Susena creía vivir en un paraíso: un hogar impecable, tres hijos amados, un bebé en camino y un esposo que parecía perfecto. Pero cuando Julián muere en un trágico accidente, su mundo de cristal estalla.
Entre deudas ocultas y el descubrimiento de una impactante doble vida, Susena se queda en la calle y sin nada. Sola con sus hijos y una tía a su cargo, deberá abandonar su fragilidad para transformarse en una madre de acero. Una historia de traición y coraje donde una mujer deberá luchar contra la pobreza y el engaño para reconstruir su destino.
¿Hasta dónde llegarías para salvar a los tuyos cuando descubres que tu vida entera fue una mentira?
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CAPÍTULO 1: El perfume de la felicidad
El sol de la mañana entraba por la ventana de la cocina, dibujando rectángulos de luz dorada sobre el piso de madera que Susena se encargaba de mantener impecable. Había algo casi rítmico en su mañana: el burbujeo de la cafetera, el sonido de las tostadas saltando y el aroma a vainilla que siempre parecía flotar en el aire. A sus cuarenta años, Susena se sentía en el centro de su propio universo, y ese universo era perfecto.
Se acarició el vientre, todavía apenas una curva suave bajo su vestido de algodón. Cuatro meses. Gabriel, el pequeño que vendría a completar el equipo.
—¡Mamá, Mateo no me deja pasar al baño! —el grito de Valeria rompió el silencio, seguido de una risa de niño y el portazo característico de Lucía intentando mediar.
Susena sonrió. Sus trillizos de doce años eran un torbellino, pero eran su mayor orgullo. En ese hogar de apenas tres habitaciones, todo tenía su lugar. Las recámaras de los niños estaban ordenadas, los libros de la escuela en sus estantes y el garaje listo para recibir el auto de Julián cada tarde.
—¡Vengan a desayunar ahora mismo o las tostadas se van a convertir en piedra! —anunció con esa voz dulce pero firme que la caracterizaba.
En ese momento, la tía Martha entró a la cocina, con su cabello canoso perfectamente recogido y esa sonrisa que siempre transmitía paz. Martha no era solo la tía que vivía bajo su techo; era su confidente, el apoyo que Susena necesitaba para mantener aquel engranaje funcionando mientras ella se entregaba en cuerpo y alma a su esposo y sus hijos.
—Te ves radiante hoy, Susy —le dijo la tía mientras tomaba una taza de café—. El embarazo te sienta de maravilla.
—Es que soy feliz, tía. A veces me da miedo que tanta perfección sea solo un sueño —respondió Susena mientras terminaba de poner los platos en la mesa.
Justo entonces, Julián entró en la cocina. Se veía tan elegante como siempre en su traje gris, listo para otro día en la oficina. Se acercó a Susena, la rodeó con sus brazos por la cintura y le dio un beso largo en la frente antes de inclinarse para susurrarle a su vientre: "Pórtate bien con mamá hoy, campeón".
—Hoy volveré un poco más tarde, amor —dijo Julián mientras tomaba una tostada al vuelo—. Tengo una reunión de cierre de contrato que no puede esperar. Pero mañana te llevaré a cenar a ese lugar que te gusta. Te lo mereces por ser la mujer más extraordinaria del mundo.
Susena lo despidió en el garaje, agitando la mano mientras el auto se alejaba por la calle arbolada. Se quedó un momento allí, respirando el aire fresco, sintiéndose la reina de un castillo pequeño pero indestructible. No había ni una nube en el cielo, ni una sombra en su corazón.
No sabía que esa era la última vez que vería a Julián con vida. Y que, antes de que el sol se ocultara, el cristal de su vida se rompería en mil pedazos irreconocibles.
Susena (La protagonista)
Julián (El esposo traidor)
Los Trillizos de 12 años (Mateo, Valeria y Lucía)
La Tía Martha
Corta y sin tantos dramas.
Corta y sin tantos dramas.