Alina siempre creyó que era una chica común, hasta que una noche de primavera un encuentro inesperado en el campo de cerezos cambió su vida para siempre.
Un extraño de mirada intensa comienza a aparecer entre las sombras del bosque. Él guarda secretos, conoce peligros que nadie en el pueblo imagina y parece estar ligado a algo que despierta una inquietud desconocida dentro de ella.
Pronto, sueños extraños, aullidos en la noche y recuerdos que nunca vivió empiezan a perseguirla. Mientras intenta descubrir quién es realmente Kael, Alina también deberá enfrentarse a una verdad que su propio padre le ocultó durante años.
Entre cerezos, luna llena y secretos de sangre, Alina descubrirá que algunas primaveras no solo traen flores… también despiertan destinos dormidos.
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Capitulo 17: La voz en la oscuridad
La entrada quedó cubierta por las ramas.
El refugio se sumió en una oscuridad densa y húmeda.
Durante unos segundos, Alina solo escuchó su propia respiración.
Rápida.
Irregular.
Y el latido salvaje golpeándole el pecho.
Darian.
Todavía sentía sus ojos sobre ella.
La calma inquietante de su mirada.
Aquella certeza terrible de que no había sido un encuentro casual.
Había ido por ella.
Su padre encendió una pequeña lámpara de aceite que descansaba sobre una roca.
La luz temblorosa reveló el lugar.
Era una cavidad antigua, más amplia de lo que parecía desde afuera. Las paredes estaban cubiertas de raíces y humedad. En un extremo había una mesa de madera vieja y algunas mantas dobladas.
—¿Desde cuándo existe esto? —preguntó Alina.
—Desde antes de que nacieras —respondió su padre.
Kael permanecía junto a la entrada, atento.
Lyra también parecía escuchar cada sonido del exterior.
El silencio se volvió pesado.
—Lo vi —murmuró Alina.
Todos la miraron.
—Era él.
Kael se volvió lentamente.
—Sí.
La respuesta le heló la sangre otra vez.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque conozco esa mirada.
El tono de su voz era más oscuro de lo habitual.
Alina tragó saliva.
—¿Por qué no vino?
Lyra respondió esta vez.
—Porque no le hacía falta.
—No entiendo.
La mujer dio un paso hacia ella.
—Quería que lo vieras.
El corazón se aceleró.
—¿Por qué?
—Para que supieras que ya está cerca.
Un silencio helado llenó el refugio.
Su padre se pasó una mano por el rostro.
—No debería haber llegado tan rápido.
Kael seguía inmóvil.
Pero Alina volvía a sentirlo.
Esa tensión extraña entre ambos.
Un pulso compartido.
Un cambio en el aire que le rozaba la piel.
—Kael —murmuró.
Él giró la cabeza.
—¿Sí?
—Estás escuchando algo.
Sus ojos se abrieron apenas.
—¿Cómo lo sabes?
Ella tragó saliva.
—Lo siento.
Lyra los observó con atención.
—Eso está creciendo.
Alina se abrazó los brazos.
—No me gusta no entender lo que me pasa.
Kael se apartó de la entrada y se acercó despacio.
—A mí tampoco me pasó así.
—¿Entonces qué significa?
Él tardó unos segundos en responder.
—Que estás despertando más rápido de lo normal.
La lámpara proyectó sombras largas sobre las paredes.
Por un momento, nadie habló.
Entonces sucedió.
Un golpe seco resonó afuera.
Todos se tensaron.
Otro.
Más fuerte.
El corazón de Alina dio un salto.
Su padre apagó de inmediato la lámpara.
La oscuridad los tragó.
La respiración de los cuatro llenó el refugio.
Un tercer golpe.
Más lento.
Más pesado.
Como si alguien supiera exactamente dónde estaban.
Alina sintió el cuerpo entero rígido.
Y entonces lo escuchó.
Una voz.
No venía del exterior.
No atravesó la entrada.
La oyó dentro de su cabeza.
Clara.
Profunda.
Fría.
Alina.
Se quedó inmóvil.
La sangre pareció congelársele.
—No… —susurró.
Kael giró hacia ella.
—¿Qué pasa?
La voz volvió.
No puedes esconderte de mí.
El miedo subió por su espalda.
Se llevó una mano a la sien.
No era imaginación.
La estaba oyendo.
—Alina —repitió Kael.
—Él… —murmuró con dificultad—. Me está hablando.
El silencio se quebró.
Lyra dio un paso brusco.
—¿Qué dijiste?
La respiración le temblaba.
—Lo escucho.
Su padre se acercó.
—¿Qué te dice?
La voz volvió a sonar.
Tu madre también intentó huir.
El pecho se le cerró.
No.
No quería escucharlo.
No quería aquella presencia dentro de su mente.
—Hazlo parar —susurró.
Kael le sostuvo los hombros.
—Mírame.
Ella obedeció.
Sus ojos claros se clavaron en los de ella.
—Respira.
La voz seguía allí.
Pero al mirarlo, algo cambió.
Sintió la presencia de Kael.
Su calma.
Su fuerza contenida.
El latido compartido.
Como una barrera.
Como un ancla.
La voz se volvió más lejana.
Más débil.
Hasta desaparecer.
Alina soltó el aire de golpe.
Las piernas casi le fallaron.
Kael la sostuvo antes de que cayera.
Por un instante quedaron muy cerca.
Demasiado cerca.
Podía sentir el calor de su piel.
La firmeza de sus manos.
El ritmo de su respiración mezclándose con la suya.
Y, bajo el miedo, algo distinto se encendió.
Un calor extraño.
Suave.
Inquietante.
Sus ojos se encontraron.
Ninguno habló.
Pero ambos lo sintieron.
Lyra apartó la mirada lentamente.
Como si acabara de entender algo.
—No puede ser —murmuró.
El padre de Alina frunció el ceño.
—¿Qué pasa?
La mujer tardó unos segundos en responder.
—Darian no la estaba buscando a ciegas.
El aire pareció volverse más pesado.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Kael.
Lyra levantó la vista.
—Ya la encontró.
Un crujido fuerte estalló en la entrada.
Las ramas se movieron.
Una piedra cayó al suelo.
El corazón de Alina golpeó con violencia.
Y desde el otro lado, la voz de Darian atravesó la noche.
—Abre, Alina. Solo quiero hablar contigo.