Isabella Mondragón es una joven que, en su primera vida, crece sin el cariño suficiente de su padre y se enamora de un duque joven y atento. Por descuido y traiciones en la corte, su vida termina trágicamente; su padre, desesperado, usa un hechizo prohibido para retroceder en el tiempo y tratar de salvarla, pagando un precio alto por ese poder. Gracias a ese retroceso, Isabella vuelve nueve años atrás: recupera una edad distinta y la oportunidad de rehacer su destino sin que todos sepan lo ocurrido en su anterior vida.....
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Capítulo 13
Isabella y Mateo reflexionan sobre el futuro del imperio.
La capital del Imperio del Trébol, usualmente vibrante y ruidosa, se encontraba sumida en una calma extraña. Las calles de piedra estaban despejadas, pero el aire aún conservaba ese aroma a humo de victoria y a incienso de funeral. Isabella Mondragón caminaba por los jardines suspendidos del palacio imperial, el lugar donde, en su vida pasada, había escuchado por última vez el sonido de las cadenas antes de ser llevada al cadalso. Sin embargo, esta vez no había cadenas. Solo estaba el peso de una corona de flores que los ciudadanos le habían entregado al pasar.
A su lado, Mateo BlackRaven caminaba en silencio, manteniendo una distancia respetuosa pero protectora. Sus armaduras de gala, aunque pulidas, no podían ocultar las cicatrices recientes que ambos llevaban en el alma.
—¿Sientes que algo ha cambiado realmente, Mateo? —preguntó Isabella, deteniéndose frente a una estatua de mármol que representaba al primer Emperador. La luz del atardecer bañaba su rostro, resaltando la fatiga en sus ojos—. El Norte ha sido derrotado, los Segadores han muerto, y el pueblo grita mi nombre. Pero cuando entro en la sala del trono, el aire sigue oliendo a la misma ambición que me mató la primera vez.
Mateo suspiró, recostándose contra una columna.
—El imperio es una bestia vieja, Isabella. No cambia solo porque hayamos ganado una batalla. Pero tú... tú has cambiado la percepción del poder. Ya no te ven como la hija de un duque que debe ser casada por conveniencia. Te ven como la salvadora. El Emperador Mario tiene miedo, y ese miedo es nuestra mejor herramienta.
Isabella se giró hacia él, sus ojos brillando con una chispa de Rayos que aún no se disipaba del todo.
—No quiero gobernar a través del miedo, Mateo. Ya vi a dónde lleva eso. Mario Cylrus sacrificó a mi madre para mantener su estabilidad. Permitió que el Duque Melgarejo jugara con la vida de los soldados solo para mantener sus alianzas políticas. Si este es el "nuevo comienzo" que nos prometieron, me parece una burla para todos los que quedaron enterrados en el Paso de los Lamentos.
—Entonces no aceptes su versión del comienzo —respondió Mateo con voz firme, acortando la distancia entre ellos—. Crea la tuya. Tienes el apoyo de los BlackRaven, tienes el amor del pueblo y, sobre todo, tienes una magia que ningún decreto imperial puede anular.
Isabella bajó la mirada, jugueteando con el anillo de los Mondragón en su dedo.
—En mi otra vida, cuando la guillotina bajó, mi último pensamiento fue que ojalá hubiera tenido más tiempo para entender a mi padre, para amar a alguien... para vivir sin miedo. Ahora que tengo ese tiempo, me aterra desperdiciarlo en intrigas palaciegas.
Mateo tomó su mano, entrelazando sus dedos con los de ella. Su piel estaba tibia y áspera por el entrenamiento, un ancla de realidad en medio de tanto caos.
—No lo desperdiciarás. Porque esta vez no estás sola. Yo no soy solo el heredero de Bladimir; soy el hombre que caminará a tu lado hacia cualquier infierno que decidas reformar. Si el Emperador quiere una corte llena de mentiras, nosotros construiremos una ciudad basada en la verdad.
Isabella sintió que un nudo se deshacía en su garganta. El dolor por los amigos perdidos, como Héctor y Hugo, seguía ahí, pero la soledad absoluta que había marcado su primera existencia se había evaporado.
—Mañana el consejo exigirá que tome mi lugar como líder de la corte en lugar de mi padre. Querrán que firme sentencias, que redistribuya tierras, que castigue a los supervivientes del Norte.
—Y tú harás lo que Isabella Mondragón hace mejor —dijo Mateo con una sonrisa suave—. Desafiar las expectativas. No castigues a los campesinos del Norte por los pecados de sus reyes. Enséñales que el Trébol puede proteger en lugar de solo conquistar.
Se quedaron allí mucho tiempo, observando cómo las primeras estrellas aparecían en el cielo. La conversación derivó hacia temas más profundos: la necesidad de escuelas de magia que no discriminaran por linaje, la reforma del sistema de salud que María y Ximena estaban tratando de implementar, y la protección de los niños como Vladislav, que merecían un mundo donde el honor no se midiera en litros de sangre.
—Es una tarea de décadas, Mateo —susurró ella, apoyando su cabeza en el hombro de él.
—Entonces es bueno que seamos jóvenes —respondió él, besando su frente—. Tenemos toda una vida por delante.
Se comprometen a trabajar juntos por la paz duradera.
En ese momento, bajo el firmamento estrellado, hicieron un pacto silencioso. No era un contrato firmado con sangre, sino una promesa nacida de la supervivencia y el amor. No permitirían que la historia se repitiera. Isabella usaría su poder no como una espada, sino como un escudo para los oprimidos, y Mateo sería la mano que la sostendría cuando el peso del deber se volviera insoportable. El "Nuevo Comienzo" no era un regalo del Emperador, sino una conquista que ambos estaban dispuestos a defender hasta su último aliento.