✅️🔞Zane amó a Noah en silencio durante una década, protegiéndolo desde las sombras con una devoción obsesiva. Cuando el pasado regresa encarnado en Jessica, Zane decide romper todas las reglas. Entre las paredes de un estrecho monoambiente, la amistad se transforma en un deseo eléctrico que cambiará sus destinos para siempre.🔞✅️
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Cuarteto
Mauro observaba a Zane. Su amigo estaba sentado en el borde de la cama, con la mirada perdida en un punto fijo de la pared. Parecía una estatua de mármol, hermosa pero sin vida. Mauro sabía que, en ese estado, Zane no era útil para nadie.
—Zane, vete a dormir —ordenó Mauro con voz tranquila—. No vas a solucionar nada mirando la pared.
Zane ni siquiera parpadeó. —Me odia, Mauro. Vi sus ojos. Lo asusté.
—Lo sorprendiste, que es diferente —corrigió Mauro—. Ahora, muévete. Luke y yo nos vamos.
Luke, que había estado inusualmente callado en un rincón de la cocina, se acercó a Mauro casi de puntillas. Sus ojos rubios estaban llenos de dudas y su habitual energía de cachorro alocado parecía apagada. Cuando Mauro se encaminó hacia la puerta, Luke lo siguió como una sombra, agarrándose ligeramente de la manga de la chaqueta de Mauro, un gesto que hacía desde que eran niños cuando se sentía perdido.
Caminaron por el pasillo del edificio en silencio. Mauro sentía el peso de la mano de Luke en su brazo, y aunque solía quejarse de lo encimoso que era Luke, en momentos como este, ese contacto lo anclaba. Mauro siempre había tenido una debilidad secreta por cuidar de Luke; era el equilibrio perfecto para su mente lógica y a veces demasiado fría.
Al llegar a la calle, donde la lluvia ya era solo una llovizna suave, Luke finalmente explotó.
—¡Mauro, no entiendo nada! —exclamó Luke, soltando la manga de Mauro para gesticular con las manos—. ¡Zane ama a Noah! ¡Zane saboteó a las chicas! ¡Noah salió corriendo! ¡Y Jessica está en un hotel esperando que Noah la ame! Mi cabeza va a explotar. ¿Zane es... malo? ¿Es un villano?
Mauro se detuvo bajo un farol y miró a Luke con paciencia.
—No es un villano, Luke. Es solo un hombre desesperado que se enamoró de su mejor amigo en un mundo donde todos esperan que Noah sea el novio perfecto de una chica. Zane hizo cosas cuestionables, sí. Pero, ¿viste a Noah estos últimos tres años?
—Sí, estaba esperando a Jessica —respondió Luke.
—No, Luke. Estaba viviendo gracias a Zane —dijo Mauro con firmeza—. Zane le dio la estructura, el apoyo y el cariño que necesitaba mientras su familia se hundía y su novia estaba a miles de kilómetros. Lo que Zane hizo fue construirle un nido a Noah. El problema es que se le olvidó decirle que el nido era de los dos.
Luke se rascó la nuca, procesando la información.
—¿Y qué vamos a hacer? No podemos dejar que Noah se quede con Jessica solo porque "toca". Pero Noah parece muy asustado de Zane ahora mismo.
Mauro reanudó la marcha, y Luke volvió a pegarse a su costado, buscando calor.
—Noah no tiene miedo de Zane —explicó Mauro—. Tiene miedo de lo que sintió cuando Zane lo besó. Porque Noah no es tonto; él sabe que si fuera solo amistad, el beso le habría dado asco. Si salió corriendo es porque su cuerpo le dio una respuesta que su mente no puede aceptar todavía.
—¿Y cuál es el plan, genio? —preguntó Luke, mirando a Mauro con una admiración que siempre hacía que el corazón de Mauro latiera un poquito más rápido.
—Dosis de realidad —respondió Mauro—. Noah idealiza a Jessica. Cree que ella es la solución a todos sus problemas. Mañana voy a buscar a Noah. No voy a hablarle de Zane. Voy a hablarle de Jessica.
Mientras caminaban hacia la parada de autobús para que Luke pudiera ir a su casa (o más probablemente, para que Mauro lo acompañara hasta la puerta), Mauro repasaba sus teorías. Él siempre había sido el observador del grupo. Mientras Luke jugaba y Zane planeaba conquistas, Mauro analizaba microexpresiones.
Sabía que Jessica había cambiado. Había visto sus redes sociales, sus fotos en el extranjero. Jessica ya no era la niña dulce de la secundaria; era una mujer que buscaba éxito y estatus. Noah, con sus problemas económicos y su sencillez, ya no encajaba en el mundo de Jessica, pero ella se aferraba a él como un trofeo de su infancia.
