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Renacida Para La Venganza

Renacida Para La Venganza

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Venganza / Traiciones y engaños
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Andres

Tras ser traicionada y asesinada por su esposo, Valeria renace tres años en el pasado armada con el conocimiento del futuro para destruir a sus enemigos y construir un imperio financiero imparable.

NovelToon tiene autorización de Andres para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Despertar de la Magnate

El despacho de Valeria en la mansión Soler siempre había sido un lugar de orden, pero hoy se sentía como un centro de mando militar. Las paredes de roble oscuro, que antes parecían acogedoras, ahora servían como marco para la figura de una mujer que ya no reconocía la derrota. Frente a ella, el Sr. Castillo, un hombre de leyes que había servido a la familia Soler durante tres décadas, la miraba con una mezcla de desconcierto y profunda admiración.

—Señorita Valeria... lo que me pide es, cuanto menos, inusual —dijo Castillo, ajustándose las gafas mientras revisaba los documentos que Valeria le había entregado—. Revocar el poder notarial de Don Julián de forma inmediata y poner sus activos bajo un fideicomiso de blindaje... es una declaración de guerra administrativa.

Valeria bebió un sorbo de su café negro, disfrutando de la amargura que le recordaba que estaba viva.

—No es una declaración, Castillo. Es una protección —respondió ella, su voz tan fría que el abogado sintió un escalofrío—. He detectado "movimientos inusuales" en las auditorías internas. Julián ha estado extrayendo fondos para empresas fantasma. Quiero que cada centavo que lleve el nombre Soler sea inaccesible para él antes de que den las ocho de la noche.

—Entiendo... pero hoy es la Gala de la Fundación. Todo el mundo espera el anuncio de su compromiso oficial y el nombramiento de Don Julián como Director Ejecutivo adjunto. Si hacemos esto ahora...

—Haremos esto ahora precisamente por eso —interrumpió Valeria, levantándose y caminando hacia el ventanal—. Julián cree que esta noche será su coronación. No sabe que lo que le espera es su primera ejecución pública. Proceda, Castillo. Si necesita firmas adicionales o testigos, mi equipo de seguridad personal ya está bajo mis órdenes directas.

El abogado asintió, dándose cuenta de que la joven heredera que conocía, la que siempre buscaba el consenso y la paz, había muerto. En su lugar, había una reina de hielo con un plan que él no lograba comprender del todo, pero que estaba dispuesto a seguir.

La noche cayó sobre la ciudad como un manto de terciopelo oscuro salpicado por las luces de los rascacielos. El Salón Esmeralda del Hotel Grand Rex estaba rebosante de la élite de la sociedad: diamantes reales, perfumes importados y conversaciones hipócritas sobre caridad que escondían acuerdos multimillonarios.

En el centro de todo estaba Julián. Se veía impecable en su esmoquin hecho a medida, saludando a los invitados con una sonrisa que destilaba una confianza depredadora. A su lado, Mónica, vistiendo un traje plateado que brillaba con cada movimiento, actuaba como la perfecta maestra de ceremonias.

—¿Dónde está Valeria? —susurró Mónica al oído de Julián mientras se alejaban de un grupo de inversores—. Se supone que debía llegar hace veinte minutos para las fotos oficiales.

—No te preocupes —respondió Julián, revisando su reloj de oro—. Estará aquí. Probablemente tardó más de la cuenta intentando cubrir esas ojeras de cansancio que tiene últimamente. Sabes que Valeria es... frágil. Esta noche, después de que anuncie nuestro compromiso y tome el control del Grupo Soler, su fragilidad será nuestra mayor ventaja.

—Me muero de ganas de verla arrodillada ante ti —rio Mónica, apretando el brazo de Julián—. Y de que por fin podamos dejar de escondernos.

En ese momento, las grandes puertas dobles del salón se abrieron de par en par. El murmullo de la multitud cesó de golpe. No fue una entrada discreta; fue un impacto.

Valeria entró caminando con una seguridad que parecía hacer temblar el suelo. Su vestido de seda negra fluía tras ella como una sombra líquida. No llevaba el conjunto de perlas que Julián le había regalado; en su lugar, un collar de diamantes negros adornaba su cuello, brillando con una luz oscura y peligrosa. Su maquillaje era impecable: labios de un rojo sangre profundo y una mirada de acero que barrió la sala con la autoridad de una emperatriz.

Julián se quedó petrificado. El vestido negro... el color del luto.

—Valeria... querida —dijo Julián, recuperando la compostura y acercándose para tomar su mano y besarla—. Llegas tarde, y... ¿negro? Pensé que usarías el vestido blanco que elegimos juntos.

Valeria retiró su mano antes de que sus labios pudieran tocarla, un gesto tan sutil pero tan definitivo que varios invitados cercanos contuvieron el aliento.

—El blanco es para las que no tienen nada que ocultar, Julián —dijo ella, con una sonrisa que no llegó a sus ojos—. Hoy sentí que el negro representaba mejor mi estado de ánimo. Es un color muy... definitivo, ¿no crees?

—Estás... diferente —murmuró Mónica, acercándose con una sonrisa tensa—. ¿Te sientes bien, Val? Pareces un poco... tensa.

—Nunca me he sentido mejor, Mónica —respondió Valeria, mirándola directamente a los ojos, notando cómo su "mejor amiga" retrocedía instintivamente—. Es curioso cómo un buen descanso puede aclararte la vista. Veo cosas que antes simplemente... ignoraba.

