Ethan es un joven que vive la vida a través de un cristal hasta que el destino le enseña que no todo lo que brilla es oro.
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Estrategias.
Dafne no lo apresuró. Sabía que un corazón herido es como un pájaro asustadizo: si intentas atraparlo a la fuerza, vuela lejos; pero si extiendes la mano con la carnada correcta, viene a ti solo.
Durante las semanas siguientes, Dafne se convirtió en una presencia constante en la joyería. Al principio, regresaba con la excusa de ajustar el broche de plata que le había comprado, pero pronto las visitas dejaron de necesitar pretexto. Llegaba cuando el sol se ocultaba, trayendo consigo el aroma fresco de la nieve y una curiosidad que a Ethan le parecía el regalo más puro del cielo.
Dafne descubrió rápidamente los puntos débiles de la armadura de Ethan: su tremenda soledad y su mente brillante. Ella no halagaba su físico, sino su genio. Se sentaba en el banco del taller, apoyando la barbilla en las manos, y lo miraba trabajar durante horas bajo la luz de la lámpara de aceite.
—Es fascinante cómo transformas el dolor del metal en algo tan vivo —le dijo una noche, mientras Ethan engastaba un rubí—. Los hombres de este pueblo solo piensan en la madera y el ganado. Tú... tú tienes poesía en las manos, Ethan.
Aquellas palabras se filtraron en las grietas del alma de Ethan como agua en tierra seca. Sentirse comprendido —o creer que lo era— fue el narcótico más potente. Por primera vez en un año, el silencio de la casa ya no se sentía como un castigo, sino como una espera.
El enamoramiento de Ethan avanzó en tres etapas que Dafne orquestó a la perfección:
La validación intelectual: Dafne fingía una fascinación absoluta por los libros que Ethan guardaba. Le pedía que le leyera pasajes de historia y filosofía. Ethan, que siempre había ocultado su cultura por modestia, se transformaba al hablar; sus ojos brillaban y su timidez desaparecía. Dafne lo miraba con una devoción ensayada que lo hacía sentirse el hombre más importante del mundo.
La vulnerabilidad compartida: Una tarde de tormenta, Dafne dejó caer un par de lágrimas falsas, inventando una infancia de carencias y desamor en un pueblo lejano. "Sé lo que es estar sola en el frío, Ethan", le susurró, acurrucándose contra su pecho. Al consolarla, Ethan sintió que sanaba su propia pérdida. El dolor de ambos los unía; ya no eran dos huérfanos del destino, eran un refugio mutuo.
El contacto físico calculado: Un roce de dedos al entregar una herramienta, el sutil acomodo de su cabeza en el hombro de él, el calor de sus manos envolviendo las de Ethan cuando él sentía frustración por un diseño. Cada contacto físico era una promesa silenciosa de que el invierno había terminado.
Para Ethan, Dafne no era un peligro; era la recompensa divina por haber sobrevivido a la tragedia de sus padres. Cada latido de su corazón empezó a llevar el nombre de ella.
El clímax de su conquista ocurrió la noche del solsticio de invierno. Ethan había pasado días enteros, sin dormir apenas, diseñando una pieza exclusiva para ella: un colgante de plata que imitaba las ramas de un sauce en invierno, con una pequeña lágrima de zafiro en el centro.
Cuando se lo entregó en el taller iluminado por las velas, Dafne contuvo el aliento. Sus ojos ambiciosos brillaron, no por el valor de la plata, sino porque supo que tenía el control absoluto del artesano. El chico estaba completamente desarmado.
—Es lo más hermoso que me han dado jamás —susurró ella, acercándose tanto que Ethan podía sentir el calor de su respiración—. Eres un ángel en mi vida, Ethan.
Se inclinó y lo besó. Fue un beso lento, detallado, que sabía a promesas y a un futuro brillante. Para Ethan, el dolor de la orfandad se disolvió en ese instante. Sintió una explosión de emoción tan intensa que los ojos se le llenaron de lágrimas. Creyó tocar el cielo. Sosteniendo el cuerpo de Dafne contra el suyo, juró mentalmente que pasaría el resto de su vida protegiéndola y creando las joyas más hermosas del mundo solo para verla sonreír.
No tenía idea de que, detrás de ese beso, la mente de Dafne ya estaba calculando el valor total del inventario de la joyería y planeando cómo arrebatarle hasta la última moneda.