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EL TEMIBLE COMANDANTE ES MIO DESEO INCONTROLABLE

EL TEMIBLE COMANDANTE ES MIO DESEO INCONTROLABLE

Status: En proceso
Genre:Romance / Posesivo / Amor prohibido / Completas
Popularitas:21.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Él es peligroso, distante y está rodeado de mujeres que harían lo que fuera por su poder. Sin embargo, Elena ha tomado una decisión: el hombre más temido del ejército será suyo. Aunque deba romper su propia timidez para reclamar el corazón de hielo que nadie ha logrado incendiar.
En la guerra del deseo, la vulnerabilidad es el arma más letal.

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capitulo 2

Esa noche no dormí. Cada vez que cerraba los ojos, el estruendo del cristal rompiéndose resonaba en mi mente como una campana de condena, seguido inmediatamente por el silencio sepulcral del salón y aquella mirada gris que me había desnudado el alma. No era una mirada de deseo, ni siquiera de odio; era la mirada de alguien que observa un obstáculo insignificante en su camino.

Y, sin embargo, mi cuerpo recordaba ese segundo con una intensidad que me asustaba. Sentía un hormigueo extraño en la piel y un vacío en el estómago que ninguna cena podría llenar.

A la mañana siguiente, mi padre estaba de un humor excelente, ignorando por completo mi colapso nervioso en la gala. Para él, el hecho de que el Comandante Thorne hubiera sido nombrado Duque de Oakhaven significaba que habría más fiestas, más oportunidades y, por ende, más posibilidades de colocarme.

—Elena, por el amor de Dios, deja de torturar ese pan —me reprendió, señalando mi plato donde yo solo hacía migas—. Hoy iremos al mercado de la ciudad alta. Dicen que el Comandante... perdón, el Duque, establecerá su guartel general temporal en el ala este del palacio de justicia. Habrá movimiento, gente importante. Ponte el vestido azul, el que no tiene tantas manchas.

Mi corazón dio un vuelco. El ala este. Estaría allí mismo, a menos de un kilómetro de nuestra modesta posada.

—Padre, no creo que sea buena idea... —mentí, sintiendo cómo mis palmas empezaban a sudar.

—Es la mejor idea que he tenido en años. ¡Vamos!

Pasamos la mañana entre puestos de seda, especias y joyas que no podíamos permitirnos. Mi padre intentaba entablar conversación con cualquier caballero que pareciera tener influencia, pero yo no podía concentrarme. Mis ojos escaneaban constantemente la multitud, buscando ese uniforme negro, esa capa que cortaba el aire.

Cada vez que veía a un hombre alto o con porte militar, contenía el aliento, solo para soltarlo con una mezcla de alivio y decepción al ver que no era él. Mi timidez me gritaba que volviera a la cama y me escondiera bajo las mantas, pero ese nuevo "deseo incontrolable" —esa fuerza que me había nacido en el pecho— me empujaba a seguir caminando hasta que me dolieran los pies.

—Me siento cansada, padre —dije finalmente cuando el sol estaba en lo más alto—. Iré a la fuente a refrescarme.

—No tardes. Tengo que hablar con el intendente sobre unos suministros de grano.

Me alejé de la algarabía del mercado y caminé hacia el Palacio de Justicia. El edificio era una mole de piedra gris, imponente y severa, muy parecida al hombre que ahora albergaba. Cerca de las puertas laterales, el movimiento era frenético. Mensajeros a caballo entraban y salían, soldados con el emblema de la Orden del Invierno —un lobo de plata sobre fondo negro— montaban guardia con lanzas relucientes.

Me acerqué con cautela, ocultándome tras el puesto de un vendedor de pergaminos. Me sentía como una criminal, una acosadora, pero no podía evitarlo. Necesitaba verlo una vez más para convencerme de que no era un fantasma de mi imaginación.

Entonces, las puertas pesadas se abrieron.

No fue él quien salió primero, sino un grupo de oficiales que discutían sobre unos mapas. Pero luego, el ambiente pareció enfriarse diez grados. Alistair salió a la luz del sol, y por un momento, el mundo volvió a detenerse para mí.

No llevaba la capa de gala. Vestía una guerrera militar ajustada que marcaba la amplitud de sus hombros y la estrechez de su cintura. Sus botas de cuero negro brillaban bajo el sol, y llevaba un fajo de documentos bajo el brazo. Parecía aún más real, más tangible y, si era posible, más letal que la noche anterior.

