NovelToon NovelToon
Bilogía Rivales

Bilogía Rivales

Status: En proceso
Genre:Atracción entre enemigos
Popularitas:238
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis_Ochoa

1 - El Juego Prohibido de los Rivales:

En el mundo de los Sterling y los Vane, el amor no es un sentimiento; es una debilidad que se paga con herencias, prestigio y sangre.

2 - El Juego Mortal de los Rivales:

Cuando las piezas de ajedrez están bañadas en sangre, ganar la partida significa perder el alma ante el enemigo.

NovelToon tiene autorización de Leydis_Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: Tablero de Sombras

El tablero estaba listo para el primer movimiento de Alistair, y él lo sabía. Lo supe por la forma en que se recostó en el asiento de cuero del jet privado, observándome mientras yo intentaba concentrarme en un informe financiero que mis ojos se negaban a leer. El avión cortaba las nubes en dirección al Caribe, alejándonos de la seguridad de los rascacielos de Nueva York para lanzarnos a una isla donde no habría testigos de nuestras batallas.

—Si sigues apretando ese iPad, Elena, vas a terminar rompiendo el cristal —dijo él, rompiendo el silencio después de una hora de vuelo—. Y me temo que no hay servicio técnico de Apple en la isla.

—Es mejor romper un cristal que romperle la cara a alguien, Alistair —respondí sin levantar la vista.

—Oh, vamos. Tu padre y el mío acaban de sellar un pacto que nos convierte en socios forzosos. Podrías al menos intentar ser una anfitriona amable. Al fin y al cabo, vamos a mi isla.

—Tú lo has dicho: es un pacto forzoso. No me pidas que disfrute de la compañía de alguien que tiene un póster de mi familia con una diana en su despacho.

Alistair soltó una carcajada que resonó en la cabina. Se levantó y se acercó a la pequeña barra del avión. Sirvió dos copas de un whisky que olía a humo y turba, y me ofreció una.

—No bebo con el enemigo —dije, cruzando las piernas con elegancia.

—Entonces bebe conmigo, porque a partir de ahora, soy lo único que tienes —dejó la copa sobre la mesita frente a mí—. En Nueva York, eres Elena Sterling, la heredera perfecta. En la isla, ante las cámaras que "accidentalmente" nos captarán desde los barcos de los paparazzi, serás mi aliada. Tal vez algo más, si queremos que la mentira sea creíble.

Me tensé. —¿Algo más?

Alistair se inclinó sobre mí, apoyando las manos en los brazos de mi asiento. Su cercanía era abrumadora; podía oler su loción, una mezcla de sándalo y algo metálico, como el aire antes de una tormenta.

—El mundo no se cree una tregua comercial por un apretón de manos —susurró, sus ojos fijos en los míos—. Se la cree cuando hay pasión. Cuando el odio se transforma en algo que pueden vender como una "historia de amor prohibida". Eso es lo que salva acciones, Elena. El morbo.

—Ni en tus sueños más salvajes, Vane. No voy a besarte para salvar los balances de tu padre.

—No he dicho que tengas que disfrutarlo. He dicho que tienes que actuar. Es un juego de sombras. Movemos las piezas para que el público vea lo que queremos, mientras en la oscuridad nos seguimos odiando. ¿O es que tienes miedo de que, si me acerco demasiado, olvides por qué me odias?

Sentí una punzada de indignación real. Mi mano voló hacia su mejilla antes de que pudiera pensar, pero él fue más rápido. Atrapó mi muñeca en el aire, sus dedos cerrándose como grilletes de seda.

—No me toques —siseé, el corazón latiéndome con una fuerza violenta.

—Esa emoción me gusta más —dijo él, soltándome lentamente—. Úsala. El odio es una energía excelente si sabes canalizarla.

El resto del vuelo fue un calvario de silencios cargados. Cuando aterrizamos en la pequeña pista privada de la isla, el calor tropical me golpeó como una pared física. La mansión de los Vane era una estructura de cristal y acero blanco que parecía surgir directamente de los acantilados de coral. Era hermosa, fría y despiadada, igual que su dueño.

Un coche nos llevó hasta la entrada, donde el personal nos esperaba en fila. Alistair cambió su actitud de inmediato. En cuanto bajamos del coche, pasó un brazo sobre mis hombros, atrayéndome hacia su costado con una familiaridad que me hizo querer gritar.

—Sonríe, Elena —murmuró entre dientes—. Hay un dron a un kilómetro de distancia con una lente de largo alcance. Saluda a la audiencia.

Forcé una sonrisa que me dolió en los músculos de la cara. Me apoyé ligeramente en él, fingiendo que el contacto no me producía escalofríos. Caminamos hacia la entrada principal como si fuéramos una pareja regresando de su luna de miel, cuando en realidad éramos dos gladiadores entrando en la arena.

