Un amor roto por mentiras renace entre el deseo y el rencor. Aura regresa con un secreto que lo cambia todo: un hijo. Mauricio nunca dejó de amarla, pero el engaño los separó. Entre pasiones, verdades ocultas y una rival obsesiva, el destino los enfrentará nuevamente.
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Capítulo 4: Lo que aún nos une
La luz tenue de la lámpara bañaba la habitación en un tono cálido y tranquilo.
—¿Un cuento más, mami? —pidió Christopher, abrazando su peluche favorito.
Aura sonrió con ternura.
—Solo uno más… y a dormir, ¿sí?
—Sí… —respondió él, acomodándose.
Aura comenzó a leer con voz suave. Poco a poco, la respiración del pequeño se hizo más lenta… más profunda… hasta que finalmente se quedó dormido.
Cerró el libro con cuidado.
Se inclinó y besó su frente.
—Buenas noches, mi amor.
Se quedó unos segundos observándolo. Esa paz… esa inocencia… era lo único que lograba sostenerla cuando todo lo demás tambaleaba.
Luego salió en silencio y cerró la puerta con cuidado.
Tomó su teléfono.
Notificaciones.
Grupo: “Las de siempre 💕”
Camila: “¿Sigues viva o ya te perdiste en ese país extranjero?”
Daniela: “Digan hora y me conecto, Richard ya está dormido 🙏”
Aura sonrió levemente.
Aura: “Estoy aquí… ¿videollamada?”
No tardaron.
—¡Mira quién aparece! —exclamó Camila apenas la conexión se estabilizó—. La desaparecida internacional.
Aura soltó una risa suave.
—Exagerada…
—No, realista —intervino Daniela con una sonrisa cálida—. ¿Cuándo piensas venir a visitarnos? Ya es demasiado tiempo.
Ahí estaba.
La pregunta que siempre evitaba.
Aura apoyó el teléfono con cuidado, buscando una postura cómoda.
—Pronto… —respondió—. Estoy organizándome con el trabajo.
Camila rodó los ojos.
—Eso lo dices desde hace años.
—Lo sé… —murmuró Aura.
—Te extrañamos, Aura —añadió Daniela con suavidad—. No es lo mismo sin ti aquí.
Un pequeño silencio se coló entre ellas.
Aura sintió un nudo en el pecho.
—Yo también las extraño.
—Entonces ven —insistió Camila—. Un fin de semana, una semana, lo que sea… pero ven.
Aura dudó.
Siempre dudaba.
—Quizás...
Daniela la observó con atención.
—¿Todo bien allá?
Aura asintió rápidamente.
—Sí… el trabajo es exigente, pero me ha ido bien.
—Eso es bueno —respondió Daniela—. Tú siempre has sido la mejor en lo que haces.
—Claro —añadió Camila—. Aunque te hayas vuelto una adulta aburrida.
—Gracias por tanto apoyo emocional —bromeó Aura.
Las tres rieron.
Y por un momento…
Todo se sintió como antes.
—Hoy Richard decidió que una cuchara era un avión —comentó Daniela—. Terminamos con comida en el techo.
Camila soltó una carcajada.
—Ese niño es oficialmente mi persona favorita.
—Es un caos —dijo Daniela con cariño—. Pero es nuestro caos.
Aura sonrió al escucharla.
Había algo en la forma en que Daniela hablaba… en su vida… en su familia… que le provocaba una mezcla de ternura y nostalgia.
—¿Y Ricardo? —preguntó Aura.
—Trabajando —respondió Daniela—. Llegará tarde hoy.
Camila hizo un gesto dramático.
—Hombre responsable… qué tragedia.
—Tú no quieres uno responsable —le recordó Daniela.
—Quiero uno que no me irrite —respondió ella.
—Eso no existe —añadió Aura.
Las tres volvieron a reír.
Pero por dentro…
Aura sintió ese vacío otra vez.
Ese “qué habría sido si…”
Lo apartó.
Como siempre.
—De verdad, tienes que venir —insistió Daniela—. Podemos hacer algo tranquilo… ponernos al día.
Aura tragó saliva.
—Sí… me hace falta eso.
Y le hacía falta.
Más de lo que podía decir.
La conversación siguió entre risas, historias y recuerdos.
Sin tocar lo prohibido.
Sin abrir heridas.
Era un acuerdo silencioso.
Porque había cosas…
que aún dolían demasiado.
Después de un rato, Daniela suspiró.
—Me voy antes de que el pequeño se despierte.
—Salúdame a mi sobrino adoptivo —dijo Camila.
Daniela sonrió.
—Lo haré. Y tú… piensa en lo que dijiste. Te esperamos.
—Lo haré.
La llamada se redujo a dos.
Camila y Aura.