Caminó hacia un caballo negro azabache que un soldado sostenía por las riendas. Sus movimientos eran económicos, precisos. No se detuvo a hablar con nadie, no sonrió a los ciudadanos que se detenían a observarlo con admiración. Era una máquina de eficiencia.

"Acércate", susurró una voz en mi cabeza. "Di algo. Tira algo. Haz que te vea".

Mi timidez, mi vieja y fiel amiga, se retorció de horror. "¿Estás loca? Te ignorará otra vez. O peor, te mandará arrestar por estorbar".

Me quedé allí, paralizada por la indecisión. Vi cómo ponía el pie en el estribo. Vi cómo sus manos enguantadas agarraban las riendas. Iba a irse. Se iba a escapar otra vez hacia su mundo de guerra y deber, dejándome a mí en mi mundo de sombras y silencio.

—¡Comandante! —la voz no fue mía. Fue de una mujer que salió corriendo de entre la multitud.

Era hermosa. Mucho más hermosa que yo. Tenía el cabello rubio como el oro y vestía un traje de montar de terciopelo verde que gritaba riqueza y confianza. Reconocí a Lady Genevieve, la hija de un conde influyente.

Alistair se detuvo, con un pie ya en la silla, y la miró. No desmontó. Ni siquiera cambió su expresión gélida.

—Lady Genevieve —su voz era profunda, un barítono que vibró en el aire y me hizo estremecer. Era la primera vez que lo oía hablar de cerca. Sonaba como el crujido del hielo sobre un lago profundo.

—He oído que partís hacia la frontera mañana mismo —dijo ella, con una sonrisa encantadora que habría derretido a cualquier hombre normal—. Mi padre organiza una cena de despedida esta noche. Sería un honor...

—Tengo informes que redactar y tropas que pasar revista, milady —la cortó él, sin un ápice de cortesía social—. Mi tiempo no pertenece a los salones de baile, sino al servicio de la Corona.

La sonrisa de Genevieve flaqueó, pero no se rindió. Era una mujer acostumbrada a obtener lo que quería.

—Solo una hora, Alistair. Todos quieren agradeceros vuestro sacrificio.

Él terminó de subir al caballo y la miró desde arriba. La sombra de su sombrero militar ocultaba sus ojos, pero la línea dura de su boca decía todo lo que necesitaba saberse.

—El sacrificio se hace en el campo de batalla, no entre copas de vino. Con su permiso.

Sin esperar respuesta, espoleó al caballo y salió al galope, seguido por su escolta. El polvo del camino se levantó, dejando a la hermosa Lady Genevieve plantada y humillada frente a todos.

Yo, desde mi escondite, sentí una extraña mezcla de alivio y pavor. Alivio porque no le había prestado atención a esa mujer perfecta. Pavor porque, si ella no había podido siquiera obtener una sonrisa, ¿qué esperanza tenía una sombra como yo?

"Él no es un hombre", pensé, viendo cómo su figura desaparecía al final de la calle. "Es una fortaleza".

Pero las fortalezas tienen puertas. Y las puertas tienen llaves.

Regresé con mi padre, que seguía quejándose del precio del trigo. Durante el resto del día, no dije una palabra. Mi mente estaba trabajando a mil por hora, trazando un plan que mi yo de hace dos días habría considerado un suicidio social.

Sabía que no podía simplemente presentarme ante él. Necesitaba una excusa profesional, algo que su mente lógica y militar no pudiera descartar de inmediato. Recordé que mi padre solía trabajar como escribiente para el registro civil antes de que las deudas lo consumieran. Yo había aprendido a escribir con una caligrafía impecable y a organizar archivos con la precisión de un relojero.

El ejército de Alistair Thorne estaba creciendo. Necesitarían organización. Necesitarían a alguien que se encargara de la burocracia mientras ellos empuñaban las espadas. Alguien que no llamara la atención, alguien... invisible.

—Padre —dije esa noche, mientras cenábamos una sopa aguada en la posada—. He decidido que no quiero casarme.

Mi padre dejó caer la cuchara, asustado.

—¿Qué? ¿Te has vuelto loca? Es nuestra única salida.

