Ella renace en una novela que vio en su vida pasada, hará todo hasta lo imposible por cambiar su destino y no vivir atrás de un hombre que en cualquier oportunidad la traiciona. El interés amoroso de la protagonista en la novela será para ella la Villana no tan Villana…
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11. Una coincidencia…
—Entonces es por eso y haces bien; si así es ahorita que no están casados, no me imagino cuándo lo estará —menciona Aless.
—Justo es así, pero dejando eso de lado, ¿por qué me preguntas? —le digo pidiendo otro martini.
—Curiosidad —dice, pero en su mirada se oculta algo.
Gine observa el rostro de Aless, notando que en sus labios se forma una leve sonrisa como si se hubiera enterado de algo grandioso.
—No te creo, pero haré como que sí —digo levantando los hombros.
—Bueno, la verdad no puedo creer que alguien como tú esté comprometida con un patán —dice tomando un poco de su martini.
—Oh, ¿con qué es eso? Aunque no estoy para contarlo, te lo diré: mis padres hicieron un acuerdo de matrimonio con los padres de Leonardo —digo dándome la vuelta.
—En serio, vaya, no puedo creer que los padres hagan algo así; supongo que no sabían cómo era él —responde Aless.
—Fue antes de que mis padres fallecieran —hago una pausa—, así que pensé en cumplirles lo que tanto querían, pero he visto cómo es Leonardo y por eso quiero cancelar el compromiso —le digo, dándome cuenta de que ni Madrid ni Vane están ahí; parece que dejaron esas bárbaras.
—Estoy seguro de que tus padres no quisieran que unieras tu vida con alguien como él —menciona. Extendió su mano para ayudarme a levantarme; yo levanto la vista para saber si lo dice por lástima, pero no encuentro rastro que lo diga por ello.
Saco mi teléfono para llamar a las chicas, pero encuentro un mensaje donde Vane se disculpa por dejarme sola. Mi mirada sigue fija en la hora que marca el teléfono: las 2 de la mañana. ¿En qué momento se ha hecho tan tarde? A este paso tendré que irme a pie hasta mi depa.
—Sucede algo —pregunta, observando mi expresión desorientada.
—Mis amigas me dejaron; creo que encontraron un galán y, pues, me tocará irme a pie porque a esta hora no hay taxi —le digo, guardando mi teléfono, lista para irme.
—No te preocupes, yo puedo llevarte —se ofrece.
Si se ofrece tan amablemente, ¿quién soy yo para resistirme? Asiento dándole mi aprobación ; él toma mi mano, guiándome hasta la salida. Ahí está un deportivo color negro esperando por nosotros. Se adelanta y abre la puerta del copiloto para que yo pueda entrar.
Después él se sube y me pide mi dirección; cuando se la doy, se muestra muy sorprendido, ya que él también se está hospedando en el mismo edificio. Una buena coincidencia.
—Vaya, quién lo diría, vivimos en el mismo edificio —dice Alessandro poniendo en marcha el auto.
—Sí es una coincidencia —le respondo observando la ciudad.
Nos mantenemos en silencio durante el viaje hasta que llegamos a nuestro edificio; él parquea el carro y, cuando sale, va hasta mi puerta y me ayuda a bajar toda una cabellera.
—¿En qué piso está tu departamento? —me preguntó interesado.
—En el séptimo piso —le respondo. Él me voltea a ver con sorpresa.
—En serio, vaya, esto es demasiada casualidad; el departamento que he comprado también está en el séptimo piso —responde. Yo vuelvo a verlo sin creer lo que me dice.
Esto será obra de Dios, que me pone a este papasito en mis narices para que lo vea y disfrute; eso sí me gusta.
—Pues nos haremos compañía —digo comenzando a caminar junto a él.
Entramos en el elevador y apretamos el séptimo piso; puedo sentir sus ojos puestos en mí, que recorren desde mi cabeza hasta mis pies, deteniéndose en mi cuello.
Al salir del ascensor, comienzo a caminar hasta mi departamento, que es el número 3. En este piso hay cuatro departamentos; dos son de mis hermanos, aunque mi hermano Damián prefiere vivir en su mansión que en el depa, y el extra... Ah, ahora lo entiendo, esto es obra de Dante, mi segundo hermano, que vive en París.
—No me digas, tú vives aquí, y yo en el 4, vaya —dice él tocándose la barbilla.
—Sí, debí de suponerlo, mis hermanos fueron quienes te vendieron ese departamento, me imagino —le digo volteando a verlo. Este edificio perteneció en vida a mis padres; ahora es de mis hermanos y mío, es nuestra herencia. Los demás pisos son alquilados a quien lo necesite, mientras que el piso 7 es el nuestro; nadie puede entrar a este piso a menos que sean de limpieza.
—Sí, justo se los compré a ellos, a Damián, creo que es el que maneja este edificio? —me pregunta. Yo asiento a lo que él dice.
—Ten una buena noche —le digo comenzando a poner el código en mi puerta.
—Gracias, tú también descansa. —Antes de que te vayas, podemos intercambiar contacto —mencionó sacando su móvil. Yo lo tomo y le escribo mi número ahí.
—Aquí está; cualquier cosa que me quieras preguntar, eres libre —le digo. Vaya, eso ha sonado tan tonto cuando en realidad quiero que escriba cada día... Él asiente y va a su departamento; yo entro al mío, quitándome los tacones.
Me meto al baño, tomo una ducha rápida y me pongo un pijama para descansar. Antes de hacerlo, me meto a mis redes a ver si hay algo interesante, pero no hay nada. Reviso si me han llegado mensajes y nada, ni de Leonardo; parece que no quiere ni verme en pintura. Cuando estaba por cerrar la app, apareció un mensaje de un número desconocido. Al entrar a ver, es Alessandro quien me saluda y me da las buenas noches.
Cada día estoy más cerca de tener las pruebas suficientes y acabar con el compromiso; además, ya Dios me puso al francés en mi camino y quién soy yo para negar la voluntad de Dios.
—Muchas gracias, descansa —le digo mandando un emoji de luna nocturna.
—Es un placer. —Me manda un mensaje junto a un emoji de brillo.
A la mañana siguiente me levanto sintiendo un leve dolor de cabeza; tomar tanto alcohol no es bueno para mi cuerpo. Entro al baño, unos minutos después salgo envuelta en una toalla, entro al armario y me pongo unos pantalones sastre, un top y un abrigo; de calzado, unas botas con tacón. Al estar lista, voy a la cocina y me preparo algo rápido: huevos revueltos, frijoles fritos, unas tortillas, aguacate y jugo de limón.