El ambiente cambió un poco.
—Oye… —dijo Camila, mirándola con más detenimiento—. ¿De verdad estás bien allá?
Aura sostuvo su mirada.
Quiso decir todo.
Pero no.
—Sí.
Camila no pareció convencida del todo.
—Más te vale… porque si no, voy, averiguo dónde estás y te secuestro.
Aura sonrió.
—Lo tendré en cuenta.
—Descansa.
—Tú también.
La llamada terminó.
Aura dejó el teléfono a un lado.
Pensando.
—Tengo que volver… —susurró para sí misma.
—Pero aún no… —murmuró.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Daniela y Ricardo...
Ricardo cerró la puerta con el hombro, soltando un suspiro pesado mientras se aflojaba la corbata con una mano. Su cabello ligeramente desordenado y el cansancio marcado en su rostro delataban lo largo que había sido su día.
—Día largo… —comentó Daniela desde el sofá, observándolo con una sonrisa suave, casi cómplice.
Ricardo alzó la mirada hacia ella, y en sus ojos apareció algo distinto al cansancio.
—Sí… —respondió, caminando hacia ella sin quitarle la vista de encima—. Me vendría bien tenerte encima de mí.
Daniela arqueó una ceja, divertida.
—¿Ah, sí?
No le dio tiempo a decir más.
Se levantó de un movimiento rápido, lo empujó suavemente… y Ricardo cayó sobre el sofá con una risa baja que se le quedó a medio camino cuando ella se acomodó a horcajadas sobre él.
Sus miradas se encontraron.
—Dani… —murmuró él, deslizando las manos por su cintura—. ¿Cuándo te casarás conmigo?
Daniela lo observó unos segundos, sin apartarse, sin perder esa cercanía.
Sus dedos jugaron con el cuello de su camisa, acomodándolo.
—Estamos bien así… ¿no? —respondió con suavidad—. No hace falta un papel para saber que nos pertenecemos… y que nos amamos.
Ricardo sonrió levemente.
—Te amo —susurró, mirándola con una intensidad tranquila, real—. ¿Richard está dormido?.
Daniela asintió apenas, sus labios curvándose en una sonrisa suave.
—Sí…
Ricardo inclinó ligeramente el rostro, acercándose más.
—¿Qué esperas…? —murmuró, rozando apenas sus labios—. ¿Para besarme?
Daniela no respondió con palabras.
Solo acortó la distancia.
Y lo besó.
Un beso lento… que comenzó suave, casi inocente, pero que poco a poco fue cargándose de todo lo que habían contenido durante el día.
Daniela se separó apenas unos centímetros, lo suficiente para mirarlo a los ojos.
—¿Cómo te fue en el trabajo?
Ricardo dejó caer la cabeza contra el respaldo del sofá, exhalando.
—Estresante… —murmuró, deslizando sus manos por la espalda de ella—. Mauricio está insoportable.
Daniela hizo una mueca leve.
—Hoy hablé con Aura.
El nombre quedó suspendido en el aire.
Ricardo asintió apenas, sin profundizar.
—Me alegra que sigan en contacto.
Y no dijeron más.
Daniela bajó la mirada por un instante, luego volvió a él, cambiando el ambiente con una pequeña sonrisa.
—¿Sabes qué creo?
—¿Qué? —preguntó Ricardo, observándola con atención.
Ella se inclinó un poco más, rozando sus labios con los suyos.
—Que necesitas relajarte…
Ricardo sonrió, entendiendo perfectamente.
—Eso suena como un buen plan.
—Entonces ven —susurró Daniela, bajándose de él y tomándolo de la mano—. Vamos arriba… y te acompaño en la ducha.
No hubo necesidad de insistir.
Ricardo se levantó con rapidez, entrelazando sus dedos con los de ella.
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Ya en la habitación, Daniela se giró hacia él.
Sus manos subieron lentamente por su pecho, deshaciendo con calma el nudo de la corbata que él había dejado a medias.
—Siempre sabes lo que necesito… —murmuró él.
—Porque te conozco —respondió ella suavemente.
El vapor comenzó a llenar el baño cuando abrieron la ducha.
El sonido del agua cayendo creó un refugio íntimo, aislado del resto del mundo.
Ricardo cerró los ojos un instante, rodeándola con sus brazos.
El resto quedó en caricias, en risas bajas, en besos que no necesitaban prisa.
Un momento compartido.
Donde el amor hablaba sin necesidad de palabras.
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Richard Bustamante Suárez (2 años).
perp cuando veas la realidad haber si vas a llorar y rogar para pedir perdón hombre...
ya deja de comportarte como niño y aprende a ser hombre ..e investiga qué fue lo que paso en realidad porque esa silvana e una culebra ponsoñosa ...