"Noah necesita darse cuenta de que Jessica ama a un fantasma", pensaba Mauro. "Y yo necesito asegurarme de que Luke no meta la pata en el proceso".
Sintió que Luke volvía a aferrarse a su brazo mientras cruzaban una calle oscura.
—Mauro... —susurró Luke—. ¿Tú crees que si yo... si yo sintiera algo así por alguien, también me daría miedo?
Mauro se tensó por un segundo, mirando de reojo el perfil de Luke.
—Depende de quién sea la otra persona, rubio. Pero el miedo es normal cuando algo es importante.
—Eres muy inteligente, Mauro —dijo Luke con una sonrisa pequeña y honesta—. Me alegra que estés conmigo. No sé qué haría si tú también te volvieras loco como Zane.
Mauro sintió una punzada de ternura. "Si supieras, Luke...", pensó. Pero Mauro no era como Zane; él sabía esperar, sabía observar y, sobre todo, sabía que Luke necesitaba un puerto seguro antes de cualquier tormenta.
A la mañana siguiente, Noah estaba en la parada del autobús, con ojeras profundas y el corazón pesado. No había dormido nada. Su madre, Fiorella, lo había mirado con lástima toda la mañana, pero él no podía explicarle que su hermano Zane le había confesado amor eterno.
De repente, un auto conocido se detuvo frente a él. No era el auto de lujo de Zane. Era el auto familiar y discreto de Mauro.
—Sube, Noah —dijo Mauro, bajando la ventanilla—. No acepto un no por respuesta.
Noah subió, sintiéndose pequeño en el asiento del copiloto.
—¿Zane te envió? —preguntó Noah a la defensiva.
—Zane está encerrado en su baño tratando de no morir de ansiedad —respondió Mauro con sinceridad—. Yo vine por mi cuenta. El rubio está en el asiento de atrás, por cierto.
Luke asomó la cabeza entre los asientos, con una bolsa de donas.
—¡Hola, Noah! Traje azúcar. El azúcar ayuda a los cerebros confundidos.
Noah no pudo evitar sonreír un poco. La presencia de Luke siempre aliviaba la tensión. Pero Mauro no perdió el tiempo.
—Noah, hoy vas a ver a Jessica de nuevo, ¿verdad? —preguntó Mauro mientras conducía hacia la facultad.
—Sí. Vamos a desayunar juntos.
—Bien. Te voy a pedir un favor —dijo Mauro, mirándolo por el espejo retrovisor—. No pienses en Zane. No pienses en el beso. Solo observa a Jessica. Fíjate en lo que dice, en cómo trata a la gente, en lo que espera de su futuro. Y luego, compáralo con la vida que has tenido estos últimos tres años.
—¿A qué te refieres, Mauro? —Noah frunció el ceño.
—Me refiero a que el amor no es solo una palabra, Noah. Es una construcción diaria. Jessica estuvo fuera de la construcción mucho tiempo. Zane, en cambio, puso cada ladrillo contigo. Solo mira, Noah. La verdad está frente a ti, no en un recuerdo de hace tres años.
Mauro dejó a Noah frente a la cafetería donde Jessica lo esperaba. Antes de que Noah bajara, Luke le dio un abrazo rápido desde el asiento de atrás.
—¡Buena suerte, hermano! ¡Recuerda que pase lo que pase, somos el cuarteto!
Noah bajó del auto y vio a Jessica a través del cristal del café. Se veía perfecta, impecable. Pero al entrar y sentir el olor del café, su mente viajó automáticamente al monoambiente de Zane.
Mauro arrancó el auto. Luke se recostó en el asiento, suspirando.
—¿Crees que se dé cuenta, Mauro?
—Noah es lento para procesar sus sentimientos, pero es muy agudo para detectar la falsedad —respondió Mauro—. Jessica va a cometer un error hoy. Solo espero que Zane no haga una estupidez antes de que Noah vuelva a nosotros.
—Eres increíble, Mauro —dijo Luke, cerrando los ojos—. Me voy a dormir un ratito mientras llegamos a la facultad, ¿me despiertas?
—Duerme, Luke —susurró Mauro, bajando un poco el volumen de la radio—. Yo te cuido.
En ese momento, Mauro entendió perfectamente a Zane. Entendió ese deseo desesperado de proteger a alguien, de ser su escudo. La diferencia era que Mauro tenía la paciencia que a Zane le faltaba. Pero al final del día, todos en ese grupo estaban aprendiendo que el amor era mucho más complicado que las leyes que estudiaban en los libros.