—No —continué, con una voz que sonaba mucho más firme de lo que me sentía—. Quiero trabajar. El nuevo Duque de Oakhaven está buscando personal para organizar los registros de la nueva leva militar. Pagan bien. Y si consigo el puesto, podré pagar tus deudas sin necesidad de venderme al mejor postor.

Era una media verdad. Sabía que buscaban gente, pero no sabía si me aceptarían a mí. Mi padre me miró como si me hubiera crecido una segunda cabeza.

—¿Tú? ¿En un cuartel? Elena, eres tan tímida que te asustas de tu propia sombra. Esos hombres son brutos, guerreros... y el Comandante Thorne es un monstruo de frialdad.

—Exactamente —dije, apretando los puños bajo la mesa—. Por eso nadie se fijará en mí. Seré solo una pluma más sobre el papel.

Me fui a la cama sintiendo que el corazón me iba a estallar. Mañana iría al ala este. Mañana pediría trabajo en el corazón del invierno.

No era solo el deseo de estar cerca de él lo que me movía. Era el desafío. Por primera vez en mi vida, quería ser la protagonista de mi propia historia, aunque tuviera que luchar contra mi propio miedo. Quería ver qué había detrás de ese muro. Quería saber si ese hombre de hielo tenía sangre corriendo por las venas o si realmente era de piedra.

Y, sobre todo, quería que supiera mi nombre.

Me quedé dormida con una imagen grabada en el párpado: Alistair Thorne, a caballo, desafiando al mundo con su indiferencia. No lo sabía, pero la pequeña sombra que rompió el cristal estaba a punto de infiltrarse en su fortaleza.

La guerra aún no había empezado en la frontera, pero en mi corazón, ya se había declarado la primera batalla. Y yo no pensaba rendirme.

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Adriana Eugenia Espinoza Fernandez
un trabajo impecable, me gustó mucho la trama, los personajes, la historia detrás de cada uno, mis felicitaciones para usted
Brighit Charpentier
hay momentos querida y la verdad no lo estás ayudando mucho que digamos
lo mejor que podrías hacer es concentrarte en el trabajo y cuando todo el lío de la guerra pase dar el paso adelante con el
Brighit Charpentier
ahhhhh eres un soldado caído que se niega a admitir su derrota pero te entiendo
por el momento hay que priorizar después te vas a desahogar 😉
veronica pinto
🥰🥰
veronica pinto
Muchas felicidades
veronica pinto
😠😠 Bueno es que a ese rey le patio el cerebro un burro 🤔 le salvan el reino y todavía culpa a Elena 🤨🤨
veronica pinto
😥😥😥🫢🫢🫢 Dios mío ya me estoy quedando sin uñas 🫣🫣 querida Autora 🫢🫢
veronica pinto
😲😲🫢🫢🫣🫣🫣😥😥😥
veronica pinto
🤔🤔 solo una pregunta xq escribe tanto la palabra sensualidad 🤔🤔
veronica pinto
🤨🤨 ojalá y sean fuertes 💪🏻 y que a esa zorra le llegue el karma pronto 🤔🤔
veronica pinto
😲😲😲🫢🫢🫣🫣🫣
veronica pinto
🤦‍♀️🤦‍♀️🤦‍♀️ al chucha entonces también x eso la va a rechazar también 🤷🏼‍♀️🤷🏼‍♀️🤷🏼‍♀️
veronica pinto
hay quiere te un poco más y no te dejes humillar tanto 🤦‍♀️🤦‍♀️ no haces ver mal como mujeres 🤷🏼‍♀️🤷🏼‍♀️
veronica pinto
🤔🤔 nose si la protagonista es persistente o necia 🤔 o no tiene dignidad que se deja humillar 🤔🤔
veronica pinto
🤔🤔 hay Comandante es mejor quemar 🔥 ése documento que te va alejar más de Elena
veronica pinto
👍🏻👍🏻👍🏻👍🏻
veronica pinto
🤔🤔 como que es un poco mazoquista la niña 🤭
Monica L.C . 🇻🇪 🇦🇷
excelente historia,,,super recomendada ,,,,!
Monica L.C . 🇻🇪 🇦🇷
vamos bien Elena 👏🤭😂
Monica L.C . 🇻🇪 🇦🇷
este duque pronto va a caer
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