La gala continuó, pero el ambiente había cambiado. Valeria se movía entre los invitados con una gracia letal, conversando con banqueros y figuras políticas que Julián siempre había intentado mantener alejados de ella. Sabía exactamente qué decir para plantar semillas de duda sobre la gestión de Julián, usando información de su vida pasada para anticipar las preguntas de los inversores más escépticos.

Finalmente, llegó el momento culminante. Julián subió al podio, ajustando el micrófono. Los focos lo iluminaron, dándole ese aire de héroe que Valeria solía amar.

—Damas y caballeros —comenzó Julián, su voz resonando en todo el salón—. Esta es una noche de celebración no solo por la Fundación, sino por el futuro del Grupo Soler. Como muchos saben, Valeria y yo hemos caminado juntos durante años. Y hoy, frente a todos ustedes, quiero dar el paso que consolidará nuestra unión y el éxito de esta empresa.

Julián sacó una pequeña caja de terciopelo azul y miró hacia donde Valeria estaba de pie, rodeada de sus guardaespaldas personales, algo que él no había notado hasta ese momento.

—Valeria Soler, luz de mi vida... ¿me harías el honor de convertirte en mi esposa y permitirme protegerte y dirigir este imperio a tu lado?

El salón quedó en un silencio sepulcral. Las cámaras de los reporteros sociales estaban listas para capturar el beso, el "sí" que entregaría oficialmente el Grupo Soler a las manos de Julián.

Valeria caminó lentamente hacia el podio. No había duda en sus pasos, no había el rubor de una novia emocionada. Subió los escalones y se paró frente a Julián, mirándolo desde una altura que él nunca había percibido. Tomó el micrófono de sus manos.

—Julián... —dijo ella, su voz amplificada y clara—. Tu discurso ha sido... conmovedor. Realmente tienes un talento para la ficción que yo había subestimado.

La multitud empezó a murmurar. Julián frunció el ceño, su sonrisa empezando a quebrarse.

—¿Valeria? ¿Qué estás diciendo? —susurró él, intentando mantener la compostura frente a las cámaras.

—Lo que digo, querido Julián, es que no habrá compromiso —declaró Valeria, mirando directamente a la cámara principal—. Y no solo eso. Hoy, después de una auditoría exhaustiva que terminó hace apenas dos horas, el Consejo del Grupo Soler ha decidido retirar a Julián de todas sus funciones de asesoramiento de forma inmediata por "graves irregularidades financieras".

El estallido de murmullos se convirtió en un rugido de sorpresa. Julián se puso pálido, luego rojo de furia.

—¡Esto es una locura! —exclamó él, tratando de arrebatarle el micrófono—. ¡No sabes lo que dices! Valeria, estás enferma, estás confundida...

—Estoy más lúcida que nunca —sentenció ella, dándole una señal a sus guardaespaldas—. Julián, por favor, abandona el podio. Mis abogados tienen los documentos que demuestran el desvío de tres millones de dólares a cuentas en las Islas Caimán. Si intentas resistirte, la policía que espera en la entrada estará encantada de acompañarte.

Julián miró a su alrededor, buscando el apoyo de los inversores que solían reírle las gracias, pero todos estaban apartando la mirada. Mónica estaba pálida, intentando mezclarse con la multitud para no ser asociada con el desastre.

En medio del caos, Valeria sintió una mirada intensa desde el fondo del salón. Allí, apoyado contra una columna de mármol, estaba un hombre que no recordaba haber visto en la gala de su vida pasada. Era alto, de facciones afiladas y ojos oscuros que parecían leer cada uno de sus pensamientos. Llevaba un esmoquin que gritaba un nivel de riqueza que incluso los Soler envidiarían.

Era Adrián Varma, el heredero del imperio tecnológico Varma y el mayor rival de Julián en el mercado. En su vida pasada, Valeria siempre evitó a Adrián porque Julián le decía que era un hombre "cruel y sin corazón". Ahora, al ver la leve sonrisa de aprobación en los labios de Adrián, se dio cuenta de que Julián solo le tenía miedo.

Valeria bajó del podio mientras la seguridad escoltaba a un Julián humillado y vociferante hacia la salida. Se detuvo frente a Adrián.

—Interesante jugada, señorita Soler —dijo Adrián, su voz una barítona profunda que vibró en el aire—. No esperaba ver un tiburón en un vestido de seda negra esta noche.

—A veces, señor Varma —respondió Valeria, sosteniéndole la mirada sin parpadear—, uno tiene que morir para aprender a nadar con los tiburones.

—En ese caso —Adrián le ofreció su copa en un brindis silencioso—, me encantará ver cómo devora al resto del océano.

Valeria sonrió. Por primera vez en dos vidas, se sentía verdaderamente poderosa. Había ganado la primera batalla, pero sabía que la guerra apenas comenzaba. Julián no se quedaría de brazos cruzados, y Mónica aún tenía cartas que jugar. Pero ella tenía algo que ellos nunca tendrían: el mapa del futuro y un corazón de hielo que ya no sentía dolor.

Caminó hacia la salida de la gala, dejando atrás los restos de su antigua vida. Al pasar junto a Mónica, se detuvo solo un segundo para susurrarle al oído:

—Disfruta del vestido, Mónica. Es lo último que vas a tener de mí.

Valeria salió a la noche fría, lista para empezar a construir el imperio que Julián pensó que podría robarle.

Continuará...

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