dio una sensación de libertad que ningún pasaporte falso de Enzo podría igualar.
—Quiero salir —le dije a Dante esta mañana—. Sola. O al menos, sin que me sostengas la mano.
Él aceptó, aunque con la mandíbula tensa y enviando a cuatro de sus mejores guardias para que me siguieran a una distancia "discreta".
Ahora estoy en el salón de belleza más exclusivo de Palermo. El olor a laca, aceites esenciales y flores frescas es embriagador. Me dejo mimar. Una mujer experta diseña mis cejas con una precisión que me hace sentir como una obra de arte. Me hacen un lash lifting que abre mi mirada, dándole a mis ojos una profundidad que no sabía que tenían. Me aplican tratamientos de keratina que doman mi cabello, dejándolo como una cascada de seda oscura que brilla bajo las luces del salón.
Me miro al espejo y, por primera vez, no busco moratones. No busco el rastro del miedo. Veo a una mujer de veintidós años que es dueña de su cuerpo. Me pongo un vestido de satén color perla que compré en el camino, uno que se abraza a mis curvas con una delicadeza peligrosa. No hay nada más satisfactorio que darse los gustos con el fruto de nuestro trabajo.
POV: Dante
Han pasado tres horas. Tres horas desde que Alessia salió de la villa. Mis hombres me reportan cada diez minutos: "Sigue en el salón, Don Dante", "Está comprando zapatos, Don Dante". Pero la espera me está matando. El silencio de la casa sin su tecleo constante me resulta insoportable.
Finalmente, decido que ya es suficiente "libertad" por hoy. Tomo las llaves de mi Maserati y conduzco hasta el centro de Palermo. Llego al salón justo cuando ella sale a la acera.
Me bajo del coche y me quedo paralizado. El aire se me escapa de los pulmones como si alguien me hubiera golpeado en el plexo solar.
Alessia camina con una confianza que nunca le había visto. Su cabello brilla bajo el sol siciliano, sus ojos están enmarcados por unas pestañas infinitas y su piel se ve radiante, casi luminosa. El vestido perla resalta cada centímetro de su figura, y cuando el viento mueve la tela, parece que está envuelta en luz.
Es... irreal. Es la mujer más hermosa que he visto en mi vida, y es mía.— Ay Alessia, me vas a matar de un infarto—. Susurro a lo bajo , para que no me escuche.
Pero mi admiración se convierte rápidamente en una furia sorda cuando me doy de cuenta de que no soy el único que la está mirando. Mis propios guardias, esos hombres que se supone que deben vigilar las amenazas, tienen los ojos clavados en ella con una mezcla de sorpresa y deseo evidente. Veo a un hombre que pasa por la acera detenerse por completo para verla pasar.
Siento que la sangre me hierve. La posesividad, ese monstruo oscuro que siempre vive en mi pecho y que a veces intento reprimir, ruge con fuerza.
Camino hacia ella a pasos largos. Los guardias se cuadran al instante cuando ven mi expresión, bajando la cabeza con miedo. Me detengo frente a ella, bloqueando la vista de cualquier otro hombre en la calle.
—Ya vas tarde —digo, y mi voz suena más ronca y agresiva de lo que pretendía.
POV: Alessia
Dante está aquí. Se ve imponente con su traje negro, pero sus ojos están oscuros, cargados de una tormenta que reconozco bien: celos. Me mira como si quisiera envolverme en su chaqueta y esconderme del resto del mundo.
—Me estaba mimando, Dante —respondo con una sonrisa tranquila, disfrutando por primera vez de mi poder sobre él—. ¿No te gusta el resultado?—Pregunto con una leve picardía.
Me acerco un paso, invadiendo su espacio. El olor a su perfume me envuelve, pero no retrocedo. Noto cómo su mirada viaja por mis labios, por mi cuello, y cómo sus manos se cierran en puños a sus costados para no tocarme en público.
—Estás... —se detiene, tragando saliva. Sus ojos viajan hacia un grupo de hombres que susurran a pocos metros—. Estás demasiado expuesta. Vámonos. Ahora.
Me toma del brazo con firmeza, pero no con violencia. Es un gesto de propiedad absoluta. Me guía hacia el coche, lanzándole una mirada de muerte a sus propios guardias, que casi tropiezan entre ellos para abrirnos paso.
POV: Dante
La ayudo a subir al asiento del copiloto, asegurándome de que nadie vea sus piernas cuando se acomoda. Cierro la puerta con un golpe seco y me rodeo el coche para subir yo.
Arranco el motor con un rugido. El silencio dentro del Maserati es espeso, cargado de una tensión eléctrica. No puedo dejar de mirarla por el rabillo del ojo. La forma en que se ha arreglado, la manera en que huele... es una tortura voluntaria.
—¿Por qué me miras así? —pregunta ella, con un tono casi divertido.
—Porque si no estuviéramos en medio de Palermo, te juro que te llevaría a la suite ahora mismo y no saldríamos de allí en tres días —suelto, sin filtros—. No me gusta que te miren, Alessia. No me gusta que esos imbéciles crean que tienen derecho a admirar lo que me pertenece.
POV: Alessia
Su confesión me acelera el corazón. No es el miedo de antes; es una chispa de adrenalina, un juego de poder que me hace sentir viva.
—Pagué por esto con mi propio sueldo, Dante —le recuerdo, recostándome en el asiento de cuero—. No soy una estatua en tu vitrina. Soy una mujer. Y si voy a trabajar para la organización más poderosa de Sicilia, tengo que lucir como si fuera parte de ella, ¿no crees?
Dante aprieta el volante hasta que el cuero cruje. Se detiene en un semáforo en rojo y se gira hacia mí. Su mano se mueve rápido, atrapando un mechón de mi cabello de seda y enredándolo en sus dedos.
—No eres parte de la organización —susurra, inclinándose hacia mí hasta que su aliento calienta mi mejilla—. Eres el corazón de mi mundo. Y a partir de mañana, si quieres salir, lo harás conmigo. No voy a permitir que mis hombres se distraigan con tu belleza cuando su único trabajo es mantenerte viva.
Me mira con una mezcla de adoración y posesión que me deja sin aliento. Por un momento, olvido los contratos, olvido a Enzo y olvido el pasado. Solo existimos nosotros dos, en un coche de lujo, rodeados de una atracción que es más peligrosa que cualquier bala.
Llegamos a la villa y el sol empieza a ponerse. Dante me ayuda a bajar, manteniendo su mano en mi cintura de forma protectora mientras caminamos hacia la entrada.
—Esta noche cenaremos solos en el balcón —dice, y su voz tiene una promesa que me hace temblar—. Sin informes, sin balances y sin interrupciones. Solo tú y yo.
Asiento, sintiéndome como una verdadera reina por primera vez. Pero mientras entramos, noto una sombra en la esquina del jardín. Es uno de los hombres de Marcello, hablando por teléfono y mirándonos con disimulo. La paz de este día ha sido hermosa, pero sé que el precio por lucir como una reina es que ahora todos los enemigos de Dante saben exactamente dónde golpear para destruirlo.