Una vez dentro y con las puertas cerradas, me aparté de él como si su ropa estuviera en llamas.

—¿Dónde está mi habitación? —pregunté, mirando el gran vestíbulo de mármol.

—En el ala este. La mía está justo enfrente. Por seguridad, por supuesto.

—Por supuesto —repetí con sarcasmo—. No vaya a ser que un Sterling decida asfixiarte con una almohada mientras duermes.

—Lo intentaste una vez cuando teníamos diez años en aquella gala benéfica, ¿recuerdas? —Alistair caminó hacia la gran cristalera que daba al océano—. Me empujaste a la fuente de los deseos.

—Debería haberme asegurado de que no supieras nadar.

Alistair se giró, y por un momento, la máscara de arrogancia desapareció, dejando ver algo más oscuro, algo herido.

—Ese es el problema contigo, Elena. Siempre te quedas a medias. Tienes el fuego, pero te aterra quemarte. Yo, en cambio, he vivido en el incendio toda mi vida.

Se acercó a mí, caminando con esa parsimonia de quien sabe que tiene todo el tiempo del mundo. Se detuvo a centímetros de distancia, obligándome a mirar hacia arriba debido a su estatura.

—Esta noche habrá una cena con los abogados que han traído los documentos originales de la "transacción" de nuestros abuelos. Tenemos que revisarlos y destruirlos. Si cometemos un error, si dejamos un solo rastro, mañana estaremos en una celda de cinco por cinco.

—Lo sé. No soy estúpida.

—Entonces demuéstralo. Durante la cena, quiero que me mires como si fueras la mujer más afortunada del mundo por estar a mi lado. Si los abogados ven una sola grieta en nuestra alianza, se lo venderán al mejor postor. Ellos no son leales a nosotros, solo al dinero.

—Puedo actuar, Alistair. He estado fingiendo que me importan las cenas de caridad de mi madre desde que tengo uso de razón. Fingir que no me das asco será pan comido.

—Eso espero. Porque el juego ya no es solo sobre el dinero de nuestros padres. Se trata de nuestras vidas.

Se dio la vuelta y subió las escaleras, dejándome sola en el inmenso vestíbulo. El sonido del mar rompiendo contra las rocas me envolvía, pero yo solo podía escuchar el eco de sus palabras.

Subí a mi habitación, un espacio minimalista decorado en tonos arena y blanco que debería haberme transmitido paz, pero que solo me hacía sentir expuesta. Me senté en la cama y abrí mi maleta. Debajo de mis vestidos de seda, había escondido un pequeño grabador digital. Mi padre me había dado una tarea secreta: encontrar algo en la isla que pudiéramos usar contra los Vane una vez que el escándalo se hubiera disipado. Una póliza de seguro.

"Fingir una alianza mientras intentas destruirlos desde adentro", me había dicho mi padre.

Me sentí sucia. Sentí que era exactamente lo que Alistair decía que éramos: personas que solo saben destruir. Pero el miedo a la pobreza, al anonimato, a dejar de ser una Sterling, era más fuerte que mi moral.

La cena fue un ejercicio de tortura psicológica. Alistair fue el anfitrión perfecto, sirviendo vino, riendo con los abogados y manteniéndome cerca, con su mano descansando casi constantemente en mi espalda o entrelazada con la mía sobre la mesa. Su tacto era firme, una presencia constante que me recordaba que cada uno de mis movimientos estaba siendo vigilado.

Los abogados sacaron los documentos. Eran papeles amarillentos, con sellos de los años sesenta. Mientras leíamos, el horror fue creciendo en mi pecho. No era solo malversación. Había sobornos, extorsión... y algo peor. Un nombre que aparecía en las notas al margen, alguien que había muerto en circunstancias extrañas justo después de que la fortuna de ambas familias se triplicara.

Miré a Alistair. Él también lo había visto. Sus ojos se oscurecieron y apretó la mandíbula con tal fuerza que creí que se le romperían los dientes.

—Esto... esto no es lo que nos dijeron —susurré, sintiendo que el aire me faltaba.

—No —respondió Alistair, su voz ahora era un hilo de acero—. Es mucho peor. Es un secreto letal.

En ese momento, las luces de la mansión parpadearon y se apagaron, dejándonos en una oscuridad absoluta mientras el sonido de un helicóptero empezaba a escucharse sobre nuestras cabezas.

—Elena, bajo la mesa. ¡Ahora! —gritó Alistair, tirando de mí mientras el primer cristal de la ventana estallaba en mil pedazos.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play