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Entre Marea Y Silencio

Entre Marea Y Silencio

Status: Terminada
Genre:Romance / Reencuentro / Completas
Popularitas:925
Nilai: 5
nombre de autor: Orozco

ella es bióloga marina volviendo a su pueblo costero para salvar el arrecife. el es el hijo del empresario que quiere construir el resort que lo destruiría. se odiaban en el colegio.diez años después la química no se fue

NovelToon tiene autorización de Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

la oferta

La carta llegó un martes a las 10:15 AM, doblada en tres y metida en un sobre manila sin remitente.

Logo de _Bahía Dorada Resort_ en la esquina superior izquierda.

Asunto: _Propuesta de Alianza Estratégica para el Desarrollo Ecoturístico de Punta Negra_.

Marina la leyó dos veces en el laboratorio antes de decir nada.

2 millones de dólares.

Pago único.

A cambio, _Bahía Dorada_ obtenía los derechos de gestión ecoturística por 15 años. Ellos ponían el marketing, los barcos, los guías. Ella y el equipo local serían “asesores científicos”.

Traducción: nos compran la idea, nos sacan del camino, y en dos años el arrecife es un parque acuático con música a todo volumen.

La reunión de emergencia fue en la cabaña de Isla Negra a las 6 PM.

Estaban los 12 buzos, tres pescadores de la cooperativa, Diego, Mateo y ella.

“Si aceptamos, tenemos dinero para terminar la restauración en un año”, dijo Diego. “Si decimos que no, seguimos pidiendo limosna a la SEMARNAT y rezando para que no llegue otro huracán”.

“Y en dos años esto es Cancún versión 2.0”, respondió Marina, tirando la carta sobre la mesa. “Sin boyas, sin monitoreo, sin tortugas”.

“Entonces votamos”, dijo Mateo. “Pero votamos todos. Esto no es solo tuyo, Marina”.

Votaron.

14 en contra. 1 abstención.

La abstención fue de don Ernesto, 61 años, que dijo: “Yo solo quiero que mis nietos puedan pescar aquí. Hagan lo que tengan que hacer”.

Marina redactó el rechazo esa misma noche. Una página. Sin insultos. Sin amenazas. Solo datos: tasa de recuperación del coral, número de especies registradas, plan de manejo comunitario.

Al final puso: _Punta Negra no está en venta. Está en recuperación_.

La respuesta de _Bahía Dorada_ llegó 48 horas después.

Subieron la oferta a 3.5 millones.

Y añadieron una cláusula: si en 6 meses el proyecto no generaba 50 empleos directos, ellos podían rescindir el acuerdo y quedarse con la infraestructura.

“Quieren que fracasemos para comprarnos barato”, dijo Mateo.

“Y lo van a lograr si nos dividimos”, respondió Marina.

La división llegó por la noche.

Dos de los buzos renunciaron. Uno de ellos, Jorge, era el hermano de don Ernesto.

“Mi vieja está enferma”, dijo sin mirarla a los ojos. “Me ofrecieron 15 mil pesos al mes. Yo no puedo decir que no”.

Marina no lo detuvo.

“Cuando quieras volver, la puerta está abierta. Pero sin boicot. Sin cortar boyas”.

Jorge asintió y se fue.

Se quedó con 10 buzos. Y con el miedo de que fueran los últimos.

---

Mateo no durmió esa noche.

A las 3 AM entró al cuarto donde Marina revisaba datos.

Tenía la carta de Queensland en la mano.

“Acepté”, dijo sin rodeos.

Ella levantó la vista.

“¿Cuándo te vas?”

“Febrero. Tengo que estar allá el 12”.

“Son dos años”.

“Lo sé”. Se sentó en el borde de la mesa. “Pero si me quedo aquí sin saber lo que hago, voy a romper esto. Y voy a romperte a ti”.

Marina se pasó una mano por la cara.

“No me dejes sola con esto, Mateo”.

“No te dejo sola. Te dejo a cargo”. Le tomó la mano. “Y vuelvo. Si esto sigue aquí cuando vuelva, yo también me quedo. Pero tengo que aprender a hacerlo bien”.

Ella no lloró. No tenía tiempo para llorar.

“Entonces vete. Y vuelve con algo que me sirva para pelear”.

Él la besó como si fuera la última vez.

No lo fue. Pero se sintió así.

---

La semana siguiente fue la peor.

Sin los dos buzos, los turnos se alargaron. Marina bajaba al agua tres veces al día. El dolor de oído no se le quitaba.

_Bahía Dorada_ empezó a hacer ruido en el pueblo. Anuncios en la radio: _50 empleos reales, salario seguro, sin esperar a que el coral crezca_.

La gente dudaba. Y con razón.

La noche del viernes, alguien cortó las cámaras submarinas.

No fue Jorge. Fue alguien nuevo. Alguien que sabía dónde estaban los cables.

Marina no fue a la policía. Fue al muelle 3 a las 5 AM.

Se sentó con una libreta y esperó.

A las 6:12 AM llegó don Ernesto.

Se sentó a su lado sin hablar.

“Fue mi sobrino”, dijo al fin. “El que trabaja para Bahía Dorada”.

“¿Por qué me lo dices?”

“Porque si tú te rindes, yo no tengo nada que dejarle a mis nietos”.

Marina asintió.

“Entonces ayúdame a arreglar las cámaras”.

Arreglaron las cámaras.

Y esa tarde, transmitieron en vivo cómo un grupo de niños de la escuela primaria soltaba 200 fragmentos de coral que ellos mismos habían cultivado en el vivero.

La transmisión tuvo 12 mil vistas.

Al día siguiente, tres padres de familia se ofrecieron como voluntarios.

---

El día que Mateo se fue, llovía.

No era la lluvia bonita de verano. Era la lluvia terca de octubre que te empapa aunque vayas corriendo.

Se despidieron en el muelle, bajo el techo del pescador.

Nadie más.

“Si esto se cae, no es tu culpa”, dijo él.

“Si te rindes, sí es tu culpa”, respondió ella.

Él se rió.

“Sigues siendo imposible”.

“Y tú sigues volviendo”.

Se besaron bajo la lluvia. Sin prisa.

Cuando el taxi se fue, Marina se quedó mirando el agua.

No lloró.

Pero por primera vez en meses, sintió miedo de verdad.

Miedo de que cuando él volviera, no hubiera nada que salvar.

Esa noche, en el laboratorio, recibió un correo.

Asunto: _Invitación a la Cumbre de Océanos, Cádiz, España. Ponente principal: Restauración Comunitaria de Arrecifes_.

Lo leyó tres veces.

Cádiz era la ciudad donde había estudiado su maestría.

Donde había jurado no volver hasta que pudiera decir que había hecho algo que valiera la pena.

Levantó el teléfono y le marcó a Diego.

“Necesito que me cubras dos semanas en febrero”.

“¿Vas a ir?”

“Sí”.

“¿Y si todo se cae mientras no estás?”

“Entonces al menos sabrán por qué lo intenté”.

Colgó.

Afuera, la lluvia seguía.

Y en el mar, el coral seguía creciendo. Lento. Pero crecía

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